• 20.4.-Entrampados en la liquidez JORGE IVÁN GONZÁLEZ
  • Otra reforma tributaria SALOMÓN KALMANOVITZ
  • Pandemia y crisis del mutilateralismoVÍCTOR BÁEZ
  • La exuberancia irracional que impera en los valores tecnológicos MARC FORTUÑO

Las tasas de interés han llegado a niveles excepcionalmente bajos. La del Banco Central Europeo es 0% año, la de la Reserva Federal es 0,2%, la del Banco de Inglaterra es 0,1%, la del Banco de Canadá es 0,25%, la del Banco Central de Brasil es 2%, la del Banco de Japón es -0,1%. Y en Colombia, la tasa de referencia del Banco de la República es 1,75%. La situación actual no tiene precedentes. Estos niveles tan bajos han puesto en jaque los lineamientos convencionales de las políticas monetaria y fiscal.

15 ene 2021.- Keynes examinó desde el punto de vista teórico, el escenario en el que bajísimas tasas de interés no estimulan la inversión. En tales circunstancias, la tasa de interés pierde su efectividad como instrumento de la política monetaria. A esta situación la llamó “trampa de liquidez”. El dinero abunda y, no obstante, los empresarios son escépticos frente al futuro, y no invierten.

La actual trampa de liquidez se debe analizar a la luz de tres fenómenos: el desancle de la moneda, la especulación financiera y el aumento desbordado de la deuda pública.

Cuando Nixon declaró en 1971, que la Reserva Federal no podía garantizar el respaldo oro del dólar, dio el primer paso para romper el vínculo entre la moneda y el mundo real. Las economías más grandes legitiman sus monedas por el poder económico, político y militar de los respectivos países. Pero estas dimensiones son difíciles de evaluar en cada coyuntura, y las monedas son tan volátiles como los ciclos de la economía y la política. Sin ancla los bancos centrales pueden emitir. Su única restricción son disposiciones formales, como la llamada “regla fiscal”, que los gobiernos suelen incumplir. Las emisiones de la Reserva Federal y del Banco Central Europeo tienen muchos ceros, y cada vez son más frecuentes. Y el único respaldo de estas monedas es la confianza que tienen los inversionistas en sus propios imaginarios sobre el futuro de la economía.

El desancle, junto con la flexibilización de las normas, y la eliminación de los controles, ha permitido la especulación y la proliferación de derivados financieros. La crisis de 2008 fue una de las manifestaciones de los males que causan las burbujas. La abundancia de títulos ha aumentado la especulación financiera. Y a medida que se incrementa el número de operaciones se crea la ilusión colectiva de que el mundo de los negocios va bien.

El endeudamiento de los gobiernos contribuye a alimentar las burbujas. Los saldos de la deuda pública de la mayoría de los países han llegado a niveles que eran impensables hace 10 años. En Colombia ya supera 60% del PIB. Y en varios países ricos el saldo de la deuda pública con respecto al PIB es superior a 100%. Y como su costo es tan bajo, los gobiernos han preferido el crédito a los impuestos.

Abunda el dinero y crece la especulación, pero los empresarios no invierten porque desconfían del futuro. Más allá de la tasa de interés existen otras variables determinantes de la actividad industrial. Sin duda, la más importante son las expectativas sobre las ventas futuras.

Y en medio de la abundancia de la liquidez, los bancos centrales no saben qué camino tomar. Constatan que la tasa de interés ya no es un buen instrumento de política monetaria. Y, para su sorpresa, la abundancia de dinero no ha estado acompañada de una mayor inflación, así que el control de la masa monetaria tampoco es relevante.

https://www.larepublica.co/analisis/jorge-ivan-gonzalez-506394/entrampados-en-la-liquidez-3111012

20.4.-Otra reforma tributaria SALOMÓN KALMANOVITZ

A pesar de que Duque dijo que ni una más, ya serían dos. Fuente: Publimetro Final del formulario 

Un Gobierno que hace una reforma, a dos años de haber hecho aprobar otra, informa que la primera quedó mal hecha. Según datos de la DIAN, el año pasado el recaudo tributario cayó $11,2 billones: una parte fue reducción del impuesto de renta ($1,4 billones) y otra, reducción del recaudo del IVA en $7 billones ($5 billones el interno y $2 billones el de importaciones), resultado de la pandemia. El daño mayor, sin embargo, será sobre el recaudo de 2021, una vez las empresas y personas presenten las declaraciones de sus ingresos en el 2020.

14 feb 2021.- Nadie se imaginaba que las necesidades de la sociedad colombiana se iban a disparar, pero igual el Estado debe ser precavido y no feriar sus recursos a favor de los ricos, como lo hizo en la reforma tributaria de 2019. Por eso, nuevamente se vio en la urgente necesidad de aumentar impuestos en un pésimo momento: la economía perdió 7 % de su riqueza el año pasado y marcó un desempleo de 15,9 % en 2020, de acuerdo con el DANE.

El recaudo de impuestos nacionales es bajo. Solo en 2015 superó el 15 % del PIB, pero de ahí en adelante promedia 14,6 % del producto. Subió ligeramente el año pasado porque cayó más el PIB que el recaudo, en especial el de renta, que se calcula con base en la actividad económica prepandémica de 2019.

El viceministro de Hacienda, Juan Alberto Londoño, reiteró que, para no afectar a las personas de menores recursos con la nueva embestida del IVA, se contempla ampliar el esquema de devolución del IVA para dos millones de hogares, o sea al 16 % de la población, que es la mitad de las personas pobres del país. Como no se ha hecho un censo económico que informe sobre la situación de 29 millones de colombianos que viven en la informalidad, es difícil, si no imposible, devolverles el IVA y menos abonarlo a sus cuentas bancarias, inexistentes en su mayoría. Es que para poder entrar a una entidad financiera se requiere cierta vestimenta que no está al alcance de un trabajador informal: el intruso será detenido, seguramente en forma poco cortés, por los guardias que custodian las puertas de los bancos.

En vez de agobiar a la clase media y a los pobres con más IVA, se deberían eliminar las exenciones que permiten que el sector financiero pagara en 2020 solo el 1,9 % de sus utilidades de $121 billones; las petroleras, el 7 % de $92 billones, y las empresas mineras, el 6 % de $31 billones, cuando debieron pagar el 33 % que informa la ley, según el portal Laorejaroja. El costo para el fisco de estos tres sectores fue de $80 billones, más de cinco veces lo que el Gobierno intenta recaudar con su nueva reforma. No es casual que estos tres sectores sean grandes contribuyentes de las campañas políticas de los legisladores, que les devuelven con creces sus aportes. En 2021 la tarifa a las empresas se reduce al 31 % de la renta gravable.

La nueva reforma pretende aumentar el recaudo en un modesto 1,5 % del PIB, o sea, compensar el 1 % regalado en la reforma de 2019 más un incremento neto de $5 billones. Se sigue la filosofía de la extrema derecha, que justifica menos impuestos para los ricos, lo que debe resultar en hacer crecer la economía y aumentar la equidad. En un estudio de London School of Economics, 18 países que recortaron los impuestos de sus ricos terminaron con un aumento de la tajada del ingreso que apropia el 1 % más rico de la población, no se produjo crecimiento ni empleo significativos, pero la desigualdad aumentó desaforadamente.

https://www.elespectador.com/opinion/otra-reforma-tributaria/

20.4.-Pandemia y crisis del mutilateralismoVÍCTOR BÁEZ

Las farmacéuticas imponen cláusulas de confidencialidad en los contratos con los gobiernos para acceder a las vacunas.

Caricatura: https://www.diariodesevilla.es

 En su discurso ante el Foro Económico Mundial, el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres pintó un panorama mundial que, desde luego, no es prometedor. ¿Cuáles son las causas de la falta de transparencia en el combate a la pandemia? ¿Por qué se ha globalizado la asimetría?

 Guterres habló de la fragilidad del planeta, dada por el COVID-19, por la pérdida de empleo, por el empobrecimiento y el problema climático. Se refirió también a la posibilidad de una gran fractura geopolítica en dos sectores liderados por las dos potencias, con dos monedas diferentes y dejó entrever el aumento de la brecha Norte-Sur.

 En mi opinión, pintó un panorama que en muchos aspectos la humanidad vivía hace más de 70 años, porque el gran logro del neoliberalismo fue hacer retroceder al mundo a inmediatamente después de la segunda guerra mundial, con un multilateralismo cada vez más débil en el que los Objetivos de Desarrollo Sostenible no parecen ser parte de la agenda internacional.

 El “nacionalismo de la vacuna”

Así llaman algunos ahora al comportamiento de los gobiernos de los países desarrollados, sean de derechas o de centro, que se disputan las vacunas por diversos medios, creyendo que al suministrarlas a sus respectivas poblaciones se aseguran el futuro, mientras las naciones pobres quedan libradas a su suerte. Es el “sálvese quien pueda” de los necios, porque el mismo Secretario General de Naciones Unidas dice que “el COVID-19 en cualquier lugar significa COVID-19 en todas partes”, por las mutaciones que se van registrando y porque el virus tiene más resistencia.

 La competencia entre compradores se da también por los precios. Algunas publicaciones afirman que hay países de la Unión Europea que pagan entre 14 y 18 dólares por cada dosis, mientras Estados Unidos paga 19 e Israel 62.

 Desde que la OMS declaró la pandemia el 11 de marzo de 2020, lo único que se ha globalizado es la descoordinación, la cual es a ojos vistas adrede, porque sigue enriqueciendo más a los más ricos, a las grandes multinacionales, especialmente a las farmacéuticas, aunque Guterres diga que “la vacuna para todos y todas es la vía más rápida para reabrir la economía global”.

 No hace mucho, los gobiernos de India y Sudáfrica pidieron a la Organización Mundial de Comercio (OMC) que se suspendieran temporalmente las patentes que están vinculadas al coronavirus, de manera de poder producir los remedios con mayor democracia y hacer que las vacunas se conviertan en un bien de la humanidad. La Unión Europa se puso de acuerdo con los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña para oponerse a ese pedido, argumentando que ello desincentivaría la inversión y la innovación.

La piratería de las grandes farmacéuticas

 Varios medios de comunicación del viejo continente reconocen que la Unión Europea ha defendido siempre a la industria farmacéutica, así que lo que narro más arriba no ha sido un caso excepcional. Pero las farmacéuticas Pfizer y AstraZeneca han devuelto este último favor que les hizo la UE anunciando el retraso y la reducción de las entregas de vacunas, lo cual no agradó nada a los gobiernos europeos, varios de los cuales las han apoyado con adelantos multimillonarios y compromisos de compra de más de 1.300 millones de dosis.

 Líderes europeos como Ursula von der Leyen y Josep Borrel están diciendo que se necesita transparencia sobre el destino de las vacunas, especialmente cuando las farmacéuticas no cumplen con las entregas prometidas a la Unión.

 Entretanto, otras publicaciones dicen que Pfizer prevé facturar 12.000 millones de euros con la vacuna, tan solo en 2021. Las farmacéuticas conservan el derecho exclusivo de vender sus productos por 10 o 20 años, según sea el caso, lo cual nos da una idea de las ganancias que obtendrán.

Si la opacidad del destino de las vacunas es un problema para la ciudadanía de la Unión Europea, la exigencia de confidencialidad en los acuerdos de gobiernos latinoamericanos con las farmacéuticas es alarmante, por las pretensiones que tienen las productoras de vacunas. Las quejas son filtradas a la prensa o son diplomáticamente deslizadas por altos funcionarios gubernamentales. Así, en Argentina, Pfizer habría exigido como garantía “una nueva ley con bienes inembargables que incluía glaciares y permisos de pesca”. No se supone que la inclusión de glaciares sea por activismo contra el cambio climático, sino porque el agua ha comenzado a cotizar en Wall Street.

 La ministra de Relaciones Exteriores de Perú no pudo dar detalles “por la cláusula de confidencialidad” pero admitió en una entrevista que, el 23 de noviembre, que el gobierno peruano recibió el proyecto de contrato de la empresa Pfizer, el cual no pudo firmarse en la fecha prefijada por lo que planteaba su contenido.

El presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, apareció declarando en la prensa que la información de los contratos con las farmacéuticas no será entregada a la ciudadanía porque “había que optar entre tener un contrato de confidencialidad o no tener vacunas”. A su vez, el Ministro de Salud brasileño dijo que las “clausulas leoninas y abusivas que fueron establecidas por el laboratorio Pfizer crean una barrera a la negociación y compra”.

 En Colombia, organizaciones sindicales y de la sociedad civil en general combaten desde hace tiempo la negativa del gobierno de Iván Duque de entregar información sobre el contrato.

Varias conclusiones se pueden sacar de las situaciones aquí narradas.

 La primera de ellas es que la imposición de confidencialidad no es solamente propicia para los apetitos leoninos de los laboratorios, sino que es también la mejor oportunidad para que algunos gobiernos corruptos se amparen en ella para seguir delinquiendo.

 La segunda es que no hay razones para creer que exigencias similares de estas empresas no se hayan extendido a otros países de América Latina, África y Asia, en perjuicio del Sur global.

 La tercera, inevitable, es que mientras el Secretario General de Naciones Unidas dice que el mundo necesita un multilateralismo fuerte, las grandes empresas tratan al orbe como si fuera su patio trasero, precisamente por la falta de reglas internacionales claras que pongan freno a su codicia. 

 Víctor Báez Mosqueira
Secretario General Adjunto de la Confederación Sindical Internacional (CSI). 

https://www.alainet.org/es/articulo/210933?utm_source=email&utm_campaign=alai-amlatina

20.4.-La exuberancia irracional que impera en los valores tecnológicos MARC FORTUÑO

Exuberancia irracional es un término acuñado por Alan Greenspan, Presidente de la Reserva Federal, en 1996 en su discurso «El desafío de la banca central en una sociedad democrática» en el que abordaba la reciente burbuja tecnológica. Con ello, se refería es un optimismo de mercado infundado que carece de una base real de valoración fundamental, sino que se basa en factores puramente psicológicos.

19 feb 2021.- Y, en nuestros días, nos encontramos en una situación muy parecida. Dadas valoraciones existentes en la bolsa estadounidense se podría asumir el calificativo de burbuja bursátil. Y, en esta ocasión y tal como sucedió a finales de los noventa, el sector tecnológico alcanza un papel protagonista, la exuberancia irracional ha regresado.

Pensemos un momento en el año 2020, los beneficios de las empresas que cotizan en bolsa cayeron alrededor de un 15% en 2020 (a principios de año se esperaba un crecimiento del 10%). A pesar de esa gran pérdida de beneficios, el selectivo global MSCI World Index subió un 18%. Ni warren Buffet se fía de la actual situación.

La segunda mayor burbuja de la historia

Una burbuja bursátil viene dada cuando hay un notable desajuste entre la valoración fundamental de las acciones y las cotizaciones existentes. Por ello, para identificarlas se tienden a utilizar las ratios de valoración que tienden a conjugar una variable de la empresa y otra referida a su cotización la cotización.

Si atendemos a las ratios de valoración, podemos concluir que nos encontramos en un escenario de altísima sobrevaloración. Por ejemplo, el indicador CAPE o PER de Shiller que relaciona las cotizaciones de la bolsa americana frente al promedio de los beneficios de los últimos diez años ajustados a la inflación, nos marca unos niveles de 35,44 veces.

Es decir, a beneficios promedios constantes, necesitaríamos cerca de 36 años para recuperar la inversión realizada en la bolsa americana. Para darle una interpretación más extensa a las valoraciones actuales pensemos que este indicador ha promediado una media de 16,78 veces desde 1870.

Se recrudece el análisis cuando comparamos los niveles actuales con las grandes burbujas históricas. Tanto en el año 1929 como en 2007 las valoraciones no superaron el registro de 30 veces. Y la mayor burbuja de todos los tiempos, la fraguada en el año 2000 con los valores tecnológicos, nos ofreció niveles máximos de 44,19 veces. Son de gran relevancia estas burbujas pues la caída desde máximos superó el 50%.

Pero para tener una visión más amplia hay que integrar otras ratios de valoración de índices bursátiles…

La relación cotización/valor contable se estima en función del precio actual del mercado y el valor contable de las empresas del S&P 500. En la actualidad nos ofrece unos niveles de 4,24 veces (la media histórica es de 2,85 veces) y los máximos alcanzados en la burbuja punto.com fueron de 5,06 veces.

El crecimiento de los dividendos del S&P500 se encuentra en el 0,07%, una lectura en descenso y especialmente baja, propia de finales de mercados alcistas, con el pie en el mercado bajista.

La ratio cotización/ventas alcanza niveles de 2,87 veces, por encima de los niveles vistos en la burbuja punto.com.

Dadas las valoraciones reflejadas en las diferentes ratios, podemos concluir que se trata de una burbuja bursátil, con pocos antecedentes. Pero ¿dónde se concentra esta especial sobrevaloración en la bolsa estadounidense? Si analizamos más detenidamente la composición de los valores, vemos que las empresas growth (crecimiento) sobresalen y marcan distancias frente a las empresas value (valor).

Y ¿qué sector es el que lidera los valores de crecimiento? el tecnológico. Es más, en el pico de la burbuja de las punto.com, las acciones tecnológicas constituían el 35% del S&P500. Ahora, las acciones del sector tecnológico pesan un 37%. A pesar de esta ponderación tan alta sobre el índice, lo cierto es que la valoración del Nasdaq 100, la bolsa tecnológica, es de 40 veces beneficios, mientras que en el pico de las punto.com llegaron a más de 100 veces.

El paralelismo es asombroso en otros aspectos, cuando hablamos de sobrevaloraciones específicas, y tenemos casos que llaman poderosamente la atención. El más impactante, sin duda, es el vertiginoso ascenso de empresas como Tesla que nos demuestra que muchos inversores están dispuestos a dejar de lado las dudas sobre los modelos de negocio para apostar por la promesa de innovación en energía, sanidad, robótica e inteligencia artificial.

Tesla vale más del doble que las dos compañías que venden, la mayoría de los autos reales: Volkswagen y Toyota, cuyas capitalizaciones de mercado son de 102.000 millones y 213.000 millones de dólares respectivamente. Tesla entregó 499.550 vehículos el año pasado. En comparación, Toyota vendió 8,5 millones de vehículos hasta noviembre y Volkswagen vendió 8,3 millones.

Coincide también un entorno en el que las Ofertas Públicas de Ventas (OPV) hacían volar a empresas no rentables. El último hecho notorio en esta burbuja la vimos a principios de diciembre, la plataforma de vacaciones online Airbnb salió a bolsa a un precio fijado de 68 dólares y hoy la tenemos a 200 dólares. Ni tres meses para triplicar su precio y sin un histórico de beneficios. Con la pandemia, sus ingresos cayeron 32% a 2.500 millones de dólares en los primeros nueve meses.

https://www.elblogsalmon.com/mercados-financieros/exuberancia-irracional-que-impera-valores-tecnologicos

  • 20.3.-«Los multimillonarios están en todas partes en las revistas, es hora de que aparezcan en las estadísticas fiscales»  – THOMAS PIKETTY
  • Reforma tributaria sin fundamentos ideológicos RICARDO CHICA
  • Estímulos SALOMÓN KALMANOVITZ
  • Recuperación y distribución EDUARDO SARMIENTO

Tras las revelaciones del “Mundo” sobre la evasión fiscal en Luxemburgo, y en el contexto de la crisis sanitaria, el economista considera urgente poner en marcha una transformación profunda del sistema económico en dirección a la justicia y la redistribución.

Crónico. Si bien la crisis pandémica está impulsando la demanda de justicia social más que nunca, una nueva encuesta realizada por un consorcio de medios internacionales (incluido Le Monde) acaba de revelar las turbulencias financieras de Luxemburgo, un paraíso fiscal enclavado en el corazón de Europa. Es urgente salir de estas contradicciones y lanzar una transformación profunda del sistema económico en dirección a la justicia y la redistribución. 

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Empecemos por lo más inmediato. La primera prioridad debe ser la recuperación social, salarial y ecológica. La crisis del Covid ha sacado a la luz los bajos salarios que se practican en muchos sectores esenciales. La CFDT, sindicato con fama de centrista, exigió en enero un aumento inmediato del 15% en todos los salarios medios y bajos del sector médico-social. Lo mismo debería hacerse en educación, salud y todos los sectores de bajos salarios.

Un mayor esfuerzo por la transparencia financiera

También es el momento de acelerar radicalmente el ritmo de las renovaciones térmicas de los edificios, de crear puestos de trabajo masivos en el medio ambiente y las energías renovables, de extender los sistemas de renta mínima a los jóvenes y estudiantes. ¿dónde debemos detenernos en la recuperación pública? La respuesta es simple: mientras la inflación sea casi cero y las tasas de interés estén en cero, debemos continuar. Si y cuando la inflación regrese a un nivel significativo a largo plazo (digamos, 3% a 4% por año durante dos años consecutivos), entonces será el momento de relajarse.

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El segundo paso es que, naturalmente, será necesario utilizar las mayores fortunas privadas, en un momento u otro, para financiar la recuperación social y reducir la deuda pública. Esto requerirá un mayor esfuerzo de transparencia financiera. La encuesta de OpenLux así lo demostró: el registro de los beneficiarios reales de las empresas (es decir, los beneficiarios reales, más allá, en principio, de las sociedades pantalla) hecho público por Luxemburgo en cumplimiento de la obligación europea, que aún estamos esperando que se publique. Online por Francia, lamentablemente tiene muchos defectos. Lo mismo ocurre con el sistema automático de intercambio de información bancaria establecido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En general, toda esta nueva información es útil, pero a condición de que sea realmente utilizada por las administraciones tributarias para involucrar a las personas adineradas que, hasta ahora, escapaban del impuesto. Sobre todo, es fundamental que los gobiernos proporcionen indicadores que permitan a todos ver en qué medida todo esto avanza hacia un sistema tributario más justo.

«Los multimillonarios están en todas partes en las revistas y es hora de que aparezcan en las estadísticas fiscales»

Concretamente, es necesario que las administraciones tributarias publiquen cada año información detallada sobre los impuestos pagados y los controles cruzados realizados sobre las diferentes categorías de contribuyentes afectados. Al igual que con los registros de beneficiarios finales, la información idealmente debería ser nominativa, especialmente para las empresas más grandes y las mayores fortunas. Si se decide que esto no es deseable, entonces al menos la información estadística publicada debería mostrar claramente los impuestos que pagan las personas pertenecientes a estratos patrimoniales muy altos: fortunas entre 1 y 10 millones de dólares. Euros, entre 10 y 100 millones, entre 100 millones y mil millones, y así sucesivamente. Las tablas estándar han sido propuestas por el Laboratorio de Desigualdades Globales, y naturalmente podrían discutirse y mejorarse.

La idea general es simple: los multimillonarios están en todas partes en las revistas y es hora de que aparezcan en las estadísticas fiscales. Según la revista Challenges, las 500 principales fortunas francesas pasaron de 210 a 730 mil millones de euros entre 2010 y 2020 (del 10% al 30% del PIB). ¿Cómo han evolucionado sus impuestos durante este período? Nadie sabe. Si los gobiernos realmente han logrado el tremendo progreso en transparencia que afirman haber logrado en los últimos años, entonces es hora de que lo prueben haciendo pública este tipo de información. Si ampliamos el foco de las primeras 500 fortunas (más allá de los 150 millones de euros de riqueza individual según Desafíos) a los 500.000 activos más altos (es decir, alrededor del 1% de la población adulta, con activos superiores a 1,8 millones de euros según la base de datos mundial sobre desigualdad), el total de las fortunas en cuestión alcanza los 2.500 mil millones de euros (casi el 120% del PIB), aumentando así lo que está en juego fiscal.

Volver a la historia

Para salir del conservadurismo imperante, también es urgente volver a la historia. Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el endeudamiento público alcanzó niveles superiores a los observados hoy, la mayoría de los países aplicaron gravámenes excepcionales sobre los activos privados más elevados. Este es particularmente el caso en Alemania con el sistema Lastenausgleich (o «distribución de la carga», que ha sido objeto de un hermoso estudio histórico de Michael Hughes, Shouldering the Burdens of Defeat, UNC Press, 2009), adoptado por la mayoría demócrata cristiana en 1952. Dotado de un impuesto que alcanzaba el 50% sobre los activos financieros e inmobiliarios más elevados, pagadero en treinta años, este sistema aportaba el 60% del PIB al Estado, en un momento en el que los multimillonarios eran mucho menos prósperos que hoy. Combinado con la reforma monetaria de 1948 y la cancelación de la deuda externa en 1953, este sistema permitió a Alemania deshacerse de su deuda pública sin recurrir a la inflación (que tanto daño había hecho en los años 1920) y basado en una credibilidad social. Objetivo de justicia.

Ya es hora de volver a las raíces de lo que hizo que la reconstrucción europea de la posguerra tuviera tanto éxito.

https://www.lemonde.fr/idees/article/2021/02/13/thomas-piketty-il-est-urgent-de-lancer-une-transformation-profonde-du-systeme-economique-dans-le-sens-de-la-justice-sociale_6069814_3232.html

20.3.-Reforma tributaria sin fundamentos ideológicos RICARDO CHICA

La pregunta no es si reforma sino más bien ¿qué reforma? 

La reforma tributaria propuesta es necesaria pues no de otra forma se puede reducir el déficit y el nivel de deuda forzado a un nivel inconveniente con el esfuerzo fiscal de la pandemia, el déficit agravado con las exenciones que supuestamente (como se verá absurdamente) dispararían el crecimiento. La pregunta no es si reforma sino más bien ¿qué reforma?

11 feb 2021.- La reforma filtrada tiene, como la anterior, dos supuestos ideológicos neoliberales: desplazar la carga tributaria de impuestos directos a los indirectos; concentrar ingreso y riqueza en los ricos para acelerar el crecimiento.

El primer supuesto está siendo, después de su prolongada hegemonía, cuestionado en varias formas, la más actual la propuesta que viene circulando desde el éxito del libro de Piketty (2013), mostrando la concentración de la riqueza por el mecanismo hereditario y posteriores publicaciones proponiendo un impuesto a la riqueza; y de los artículos de Stiglitz, proponiendo ese impuesto. Y en la actual coyuntura de explosión de los déficits y niveles de endeudamiento está siendo considerado en varios países (UK, California, Chile, Alemania, Argentina) como el impuesto para pagar la pandemia. El argumento es muy simple: Mientras la enorme mayoría de la población se ha pauperizado con la parálisis económica y el desempleo, el segmento de los superricos tan beneficiados por el proceso de financializacion se ha enriquecido aún más. Y una extensión del IVA a mas alimentos es esencialmente regresiva independientemente de la devolución del IVA a los más pobres. La clase media, que si pagamos impuestos porque nos los descuentan por derechas y no tenemos acceso a las asesorías que ayudan a los más ricos a evadir y evitar impuestos (desplazando portafolio a Mossak Fonseca en Panamá); que ha sido pauperizada con el impacto económico de la pandemia, somos lo que nos vemos impactados con la extensión del IVA a todos los alimentos. Por otra parte, desde luego incluir un esfuerzo serio en racionalizar y minimizar la trama kafkiana de exenciones y exoneraciones que desangra cualquier esfuerzo en materia tributarias, es necesario para incrementar el recaudo

La fundamentación de una reforma tributaria regresiva beneficiosa radica en el segundo supuesto de que el crecimiento se estimula concentrando ingreso y riqueza. Pero este supuesto, a su vez fundamentado en la afirmación antikeynesiana de la teoría neoclásica de que el ahorro es igual a la inversión, es devastado por la teoría keynesiana que señala a la demanda y no al ahorro como lo que puede dinamizar la inversión. Paradójicamente fue Kaldor quien propuso en 1957 un modelo en el cual el ahorro ajusta a la inversión creciendo con la concentración del ingreso, pero después volvió a sus cabales keynesianos reconociendo que los capitalistas, particularmente las elites de los países en desarrollo desvían esos recursos de la inversión. Claro ese supuesto está en la teoría neoclásica ligado a la ley de Say que desconoce que en la economía se pueda dar un problema de demanda efectiva. Es obvio que la economía capitalista tiende a un déficit en la demanda para motivar la inversión, pero el simple tomar en consideración la situación de paralización pauperización que ha erosionado la demanda muestra ese supuesto como sencillamente ridículo ahora como resultó el mecanismo de prebendas impositivas para estimular la inversión. Se cae de su peso que puede bajarse el costo de uso de capital y mientras las expectativas de rentabilidad y de demanda no sean adecuadas no tendrá lugar la inversión, teoría básica sobre los determinantes de la inversión. Y roto el nexo ahorro-inversión el argumento se les derrumba.

Y el complementario de la trickle-down economics de que el supuesto crecimiento supuestamente filtrara hacia abajo beneficiando a los más pobres, ha sido desmentido abundantemente en el periodo postreformas. Es severamente ideológico suponer que el crecimiento, que característicamente ha sido sin empleo en la globalización neoliberal, superara por sí mismo la pobreza. Esto sería así con un modelo de crecimiento diferente que efectivamente incentivara la inversión (actuando sobre su determinante de demanda esperada) e integrara al proceso de crecimiento mismo al desempleado y el empujado a la informalización (lo que hace necesario las compensación asistencialista expost) mediante una política agresiva de apoyo a las famicro y pequeñas empresas, usando mecanismos que les compensen sus desventajas en materia financiera y tecnológica, y (cosa q también hicieron los campeones del ese asiático) una masiva inversión en educación y formación de capital humano. Muy poco de esa índole, luego es sofistico argumentar que el crecimiento sin mecanismos compensatorios se filtraba a los más pobres.

Como también resulta obvio que un minúsculo porcentualmente gravamen sobre la riqueza facilitaría no solamente la reducción el déficit sino también el gasto indispensable para reanimar la economía. Se trata de pensar out of the box para pagar la pandemia, algo muy difícil para los economistas neoliberales de ultraderecha.

Ricardo Chica Investigador Desarrollo Económico EconomicDevelopment consultant 

https://www.portafolio.co/opinion/ricardo-chica/reforma-sin-fundamentos-ideologicos-549057 

20.3.-Estímulos SALOMÓN KALMANOVITZ

La economía colombiana se contrajo 7,5 % durante 2020 por efecto del cierre de múltiples sectores y el freno de los que siguieron funcionando. Si en 2019 la economía generó $881 billones de riqueza, el año pasado fue de solo $815 billones.

7 feb 2021.- El desempleo subió del 10 % de la fuerza de trabajo al 16 %. La inflación se redujo a un récord histórico del 1,6 %, que para el país equivale a una deflación, reflejo no de una simple recesión sino de algo más grave.

En entrevista con La República, el nuevo gerente del Banco de la República insistió en lo contrario: “Las expectativas son que haya una inflación muy baja durante los próximos meses, pero no hay en Colombia expectativas de deflación”. Este es un parte de tranquilidad que los gerentes de bancos centrales emiten frecuentemente, pero pueden estar minimizando situaciones más complicadas.

Frente a una situación depresiva, se debe recurrir a políticas económicas expansionistas, tanto fiscales como monetarias. La administración Duque ha respondido con un gasto compensatorio inferior al necesario para traer la economía de vuelta al nivel de empleo previo a la pandemia. Aunque no es estrictamente comparable, Estados Unidos se contrajo 3,5 % en 2020, menos de la mitad que nosotros, al igual que su desempleo, que fue proporcionalmente inferior (6,7 %), gracias a que el gasto público fue más contundente y la política monetaria redujo la tasa de interés interbancaria al 0 %.

Para hacer la comparación más cercana a nuestras condiciones peculiares, Chile siguió el ejemplo de bajar su tasa de interés al 0 %, pero Colombia dejó su tasa en 1,75 %, cifra que no parece molestar al nuevo gerente.

Villar agregó que no era conveniente que el Emisor le prestara directamente al Gobierno, algo que nadie le disputa, pero lo que sí hacen todos los bancos centrales del mundo es adquirir bonos del gobierno en suficiente cantidad para financiar un gasto público mayor que contribuya a la recuperación económica y a mantener la liquidez que requiere para que la economía funcione bien.

Puede también comprarle bonos en manos de los bancos o el público para irrigar mayor liquidez y que estos agentes adquieran más deuda del Gobierno. Para expandir ese mercado debe reducir su tasa de interés, que influye sobre todas las modalidades de crédito, incluyendo el que pueda captar el Gobierno. Hoy por hoy, el TES (bono a diez años del Gobierno de Colombia) está pagando casi 6 % de interés anual, contra 1,13 % del bono estadounidense y 2,83 % del bono chileno de duración similar.

El plan de reactivación del Gobierno luce impresionante: $109 billones, equivalentes al 13,3 % del PIB, pero tiene varias trampas, pues incluye $55 billones aportados por el sector privado sobre el que no tiene comando, una inversión público-privada por otros $18 billones, más $26 billones privados con incentivo fiscal y solo $9,3 billones exclusivamente públicos. En total para 2021, el gasto público destinado a la reactivación será de $24,9 billones, menos del 3,7 % del PIB, algo que no va a ser suficiente para devolver la economía al nivel que tenía antes de que se nos precipitara la pandemia encima.

El mismo gerente del Emisor tiene dudas para el crecimiento de este año: “La perspectiva que tiene el Banco es un crecimiento del 4,5 % y destacaría que hay gran incertidumbre para abajo y para arriba”. Faltó por considerar qué tipo de reforma tributaría implementará Carrasquilla y cuál será su impacto sobre el crecimiento.

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20.3.-Recuperación y distribución EDUARDO SARMIENTO

La crisis económica de la cuarentena de la pandemia no fue otra cosa que un choque de ahorro que se ajustó mediante la reducción de la inversión, la producción y el empleo, y luego se reforzó. Las concepciones teóricas neoclásicas dominantes en los altos círculos que suponían que la economía recuperaría la actividad en pocos meses sin afectar la distribución del ingreso fueron invalidadas por los hechos.

13 feb 2021.- El resultado es claro. La economía colombiana viene operando de tiempo atrás con un bajo nivel de ahorro que dio lugar al típico modelo de crecimiento inequitativo. El modelo hizo aguas con la reducción del ahorro ocasionado por la pandemia. La recesión en 2020 fue mucho mayor que la prevista, se trasladó a 2021 y probablemente a 2022. Por lo demás, tuvo efectos inimaginables sobre la distribución del ingreso que no se ha hecho mayor cosa para contrarrestarlos. La pobreza pasó del 36 al 47 %, el coeficiente de Gini subió a 0,53, la participación del trabajo en el producto disminuyó y los grupos más vulnerables recibieron una compensación muy inferior a su participación en la población.

No faltarán quienes digan que lo que está ocurriendo en el país es lo mismo que sucedió en el resto del mundo y, por lo tanto, no hay nada que hacer. En muchos países sucedió lo mismo que en Colombia, porque se incurrió en las mismas fallas institucionales, como el predominio de los bancos centrales. En general, la cuarentena de la pandemia provocó una fuerte contracción que colocó las economías en condiciones de ahorro faltante que precipitó la caída de la inversión, la producción y el empleo. Sin embargo, los efectos posteriores fueron distintos, porque en los países desarrollados tienen mayores posibilidades de aumentar el ahorro, toda vez que disponen de mayores niveles de ingresos.

En la actualidad, el país enfrenta una seria deficiencia de ahorro que impide la normalización de la economía. La situación se ve agravada por el déficit en cuenta corriente y por la política del Banco de la República de aumentar el dinero por debajo de la demanda. Mientras permanezcan estas condiciones, se mantendrá el desbalance interno que precipitó la caída del producto y no ha podido levantarlo. Por lo demás, se impedirán las transferencias para aliviar el enorme deterioro de la distribución del ingreso.

Ha fallado el método científico. El país no tiene los diagnósticos sobre las causas que precipitaron la mayor caída del producto y el empleo del siglo. Se esperaba que en los resúmenes de finales de año se presentara un análisis detallado de las causas de la estrepitosa recesión con inequidad que percibe la economía. Lo cierto es que luego de un año no se tiene un informe oficial comprensivo de las causas de la crisis, ni de la forma que se enfrentará en el futuro. No se reconoce que la concepción del Banco de la República para reducir la inflación a cualquier costo, el cuantioso déficit en cuenta corriente y el bajo ahorro ocasionaron un desbalance estructural que no se arregla solo.

Los esfuerzos oficiales se destinan a financiar el déficit fiscal con pasivos de las empresas públicas. La operación contable le da recursos al Gobierno, pero no resuelve el problema de fondo del ahorro que impide la recuperación económica y la distribución del ingreso. Las enormes rentas y ganancias de las privatizaciones no resuelven los daños estructurales de la crisis económica y, en su lugar, alteran la transparencia administrativa y la relación entre los sectores público y privado. La recuperación del crecimiento y el empleo, así como el cambio sustancial de la distribución del ingreso, solo se pueden lograr con modificaciones drásticas en el comercio internacional, el Banco de la República, las transferencias sociales y la fijación del salario.

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  • 21.2.-Cambio de rumbo en el Banco de la República EDUARDO SARMIENTO 
  • Covid y capital ficticio MICHAEL ROBERTS

En las teorías dominantes el mercado monetario y el sistema macroeconómico están relacionados por conducto de la tasa de interés dentro de la visión de igualdad de oferta y demanda en todos los mercados. En la realidad la vinculación se hace por conducto de las cantidades. Como se muestra en el libro “Teorías del crecimiento y la distribución para una nueva era”, el mercado monetario afecta la economía en forma directa. 

7 feb 2021.- El dinero deja de ser un velo desconocido para convertirse en un elemento central de la igualdad macroeconómica (balance interno) y uno de los componentes dominantes de la demanda de la economía.

El panorama pospandemia presenta serias dificultades y conflictos que no han sido previstos y amenazan con repetir los errores. El mayor error estuvo en la cuarentena que suspendió la producción y el empleo y redujo el ahorro sin ninguna anticipación que lo moderara. En Colombia el efecto fue especialmente grande porque de tiempo atrás venía operando con bajo ahorro y cuantioso déficit en cuenta corriente. Se configuró el típico desbalance interno entre ahorro e inversión; en términos más conocidos, producto nacional por encima del gasto o faltante de ahorro. En consecuencia, la economía experimentó una reducción del ahorro que precipito el desplome de la inversión y la producción, que a su turno, acentuaron la caída del ahorro, es decir, se reforzaron. Es el multiplicador de la inversión y el ahorro al revés. Los resultados están a la vista. El producto nacional descendió 8% en 2020 y continuara bajando en 2021 con respecto al 2019. Simplemente, la caída de la tasa de ahorro de 4% del PIB provocó el desplome de la producción y el empleo en 2020, se extendió en 2021, y probablemente en 2022.

En razón de la excesiva prioridad a la inflación, el país operó en las últimas décadas con un marco de dinero por debajo de la demanda, el cual fue acentuado por la cuarentena. La relación entre el dinero y la demanda decreció en forma persistente.

La crisis económica obedece a las deficiencias de la organización del Banco de la República. Se pensó que el organismo dispone de poderes ocultos para mantener el balance interno entre el ahorro y la inversión; mas diciente, entre el producto nacional y el gasto. Lo cierto es que la institución no fue capaz de crear la suficiente liquidez para mantener el postulado más importante de la ciencia económica. No evitó que la reducción del ahorro ocasionado por la cuarentena y la disminución del dinero con respecto a la demanda provocara el incumplimiento del balance interno, que significó el mayor desplome de la producción y el empleo del último siglo.

No se aprendió de la experiencia. El Banco de la República y el Gobierno no han remediado las condiciones que precipitaron la crisis. La caída del producto no se ha detenido y amenaza en convertirse en estancamiento.

Los resultados son muy distintos a las teorías que sirvieron de base para conformar el Banco de la República. El mercado no garantiza el balance interno. La tasa de interés y la política fiscal no afectan en forma considerable el ingreso nacional. Solo con acciones activas es posible contrarrestar la reducción del ahorro ocasionado por la cuarentena del coronavirus y la estreches monetaria que viene de atrás.

En las circunstancias actuales, la deficiencia estructural se puede superar con un aumento del dinero por encima de la demanda. En términos concretos, se conseguiría con un incremento de los agregados monetarios de 40% del PIB en el presente año y otro tanto en el 2022. Adicionalmente, se plantea complementarlos cambios drásticos en la organización administrativa y conceptual del Banco de la República y en la coordinación con el Gobierno.

https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/cambio-de-rumbo-en-el-banco-de-la-republica/

21.2.-Covid y capital ficticio – MICHAEL ROBERTS

Durante el año del COVID, la producción, la inversión y el empleo en casi todas las economías del mundo se han desplomado, ya que los cierres, el aislamiento social y el colapso del comercio internacional contrajeron la producción y el gasto.

30 ene 2021.- Y, sin embargo, ha ocurrido lo contrario en los mercados de acciones y bonos de las principales economías. Los índices bursátiles de EEUU (y de otros países) terminaron 2020 en máximos históricos. Después del impacto inicial de la pandemia de COVID y los consiguientes cierres, cuando los índices bursátiles estadounidenses se desplomaron en un 40%, los mercados se recuperaron drásticamente y finalmente superaron los niveles prepandémicos.

Está claro por qué sucedió esto. Fue gracias a la inyección de dinero crediticio en las economías. La Reserva Federal y otros bancos importantes inyectaron enormes cantidades de efectivo / crédito en el sistema bancario e incluso directamente en las empresas mediante la compra de bonos públicos a los bancos y de bonos de empresas; así como a través de préstamos COVID directos a las empresas respaldados por los gobiernos. Los tipos de interés de estos créditos cayeron hasta cero y, con los denominados «activos seguros» como los bonos del Estado, los tipos de interés incluso se volvieron negativos. ¡Los compradores de bonos estaban pagando intereses a los gobiernos por comprar sus certificados!

Gran parte de esta generosidad crediticia no se utilizó para mantener el salario y los contratos de las plantillas o para mantener las operaciones de las empresas. En cambio, los préstamos se han utilizado como préstamos muy baratos o casi a coste cero para especular con activos financieros. Lo que se denomina «deuda marginal» mide el volumen de compras en bolsa que se han realizado con préstamos. El último nivel de deuda marginal ha subido un 7,7% mes a mes y se encuentra en un nivel récord.

Marx llamó a los activos financieros, acciones y bonos, «capital ficticio». Engels utilizó este término por primera vez en su primer libro sobre economía,  Umrisse; y Marx lo desarrolló más en El Capital, Volumen 3 (Capítulos 25 y 29), donde lo definió como los derechos acumulados o títulos legales, sobre las ganancias futuras en la producción capitalista; en otras palabras, derechos sobre el capital «real», es decir, capital realmente invertido en medios físicos de producción y trabajadores; o capital dinerario, fondos en efectivo retenidos. Una empresa recauda fondos para inversiones, etc. mediante la emisión de acciones y / o bonos. Los propietarios de las acciones o bonos tienen derecho a reclamar las ganancias futuras de la empresa. Existe un mercado «secundario» para estos derechos, es decir, comprar y vender estas acciones o bonos existentes; un mercado para la circulación de estos derechos de propiedad.

Las acciones y los bonos no funcionan como capital real; son simplemente un derecho sobre las ganancias futuras, por lo que «el valor de capital de dicho papel es… completamente ilusorio… El papel sirve como título de propiedad que representa este capital». Como dijo Marx: “Si bien las acciones de ferrocarriles, minas, compañías de navegación y similares, representan el capital real, es decir, el capital invertido y en funcionamiento en tales empresas, o la cantidad de dinero adelantada por los accionistas con el propósito de ser utilizado como capital en tales empresas…; este capital no existe dos veces, una vez como el valor de capital de los títulos de propiedad (acciones) por un lado y por otro lado como el capital real invertido, o por invertir, en esas empresas». El capital «existe sólo en la última forma“, mientras que la acción o bono “es meramente un título de propiedad de una porción correspondiente de la plusvalía que debe realizar”.

Los inversores (especuladores) en los mercados financieros compran y venden estos activos financieros, lo que hace subir y bajar los precios. Si el efectivo (liquidez) es abundante, los precios de las acciones y los bonos pueden dispararse, mientras que los bancos y las instituciones financieras inventan nuevos ‘instrumentos’ financieros en los que invertir. Como dijo Marx: “Con el desarrollo del capital que devenga intereses y el sistema crediticio, todo el capital parece duplicarse, ya veces triplicarse, por los diversos modos en los que el mismo capital, o tal vez incluso el mismo derecho a una deuda, aparece en diferentes formas en diferentes manos. La mayor parte de este ‘capital dinerario’ es puramente ficticia».

Los bancos centrales se convierten en impulsores clave de cualquier auge de los activos financieros Una vez más, como dijo Marx hace unos 150 años, “en la medida en que el Banco emite billetes que no están respaldados por la reserva de metales en sus bóvedas, crea fichas de valor que no solo son medios de circulación, sino que también forma capital adicional, aunque ficticio, al valor nominal de estos pagarés fiduciarios, y este capital adicional le produce una ganancia adicional”. La creación o ‘impresión’ de dinero por parte de los bancos centrales proporciona la liquidez para la especulación en los mercados de valores y bonos, como hemos visto en el año del COVID.

Marx consideró que lo que impulsa los precios del mercado de valores es la diferencia entre las tasas de interés y la tasa general de ganancia. A medida que la rentabilidad cayó en 2020, lo que mantuvo subiendo los precios del mercado de valores fue el nivel muy bajo de las tasas de interés a largo plazo, generadas deliberadamente por bancos centrales como la Reserva Federal en todo el mundo. La ‘flexibilización cuantitativa’ (compra de activos financieros con inyección de crédito), se ha duplicado y triplicado en este año del COVID. De modo que se ha mantenido la brecha entre los rendimientos de la inversión en bolsa y el costo de endeudamiento.

Pero aquí está el problema. El precio de las acciones de una empresa debe tener alguna relación con las ganancias obtenidas o las ganancias que probablemente se obtendrán durante un período de tiempo. Los inversores miden el valor de una empresa por el precio de la acción dividido por las ganancias anuales. Si suma todas las acciones emitidas por una empresa y las multiplica por el precio de la acción, obtiene la ‘capitalización de mercado’ de la empresa, en otras palabras, lo que el mercado cree que vale la empresa. Esta ‘capitalización de mercado’ puede ser diez, 20, 30 o incluso más veces las ganancias anuales. Si la capitalización de mercado de una empresa es 20 veces las ganancias y usted compró sus acciones, asume que tendría que esperar para obtener 20 años de ganancias en dividendos para igualar el precio de su inversión.

En este gráfico (CAPE Shiller) se puede ver que, a medida que las tasas de interés a largo plazo han caído, el precio de capitalización de mercado de las acciones empresariales en relación con los beneficios (ganancias) ha aumentado. Actualmente, se encuentra en niveles solo superados en 1929 y durante el boom de las punto.com en 2000.

Si las ganancias impulsan los precios de las acciones de las empresas, entonces esperaríamos que, cuando la tasa de ganancia en el capitalismo suba o baje, también lo harán los precios de las acciones. Para medir eso, podemos obtener una especie de precio promedio de todas las acciones de la compañía en un mercado de valores utilizando una canasta de precios de acciones de distintas compañías e indexarla. Eso nos da un índice bursátil.

Entonces, ¿el índice de precios del mercado de valores sube y baja con la tasa de ganancia bajo el capitalismo? La respuesta es que lo hace, a más largo plazo, es decir, a lo largo del ciclo de beneficios, pero puede durar hasta 15-20 años. A corto plazo, el ciclo bursátil no necesariamente coincide con el ciclo de beneficios. De hecho, los mercados financieros pueden alcanzar niveles de precios extremos en relación con los beneficios subyacentes que se generan en una economía.

La forma más popular de medir hasta qué punto el mercado de valores no coincide con la economía real y las ganancias en la inversión productiva es midiendo la capitalización de mercado de las empresas en relación con los activos reales acumulados que tienen las empresas. Esta medida se llama Q de Tobin y lleva el nombre del economista de izquierda James Tobin. Toma la ‘capitalización de mercado’ de las empresas en el mercado de valores (digamos, de las 500 principales empresas en lo que se denomina índice S & P-500) y la divide por el valor de reposición de los activos tangibles acumulados por esas empresas. El valor de reemplazo es el precio que las empresas tendrían que pagar para reemplazar todos los activos tangibles (¿e ‘intangibles’?) Que poseen (planta, equipo, software, etc.).

Durante los últimos 100 años más o menos, la relación Q media promedio es de aproximadamente 0,78. El índice Q alto estuvo en el pico de la burbuja tecnológica en 2000, alcanzando 2,17, o un 174% por encima del promedio histórico. Los mínimos se registraron en las recesiones de 1921, 1932 y 1982 en alrededor de 0,28, o 62% por debajo del promedio. Pero en este año del COVID, la Q de Tobin ha alcanzado un 233% por encima de la media, un nuevo récord.

Otro índice útil del valor del mercado de valores en relación con la economía real es el índice de Buffett. Bautizado así en honor del famoso inversor financiero multimillonario que utiliza este índice como guía, mide el valor monetario de todas las acciones y participaciones frente a la producción nacional actual en la economía real (PIB). Una vez más, esto muestra que en el año del COVID, el mercado de valores alcanzó un récord en relación con la «economía real».

De hecho, los especuladores financieros siguen sumidos en una ‘euforia’ total, ya que continúan esperando que los bancos centrales transfieran aún más préstamos y efectivo a los bancos e instituciones, junto con una probable disminución de la pandemia de COVID en 2021 a medida que se distribuyan y apliquen las vacunas. La creencia es que las ganancias empresariales se recuperarán abruptamente para justificar los máximos históricos actuales en los precios de las acciones.

Citi Research tiene un índice «Euphoria / Panic» que combina una serie de indicadores del estado de ánimo del mercado. Desde 1987, el mercado normalmente ha alcanzado su punto máximo cuando este índice se acerca a la línea Euphoria. Las dos excepciones fueron en el auge tecnológico del cambio de siglo, cuando pasó unos tres años en la zona eufórica, y actualmente.

Este índice de ‘euforia’ complementa las opiniones del banco de inversión más poderoso del mundo, Goldman Sachs. Sus expertos pronostican otro aumento del 15% en el mercado de valores estadounidense en 2021.

Pero, como explicó Marx, eventualmente la inversión en activos financieros tendrá que ajustarse a las ganancias en la economía real. En el año del COVID, las ganancias en la mayoría de las corporaciones se desplomaron en un 25-30%.

Goldmans y otros inversores especuladores parecen estar convencidos de que las ganancias se recuperarán este año, de manera que el precio del capital ficticio no resulte ficticio. Pero eso parece poco probable. El COVID-19 aún no ha terminado y la distribución de la vacuna tardará bastante en alcanzar los niveles necesarios de la llamada ‘inmunidad de rebaño’, y eso supone que las vacunas también puedan hacer frente a las nuevas variantes de COVID.

Además, el auge del mercado de valores de 2020 se limitó realmente a unas pocas empresas. En el año del COVID, el índice S&P 500 subió un 18,4%, pero la cartera de FAAAM (Facebook, Alphabet, Amazon, Apple, Microsoft) más Netflix subió un 55%. La contribución de este último grupo al crecimiento del S&P 500 fue del 14,35%. Por lo tanto, el resto de las empresas de S&P ganó solo un 4.05%.

La mayoría de las empresas perdieron dinero en 2020. Y hay una gran cantidad de empresas, en su mayoría fuera de las 500 principales, pero no todas, que están en serios problemas. Las ganancias son bajas o negativas e incluso con el coste de pedir prestado cerca de cero, estas empresas ‘zombis’ no están ganando lo suficiente para cubrir ni siquiera los intereses de los préstamos existentes y nuevos.  Estos zombis ‘con dificultades financieras’ constituyen aproximadamente el 20% de las empresas en la mayoría de las economías.

Incluso antes de la pandemia, las empresas zombis estaban contribuyendo a una desaceleración significativa de los niveles de inversión empresarial. Con tantas empresas en problemas, hay pocas perspectivas de una gran recuperación de la inversión y las ganancias este año.

Los bancos centrales seguirán proporcionando aún más «liquidez» para que los bancos y las empresas especulen en los mercados financieros. De modo que el capital ficticio seguirá expandiéndose; después de todo, como dijo Engels por primera vez, la especulación en los mercados financieros es un factor importante que contrarresta la caída de la rentabilidad en la «economía real».

Pero todas las cosas buenas deben llegar a su fin. Probablemente en la segunda mitad de 2021, los gobiernos intentarán frenar su gasto fiscal y los bancos centrales reducirán el ritmo de su generosidad. En ese momento, es probable que los niveles extremos de los precios de acciones y bonos en relación con las ganancias y el capital tangible reviertan, como lo hace un yo-yo cuando se tira de la cuerda a la que está atado y vuelve a la mano (capital real) de quién juega con él.

https://www.sinpermiso.info/textos/covid-y-capital-ficticio

  • 21.1.-Lentitud estatal – EDUARDO SARMIENTO
  • ¿Cómo debería ser la economía después de la pandemia? –  CÉSAR FERRARI
  • ¡El colmo! – AMYLKAR ACOSTA

Antes de la cuarentena por el coronavirus los países operaban dentro de la concepción de que las soluciones provienen del mercado. Se considera que los problemas tienden a resolverse solos.

31 ene 2021.- En las vacunas se siguió el procedimiento de estimular la escasez de recursos básicos con ganancias y poderes monopólicos. Las empresas farmacéuticas se han precipitado a sacar el producto sin suficiente evidencia empírica sobre las propiedades dinámicas del virus. La inmunidad de rebaño es incierta. Los mejores avances en la aplicación se observan en los países de mayor desarrollo. El aspecto ético de que se trata de un producto de vida o muerte, al cual debe tener acceso toda la humanidad, quedó en un segundo plano.

La falla del manejo económico está en el balance interno entre inversión y ahorro, aún más diciente, entre el producto nacional y el gasto. Las prácticas que venían de atrás y el confinamiento configuraron un estado de ahorro faltante, que precipita el desplome de la producción. El resultado se puede prevenir con la elevación de la tasa de ahorro o con su sustitución por el aumento de la emisión monetaria con respecto a la demanda.

Nada de esto se ha hecho. La economía se vio abocada a una caída del producto en 2020, que continuará en 2021 e incluso en 2022 mientras el ahorro disminuya. En el fondo se configuró un marco de estímulos económicos que no han operado y obligan a la presencia estratégica del Estado, que carece del conocimiento científico para realizarla.

A estas alturas el Gobierno no ha logrado dimensionar el tamaño y la profundidad de la crisis. La cuarentena agravada por la política contractiva que venía de atrás y la caída del producto provocaron una reducción notable del ahorro nacional. Ahora, el Gobierno pretende salir del paso con una reforma tributaria basada en el IVA, que recaería en los grupos medios y reduciría el ahorro.

La verdad es que la crisis económica se ha visto enrarecida por la teoría convencional, que considera que el sistema económico está en equilibrio, donde las caídas dan lugar a rápidas recuperaciones; pero, por el contrario, las alteraciones de la producción generan fuerzas que tienden a acentuarlas. Así, las caídas de la economía en el 2020 y el 2021 son el reflejo de lo que no se hizo para evitarlas.

Los hechos controvierten abiertamente la teoría monetaria convencional que predominó después de la reforma del Banco de la República. La tasa de interés y los déficits fiscales son insuficientes para mantener en pie la actividad productiva y el empleo.

Ciertamente, la política fiscal se justifica como una forma de contrarrestar el monumental deterioro de la distribución del ingreso causado por la pandemia. Sin embargo, no contribuye a elevar el ahorro ni recuperar el balance interno. La economía queda con un faltante de ahorro que tiende a mantenerla por debajo del nivel registrado en 2019. La deficiencia estructural se puede remediar con un aumento del ahorro o con su sustitución por la emisión monetaria.

El país requiere acciones tanto para detener el deterioro de la distribución del ingreso como para recuperar la producción y el empleo. Los dos propósitos no son excluyentes y no se pueden lograr con la sola política fiscal. Se requiere otro instrumento, que debería ser el cambio estructural de la balanza comercial y sectorial, pero su adopción y aplicación tomaría mucho tiempo. La opción más simple y expedita es la ampliación del dinero por encima de la demanda. La inversión aumentaría y arrastraría consigo el ahorro y la producción. Al final, el producto nacional y la distribución avanzarían en la misma dirección.

https://www.elespectador.com/opinion/lentitud-estatal/

21.1.-¿Cómo debería ser la economía después de la pandemia? –  CÉSAR FERRARI

La pobreza y la desigualdad que ya existían y ha agravado la pandemia son razones evidentes para replantear en serio el modelo económico vigente.

Pandemia y economía

23 nov 2020.- La pandemia mostró lo que varios analistas venían diciendo desde hace años: que el modelo económico vigente no remedia la pobreza, es inequitativo y debe ser replanteado.

En el corto plazo, lo más urgente es aumentar la demanda mediante un mayor gasto e inversión del Estado, con el fin de recuperar la economía. Pero eso no es suficiente.

Construir una nueva economía, un nuevo capitalismo y una “ecología integral”, en los términos del Papa Francisco, es un esfuerzo de largo aliento que necesita intervenir el mercado.

Para evitar que la discusión sobre el papel económico del Estado se limite a posiciones ideológicas, debemos ponernos de acuerdo en cuáles son los problemas antes de plantear las soluciones.

Los problemas 

En las sociedades latinoamericanas, tal vez los problemas más graves son la pobreza y la inequidad, causadas principalmente por un empleo insuficiente y mal remunerado.

Existen muchos otros problemas: la informalidad, el hambre, la educación sin calidad, la carencia de vivienda, etc. Pero es probable que todos ellos sean una extensión u otra versión de los primeros.

En Colombia, según las estadísticas del DANE, el coeficiente Gini, que mide la desigualdad en la distribución del ingreso, pasó de 0,517 en 2018 a 0,526 en 2019. O sea que, desde antes de la pandemia, un problema que era grave se estaba intensificando. Y aunque no tenemos cifras comparables para 2020, los indicadores parciales que tenemos sugieren sin duda alguna, que la desigualdad se agravó con la pandemia.

También aumentó la pobreza monetaria, que es la condición en la que está un hogar si sus ingresos son inferiores a 327 674 pesos:

  • En 2018, el 34,7% de la población nacional, el 31,4% de la población de las cabeceras municipales y el 46% de la población rural estaba en pobreza monetaria;
  • En 2019, el 35,7% de la población nacional, el 32,3% de la población de las cabeceras municipales y el 47,5% de la población rural llegó a este punto.

La indigencia también aumentó. Mientras que en 2018 el 8,2% de la población nacional recibía menos de 137 350 pesos, en 2019 la cifra llegó al 9,6%.

El desempleo y la pobreza

La solución para estos problemas es alcanzar el pleno empleo, que proporcione ingresos suficientes para satisfacer las necesidades básicas.

En Colombia, la tasa de desempleo ha estado por encima del 10% desde hace ya mucho tiempo. Como en una economía de mercado la gente que no trabaja se muere de hambre, muchos se ven obligados a crear su propio puesto de trabajo. Y como en la mayoría de los casos no hay suficiente capital ni conocimiento, ese puesto de trabajo es de baja productividad. En consecuencia, la estadística registra a esa persona como subempleada e informal.

Según el DANE, la tasa nacional de desempleo en febrero de 2020 fue 12,2%. La pandemia elevó esta cifra de forma dramática:

  • En abril el desempleo llegó al 19,8%, y en septiembre, levantada la cuarentena, descendió al 15,8%.
  • Pero si se incluyen a los “nuevos inactivos”, es decir, s quienes se desemplearon y no salieron a buscar trabajo porque pensaron que no lo obtendrían, las tasas llegan al 34,3% en abril y al 20,2% en septiembre.

Por su parte, la proporción de los ocupados informales en las 13 ciudades principales durante el trimestre junio-agosto pasó del 45,8% en 2019 al 46,4% en 2020. Hay que aclarar que el DANE considera como informales a los trabajadores particulares que laboran en establecimientos que ocupan hasta cinco personas, incluyendo al patrono o socio. Usualmente, estos trabajadores no pagan impuestos ni contribuyen a pensiones y salud.

Ante esa realidad, el gobierno adoptó una política de subsidios focalizados y cada vez más extensos (“Familias en Acción”, “Ingreso Solidario” y similares). Pero este es un sustituto inadecuado de la política de pleno empleo que en realidad se necesita. Además, se trata de una medida ineficiente e insuficiente, pues no alcanza a cubrir a todas las personas en condición de pobreza, y no reduce la pobreza ni resuelve la inequidad.

Como en una economía de mercado la gente que no trabaja se muere de hambre, muchos se ven obligados a crear su propio puesto de trabajo

¿Cómo llegar al pleno empleo? 

Para alcanzar el pleno empleo es necesario reestructurar la economía.

Según el DANE, en 2019, la explotación de minas y canteras (principalmente de hidrocarburos y carbón) representó cerca del 5% del PIB, pero ocupó apenas al 0,9% de la población ocupada total.

Por su parte, los sectores manufactureros asociados con la minería y las canteras representaron el 4,3% del PIB, pero tampoco fueron intensivos en mano de obra. Las materias primas y las manufacturas asociadas representaron el 55,5% de las exportaciones de 2019.

En el futuro, estos sectores no deberían liderar la economía colombiana por su reducida capacidad de generar y, además, por su impacto ambiental: la matriz energética mundial está cambiando aceleradamente como respuesta al cambio climático.

Esos cambios reducirán notablemente la demanda de combustibles fósiles, en particular de hidrocarburos pesados y carbón térmico, como los que produce Colombia. Ello, sin duda, creará una nueva matriz energética en Colombia y disminuirá la contaminación.

La reestructuración del aparato productivo supone reconocer cuáles nuevos sectores deberían liderar el crecimiento. El mercado no los descubrirá porque solo le interesan aquellos que tienen la mayor rentabilidad; pero esta rentabilidad no es necesariamente consecuencia de que el sector tenga ventajas comparativas de carácter internacional. Muchas veces, es una consecuencia de las ventajas competitivas que otorgaron las políticas monetarias, fiscales o regulatorias del gobierno de cada país.

En el caso de Colombia, los candidatos más cercanos para sustituirlos son el sector agropecuario y la agroindustria, ciertamente a partir de una identificación adecuada de áreas, cultivos y ganaderías. Otros candidatos son las manufacturas en todas sus formas, el turismo y la industria digital, no tanto en la fabricación del hardware sino en el diseño y formulación de aplicaciones.

Pero para que estos sectores se desarrollen en forma satisfactoria, habrá que hacerlos rentables. Para eso son las políticas económicas. Y habrá que hacerlo antes que la transformación mundial de la matriz energética se produzca por completo. Invertir y construir sectores toma tiempo.

Pixabay Según el DANE, la tasa nacional de desempleo, antes de la cuarentena, en febrero de 2020, fue 12.6% de la población económicamente activa

Tecnología y geopolítica 

En la construcción de la nueva economía, no puede olvidarse el avance imparable de la cuarta revolución industrial, con máquinas y sistemas digitales, inteligentes e interconectados.

Ese avance podría ser violentamente asimétrico en nuestros países. Mientras una parte importante de la población no tiene aún electricidad ni acceso a internet, otra parte avanza a pasos agigantados. Por eso, si las políticas públicas no aceleran el acceso de los primeros a los beneficios de la modernidad, la inequidad será incluso mayor que la actual.

Además, la digitalización significa automatización y, por lo tanto, una posible reducción en el número de empleos. En general las industrias digitales tienen costos marginales que tienden a cero y los bienes de información tienen costos marginales de almacenamiento, transporte y réplica también tendientes a cero.

Por eso, a menos que las empresas en los nuevos sectores líderes se multipliquen con más velocidad que aquella con la cual desparecen las viejas industrias, es muy probable que aumente el desempleo. Por eso es todavía más urgente construir aquella nueva economía.

Por lo demás, hay que tener en consideración el proceso acelerado de cambios geopolíticos. Los países asiáticos, en especial China, están creciendo con mucha rapidez en términos económicos, militares y tecnológicos.

En contraste, los mercados latinoamericanos son pequeños y pueden quedar sepultados en medio de las disputas entre las grandes potencias. Por eso importa responder a los cambios en el tablero mundial y dirigir los mayores esfuerzos exportadores hacia Asia y, en particular, hacia China.

Para conquistar esos mercados no tienen que revisarse los tratados de libre comercio ni los acuerdos de cooperación existentes; bastaría con acuerdos arancelarios y de protección a los inversionistas con dichos países. Y, sobre todo, se necesitan mecanismos y políticas para que las exportaciones y la producción que compite con importaciones sean viables, es decir competitivos y rentables.

(continuará)

https://razonpublica.com/deberia-la-economia-despues-la-pandemia/

21.-¡El colmo! – AMYLKAR ACOSTA

MAL EN PEOR 

En momentos en los que cunde la desazón, el desconcierto y la incertidumbre a consecuencia de la crisis pandémica, el Director del DANE Juan Daniel Oviedo le ha revelado al país unas cifras verdaderamente aterradoras, espeluznantes, que delatan la preexistencia a la misma de la pandemia de la pobreza y la desigualdad en Colombia, taras estas que se han visto exacerbadas este año, aciago para nuestro país. Ello es tanto más preocupante, habida cuenta que es la población vulnerada y vulnerable la que está llevando la peor parte de esta debacle.

4 ene 2021.- Mientras el mundillo de la pequeña política se agita y se dan los primeros escarceos de la contienda electoral de cara a las elecciones al Congreso y a la Presidencia de la República, el país se debate entre el anunciado rebote del crecimiento de la economía por parte del Ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla y el rebrote de los contagios y víctimas fatales del COVID – 19, según lo informa el Ministro de Salud Fernando Ruiz.

Como es bien sabido, desde el año 2012 venía disminuyendo el índice de pobreza monetaria en Colombia, hasta que tocó fondo en el 2018 cuando alcanzó el 34.7%. A partir del 2019 se revirtió dicha tendencia, registrando el 35.7%, 1 punto porcentual más elevado con respecto al año anterior. Según el DANE, en el 2019 661.899 personas cayeron en la trampa de la pobreza, para completar los 17´470.000. Vamos de mal en peor. Pero estamos hablando del promedio nacional, en el cual se confunde el valle con la colina, ya que al escarmenar y aterrizar las cifras en los territorios se ponen de manifiesto unas aberrantes desigualdades, las que se denominan eufemísticamente “brechas”.

En efecto, en contraste con el promedio nacional, el mismo índice de pobreza monetaria en el Chocó en la región Pacífica, también promediando la cifra, pasó del 61.1% al 68.4% (¡!) y el de La guajira en la región Caribe del 53.7% al 61.8% (¡!). Según el DANE, en cuanto al índice de pobreza extrema, el promedio nacional pasó del 7.2% al 9.6%, 2.4 puntos porcentuales más, lo cual se tradujo en que un número de 728.955 personas pasaron de la pobreza a la indigencia, para un consolidado de 3.500.000 (¡!). Por su parte los departamentos de Chocó y La guajira registraron el 36.8% (¡!) y 33.5% (¡!), respectivamente, superando el 34.5% y el 26.7%, en su orden, del año 2018, en pobreza extrema. Y no hay que perder de vista que cuando hablamos de la pobreza, sabemos que esta se caracteriza porque la persona no tiene cómo valerse por si misma para que sea llevadera su congrua subsistencia.

Esta tendencia, aberrante por lo demás, de empeoramiento de la condición social de la abrumadora mayoría de los colombianos, especialmente en las regiones más deprimidas y vulnerables, se está viendo acentuada debido a los estragos sociales de la crisis pandémica. Ésta está repercutiendo en la pérdida de empleo e ingresos, lo cual va a conducir a que, según el investigador de FEDESARROLLO Jairo Núñez, “la pobreza en Colombia va a alcanzar un nivel de entre 47% y 49%” . Dicho de otra manera, 6 millones de personas que habían salido de la pobreza volverán a ella, esta vez por cuenta del COVID – 19. De manera que, muy seguramente, al cierre de este año no estaremos mejor que cuando estuvimos peor!

Hemos pasado de la prevención del contagio de la pandemia a la contención de la misma y últimamente a su mitigación, a la espera de la vacuna, la cual nos permite columbrar la luz al final del túnel. Esta emergencia copa toda la atención de los medios y de las autoridades, pero hay otra realidad subyacente y lacerante que viene de atrás, que no se le puede atribuir a la pandemia, como son estas execrables lacras de la pobreza, la desigualdad y el hambre. Frente a estas ha faltado una política social de prevención, de contención y de mitigación y lo que es peor los distintos gobiernos se han rehusado a aplicar la única vacuna eficaz y segura para combatirlas que es la política de protección, inclusión y cohesión social. De nada sirve que se incluya entre las metas de todos los planes de desarrollo la reducción de la inequidad, si las mismas no se concretan en acciones efectivas y eficaces para lograrlo. Es consabido que las palabras que no van seguidas de los hechos son asesinas de los ideales!

EL HAMBRE ACOSA Y ACUSA

Una de las peores y más acuciantes consecuencias de la actual crisis es el creciente número de colombianos que se está viendo ante la imposibilidad de acceder a la ingesta diaria para alimentarse. Según el más reciente estudio del DANE, en Colombia solo siete de cada 10 familias tuvieron acceso a tres comidas al día durante los últimos siete días, mientras que antes de la pandemia la cifra llegaba a 85%. Esta cifra obliga a encender todas las alertas y alarmas, porque su impacto va mucho más allá de las frías cifras, las cuales, como dice el célebre escritor mexicano Octavio Paz, se oyen “como quien oye llover. Sin oírme, oyendo lo que digo”, desdeñadas por la sordina y la invisibilización. Pero el hambre acosa a los más desvalidos y acusa la indolencia de las autoridades competentes. El silencio es ensordecedor!

Según el mismo estudio, en promedio, tres de cada diez hogares de las capitales de departamento en Colombia no pueden comer tres veces al día (¡!). Esto es una barbaridad. A consecuencia de la pandemia se cuentan por millares el número de colombianos que están soportando física hambre. Los hogares donde solo se consume una comida al día pasaron de 55.915 a 287.473. Además, 3,2 millones de familias solo están comiendo dos veces al día y a ello se viene a añadir la baja calidad de la alimentación de quienes tienen acceso a ella, la cual deja mucho que desear en los estratos más bajos de la población.

Al igual que ocurre con la pobreza, se presentan ostensibles diferencias entre unas regiones y otras, así como entre unas ciudades capitales y otras, en torno al acceso a los alimentos. Así, mientras en Bogotá el porcentaje de familias que tenían para las tres comidas diarias pasaron del 85% antes de la pandemia al 72%, en el agregado nacional 72,21 por ciento de las familias puede contar con el desayuno, el almuerzo y la comida; 24,8 por ciento consume dos comidas y 2,6 por ciento solo se alimenta una vez al día (¡!).

Cabe mencionar que, según el DANE, las seis ciudades en donde menor cantidad de hogares pueden acceder a tres comidas al día están ubicadas en la Costa Atlántica, son ellas Cartagena (35%), aparecen Barranquilla (46,3%), Sincelejo (48,8%), Santa Marta (50,7%). Antes de la cuarentena en todas estas ciudades el promedio estaba por encima del 75%, incluso en Santa Marta el nivel llegaba a 93%. Ello es algo funesto y sus secuelas serán espantosas en el mediano y largo plazo para un amplio conglomerado humano de este país que vive o mejor pervive este drama. Como la canción insignia de la movilización social en Chile el año pasado, El baile de los que sobran, nadie los echa de menos, nadie les quiso ayudar. Esto es el colmo!

El Caso de Cartagena, la Heroica, declarada por la UNESCO Patrimonio histórico y cultural de la humanidad, la del corralito de piedra, la joya de la corona del turismo en Colombia, es patético. Es, como quedó dicho, la que exhibe los peores registros. Claro está que antes de la pandemia, según la encuesta Pulso Social del DANE, publicada por la agencia Bloomberg, en promedio, el 81.6% de sus habitantes podía comer tres veces al día, un registro que lejos de ser satisfactorio mueve a la preocupación, tanto más en cuanto que no refleja la dura realidad de barrios como El pozón o Arroz barato, en donde, como en la fábula de La zorra y las uvas, éstas aunque maduras están muy altas para alcanzarlas.

La Plataforma Colombiana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, después de analizar este dantesco cuadro de emergencia social llegó a la conclusión irrefutable de que “no hay mejor prueba que demuestre la urgencia de crear una Renta Básica de por lo menos un salario mínimo mensual que beneficiaría a 32 millones de personas en situación de pobreza y riesgo de caer una situación de indigencia, que tienen derechos constitucionales a la vida y a la alimentación”. Y el primer paso debe ser la extensión y ampliación de las transferencias monetarias a favor de ellas, tanto las condicionadas como las no condicionadas, el próximo año. Por ello registramos con asombro y preocupación que el Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME), creado para financiar dichos programas, quedó totalmente desfinanciado en el Presupuesto para la vigencia de 2021, al pasar de $25 billones a sólo $3.1 billones, con una reducción del 87.6% con respecto al del 2020 . Así no se puede!

http://amylkaracosta.net/prueba1/index.php?option=com_content&view=article&id=615:el-colmo&catid=95:opinion&Itemid=673 

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