• 21.26.-Capitalismo: ¿el leopardo ha cambiado sus manchas? MICHAEL ROBERTS
  • 1821, 1991 y 2021: constantes constitucionales RODRIGO UPRIMNY
  • Revisión del modelo económico  EDUARDO SARMIENTO

Desde que comenzó la pandemia, advertí que la reducción de la tasa de ahorro ocasionada por la cuarentena había configurado un complicado manejo. La economía pasó del estado de la economía de demanda a economía de oferta, que son dos términos técnicos de difícil comprensión.

25 jul 2021.- En forma repetida advertí que estas condiciones no se podían enfrentar con el modelo predominante, que propicia y señala las soluciones de mercado que bajan los salarios para subir la tasa de ahorro, como ocurrió con la reforma tributaria de Carrasquilla y ahora en menor grado con la de Restrepo. La economía queda expuesta a una reducción de la tasa de ahorro y de la producción que no son sostenibles. En efecto, de acuerdo con la información del DANE, la producción ha descendido sistemáticamente desde agosto de 2020.

El desconocimiento de la operación del sistema ha llevado a graves errores de predicción del Gobierno, los organismos internacionales y prestigiosas revistas de opinión, como The Economist, que predicen crecimientos de producto del 7 % con respecto al año anterior, cuando a la luz de la información disponible es difícil que avance más del 4,5 %. Así las cosas, a estas alturas el país no ha logrado superar la reducción del ahorro generada por la pandemia.

La explicación es simple. El Gobierno confió en que el mercado induciría una elevación de la tasa de ahorro por la vía del deterioro del salario, que fue rechazada por la protesta social. La economía ha quedado expuesta a reducciones crecientes de la producción y el ahorro que amenazan con trasladar la crisis no solamente al presente año sino a 2022.

Debido las deficiencias del modelo, la economía quedó abocada a la reducción de la tasa de ahorro y el crecimiento, como se registra en información oficial. El producto está expuesto a caídas drásticas de duración de más de dos años. Se regresó a las recesiones del siglo XIX causadas por las deficiencias de ahorro. Las economías se precipitaban en caídas súbitas de la producción y luego entraban en estados de estancamiento y desempleo que persistían durante varios años.

Los hechos han mostrado que el modelo de libre mercado no ofrece las condiciones para elevar el ahorro y sostener el salario. La deficiencia no se origina en la demanda sino en la oferta.

La economía ha quedado en un estado de producción inferior a la demanda que genera toda clase de ajustes perversos. La producción de bienes es menor que la demanda. Los precios suben, el salario baja, el déficit en cuenta corriente se amplía y tiene como contraparte el desempleo. El sistema va a la deriva y tiende a un estado de difícil retorno.

Las condiciones cambiaron con respecto a la concepción convencional de exceso de ahorro. La falla de la economía estaba en deficiencias de demanda que se corregían con la política fiscal y monetaria de tasa de interés. En la actualidad se tiene una economía de oferta. La solución no puede ser distinta a la elevación de la tasa de ahorro y de salario con reformas estructurales de alto calado en la organización monetaria, la estructura comercial y sectorial, las transferencias de las rentas sociales y la política de salario y empleo. Ante todo, convendría erradicar las políticas de depresión de los ingresos laborales para aumentar la producción y la eficiencia.

En fin, la reducción de la tasa de ahorro de la cuarentena alteró fuertemente las economías de desarrollo intermedio y bajo ahorro. La solución no está en políticas fiscales tradicionales y ampliación del consumo; se encuentra en políticas estructurales que aumenten el ahorro y la productividad del trabajo. Las estrategias de oferta suministran los caminos de mayor prosperidad y equidad.

https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/eduardo-sarmiento/revision-del-modelo-economico/

21.26.-Capitalismo: ¿el leopardo ha cambiado sus manchas? MICHAEL ROBERTS

“Déjeme ser claro: el capitalismo sin competencia no es capitalismo, es explotación”, tuiteó el presidente de los Estados Unidos, Biden, en el momento de firmar una orden ejecutiva para expandir la competencia y tomar medidas contra las prácticas monopolísticas.

17 jul 2021.- Biden describió como un “experimento equivocado de 40 años” permitir que las corporaciones estadounidenses se consoliden con poca regulación, lo que, según él, ha perjudicado a la gente común. “El corazón del capitalismo estadounidense es una idea simple: competencia abierta y justa”, agregó Biden.  A continuación, se llamó a sí mismo un «capitalista orgulloso», pero dijo que quiere «asegurar que la economía no se trata de personas que trabajan para el capitalismo, sino de que el capitalismo trabaje para las personas».

Los comentarios de Biden apoyan la idea que: 1) el capitalismo no es un modo de producción que sea explotador, siempre que haya «libre competencia» en el comercio, el crédito y la producción de mercancías (y presumiblemente también en el trabajo asalariado); y 2) son las prácticas monopólicas la causa de lo que podría llamarse ‘explotación’ porque es ‘competencia desleal’. Según esta idea con el fin de los monopolios (en los procesos de producción y distribución) y, por tanto, si funcionan mercados ‘competitivos’, se puede hablar de capitalismo propiamente dicho.

En su intervención Joe Biden se hace eco no sólo del punto de vista de la economía neoclásica dominante moderna, sino también del punto de vista de los primeros economistas clásicos, como Adam Smith y David Ricardo. Smith opinaba que lo que no funcionaba en la sociedad y la economía del siglo XVIII fue la falta de libre competencia y criticó los monopolios (incluidos los monopolios feudales) en el comercio y la agricultura. Ricardo, por su parte, denunció el control monopolístico en la producción agrícola y en el comercio. Para ambos economistas, si se terminaba con los resabios feudales la empresa industrial y los mercados competitivos conducirían a un aumento de la productividad y a la prosperidad de todos. Como dijo Biden, entonces, «el capitalismo funcionaría bien para la gente».

Pero, esta opinión es sólo la comparten los apologistas del capitalismo. Muchos marxistas y poskeynesianos de hoy en día se centran en lo que llaman «capitalismo monopolista», «capital financiero monopolista» o «capitalismo monopolista de estado» como el enemigo de la prosperidad del pueblo, no al sistema capitalista como tal.

Lo que piensa Michael Hudson

Considerado un economista clásico como Smith y Ricardo (Marx también es un economista clásico, dice) Michael Hudson sostiene que el capitalismo comenzó como una fuerza progresista con el desarrollo de las fuerzas productivas en la era del capitalismo industrial, pero desde la década de 1980, el «capitalismo financiero» ha reemplazado al capitalismo industrial. Lo que habría ocurrido, sostiene, ha sido un regreso al ‘feudalismo’ porque el excedente de la economía ahora es extraído por empresas ‘monopolistas’ (renta) y financieras (intereses y ganancias de capital), y las ganancias no se producirían por la explotación de la fuerza de trabajo.

Grace Blakeley, una economista de la izquierda británica, afirma que el capitalismo moderno se ha transformado en «capitalismo monopolista de estado».  Ella destaca algunos puntos parecidos a lo dicho por Biden: “En mayo de 2020, la capitalización de mercado combinada de las cuatro mayores empresas de tecnología de EEUU alcanzó una quinta parte de todo el índice S&P 500. Cuatro empresas; Microsoft, Apple, Amazon y Facebook, ahora representan el 20% del valor combinado de las 500 empresas más grandes (hace cuarenta años las entidades corporativas eran empresas de nueva creación valientes o ni siquiera existían). Hoy las tendencias monopolísticas no se limitan al sector tecnológico, en 1975, las 100 empresas estadounidenses más grandes representaron casi la mitad de las ganancias de todas las empresas que cotizan en bolsa; en 2015, su participación alcanzó el 84 por ciento». 

De manera similar, un estudio de Brookings Institution descubrió que las 50 principales empresas a nivel mundial sumaron $ 4.5 billones de capitalización bursátil en 2020, llevando su “valor combinado” a aproximadamente el 28% del producto interno bruto global. Hace tres décadas, la cifra equivalente era inferior del 5%.

 Pero, ¿es el capitalismo financiero «feudal» monopolista ahora el enemigo del trabajo, mientras que el capitalismo industrial de libre competencia es un aliado? ¿No hay explotación del trabajo bajo el capitalismo competitivo, como argumenta Biden? 

El objetivo de la crítica Marx y Engels al capitalismo fue explicar, entre otras cosas, como el capitalismo es un sistema de explotación de la fuerza de trabajo para extraer plusvalía en la producción, existieran o no monopolios. De hecho, El capital de Marx tiene un subtítulo, ‘Una crítica de la economía política’, precisamente para atacar la idea que, si los monopolios fueron controlados o eliminados, el ‘capitalismo competitivo’ dejaría de explotar a los trabajadores.

Es evidente que la concentración y centralización del capital, en las principales economías, se ha intensificado en las últimas décadas. El auge de las megaempresas de medios sociales y de tecnología confirma la opinión de Marx de hace más de 150 años: la acumulación capitalista conduce a una mayor concentración del capital, y a medida que aumentan las grandes corporaciones estas empresas devoran a las pequeñas. Y está claro, también, que en las últimas décadas este proceso ha sido alentado con inyecciones estatales de crédito fácil y con la desregulación de las actividades corporativas.

El papel de las multinacionales en EEUU

Las empresas multinacionales con sede en EEUU representaron el 20,1 por ciento de todo el empleo del sector privado en ese país. En 2017, las empresas con sede en el extranjero representaron otro 6,4 por ciento. Las multinacionales desempeñan un papel particularmente importante en la manufactura: más del 70% de todo el empleo se localiza en estas empresas multinacionales.

Estas corporaciones trasnacionales representaron más de la mitad de todos los gastos de capital no residenciales en 2017 y más del 80 por ciento del I + D industrial realizada en Estados Unidos. Y, las multinacionales representan más de la mitad de las exportaciones e importaciones estadounidenses de bienes y servicios.

 ¿Qué opina Hadas Thier?

En su libro, A People’s Guide to Capitalism la escritora Hadas Thier señala: “El estado desempeña un papel al proteger a las empresas monopolistas consideradas “demasiado grandes para quebrar” de los estragos de un “mercado libre”. Después de la crisis económica de 2008, los megabancos en los Estados Unidos (cada uno con activos por valor de miles de millones de dólares) fueron salvados con un enorme rescate financiado por los contribuyentes. Como explica Petrino Di Leo: “El Departamento del Tesoro y el Banco de la Reserva Federal han distribuido la increíble cantidad de $ 16 billones en asistencia a instituciones financieras y corporaciones en los Estados Unidos y en todo el mundo. . . A través de los diversos mecanismos el Citigroup recibió prestados $ 2.5 billones, Morgan Stanley obtuvo $ 2 billones, Merrill Lynch recibió $ 1.9 billones y Bank of America obtuvo $ 1.3 billones”. (p134).

Thier explica: “la centralización complementa el trabajo de acumulación al permitir a los capitalistas industriales extender la escala de sus operaciones. Si esto último resultado es consecuencia de la acumulación o de la centralización, si la centralización se logra mediante el método violento de anexión o si la fusión se produce mediante el proceso más fluido el efecto económico sigue siendo el mismo».

“La batalla de la competencia se libra mediante el abaratamiento de los productos básicos. . . y esto depende a su vez de la escala de producción. Por tanto, los capitales más grandes superan a los más pequeños. Además, se recordará que, con el desarrollo del modo de producción capitalista, hay un aumento de la cantidad mínima de capital individual necesario para llevar a cabo un negocio en condiciones normales. . . [La competencia] termina en la ruina de muchos pequeños capitalistas, cuyas capitales, en parte, pasan a manos de los grandes capitales o, desaparecen por completo«.

Pero, ¿este proceso en la acumulación capitalista significa que el «capitalismo competitivo» ahora ha sido reemplazado por el «capitalismo monopolista de estado»?  Si fuera así, el capitalismo monopolista de estado estaría operando no a través de la competencia (con ganancias por la explotación del trabajo como explica la ley del valor de Marx), sino que, a través de definir los precios sobre los costos a voluntad, con el respaldo por el estado.

Esta idea es la base de la «Escuela del Capital Monopolista» desarrollada originalmente por Paul Sweezy y Paul Baran a finales de la década de 1960. La teoría del capital monopolista sostiene que las grandes empresas habían abolido la competencia de precios y, en cambio, habían dado lugar al estancamiento y a un exceso de capacidad productiva. Las crisis ya no serían causadas por la caída de la rentabilidad – como resultado de una lucha entre capitales – sino por la expansión de la capacidad, sin suficiente «demanda efectiva».

El capitalismo monopolista

En su libro, Monopoly Capital, Baran y Sweezy lo expresaron de esta manera:

“No podemos contentarnos con remendar y enmendar el modelo competitivo que subyace en su teoría económica [de Marx]. Debemos reconocer que la competencia, que era la forma predominante de relaciones de mercado en la Gran Bretaña del siglo XIX, ha dejado de ocupar esa posición, no solo en Gran Bretaña sino en todo el resto del mundo capitalista”. 

“Hoy en día, la unidad económica típica en el mundo capitalista no es la pequeña empresa que produce una fracción insignificante de una producción homogénea para un mercado anónimo, sino una empresa a gran escala que produce una parte significativa de la producción de una industria, o incluso de varias industrias, y puede controlar sus precios, el volumen de su producción y los tipos y montos de inversiones. En otras palabras, la unidad económica típica tiene los atributos que alguna vez se pensó que solo poseían los monopolios”. (Baran y Sweezy 1968, 5-6)

Baran y Sweezy concluyen: “Toda la motivación de la reducción de costos es aumentar las ganancias, y la estructura monopolística de los mercados permite a las corporaciones apropiarse de los frutos del aumento de la productividad directamente en forma de mayores ganancias. Esto significa que, bajo el capitalismo monopolista, la disminución de los costos implica un aumento continuo de los márgenes de ganancia. Y la ampliación continua de los márgenes de beneficio, a su vez, implica beneficios agregados que aumentan, no sólo en forma absoluta, sino como parte del producto nacional. Si equiparamos provisionalmente las ganancias agregadas con el excedente económico de la sociedad, podemos formular como una ley del capitalismo monopolista que el excedente tiende a aumentar tanto absoluta como relativamente a medida que se desarrolla el sistema”. (Baran y Sweezy 1968, 71–72)

“Por lo tanto, al sustituir la ley del excedente creciente por la ley de la ganancia decreciente, no estamos rechazando ni revisando un teorema de la economía política consagrado por el tiempo: simplemente estamos tomando en cuenta el hecho indudable de que la estructura de la economía capitalista ha sufrido un cambio fundamental, un cambio desde que se formuló esa idea. Lo más esencial del cambio estructural del capitalismo competitivo al monopolista encuentra la expresión teórica de esta sustitución”. (Baran y Sweezy 1968, 72)

Pero, pregunto ¿con la creciente centralización y concentración del capital ha habido un «cambio fundamental» en la naturaleza del capitalismo?

Anwar Shaikh cree que no

«Si se cree que el sistema se basa en el monopolio, una idea que se ha convertido en sagrada de la actual economía marxista, entonces se cree que el poder del estado y del poder del capital están contra el trabajo… “pero desde mi punto de vista, nada, ni siquiera los propios capitalistas, tiene ese tipo de poder, porque las reglas impuestas al trabajo y al capital provienen de la creación de ganancias y la competencia entre capitales, que Marx vincula específicamente entre sí”. 

“El estado puede intervenir para redistribuir los ingresos y oponerse al capital empujado por las luchas de los trabajadores, también puede intervenir para construir un sistema de bienestar, pero estas intervenciones siguen estando fundamentalmente limitadas en su impacto por la rentabilidad de las empresas».

Shaikh sostiene que la visión de la escuela capital monopolista de un ‘cambio fundamental’ esta basado en una interpretación de El Capital de Marx. Según esta exegesis “el capitalismo tendría en el siglo XIX mercados competitivos perfectos, que ahora no existen porque han sido reemplazados por monopolios respaldados por el estado”. Pero, el problema que esta realidad económica nunca existió.

Para Shaikh: «La economía capitalista no debe verse como una economía de mercado «perfecta» o con «imperfecciones» que la acompañan, sino como capitales individuales en competencia para obtener ganancias y participación de mercado». 

“El monopolio no debe contraponerse a la competencia, como hacen los economistas neoclásicos, ortodoxos e incluso algunos marxistas. La competencia real es la lucha por reducir los costos por unidad de producción con el fin de obtener más ganancias y participación de mercado”. 

«En el mundo real, hay capitales con diversos grados de poder monopolista que compiten y cambian continuamente a medida que se pierde el poder monopolista con nuevos participantes en el mercado y nuevas tecnologías que reducen los costos. La competencia real es una lucha interminable por el poder del monopolio (participación de mercado dominante) que nunca tiene éxito total o eternamente: cada capital individual opera bajo este imperativo… esta es la competencia real, antagonista por naturaleza y turbulento en su funcionamiento. Es tan diferente de la llamada competencia perfecta como la guerra lo es del ballet”.

El capitalismo puede haber cambiado de lugar; pero sigue siendo el mismo leopardo

Como señala Thier, “el capitalismo aún mantiene su dinamismo a través de la lucha constante por posicionarse en el mercado por parte de grandes y pequeñas empresas. En algunos casos, una empresa nueva, no arraigada en métodos anticuados, podría salir adelante. Así, hace décadas de años, Ford (ese “negocio familiar” llamado Ford Motor Company) era una “nueva” compañía automotriz y en esa época Tesla habría tenido pocas posibilidades de mantenerse con vida». 

«Unas décadas más tarde, los «tres grandes» fabricantes de automóviles estadounidenses están atrapados en mercados con exceso de oferta y tecnologías antiguas. Aún no se ha determinado qué tipo de éxito tendrá Tesla, pero sin duda, la industria automotriz establecida está perturbada. Existen otras empresas «disruptivas» en todos los campos, desde Uber y Airbnb, hasta agencias de atención domiciliaria y tiendas de muebles basadas en Internet que desafían el dominio de las empresas tradicionales de ladrillo y cemento». 

«Si este no fuera el caso, veríamos la economía dominada por cada vez menos empresas, hasta que un día nos encontraríamos con una sola gran empresa que se encargara de todo (podría ser “McGoogleAzon Corporation”) desde nuestros lavavajillas hasta nuestros desplazamientos. En cambio, la competencia continúa, pero en un contexto de actores económicos cada vez importantes, que hacen que los cambios, las rivalidades y las quiebras sean aún más volátiles».

Se supone que Lenin es uno de los grandes defensores de la idea de que el capitalismo se había convertido en «capitalismo monopolista de Estado». Fue citado así, regularmente, por los líderes de la Rusia estalinista como el modelo capitalista del siglo XX.

Sin embargo, Lenin en realidad tenía una visión mucho más precisa: “Al mismo tiempo, el monopolio, que ha surgido de la libre competencia, no suprime esta última, sino que existe sobre ella y junto a ella, y por lo tanto da lugar a una serie de situaciones muy agudas, intensos antagonismos, fricciones y conflictos».

Y cuando miramos la evidencia empírica, el ‘poder monopolista’ parece menos convincente. Los economistas de la corriente principal, Jan De Loecker y Jan Eeckhout argumentan que el margen de precio sobre el costo marginal cobrado por las empresas públicas estadounidenses ha aumentado de manera constante desde 1960 y, en particular, después de 1980.

Su documento sugiere que “la disminución tanto de la participación del trabajo como del capital, así como la disminución de los salarios de los trabajadores y otras tendencias económicas, se han visto favorecidas por un aumento significativo en los márgenes de ganancia y el poder de mercado; en otras palabras, el aumento del capital monopolista en forma de “empresas superestrellas» como  Apple, Amazon, Google, etc. que ahora dominan las ventas, los beneficios y la producción, utilizando mano de obra barata en comparación con otras empresas e industrias. Estos monopolios no invertirán porque no necesitan competir”

Sin embargo, hay dos cosas en contra de este argumento del «poder de mercado», como la única o principal explicación del aumento de la participación en los beneficios por unidad de producción.

Como explica Shaikh, los márgenes crecientes no pueden deberse al poder de monopolio, sino simplemente a mayores ganancias derivadas de ahorros en el costo de la producción de las grandes empresas. De hecho, cuando el factor de concentración se aísla en los datos, “en el vasto cuerpo de literatura generado por la investigación de estas ideas, se debe concluir que la diferencia entre las tasas de rendimiento contables es demasiado pequeña para justificar las afirmaciones de un poder monopólico omnímodo”.

Y, aunque las multinacionales estadounidenses han ganado una mayor participación de mercado en los últimos 40 años, esto no ha significado una reducción en su participación en el gasto de capital , contrariamente a las conclusiones de la Escuela Monopolista. Las empresas matrices multinacionales de EEUU emplearon al 24 por ciento de la fuerza laboral del sector privado en 2017. Su participación en la inversión se mantuvo en alrededor del 30-35% en todo momento.

Los oligopolios

En realidad, lo que ha generado la concentración y centralización del capital son los oligopolios (no los monopolios) en diferentes sectores de la economía capitalista, y esto marca una gran diferencia. De hecho, los monopolios a menudo se han convertido en oligopolios. En 1911, el Congreso de los Estados Unidos dividió a Standard Oil en 34 empresas. En 1984, AT&T era el principal proveedor de telecomunicaciones y se dividió en siete empresas regionales.

Por su propia naturaleza, el capitalismo, basado en «muchos capitales» en competencia, no puede tolerar ningún monopolio «eterno» o, una plusvalía «permanente» deducida de la suma total de beneficios que se divide entre la clase capitalista en su conjunto.

La batalla interminable para aumentar las ganancias y la participación del mercado significa que los monopolios están continuamente bajo la amenaza de nuevos rivales, nuevas tecnologías y competidores internacionales. Las ganancias no son el resultado del grado de monopolios o de la búsqueda de rentas, como sostienen las teorías neoclásicas y neo keynesianas (Kalecki) sino el resultado de la explotación del trabajo. La ley de rentabilidad de Marx sigue siendo fundamental en una economía capitalista.

Justo antes de que la pandemia de COVID-19 golpeara la economía mundial, las principales economías capitalistas ya se dirigían hacia una nueva recesión, la primera desde la Gran Recesión de 2008-2009 . La rentabilidad del capital estuvo cerca de mínimos históricos; hasta el 20% de las empresas estadounidenses y europeas solo obtenían los beneficios suficientes para cubrir los intereses de su deuda, y no tenían nada que gastar para nuevas inversiones.

Las tasas de crecimiento del PIB real habían caído a las tasas más bajas desde 2009 y la inversión empresarial se estaba estancando. Se avecinaba una recesión mundial; y tenía poco que ver con el «poder de mercado» de los FAANG absorbiendo todas las ganancias; y mucho más que ver con la incapacidad del capital para explotar la mano de obra, lo suficiente, como para evitar que caiga la rentabilidad en todos los sectores.

La historia del capitalismo es la historia del aumento de la concentración y centralización del capital, pero la competencia continúa provocando grandes movimientos de plusvalía entre capitales (dentro de una economía nacional y global).

La sustitución de productos antiguos por productos nuevos reducirá o eliminará a la larga las ventajas de los monopolios. El mundo monopólico de los fabricantes de motores en el período de la posguerra no duró una vez que una nueva tecnología generó nuevos sectores para la acumulación de capital. Los gigantes del petróleo también están ahora amenazados por las nuevas tecnologías. El mundo de Apple no durará para siempre.

https://www.sinpermiso.info/textos/capitalismo-el-leopardo-ha-cambiado-sus-manchas

21.26.-1821, 1991 y 2021: constantes constitucionales RODRIGO UPRIMNY

Dos hechos constitucionales fundamentales se celebran en estas semanas. El 30 de agosto se cumplen 200 años de la promulgación de la llamada Constitución de Cúcuta, que fue nuestra primera Constitución nacional. Y el 4 de julio se cumplieron los primeros 30 años de la Constitución de 1991, que es nuestra última carta constitucional.

25 jul 2021.- Esta coincidencia justifica una breve nota histórica, que puede además ser útil para reflexionar sobre ciertas constantes de nuestro constitucionalismo.

La Constitución de Cúcuta tuvo en sí misma una historia desafortunada pues rigió pocos años. En la práctica fue abolida por la Convención de Ocaña de 1828, que desembocó en la dictadura de Bolívar; luego fue formalmente reemplazada por la Constitución de 1830.

A pesar de esa historia efímera, que parece hacerla irrelevante, esa Constitución es trascendental, no sólo porque organizó nuestras primeras instituciones políticas nacionales independientes sino, además, porque estableció ciertos principios y diseños constitucionales que se han mantenido, incluso en la Constitución de 1991. Por eso, en un libro publicado en 1971, mi padre, Leopoldo Uprimny, sostuvo que esa Constitución era el fundamento del derecho constitucional colombiano, tesis que fue reafirmada por el historiador Jaime Jaramillo Uribe, quien sostuvo en 1998 que la Constitución de Cúcuta se había convertido en el “modelo que con variaciones relativamente secundarias ha regido la organización constitucional del país hasta nuestros días”.

No creo que las modificaciones introducidas por la Carta de 1991, o por la Constitución laica y federal de 1863, o por la reforma constitucional de 1936 sean variaciones meramente secundarias frente a la Constitución de 1821. Sin embargo, comparto la tesis de mi padre y de Jaramillo Uribe de que la Constitución de 1821 adoptó ciertas decisiones constituyentes que se volvieron constantes en nuestra la historia constitucional. Señalo al menos las siguientes ocho: i) el Estado de derecho o la idea del sometimiento de los gobernantes a la ley, ii) el principio republicano y democrático conforme al cual el poder se basa en el consentimiento de los gobernados, iii) la alternancia con elecciones periódicas, iv) el reconocimiento y la garantía de los derechos de las personas, v) la separación de poderes, vi) con especial protección de la independencia judicial, vii) el bicameralismo y viii) el presidencialismo.

Estos principios y diseños constitucionales nunca han sido cuestionados, ni siquiera por las élites más autoritarias, tal vez con la excepción del intento de Laureano Gómez, afortunadamente fracasado, de imponer un régimen corporativo inspirado en el franquismo.

Por ello algunos historiadores hablan de la adhesión de la cultura política colombiana a una suerte de consenso republicano y democrático en torno a los principios y diseños constitucionales adoptados por la Constitución de Cúcuta, que fueron mantenidos incluso por la Constitución de 1991, a pesar de los profundos cambios que esta introdujo, con toda razón, para corregir los sesgos autoritarios, excluyentes, confesionales, centralistas y homogeneizadores de la Constitución de 1886.

Estas constantes constitucionales derivadas de la Constitución de Cúcuta no deben ser sacralizadas pues algunas son problemáticas, como el presidencialismo, que es malo para la democracia, por lo cual algunos hemos defendido formas parlamentarias o semiparlamentarias de gobierno para América Latina y Colombia. Pero ese consenso republicano y democrático es un valor de nuestra cultura política que debemos cuidadosamente proteger, sobre todo en estos tiempos de vientos autoritarios.

https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/rodrigo-uprimny/1821-1991-y-2021-constantes-constitucionales/

21.25.-El esquema de la reproducción del capital de Marx MICHAEL ROBERTS

Recientemente hice una breve presentación en un grupo de discusión de jóvenes del Partido Comunista de la India (M) sobre el esquema de la reproducción de Marx. Pensé que el tema también podría valer para una nota en mi blog. 

10 jul 2021.- El esquema de la reproducción de Marx se encuentra en El Capital, Volumen Dos, Parte 3, capítulos 18 a 21. ¿Qué son estos esquemas de la reproducción? Se trata, como dijo Marx, de: “el proceso de circulación (que en su totalidad es una forma del proceso de reproducción)…. del capital social agregado”.  En otras palabras, cómo circula el capital (dinero y mercancías) en el nivel macro de una economía, para reproducirse y reiniciar un nuevo período de producción y acumulación de capital.

Marx muestra este proceso de circulación y reproducción dividiendo el capital social agregado en dos departamentos: uno que reproduce bienes de capital o medios de producción y otro que reproduce bienes de consumo o medios de consumo. Podría haber más departamentos, pero la división de Marx no es arbitraria porque quiere mostrar la naturaleza de clase de la acumulación y reproducción capitalista; con un departamento que produce los medios de producción del capital y otro que produce los bienes de consumo necesarios para el trabajo. Este último se puede dividir sucesivamente en un departamento de «bienes de lujo» para el propio consumo de los capitalistas, pero este subdepartamento no es analíticamente esencial en el esquema de reproducción de Marx (contrariamente a las opiniones de muchos neo-ricardianos y algunos marxistas).

¿Qué quiere mostrar Marx con el esquema de reproducción? Quiere mostrar: primero, cómo se reproduce el capital en estos dos departamentos; y segundo, quiere comparar la reproducción del capital sin acumulación extra (llamada reproducción simple) y la reproducción del capital cuando se acumula (crece), lo que él llama reproducción expandida o extendida.

Los esquemas asumen que no hay progreso tecnológico, por lo que el crecimiento (reproducción ampliada) puede ocurrir solo si se obtiene una mayor cantidad de medios de producción. Los esquemas de Marx también asumen una economía cerrada. Por lo tanto, no se pueden obtener medios de producción adicionales de ninguna reserva mantenida en almacenes, etc.

En la reproducción simple, el Departamento I (medios de producción) y el Departamento II (medios de consumo) crecen a la misma tasa (cero). A continuación se muestra una tabla tomada del excelente artículo sobre el esquema de Andrew Kliman , basado en el trabajo de Dunayevskaya.

En este ejemplo de la reproducción simple, ambos departamentos tienen el mismo tamaño. Pero, ¿de dónde obtiene el Departamento II (bienes de consumo) sus medios de producción para producir bienes de consumo equivalentes a 500 en valor? Los capitalistas de bienes de consumo en el Departamento II necesitan 250 unidades de valor de medios de producción. La respuesta es que los capitalistas de bienes de consumo compran sus medios de producción por valor de 250 a los capitalistas de bienes de capital en el Departamento I. Y eso es posible porque es la cantidad de nuevo valor producido por los capitalistas de bienes de capital en el Departamento I (v100 + s150). Así tenemos la fórmula para la reproducción simple: c2 = v1 + s1. Esto muestra cómo circula el capital entre los dos departamentos en una economía de crecimiento cero.

Pero, ¿qué pasa con una economía en crecimiento, lo que Marx llamó la reproducción amplia o expandida? El crecimiento en una economía cerrada solo es posible si se agrega un valor extra a la inversión en medios de producción. Entonces el Departamento I debe ser más grande. Eso puede suceder si algunos de los medios de producción recién producidos que habría obtenido el Departamento II se desvían al Departamento I. Esto le da al Departamento I los medios de producción adicionales que necesita.

En el ejemplo de Kliman, el Departamento I recibe 50 unidades de valor adicionales en medios de producción y la inversión del Departamento II en medios de producción se reduce en esa misma cantidad. Como resultado, dadas las mismas razones para c / vy s / v, la producción aumenta en el Departamento I a 600 y cae en el Departamento II a 400. Consulte el Año 2 a continuación.

En el año 3 siguiente, las 600 unidades de valor producidas anteriormente en medios de producción se distribuyen en la misma proporción entre los Departamentos I y II que en el Año 2. Ahora ambos departamentos han invertido más en medios de producción y así ambos pueden crecer (de un total de 1.000 en valor en el año 2 a 1.200 en el año 3.

La transición de la reproducción simple a la expandida requiere un crecimiento desequilibrado. El Departamento I debe crecer en relación con el Departamento II. Eso no significa que el sector de bienes de consumo deba declinar en términos absolutos, excepto tal vez cuando ‘comience desde cero’ con un crecimiento cero. Posteriormente, el Departamento II puede crecer. De hecho, los dos departamentos podrían crecer al mismo ritmo, como lo hacen en los propios ejemplos de reproducción ampliada de Marx. Pero el desequilibrio relativo persistirá. El Departamento I seguirá siendo relativamente más grande que el Departamento II en la reproducción ampliada que en la reproducción simple. Así, el esquema de Marx muestra que los departamentos nunca están en «equilibrio», si queremos decir con eso que ambos tienen el mismo tamaño y deben crecer juntos al mismo ritmo.

Marx no desarrolló el esquema de la reproducción para mostrar que el capitalismo puede acumular armoniosamente o en equilibrio. Esa idea fue una visión adoptada por los marxistas después de Marx, como Bauer y Kautsky, quienes utilizaron los esquemas de reproducción para mostrar que bajo el capitalismo puede haber una acumulación sin perturbaciones y pueden evitarse las crisis. Hilferding concluyó que las crisis se deben a desproporcionalidades entre los Departamentos I y II, pero que podrían evitarse con una planificación minuciosa: “en la producción capitalista, tanto la reproducción en una escala simple como en una escala extendida pueden continuar sin perturbaciones solo si se mantienen estas proporciones’. Por lo tanto, el capitalismo podría crecer sin crisis.

Rosa Luxemburg también malinterpretó el esquema de Marx pero desde el punto de vista opuesto. Rosa pensaba que el desequilibrio entre el tamaño del Departamento I y el Departamento II a lo largo del tiempo era la causa de las crisis porque el consumo sería insuficiente para realizar toda la producción de bienes de capital. Pensó que había un desequilibrio crónico de la inversión para el consumo que Marx no reconoció y que era clave para las crisis.

Pero el esquema de la reproducción del capital de Marx no fue diseñado para mostrar que el capital puede acumularse armoniosamente o, alternativamente, generar crisis crónicas de subconsumo. Sí, el capital no se acumula de forma armoniosa. Como dice Marx, “la oferta y la demanda nunca coinciden o si lo hacen, solo por casualidad y por lo tanto no deben ser tomadas en cuenta ni con fines científicos: se debe considerar que no sucede”. Eso quiere decir que hay “muchas posibilidades de crisis, ya que un equilibrio es en sí mismo un accidente por la naturaleza espontánea de esta producción”. Pero si la oferta crece más rápidamente en el Departamento I que en el Departamento II, eso no implica un déficit secular crónico en la demanda efectiva, como pensaba Luxemburg. La demanda de inversión puede crecer más rápido que la demanda de los consumidores sin crisis.

La reproducción simple de Marx requiere un “equilibrio” (una igualdad) entre el nuevo valor generado en el Departamento I (vI + sI) y la demanda de capital constante del Departamento II (c2). Pero la reproducción ampliada requiere que el nuevo valor generado en el Departamento I supere la demanda de capital constante del Departamento II. Como dijo Lenin: «Marx demostró claramente en sus esquemas, la producción de los medios de producción puede y debe superar la producción de artículos de consumo».  Contrariamente a la conclusión de Luxemburg de que las crisis son causadas por el desequilibrio, Marx adoptó la opinión opuesta de que el desequilibrio era necesario para el crecimiento, de lo contrario, «no habría producción capitalista en absoluto si tuviera que desarrollarse simultánea y uniformemente en todas las esferas».

De hecho, una economía capitalista en expansión con un Departamento I más grande que el Departamento II expresa la ley general de acumulación capitalista, es decir, un aumento más rápido del capital constante sobre el capital variable, o una composición orgánica del capital en aumento.   “¡Acumula, acumula! ¡Eso claman Moisés y los profetas! … Acumulación por acumulación, producción por producción: esta fue la fórmula con la que la economía clásica expresó la misión histórica de la burguesía en el período de su dominación. Así, la economía capitalista se convierte cada vez más en un sistema de producción por la  propia producción». Como dice Marx: “Nunca servirá, por lo tanto, para representar la producción capitalista como algo que no es, es decir, como una producción que tiene como propósito inmediato el consumo de bienes o la producción de medios de disfrute, para los capitalistas. Esto sería pasar por alto el carácter específico de la producción capitalista”.

En realidad, la propia Luxemburg vio la relación entre el desequilibrio en el esquema de la reproducción y la creciente composición orgánica del capital y, por lo tanto, la ley de la rentabilidad de Marx: “El crecimiento más rápido del Departamento I frente al Departamento II es indiscutible…. También es la base de la ley fundamental de Marx de que la tasa de ganancia tiende decrecer”.  ¡Exactamente! Pero no reconoció que esto significaba que la causa de las crisis residía en la rentabilidad del capital, no en el desequilibrio entre los departamentos de la reproducción del capital. El esquema de la reproducción se abstrae de la causa de las crisis como tal, que, en la teoría de Marx, se encuentra en los factores que impulsan la caída de la rentabilidad, a saber, los cambios tecnológicos que ahorran trabajo y los aumentos concomitantes de productividad.

De hecho, cuando se piensa en ello, el esquema de la reproducción muestra la naturaleza misma del crecimiento económico, es decir, utilizar una mayor parte del valor producido en el período anterior para invertir en medios de producción y mano de obra adicionales para aumentar el valor total en el nuevo período. Esa es la lógica del esquema y empíricamente es la realidad. Kliman proporciona evidencia de que en los EEUU, la demanda de inversión es 72 veces mayor que en 1933, mientras que el PIB es solo 18 veces mayor y la demanda de consumo personal es solo 15 veces mayor (ver gráfico a continuación).

En efecto, como dice Kliman, los esquemas de reproducción proporcionan un modelo para el llamado proceso de “despegue” en la industrialización como el experimentado a principios del siglo XIX en Gran Bretaña, a finales del siglo XIX en Japón y a principios del siglo XX en Rusia. En cada caso, el resultado inmediato es que los beneficios del aumento de la producción no van principalmente a las clases que la consumirían, es decir, a los campesinos o los asalariados, sino a las ganancias de los capitalistas (Gran Bretaña) o al excedente estatal (Unión Soviética), y estos ingresos se utilizan para una mayor formación de capital. Por tanto, el esquema de reproducción se puede aplicar para comprender el proceso de crecimiento tanto en una economía capitalista como en una planificada («acumulación socialista primitiva»).

Es de esperar que una economía de rápido crecimiento tenga un crecimiento de la inversión más rápido que el del consumo. Pero eso no significa que el consumo no aumente también. Por el contrario, a medida que la inversión genera más valor, el consumo también puede expandirse más rápidamente que en economías con poca inversión y crecimiento del PIB. Un buen ejemplo de esto es el «despegue» de China. China ha tenido una relación inversión / PIB muy alta (gráfico siguiente).

Los economistas ortodoxos, especialmente los keynesianos, consideran que esta es una mala noticia para el consumo de los trabajadores y debe revertirse. Basan su caso en la supuesta baja relación entre el consumo personal y el PIB de China en comparación con las economías capitalistas avanzadas. Pero eso no es realmente cierto. Si se elimina el gasto privado en salud de la tasa de consumo de EEUU en relación con el PIB (consultar el gráfico a continuación) y, por otro lado, se agregan varios gastos de consumo social (salud, educación, transporte, etc.) a la relación de consumo personal de China, la supuesta brecha con EEUU y otros países del G7 se reduce considerablemente.

Además, contrariamente al argumento keynesiano, el crecimiento del consumo personal en China ha sido mucho más rápido que en cualquier economía capitalista avanzada en los últimos diez años. ¿Por qué? Porque la inversión y el crecimiento del PIB han sido mucho más rápidos.

El enorme ‘desequilibrio’ de la inversión en bienes de capital de China en comparación con el consumo puede haber restringido el crecimiento de los salarios, pero no en comparación con los países que no han invertido y crecido tan rápido. En la década de 2010, el crecimiento salarial en China aumentó un 73%, en comparación con un 43% en la India, un 11% en EEUU y solo un 3% en el Reino Unido.

De hecho, incluso los modelos de crecimiento convencionales llegan a la misma conclusión que el esquema de la reproducción de Marx. En el modelo de crecimiento keynesiano de Harrod-Domar, el pleno empleo y el máximo potencial de crecimiento requieren que la inversión en cada período sea mayor que los ahorros del año anterior. Domar comenta que el modelo muestra “que no es suficiente, en términos keynesianos, que los ahorros de ayer se inviertan hoy, o. . . que esa inversión compense el ahorro. La inversión de hoy siempre debe superar los ahorros de ayer».

El modelo de crecimiento keynesiano habla de la «función del ahorro»; para Marx, los ahorros son ganancias porque los trabajadores no ahorran, por lo que hay un aspecto de clase en su modelo de reproducción. Para Marx, la tasa de crecimiento de la economía depende de la proporción de plusvalía que se acumula en lugar de gastarse en el consumo de los capitalistas; de la tasa de explotación del trabajo que produce la plusvalía y de la composición orgánica del capital, repartiendo la inversión relativa de los beneficios en tecnología o trabajo. El modelo keynesiano de Harrod-Domar es similar. Aquí la tasa de crecimiento depende de la “propensión marginal a ahorrar” (en términos marxistas, la cantidad de ganancias reinvertidas) y la productividad de esa inversión (en términos marxistas, la tasa de ganancia). Lo más importante, en ambos modelos son los ahorros (beneficios) del período anterior los que establecen el nivel de inversión en el período siguiente.

Pero hay una diferencia importante entre el modelo de crecimiento keynesiano y el de Marx. En ambos modelos, para que haya crecimiento, la inversión debe superar al consumo. Pero para Marx, bajo el capitalismo, el crecimiento de la inversión depende de la rentabilidad, mientras que en una economía poscapitalista, la inversión depende de las decisiones de planificación estatal. Keynes no hace tal distinción y, por lo tanto, ignora la causa real de las crisis en el capitalismo.

https://www.sinpermiso.info/textos/el-esquema-de-la-reproduccion-del-capital-de-marx

  • 21.24.-Inflación, tipos de interés y deuda MICHAEL ROBERTS
  • Thomas Piketty: «Frente al régimen chino, la respuesta correcta pasa por una nueva forma de socialismo democrático y participativo» THOMAS PIKETTY

El poder público chino tiene actualmente el 30% de todo lo que hay en el país, mientras que los estados occidentales se encuentran todos con posiciones patrimoniales casi nulas o negativas, observa el economista en su columna.

Crónico. Mientras el Partido Comunista Chino (PCCh) celebra su centenario, los países occidentales todavía luchan por definir su actitud hacia el régimen de Beijing. Digámoslo desde el principio: la respuesta correcta está en acabar con la arrogancia occidental y promover un nuevo horizonte emancipatorio e igualitario a escala global, una nueva forma de socialismo democrático y participativo, ecológico y poscolonial.

10 jul 2021.- Si se adhieren a su postura habitual de dadores de lecciones y un modelo hipercapitalista secular, los países occidentales corren el riesgo de tener la mayor dificultad para enfrentar el desafío chino.

Autoritario y opresivo, el régimen chino ciertamente tiene muchas debilidades. Según el Global Times, el diario oficial, la democracia al estilo chino es superior al supermercado electoral al estilo occidental, ya que confía los destinos del país a una vanguardia motivada y decidida, seleccionada y representativa de la sociedad: el PCC tiene algunos 90 millones de miembros – y más profundamente involucrado en el servicio del interés general que el votante occidental promedio, versátil y fácilmente influenciable.

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En la práctica, sin embargo, el régimen se parece cada vez más a una dictadura digital perfecta, tan perfecta que nadie quiere ser como ella. El modelo de deliberación dentro del PCCh es tanto menos convincente cuanto que no deja rastro afuera, mientras que, por el contrario, todos pueden ver cada vez más claramente el establecimiento de una vigilancia generalizada en las redes sociales, la represión de disidentes y minorías, la brutalización del proceso electoral en Hong Kong, amenazas a la democracia en Taiwán.

La capacidad de tal régimen para seducir las opiniones de otros países (y no solo de sus líderes) parece limitada. Hay que añadir el fuerte aumento de las desigualdades, el envejecimiento acelerado, la extrema opacidad que caracteriza la distribución de la riqueza, el sentimiento de injusticia social que se deriva de ella y que no puede apaciguarse eternamente con unos pocos marginados.

Economía mixta

A pesar de estas debilidades, el régimen tiene activos sólidos. Cuando ocurran desastres climáticos, no tendrá dificultad en estigmatizar las responsabilidades de las antiguas potencias que, a pesar de su población limitada (alrededor del 15% de la población mundial para todo Estados Unidos, Canadá, Europa, Rusia, Japón), representan casi el 80% de las emisiones de carbono acumuladas desde el inicio de la era industrial.

En términos más generales, China no duda en recordar que se ha industrializado sin recurrir a la esclavitud y al colonialismo, de los que ella misma ha soportado la peor parte. Esto le permite sumar puntos ante lo que se percibe como la eterna soberbia de los países occidentales, siempre rápidos en enseñar a toda la tierra en términos de justicia y democracia, mostrándose incapaces de hacerlo frente a las desigualdades y discriminaciones que socavarlos y haciendo un acuerdo como debe ser con todos los potentados y oligarcas que los benefician.

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A nivel económico y financiero, el Estado chino tiene activos considerables, mucho mayores que sus deudas, lo que le da los medios para una política ambiciosa, tanto a nivel nacional como internacional, en particular en lo que respecta a inversiones en infraestructura y en la transición energética. El poder público posee actualmente el 30% de todo lo que hay para poseer en China (10% de los inmuebles, 50% de las empresas ), lo que corresponde a una estructura de economía mixta que no es ajena a la que se encontró en Occidente durante los “gloriosos años treinta”. ”.

Por el contrario, es sorprendente observar hasta qué punto todos los Estados occidentales se encontraron, a principios de la década de 2020, con posiciones patrimoniales casi nulas o negativas. A falta de haber equilibrado sus cuentas públicas, estos países han acumulado deudas, al tiempo que venden una parte creciente de sus activos, por lo que los primeros han acabado superando levemente a los segundos.

Países ricos, estados pobres

Seamos muy claros: los países ricos son ricos en el sentido de que la riqueza privada nunca ha sido tan alta; son sólo sus estados los que son pobres. De persistir en este camino, podrían terminar con una riqueza pública cada vez más negativa, lo que correspondería a una situación en la que los tenedores de títulos de deuda no solo posean el equivalente de todos los activos públicos (edificios, escuelas, hospitales, infraestructuras, etc. ), sino también un derecho de giro sobre una parte cada vez mayor de los impuestos de los futuros contribuyentes. Por el contrario, sería muy posible, como se hizo en la posguerra, reducir la deuda pública de manera acelerada drenando los mayores activos privados y así dar margen de maniobra al poder público.

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Es a este precio que renovamos con una ambiciosa política de inversión en educación, salud, medio ambiente y desarrollo. También es urgente elevar los derechos sobre las vacunas, compartir los ingresos de las multinacionales con los países del Sur y poner las plataformas digitales al servicio del interés general. De manera más general, debemos promover un nuevo modelo económico basado en el intercambio de conocimiento y poder a todos los niveles, tanto en las empresas como en los organismos internacionales.

El neoliberalismo, al ceder el poder a los más ricos y debilitar el poder público, tanto en el Norte como en el Sur, en realidad solo ha fortalecido el modelo chino, al igual que el patético neonacionalismo de Trump o Milliner. Es hora de seguir adelante.

https://www.lemonde.fr/idees/article/2021/07/10/thomas-piketty-face-au-regime-chinois-la-bonne-reponse-passe-par-une-nouvelle-forme-de-socialisme-democratique-et-participatif_6087784_3232.html 

21.24.-Inflación, tipos de interés y deuda MICHAEL ROBERTS

La inflación de los precios de los bienes y servicios es una buena o mala noticia según su relación con los medios de producción. Para el trabajo, que carece de la propiedad de los medios de producción y solo puede ganarse la vida vendiendo su fuerza de trabajo, la inflación no es una buena noticia, porque devora los ingresos reales al aumentar los precios de los artículos de primera necesidad. 

4 jul 2021.- Actualmente, a medida que las principales economías salen de la depresión pandémica, los empleadores se quejan cada vez más de que no pueden lograr que el personal regrese a sus trabajos mal pagados en las industrias del ocio, la hospitalidad y otras industrias de servicios. Se ven obligados a subir los salarios para atraer a la gente a puestos de trabajo alienantes, con malas condiciones, sin sindicatos, sin subsidios por enfermedad, sin paga de vacaciones, etc.

La perspectiva de salarios más altos parece una buena noticia para las capas de trabajadores que anteriormente tenían niveles de salario mínimo o incluso por debajo de este. Pero los salarios más altos son una ilusión monetaria o de precios si al mismo tiempo los precios de los alimentos y otros artículos de primera necesidad comienzan a subir bruscamente. Y lo están haciendo. La tasa de inflación oficial de Estados Unidos alcanzó el 5% interanual en mayo. Es la más alta desde agosto de 2008. Lo mismo ocurre en el Reino Unido y Europa. A pesar de que el nivel de inflación es solo de alrededor del 2% anual aquí, esa tasa es la más alta en más de siete años.

Esta tasa es en parte el resultado de los «efectos de base», es decir, la tasa se redujo drásticamente durante la recesión pandémica y los precios se han recuperado en los últimos meses. Pero también es el resultado de fuertes aumentos en los precios de las materias primas (productos agrícolas, metales y energía) impulsados ​​por un lento retorno a la producción de estos bienes a nivel mundial y también un colapso parcial en la ‘cadena de suministro’ internacional del comercio causado por cierres y restricciones de movimientos. De hecho, existen «cuellos de botella» en la oferta que dificultan la satisfacción de la creciente demanda de consumidores y productores. Eso está aumentando la tasa de inflación de los precios.

La inflación puede ser una mala noticia para los trabajadores, pero la inflación «moderada» no es una mala noticia para el capital. A las empresas les gusta un poco de inflación porque les da cierto margen de maniobra para subir los precios y mantener la rentabilidad en competencia con otras firmas. Pero lo que no le gusta al capital es la inflación acelerada. Eso genera una serie de problemas. Los precios de las materias primas se vuelven incontrolables, los empleados comienzan a exigir salarios más altos y existe un grave riesgo de que las tasas de interés comiencen a subir, encareciendo los créditos. La inflación de precios como tal no es un problema para los capitalistas: lo que odian son dos cosas que podrían surgir de la inflación acelerada: aumento de los salarios y aumento de las tasas de interés. El primero erosiona directamente las ganancias por abajo y el segundo eleva los costes de endeudamiento y, por lo tanto, recorta las ganancias por arriba.

Los keynesianos argumentan que los aumentos salariales son una buena noticia para todos, trabajadores y capitalistas, ya que los salarios más altos impulsarán la «demanda efectiva» y relanzarán las economías. Pero también insinúan que los capitalistas no necesitan preocuparse por los salarios más altos porque si se produce como consecuencia de ello una inflación por ‘empuje salarial’ (es decir, los capitalistas aumentan sus precios en respuesta a aumentos salariales), los trabajadores eventualmente perderán en términos reales lo que han ganado – y se preservará la rentabilidad del capital. Este tortuoso argumento permite a la teoría keynesiana afirmar que los aumentos salariales son buenos y no perjudican a los capitalistas, pero al final de la cadena argumental, encontramos que es el trabajo el que pierde, o al menos no gana nada.

Sin embargo, como explicó Marx en su famoso debate con el sindicalista Thomas Weston sobre si los salarios causan los aumentos de precios, este argumento es básicamente anti-obrero y los trabajadores no deberían caer en la trampa. Además, los aumentos salariales significan menores ganancias, en igualdad de condiciones, no precios más altos. Por eso los capitalistas se oponen con todas sus fuerzas a los aumentos salariales, a pesar de los cantos de sirena keynesianos.

Lo que decide la inversión y la producción es la rentabilidad del capital, no la «demanda efectiva». Como dijo Marx, los salarios son la variable dependiente, no el factor determinante de la producción capitalista: “la tasa de acumulación es la variable independiente, no la dependiente; la tasa del salario es la variable dependiente, no la independiente”, y “el alza de los salarios (…) está confinada dentro de límites que no solo dejan intactos los cimientos del sistema capitalista, sino que también aseguran su reproducción a una escala progresiva”. En otras palabras, los aumentos salariales no pueden aumentar hasta el punto de amenazar seriamente los beneficios. Si lo hacen, los gobiernos intervendrán con las llamadas ‘políticas de ingresos’ para controlar los salarios e imponer impuestos para reducir los aumentos de ingresos. Por cierto, unas políticas que en el pasado fueron apoyadas por los keynesianos para controlar la inflación promovida por los salarios.

Los datos actuales sobre salarios en los EEUU están distorsionados porque los desempleados durante la pandemia eran generalmente los peor pagados, pero los sectores profesional y manufacturero pudieron aumentar los salarios un poco. Las cifras actuales reflejan estos sectores limitados en los que ha habido aumentos salariales. Pero en general, hasta ahora, los costes salariales para los capitalistas no están aumentando a un ritmo más rápido que antes de la pandemia (en los EEUU alrededor del 3% anual). Dado que la inflación es ahora del 4-5% en los EEUU, los salarios reales promedio en realidad están cayendo (aunque a los mejor pagados les va bien).

Hasta ahora, los mercados financieros no están demasiado preocupados por el aumento de la inflación. Lo que les importa es si los bancos centrales comenzarán a subir la tasa de interés «política» a corto plazo, que establece el piso para todas las tasas de interés que se cobran por pedir dinero prestado para invertir, producir y especular. Hasta ahora, los mercados financieros han sido tranquilizados por la Reserva Federal, el BCE y el Banco de Inglaterra, en el sentido de que no habrá ningún movimiento de subida de las tasas de interés.

Por lo tanto, el mercado de valores de EEUU alcanzó otro máximo histórico la semana pasada y los rendimientos de los bonos a largo plazo (la principal tasa de interés para las corporaciones), después de agitarse un poco con la última cifra de la tasa de inflación, retrocedieron nuevamente después de que la Fed afirmase que los cambios en la inflación actual eran «transitorios» y que la inflación eventualmente volvería a niveles anteriores a la pandemia, cerca del objetivo de la propia Fed del 2% anual.

Sin embargo, parece que la Fed no está tan segura de este futuro ‘transitorio’. En su última reunión sobre tasas de interés, los funcionarios de la Fed estaban divididos sobre sus pronósticos de inflación para los próximos años. La opinión de consenso fue que la tasa de ‘inflación subyacente’ (es decir, después de descontar alimentos y energía, ¡artículos esenciales para los trabajadores!) saltaría al 3% este año, pero luego volvería al 2,1% en 2022 y 2023, incluso si la economía alcanza el ‘pleno empleo’ y su capacidad máxima. Así que el consenso, como lo expresó el presidente de la Fed, Jay Powell, fue que no habrá necesidad de aumentar la tasa de política de la Fed hasta bien entrado 2023. Sin embargo, varios presidentes regionales de la Fed parecían menos seguros de que las tasas de inflación retrocedan y dados los ‘cuellos de botella’ en la oferta y la ‘fiebre del azúcar’ en la demanda de los consumidores, han comentado la posibilidad de subir antes las tasas de interés.

Y este es el punto. Como he argumentado antes, los capitalistas, ya sea en sectores productivos o especulativos, no están realmente preocupados por la inflación, ya que les afecta poco. Lo que les preocupa y afecta a sus decisiones sobre invertir en sectores productivos o continuar especulando en activos financieros son las tasas de interés que afectan el coste del endeudamiento en relación con la rentabilidad en la economía ‘real’ y los precios de acciones y bonos.

De hecho, como he argumentado antes, la inflación de bienes y servicios en realidad tiende a desacelerarse o incluso a desaparecer en las economías capitalistas, en la que la producción de nuevo valor agregado desacelera el crecimiento y conduce a una desaceleración de la demanda de capitalistas y trabajadores. Esa es la tendencia de los últimos 40 años, por ejemplo, en las principales economías, ya que el crecimiento de la productividad del trabajo ha disminuido y la rentabilidad media del capital ha caído. La tasa de inflación ha caído y los esfuerzos de los bancos centrales para lograr una inflación «moderada» de, digamos, un 2% anual, han fracasado en Estados Unidos, Europa y Japón. Las tasas de interés a corto plazo, generalmente influenciadas por los bancos centrales, han caído hacia cero, mientras que las tasas a largo plazo, determinadas de manera más endógena por las fuerzas del mercado, también han caído a mínimos históricos no vistos desde la década de 1930.

La caída de las tasas de interés nominales

Son las tasas de interés lo que importa porque la deuda corporativa se encuentra en niveles récord en la mayoría de las principales economías, mientras que los mercados de valores se mueven gracias al flujo de dinero prestado. Por lo tanto, cualquier aumento en el coste de los préstamos podría ser devastador para muchas empresas y desencadenar un colapso del mercado de acciones y bonos.

Fuente: BIS, cálculos del autor.

Ya he hablado antes del hecho de que entre el 15% y el 20% de las empresas de las principales economías apenas cubren los costes del servicio de la deuda con las ganancias que obtienen. Según Bloomberg, en los EEUU, casi 200 grandes corporaciones se han unido a las filas de las llamadas firmas zombis desde el inicio de la pandemia y ahora representan el 20% de las 3000 empresas más grandes que cotizan en bolsa. Con deudas de $ 1,36 billones. ¡Eso es, 527 de las 3000 empresas no ganaron lo suficiente para cumplir con sus pagos de intereses!

Los costes del servicio de la deuda han disminuido en promedio a pesar de que la deuda se está acumulando. Eso se debe a la fuerte caída del coste de los préstamos. Si ese escenario comenzara a revertirse, entonces la posibilidad de quiebras corporativas y un colapso financiero se convierte en una probabilidad. El índice de servicio de la deuda corporativa de EEUU (costes de la deuda en relación con ingresos corporativos) ha subido a un máximo de 20 años en la pandemia. Y si comienzan a producirse quiebras corporativas (actualmente muy pocas), el sistema bancario puede verse bajo presión.

Fuente: BIS, cálculos del autor.

Recientemente, la Reserva Federal llevó a cabo una «prueba de estrés financiero» en los bancos estadounidenses. Encontró que casi todos estaban en buena forma con mucho capital disponible para cubrir las pérdidas crediticias, ciertamente en comparación con antes de la crisis financiera mundial de 2008-9. Estaban en tan buena forma que podían planear pagar a los accionistas dividendos más altos y recomprar acciones para impulsar sus precios. Sin embargo, mientras que los grandes bancos «minoristas» parecían estar en buena forma, no ocurría lo mismo en los grandes bancos de inversión que proporcionan fondos para la especulación en activos financieros y especulan ellos mismos. Se les exige que tengan ratios de capital más altos (capital en relación con préstamos y activos financieros) y la brecha entre el requisito mínimo y sus ratios es mucho menor.

La aceleración de la inflación puede ser un problema en este momento en los Estados Unidos y otras economías capitalistas en recuperación, y ciertamente afecta a cualquier recuperación de los ingresos salariales; pero para el capitalismo, la rentabilidad es el punto de referencia real y eso puede verse afectado por aumentos salariales por un lado y aumentos de intereses por el otro. Si es así, esa es la base para una nueva recesión.

https://www.sinpermiso.info/textos/inflacion-tipos-de-interes-y-deuda 

21.23.-El 1% posee el 45% de la riqueza personal del mundo, mientras que casi 3000 millones de personas tienen poca o ninguna riqueza MICHAEL ROBERTS

Solo 56 millones o el 1%  de los 5.300 millones de los adultos en todo el mundo son millonarios en términos de riqueza neta. Y poseen el 45% de toda la riqueza personal global. El otro 99% posee el resto y hay casi 3 mil millones de personas en el mundo que tienen poca o ninguna riqueza (después de deducir las deudas).

26 jun 2021.- Todos los años escribo sobre los resultados del Informe anual de riqueza global de Credit Suisse.   Producido por los economistas Anthony Shorrocks (con quien me gradué en la universidad), James Davies y Rodrigo Lluberas, es el estudio más completo sobre la riqueza personal global y la desigualdad entre adultos en todo el mundo.

En el informe de 2021, los economistas encuentran que la brecha global de la riqueza se amplió durante la pandemia de Covid, aumentando las filas de los millonarios del mundo en 5,2 millones, en la medida en que los ricos se han aprovechado de los crecientes precios de las acciones y de la vivienda. Cito: «Durante la pandemia, los recortes de emergencia de las tasas de interés y las medidas de estímulo del gobierno a menudo han beneficiado a quienes menos necesitaban el apoyo público, lo que ayudó a que sus activos crecieran en valor a pesar de la recesión económica».

El informe concluye que los millonarios en dólares ahora representan más del 1% de la población mundial por primera vez en la historia: 56,1 millones de personas tenían activos por valor de más de $ 1 millón (£ 720m) en 2020. hay que compararlo con la media de la riqueza media por adulto en el mundo de poco menos de $ 80.000.

En total, la riqueza mundial creció un 7,4% hasta los 418,3 billones de dólares en 2020, y estas ganancias se atribuyen en gran medida al crecimiento en EEUU, Europa y China, mientras que la riqueza general en América Latina e India disminuyó.

Se espera que la riqueza global aumente un 39% más en los próximos cinco años hasta alcanzar los 583 billones de dólares en 2025, mientras que se prevé que la cantidad de millonarios aumente en casi un 50% hasta los 84 millones de personas. También es previsible que el grupo de personas lo suficientemente ricas como para ser incluido entre los super ricos aumente casi un 60%, para llegar a 344.000 personas.

La riqueza global total creció un 7,4% y la riqueza por adulto aumentó un 6% para alcanzar otro récord de 79.952 dólares. El informe concluye que “en general, a los países más afectados por la pandemia no les ha ido peor en términos de creación de riqueza. En resumen, no hay nada en el gráfico que sugiera que los sobresaltos económicos de 2020 se parezcan a los experimentados en 2008. La riqueza de los hogares parece simplemente haber continuado su camino, prestando poca o ninguna atención a los sobresaltos económicos que debería haber obstaculizado su progreso.»

La riqueza global agregada aumentó en $ 28,7 billones para llegar a los $ 418,3 billones a final del año. Hay que compararla con un PIB mundial anual de alrededor de $ 100 billones, por lo que es unas cuatro veces mayor. En términos de dólares estadounidenses corrientes, la riqueza total creció un 7,4% y la riqueza por adulto aumentó un 6,0%. Sin embargo, la depreciación generalizada del dólar estadounidense representó 3,3 puntos porcentuales del crecimiento. Si los tipos de cambio se hubieran mantenido igual que en 2019, la riqueza total habría crecido un 4,1% y la riqueza por adulto un 2,7%.

La riqueza media mundial por adulto en el año 2000 era de 31.378 dólares. Sin tener en cuenta la inflación, la riqueza promedio es ahora 2,5 veces su valor a principios de siglo. ¿Dónde se acumula esta riqueza adicional? América del Norte y Europa concentraron la mayor parte de las ganancias de riqueza en 2020. La riqueza total apenas cambió en África, y la apreciación del tipo de cambio explica el pequeño cambio que hubo. India y América Latina registraron pérdidas en 2020. La riqueza total cayó en India un 4,4%. América Latina parece haber sido la región peor parada, con una caída de la riqueza total del 11,4%, 1,2 billones de dólares. Dado que estas regiones son las más afectadas por la pandemia, no es ninguna sorpresa.

El cambio en la riqueza por adulto es el mejor índice para comparar los resultados de diferentes países. Según esta metodología, la riqueza media por adulto aumentó más en Suiza y Australia. Las subidas de los precios de los activos influyeron en algunos de estos países, sobre todo en los Estados Unidos. Pero la apreciación de la moneda es la principal explicación de la mayoría de estos aumentos en la riqueza promedio. Eso significa que las monedas nacionales se apreciaron frente al dólar estadounidense para aumentar la riqueza en dólares.

Un cuadro clave del informe que siempre muestro es la pirámide de riqueza. Resume la distribución de la riqueza entre todos los adultos del mundo. El informe calcula que 2.900 millones de personas, el 55% de todos los adultos del mundo, tenían una riqueza inferior a los 10.000 dólares en 2020. El siguiente segmento, que abarca a las personas con una riqueza en el rango de 10.000 a 100.000 dólares, ha experimentado el mayor aumento en cifras de este siglo, más del triple, desde 507 millones en 2000 hasta 1.700 millones a mediados de 2020. Esto refleja la creciente prosperidad de las economías emergentes, especialmente China.

En 2020, si tiene un patrimonio personal (activos financieros + propiedad – deuda) de más de $ 129.000, se encuentra en el 10% superior de los poseedores de riqueza global y si tiene más de $ 1 millón de patrimonio, se encuentra en el 1% superior del planeta. Es decir, hay miles de millones de personas con poca o ninguna riqueza (financiera y propiedades) en el mundo. La desigualdad de riqueza es extrema.

Estados Unidos tiene, con mucho, el mayor número de millonarios: 22 millones, o el 39,1% a nivel mundial, muy por delante de China, que ocupa el segundo lugar con el 9,4% de todos los millonarios del planeta.

¿Qué pasa con los súper ricos, con más de $ 50 millones de riqueza? Hay más de 215.000 personas en este grupo, los que nos gobiernan a 7.900 millones de personas. Experimentaron el mayor aumento de su riqueza durante la pandemia. Como dicen los autores del informe: “es particularmente sorprendente en un año de convulsión social y económica. La naturaleza de la respuesta política a la pandemia, por supuesto, ha tenido una gran influencia en ello».

Como he argumentado en varias notas antes, no se presta suficiente atención a la desigualdad de riqueza en comparación con la desigualdad de ingresos, ya sea dentro de un país o a nivel mundial.

Como dice el informe del Credit Suisse, la desigualdad de la riqueza es mucho más desigual.“Desde cualquier punto de vista, la desigualdad de riqueza es alta en todos los países y excepcionalmente alta en algunos. Por lo general y de manera aproximada, los índices típicos serían 35% para la participación del 1% superior y 65% ​​para la participación del 10% superior». La medida de desigualdad de Gini se utiliza para medir la desigualdad general en ingresos y riqueza. En riqueza, los valores de gini son mucho más altos que los valores correspondientes para la desigualdad de ingresos o cualquier otro indicador de bienestar estándar. Como he señalado antes, Brasil, Sudáfrica y Rusia lideran el mundo en desigualdad de riqueza y, entre las economías avanzadas, Estados Unidos es la más desigual de todas.

Si miramos a los que se encuentran en la parte inferior de la liga de la riqueza, los economistas del Credit Suisse estiman que el 50% inferior de los adultos en la distribución de la riqueza global, en conjunto representaron menos del 1% de la riqueza global total a fines de 2020. En contraste, el decil más rico (el 10% superior de los adultos) posee el 82% de la riqueza mundial y solo el percentil superior tiene casi la mitad (45%) de todos los activos del hogar. Estas proporciones apenas han cambiado en 20 años.

China ha hecho, con mucho, la mayor contribución al crecimiento de la riqueza de este siglo. Los economistas del Credit Suisse calculan que «de aquí a 2025, prevemos que China representará más de una cuarta parte del aumento de la riqueza de los hogares registrada en todo el mundo».  Y eso significará que “la riqueza de China por adulto en 2025 lo calificará como un país de ‘alta riqueza’ en nuestro esquema de clasificación. China comenzó este siglo con una riqueza promedio de $ 4.250 por adulto, en la categoría de riqueza más baja de nuestra clasificación por países. Ascender a la categoría más alta en un período de tiempo de 25 años es un logro extraordinario desde cualquier punto de vista».

La riqueza financiera mundial ha superado a la riqueza no financiera todos los años de este siglo, excepto en 2008. Es la especulación en los mercados financieros lo que ha enriquecido aún más a los súper ricos. Por ejemplo, la última cifra de desigualdad en riqueza financiera de los EEUU es realmente asombrosa. El 1% más rico de los hogares estadounidenses ahora posee el 53% de todas las acciones y fondos mutuos en poder de los hogares estadounidenses. ¡El 10% más rico posee el 87%!

De hecho, como muestra otro estudio, el 1% de los super ricos en el mundo ha aumentado enormemente su riqueza durante la pandemia, especialmente en los lugares donde los hogares han sufrido más el impacto de la pandemia, como Rusia, Suecia, Brasil, India y los Estados Unidos.

https://www.sinpermiso.info/textos/el-1-posee-el-45-de-la-riqueza-personal-del-mundo-mientras-que-casi-3000-millones-de-personas-tienen

Es lo mismo en todo el mundo, para los ricos el placer, para los pobres la culpa. 

21.22.-Al ritmo de los beneficios MICHAEL ROBERTS

En muchas notas anteriores he argumentado que ‘los beneficios marcan el ritmo’ en la acumulación capitalista. Lo que quiero decir con eso es que cualquier cambio en las ganancias (y la rentabilidad) de las empresas capitalistas conducirá con el tiempo a cambios en la inversión privada, y no al revés. 

19 jun 2021.- Los beneficios son la clave para la inversión capitalista, no la «demanda efectiva» como sostienen los keynesianos, o los cambios en las tasas de interés o la oferta monetaria como sostienen los monetaristas y la escuela austriaca. Difiero fuertemente de la visión poskeynesiana de que los beneficios son un «residuo» generado por la inversión; o como dijo el keynesiano-marxista Michal Kalecki: «los capitalistas ganan lo que invierten, mientras que los trabajadores gastan lo que ganan».

Sí, los trabajadores gastan lo que ganan como trabajo asalariado, es decir (consumen y ahorran poco); pero los capitalistas no «ganan» beneficios de su inversión en capital (medios de producción y trabajo). Esta teoría niega la ley del valor de Marx de que solo el trabajo produce valor y plusvalía (ganancia) para el capitalista.  Convierte las ganancias en el «regalo del capital»; es decir, no hay beneficio sin que los capitalistas inviertan. Sin embargo, se pueden generar ganancias a partir de la explotación de la fuerza de trabajo y que los capitalistas no inviertan. De hecho, eso es lo que podemos ver ahora con la expansión del «capital ficticio» a expensas de la inversión productiva.

Y no es solo la teoría; la evidencia empírica  de que las ganancias conducen a la inversión es abrumadora. En varias publicaciones y artículos, he citado trabajos empíricos realizados por economistas marxistas como Alan Freeman, Andrew Kliman, Peter Jones, José Tapia, Guglielmo Carchedi y otros, incluido yo mismo, que demuestran esto. Además, también hay muchos estudios económicos convencionales de fuentes prestigiosas que concluyen lo mismo.

Recientemente, en un artículo en el Financial Times, se han presentado más evidencias de que los beneficios marcan el ritmo. Ian Harnett, cofundador y estratega jefe de inversiones de Absolute Strategy Research, una empresa de investigación macrofinanciera, concluye que la inversión empresarial global en los ‘medios de producción’ tiende a seguir el crecimiento de las ganancias globales. El estudio de Harnett es global y no solo de EEUU, donde se han realizado la mayor parte de los trabajos empíricos hasta ahora.

El gráfico a continuación mide el cambio interanual en la inversión global del sector no financiero después de la depreciación. En efecto, esto significa una nueva inversión además de la necesaria para reemplazar equipos y estructuras obsoletos. El gráfico muestra que el crecimiento de las ganancias (beneficios) en el sector no financiero desde la década de 1990 conduce a cambios en las nuevas inversiones no financieras: las ganancias marcan el ritmo. Cuando el crecimiento de las ganancias aumenta como en la década de 1990, la inversión  sigue hacia arriba y luego hacia abajo a fines de la década de 1990. El crecimiento de las ganancias comenzó a desacelerarse ya en 2005, lo que provocó una disminución de la inversión y, finalmente, la Gran Recesión.

Varios estudios (incluido el mío) muestran que la tasa global de beneficios (rentabilidad, no ganancias) ha tenido una tendencia descendente durante los últimos 70 años y, en particular, desde finales de la década de 1990.

Fuente: Penn World Tables 10.0 IRR series

Si la teoría es correcta, la caída de la rentabilidad a largo plazo debería conducir a una caída sostenida de la inversión empresarial; y los datos globales de Harnett lo confirman. Los datos de Harnett muestran que la nueva inversión ha disminuido en relación con la depreciación a nivel mundial de un múltiplo de 2 en la década de 1990 a menos de uno en la actualidad. En otras palabras, la inversión global anual es ahora menor que la necesaria para reemplazar los activos fijos obsoletos.

La ‘inversión no financiera’ incluye la inversión del sector público, por lo que podría ser que la caída se deba en parte a la caída de la inversión pública como porcentaje del PIB en los últimos 30 años y no a una caída en la inversión empresarial. Pero si bien la reducción del gasto público en infraestructura, etc. es un factor, en el primer gráfico se desprende claramente que la inversión ha ido cayendo en línea con la rentabilidad y no principalmente debido a la ‘austeridad’.

Si miramos las tasas de inversión (medidas por la inversión total en relación al PIB en una economía), encontramos que en los últimos diez años la inversión total al PIB en las principales economías ha sido débil. De hecho, en 2019, la inversión total (gobierno, hogares y empresas) en el PIB sigue siendo menor que en 2007. En otras palabras, incluso la baja tasa de crecimiento del PIB real en las principales economías en los últimos diez años no se ha correspondido con el crecimiento de la inversión total. Y si se elimina la vivienda, la inversión empresarial se ha comportado aún peor.

En su artículo de FT, Harnett quiere argumentar que tras el COVID la situación económica está a punto de cambiar. Que las empresas adoptarán un enfoque de inversión productiva ‘con mucho capital’ a través de la ‘reubicación’ (recuperación de plantas deslocalizadas); gasto en infraestructura, especialmente en objetivos ambientales; y medidas proteccionistas globales para evitar la dependencia de la producción de China, etc. Harnett reconoce que este aumento de la inversión será impulsado por una nueva voluntad política de mantener bajas las tasas de interés y revertir la austeridad neoliberal a través del gasto público adicional. Pero esta conclusión va en contra de su propia evidencia de que la inversión está impulsada por las ganancias, no por el gasto público o la «demanda efectiva».

https://www.sinpermiso.info/textos/al-ritmo-de-los-beneficios

  • 21.21.-Es el empleo, estúpido AURELIO SUÁREZ
  • Impuestos que pagan los ricos aquí y en USA JORGE IVÁN GONZÁLEZ
  • El bloque imperialista se reúne en Cornualles MICHAEL ROBERTS
  • Sobre la burocratización universal del capitalismo – LUIS ROCA JUSMET
Fuentes: Rebelión

Como ya sabemos, el neoliberalismo es algo más complejo que el proyecto económico en el que se privatiza lo público y se desregula el mercado.  Se ha analizado a partir de sus prácticas, de su imaginario, de su ideología, de sus implicaciones políticas, de las formas de interacción que inaugura.

24 abr 2021.- Se ha dicho mucho y era necesario hacerlo, ya que se está convirtiendo en lo hegemónico a nivel social global. Pero faltaba decir algo y este libro lo dice. Se trata de la manera como el neoliberalismo, al contrario de lo que predica, nos atrapa en unas redes burocráticas que es una forma de gobernar pero que también va tejiendo muchos de los aspectos de nuestra vida laboral e incluso cotidiana. La referencia para su análisis es (y así lo explicita de manera muy precisa en el postfacio), Max Weber. Pero tiene muy buenos compañeros de viaje: Michel Foucault, Cornelius Castoriadis y Claude Lefort. El primero en sus lúcidos apuntes sobre el neoliberalismo y los últimos en sus análisis de la sociedad burocrática. Todos ellos muy presentes, con todo su potencial crítico, en la caja de herramientas teórica que utiliza la autora del libro, la brillante socióloga francesa Beatrice Hibou. También están presentes Hebert Marcuse (con su análisis del hombre unidimensional en el capitalismo avanzado), Paul Veyne (con su análisis de los mitos) Karl Polanyi…

El libro argumenta de manera muy consistente una hipótesis a primera vista sorprendente: la propuesta neoliberal, cada vez más materializada en más sociedades, supone una nueva burocratización que supera todas las anteriores. Lo que ocurre es que este nuevo control burocrático es difuso, fragmentario, y a veces imperceptible. Está formado por un conjunto de dispositivos normativos y procedimentales cuyo rasgo fundamental es la formalización, es decir la abstracción. Es un paso más, y muy importante, en lo que Max weber llamaba “la burocratización universal del capitalismo”. En esta fase hay dos rasgos característicos: el primero es que se diluye la diferencia entre lo privado y lo público, ya que es el modelo de gestión privado el que se impone por todas partes; el segundo es que la abstracción y la formalización se radicalizan al máximo, conduciendo a una especie de “ficción de la realidad”.

El orden neoliberal es un orden mercantil y empresarial que requiere una actualización permanente de sus sofisticados métodos de formalización. Es un gobierno empresarial que llega a las instituciones y regula la vida cotidiana. Todo debe gestionarse de manera rentable, cuantificando y calculando siempre bajo el dominio de la contabilidad. El control y el mando no se establecen de manera jerárquica piramidal, se efectúan de manera indirecta, a través de un sistema de normas, de reglas y de relaciones contractuales que implican prácticas burocráticas. La manera como se impone es en forma de incentivos. Es un sistema de índices y de cifras que implican, en su proceso de formalización, una pérdida importante de información y de todo lo que es singular y cualitativo. Lo que prolifera casi exclusivamente es la matematización del saber. Hay una transformación radical según un modelo de gestión privada, que se aplica también a lo público, en el que las finanzas forman parte de un proceso tan fragmentado y especializado que todo se vuelve opaco. Se impone al mismo tiempo la judicialización y la legalización del mundo empresarial y la búsqueda de seguros a toda costa.

El nuevo espíritu del neoliberalismo es el de una sociedad totalmente burocratizada. Es una forma de gobierno a todos los niveles, desde la escuela hasta el Estado. Hay una burocratización neoliberal de la alianza público-privada según la contratación de la lógica jurídica privada. Hay una reinvención de la planificación de lo público centrada en la cuantificación de los resultados. Hay, paradójicamente, una exigencia de transparencia que finalmente lleva a la máxima opacidad, ya que casi nadie controla los medios sofisticados del proceso. El proceso burocrático continua en la búsqueda de certificación, que exige una auditoría del sistema y una verificación según la normativa. En el sector público hubo una des legitimización progresiva de la intervención pública directa y la necesidad, por actores privados, de ver el entorno modelado según sus intereses. Esta normalización se basa en el principio de trazabilidad, que es la capacidad de reconocer y remontarse a los procedimientos que permiten una producción de un producto o un servicio. Se trata, en todo caso, de una dominación en forma de normalización: oficinas de evaluación, de las agencias de calificación y sociedades de certificación que lo evalúan todo y califican cuando hay lo necesitan. El lugar por excelencia es la seguridad para el despliegue de las técnicas de control y vigilancia.

 Un elemento importante es la producción de la indiferencia social entre los ciudadanos, convertidos en clientes. La ética se convierte en algo puramente formal, en una adecuación a la racionalidad técnica y a la ingeniera burocrática. La ayuda humanitaria se convierte en algo burocrático que permite alcanzar el estatuto de víctima, que siempre remite a una lógica individualizante. La pobreza algo tipificado con unos criterios burocráticos que debe resolver el problema de integrar a los excluidos en el mercado. Es un diagnóstico técnico. La indiferencia es resultado de la despolitización. La burocratización se convierte en el lugar de enunciado de lo político. Hay una eliminación ficticia del conflicto, que se oculta y se esconde bajo el lenguaje del consenso y las técnicas de mediación y de resolución de conflictos. Lo que no se puede formalizar, que es lo heterogéneo, queda excluido. Pero no se trata de una descomposición de lo político sino de una reorganización de las formas de dominación. Si se quiere hacer un planteamiento emancipatorio hay que lidiar con esta cuestión, mucho más seria de lo que puede parecer.

 Con este breve resumen he intentado resaltar los elementos básicos de que desarrolla con rigor, precisión y claridad Béatrice Hibou en su libro que no dudó en calificar de imprescindible para entender un aspecto menos visible de lo que es el gobierno neoliberal de nuestras vidas.

https://rebelion.org/sobre-la-burocratizacion-universal-del-capitalismo/

21.21.-Es el empleo, estúpido AURELIO SUÁREZ

Urge, en busca del pleno empleo, la intervención del Estado al menos en tres frentes: en planes de empleo público; en la modificación, enmienda o término de los TLC, como lo permite el capítulo 23 del de Estados Unidos; y en la política monetaria.

22 may 2021.- ¿Cómo crece la economía? Por el crecimiento del empleo y de la productividad. La fórmula, empero, no funciona igual para todos los países: donde el desempleo es bajo, la productividad es primordial, pero donde es alto, como en Colombia, debe predominar la expansión del empleo (E. Sarmiento, 2021).

¿Qué pasó en 30 años en el país? Tenemos el mayor desempleo de Suramérica y somos, de 34 miembros de la Ocde, el que más lo incrementó, en 3,7 por ciento entre febrero de 2020 y de 2021. Se pasó de 2,88 millones de desocupados a 3,8 millones; tres de cada cuatro cesantes lo estaban antes de la pandemia. ¿Qué no funcionó? Que el salario mínimo se elevó por debajo del ingreso por habitante fruto del dogma de “a menor remuneración, más empleo” y, en consecuencia, la participación de los salarios en el ingreso nacional se despeñó del 48 al 35 por ciento. Se cumplió el aviso de Keynes sobre el mercado laboral imperfecto y la población dijo ¡basta ya!

Urge, en busca del pleno empleo, la intervención del Estado al menos en tres frentes: en planes de empleo público; en la modificación, enmienda o término de los TLC, como lo permite el capítulo 23 del de Estados Unidos; y en la política monetaria.

Desde 2007, conocí un programa de empleo público esbozado por el profesor Álvaro Moreno. En septiembre de 2019, en respuesta a Bruce Mac Master (El Tiempo), precisé: “Dirigido a poblaciones sin enganche en el mercado –entre nosotros, jóvenes y mujeres–, para que desempeñen actividades de baja complejidad”, y dos años más tarde economistas como Ocampo proponen lo mismo. No obstante, en lugar de financiarlo con emisión monetaria, propongo, por razones de permanencia y equidad, una reforma fiscal con esa destinación específica, que grave con tarifas marginales crecientes la riqueza de 40.000 personas naturales poseedoras de entre un millón y mil millones de dólares (Reyes, 2019) y de 75 empresas con más de un billón de pesos de patrimonio. Cálculos moderados estiman entre 7 u 8 billones lo que se recaudaría para un inicio firme y bajar el desempleo a la mitad en el mediano plazo (Garay-Espitia). Deberían girarse a las regiones, según su tasa de desempleo, como capítulo del Sistema General de Participaciones.

¿A quiénes y cómo enganchar? A mano de obra no calificada, del 40 por ciento más pobre, para desempeñar servicios oficiales y comunitarios, de los que se pueden contabilizar más de 30 tipos distintos, resaltando el sistema de cuidado, que debe impulsarse cuanto antes.

Ya hay semillas sembradas: mientras algunos políticos aterrizan de barrigazo en la idea, en Bogotá se adelanta el programa Reto (Retorno a las Oportunidades Juveniles), que apunta a 6.000 jóvenes, y espera ampliarse, para funciones como las mencionadas con acompañamiento en educación y transferencias monetarias, aunque lo ideal es a salario mínimo. Igual el Programa de Cuidado en la Capital, que empleará a cuidadoras que releven a quienes desempeñan dichas ocupaciones para darles tiempo libre y opciones de formación, experiencias que deben multiplicarse.

Pero solo con planes públicos no es posible reavivar el empleo. Hay que enfrentar el quebranto principal: el déficit externo cuyo foco son los TLC. Colombia importa 45 por ciento de los bienes industriales, finales, intermedios y equipo, y 65 por ciento de los cereales y las oleaginosas. Sin revisar las cláusulas vueltas yugo para el postrado aparato productivo, será imposible reactivar el ahorro empresarial nacional y el trabajo.

Si Colombia dejara de importar la quinta parte de maíz, trigo, cebada, soya y algodón, se salvarían 50.000 empleos permanentes, de 240 jornales, y 350.000 hectáreas. Redimir las confecciones y textiles, la metalmecánica y la química o suplir toda la gasolina o el etanol tendría un impacto ocupacional enorme, en un proceso de reindustrialización, y ni qué decir de relanzar un nodo automotor, incluidos carros eléctricos de bajo costo para el mercado interno y regional, donde por cada empleo en planta se arrastran cuatro en sectores complementarios.

La política monetaria, orientada solo a cumplir la meta de inflación, se ha convertido en talanquera para la demanda y la producción, tanto que ya uno de cada tres hogares apenas toma dos comidas diarias, limitada a asegurar rentas efectivas a establecimientos de crédito y valorización en pesos constantes a las inversiones foráneas. Modificarla forma parte de un cambio macro de la política económica, hoy también encriptada en los TLC, para definir una orientación diferente al libre comercio y al modelo de capital extranjero.

He aquí tres ideas hacia el pleno empleo, a disposición de quien quiera acogerlas, pero expuestas con la fuerza con la que James Carville le espetó la conocida frase a Clinton en 1992. La urgencia impulsa a formularlas así.

Publicado en Revista Semana

https://www.aureliosuarezm.co/category/aurelio-opina/

21.21.-Impuestos que pagan los ricos aquí y en USA JORGE IVÁN GONZÁLEZ

ProPublica, una organización sin ánimo de lucro, acaba de publicar las tarifas efectivas del impuesto que pagan los grandes ricos de los Estados Unidos. Warren Buffett, 0,10%; Jeff Bezos, 0,98%; Michael Bloomberg, 1,30%; y Elon Musk, 3,27%. Mientras tanto, la tarifa efectiva de una persona de ingresos medios es de 14%.

18 jun 2021.- Estas diferencias, que son escandalosas, explican el aumento de la desigualdad y el debilitamiento de la clase media. Y el asunto es relevante porque ha hecho temblar las bases de la sociedad norteamericana. El consumo masivo fortalece el mercado. Y sin distribución del ingreso y de la riqueza se cae la demanda agregada. Aunque estos principios son elementales y bastante aceptados, presentan dos obstáculos. Por un lado, las dinámicas de los mercados, sobre todo de los financieros, están agudizando la desigualdad. Y, por el otro, los sistemas tributarios han sido incapaces de romper esta tendencia.

Por su misma naturaleza el mercado lleva a la concentración. La empresa exitosa y la persona talentosa terminan superando y aniquilando al competidor. Es una manifestación del efecto Mateo. Como dice el evangelio, a quien tiene más, se le dará más. Y a quien no tiene, se le quitará lo poco que tiene. Por esta razón, las sociedades de mercado se han tratado de proteger con diversos mecanismos. Dos de ellos son las leyes antimonopolio, y los impuestos progresivos. En el mundo contemporáneo ambas talanqueras han fracasado, y los ricos aumentan su patrimonio segundo a segundo de manera exponencial.

La denuncia de ProPublica confirma el diagnóstico más global de Thomas Piketty. Y en el caso colombiano va en la misma dirección de los estudios que han realizado varios colegas. Recientemente, Luis Jorge Garay y Jorge Espitia. Y antes, Facundo Alvaredo y Juliana Londoño. El informe de la Comisión de Beneficios Tributarios vuelve sobre el mismo punto. De acuerdo con los análisis de la Comisión, la tarifa efectiva del impuesto a la renta del 1% más rico del país apenas es del 2,1%.

Los diagnósticos, a nivel internacional y nacional, son contundentes. No dejan ninguna duda. Para corregir esta situación, que mueve el sentimiento moral de la indignación, es necesario comenzar exigiendo información transparente. En el caso colombiano es inaceptable el poco interés que tiene la Dian en mostrar, cada año, la forma como va evolucionando la concentración de la riqueza. Este oscurecimiento es una de las modalidades de captura del Estado por parte de los grandes ricos. En la medida en que se vaya mejorando la información se pueden ir tomando decisiones más adecuadas.

En el campo internacional es bienvenida la cruzada que está haciendo Biden, buscando que hay acuerdos sobre una tarifa tributaria mínima, evitando que las empresas globales se refugien en paraísos fiscales. En Colombia se continúa dejando de lado el tema distributivo. Los acuerdos que han sido presionados por el movimiento social apenas tocan lo mínimo. No se observa ninguna preocupación por abordar aspectos estructurales. Se siguen dejando de lado asuntos tan relevantes como la concentración de la tierra, de la riqueza, de las propiedades inmobiliaria y accionaria. Son temas vedados, y no se quiere reconocer que allí está el origen de muchos de nuestros males.

https://www.larepublica.co/analisis/jorge-ivan-gonzalez-506394/ricos-en-usa-3186642

21.21.-El bloque imperialista se reúne en Cornualles MICHAEL ROBERTS

Este fin de semana, los líderes del ‘mundo libre’ viajan en avión (y en helicóptero) a Cornualles, en el extremo suroeste de Inglaterra, para la primera reunión física tras la pandemia de los estados miembros del G7. Además de contribuir a aumentar drásticamente la huella de carbono con su gran consumo de combustibles fósiles, la agenda del G7 incluye la lucha contra el cambio climático, la «acción» global sobre la pandemia del COVID y el estado de la economía mundial.

13 jun 2021.- Cuando se congreguen en el centro turístico de Carbis Bay, los líderes del G7 no contarán con representantes de China o Rusia, que están excluidas de las deliberaciones; pero el Reino Unido, como anfitrión de la reunión, ha invitado a los dirigentes afines de Australia, India, Sudáfrica y Corea del Sur.

Los líderes del G7 se encuentran cuando se habla de una recuperación con rápido crecimiento en las principales economías a medida que salen de los cierres de emergencia por el COVID y aumentan las tasas de vacunación. Según los economistas del banco de inversión JPM Morgan, “La economía mundial crece hacia  una fase de auge en el trimestre actual, con el índice de actividad de producción industrial saltando a un nuevo máximo y con ganancias sólidas continuas en el sector manufacturero junto con un aumento sorprendente en actividad del sector servicios”.  JPM calcula que esto apunta a un crecimiento anual cercano al 5% del PIB mundial este año.

En su informe de perspectivas semestrales, el Banco Mundial pronostica que la economía mundial crecerá a un 5,6% este año, en un fuerte aumento de sus estimaciones anteriores de enero del 4,1%. Afirma que esto supondrá la recuperación tras una recesión más rápida en 80 años, con previsiones de crecimiento del 6,8% en Estados Unidos y del 8,5% en China.

Pero estos titulares ocultan los detalles. El Banco Mundial solo proyecta un crecimiento del 2,9% en los países de bajos ingresos, el más lento de los últimos 20 años (al dejar de lado las enormes consecuencias de 2020). Por lo tanto, la recuperación está impulsada por el crecimiento en solo unas pocas economías importantes donde el rápido progreso de las campañas de vacunación contra el Covid-19 ha permitido un retorno más rápido a una relativa normalidad. Sin embargo, la mayoría de las ‘naciones en desarrollo’ seguirán luchando contra el virus y sus secuelas. Durante más tiempo, ampliando la diferencia entre naciones ricas y pobres. Al sonar la alarma sobre la desigualdad de la recuperación, el Banco Mundial asegura que se esperaba que alrededor del 90% de las naciones ricas recuperaran sus niveles de PIB per capita anteriores a la pandemia en 2022, en comparación con solo un tercio de los países de bajos ingresos. Esta recuperación es inusualmente débil per capita, y se espera que solo el 50 por ciento de los países superen sus picos previos a la recesión en 2022.

David Malpass, el presidente del banco designado en el período de Trump, afirma que: “La coordinación de esfuerzos a nivel mundial es esencial para acelerar la distribución de vacunas, así como el alivio de la deuda, particularmente para los países de bajos ingresos. A medida que se alivie la crisis sanitaria, los responsables políticos deberán abordar los efectos duraderos de la pandemia y adoptar medidas para estimular un crecimiento ecológico, resiliente e inclusivo al tiempo que se salvaguarda la estabilidad macroeconómica«.

Pero el Banco Mundial y los líderes del G7 no piden la suspensión de los derechos de propiedad intelectual de las empresas farmacéuticas para hacer frente a la escasez de vacunas. El mes pasado, EEUU respaldó una suspensión temporal de dichos derechos para las vacunas contra el Covid-19, mientras el Reino Unido y la UE eran los principales opositores a esta medida. Malpass ha declarado que el Banco Mundial no apoya la suspensión de los derechos de propiedad intelectual porque hacerlo podría poner en peligro el gasto en investigación y desarrollo: «El Banco Mundial apoya la concesión de licencias y la transferencia de tecnología a los países en desarrollo para reforzar la oferta mundial (…) Una parte esencial de la cadena de suministro es la invención y creación de técnicas de fabricación. Sobre todo, a medida que entremos en la etapa de refuerzo, será vital que los flujos [de investigación y desarrollo] sigan aumentando para que podamos crear vacunas que se apliquen a nuevas variantes». Del mismo modo, el país anfitrión del G7, Gran Bretaña, se niega a renunciar a las patentes de la vacuna contra el Covid. En otras palabras, las vacunas no se pueden fabricar y suministrar a menos que las grandes farmacéuticas obtengan beneficios de ellas; no habrá una «vacuna popular» del G7, a pesar de que gran parte de la investigación y el desarrollo han sido financiados con fondos públicos.

¿Y la desigualdad global? Mientras que cientos de millones se han visto arrojados a la pobreza durante la recesión por la pandemia del COVID, los más ricos se han vuelto aún más ricos.

Y continúan pagando muy pocos impuestos sobre su patrimonio. Según los informes, los 25 estadounidenses más ricos pagaron una «tasa impositiva real» del 3.4% entre 2014 y 2018, según una investigación de ProPublica, a pesar de que su patrimonio neto colectivo aumentó en más de $ 400 mil millones en el mismo período. Según dicho informe, en 2007 Bezos, fundador de Amazon y ya multimillonario, no pagó impuestos federales. En 2011, cuando tenía un patrimonio neto de $ 18 mil millones, tampoco pagó impuestos federales, e incluso recibió un crédito fiscal de $ 4,000 por sus hijos. El año pasado, el patrimonio neto de Bezos  superó los 200.000 millones de dólares. Por el contrario, el hogar estadounidense promedio pagó el 14% en impuestos federales, según ProPublica. El  tipo impositivo máximo sobre los ingresos es del 37% para los ingresos superiores a $ 523,600 de contribuyentes individuales, tras haber sido reducido del 39,6% por Donald Trump.

ProPublica descubrió que Buffett, fundador de la firma de inversiones Berkshire Hathaway, pagó 23,7 millones de dólares en impuestos entre 2014 y 2018, sobre unos ingresos totales declarados de 125 millones de dólares. Pero la riqueza de Buffett creció 24.300 millones de dólares en el mismo período, lo que significa que pagó un «tipo impositiva real» del 0,1%. Estos tipos son una muestra de la incapacidad de las leyes fiscales estadounidenses a la hora de aumentar el esfuerzo contributivo de los patrimonios más altos via salarios, la principal fuente de ingresos para la mayoría de los estadounidenses. Buffet comentó: “Sigo creyendo que el código fiscal debería reformarse sustancialmente”, ya que “ya que la transmisión via herencia de enormes patrimonios de riqueza no es deseable para nuestra sociedad”. Pero no hay que preocuparse, ya que Buffett ha declarado que el 99% de su riqueza eventualmente se destinará a la filantropía “mientras viva o al morir”. Y añadió: «Creo que el dinero será de más utilidad para la sociedad si se desembolsa con fines filantrópicos que si se utiliza para reducir ligeramente una deuda estadounidense en constante aumento«Así que, según estola respuesta a la grotesca desigualdad de la riqueza ni siquiera son unos impuestos sobre el patrimonio de los ricos adecuados, sino confiar en sus «buenos oficios» para gastar su dinero donde puedan ayudar.  “Los super ricos pueden elegir cuándo y cómo pagan impuestos”, denuncia una campaña. «Esta es exactamente la razón por la que necesitamos un impuesto sobre el patrimonio fuerte e incontrovertible ahora».

Eso nos lleva al principal titular de la reunión del G7: el acuerdo alcanzado por los gobiernos del G7 para un ‘tipo impositivo mínima global’ corporativo, que se firmará en la reunión del G7 de esta semana y luego se llevará a la cumbre del G20 a finales de este año. Se asegura que el acuerdo contribuirá de alguna manera a que las empresas multinacionales paguen impuestos donde obtienen sus ganancias en lugar de enviarlas a «paraísos fiscales».

Pero nuevamente, como en el caso de la recuperación económica, el diablo está en los detalles. El acuerdo está lejos de la reforma del sistema fiscal global que se necesita desesperadamente y no limita el uso dañino de los paraísos fiscales, que se estima que cuestan a los países de bajos ingresos unos  $ 200 mil millones cada año. Según el acuerdo, los países del G7 establecerán un impuesto corporativo mínimo del 15% según el lugar donde la empresa realiza sus ventas, independientemente de si tienen presencia física en ese país. Pero este acuerdo está lleno de agujeros.

Primero, la mayoría de los países tienen tipos superiores al 15%, por lo que no les afecta. “Es absurdo que el G7 afirme que está ‘reformando’ un sistema fiscal global quebrado estableciendo un tipo impositivo mínima global corporativo que es similar a los tipos suaves que cobran paraísos fiscales como Irlanda, Suiza y Singapur”, afirma la directora ejecutiva de Oxfam. Gabriela Bucher. «Están poniendo el listón tan bajo que las empresas pueden simplemente superarlo».

En segundo lugar, el pacto supuestamente hará que las empresas paguen más impuestos en los países donde venden sus productos o servicios, en lugar de donde terminen declarando sus ganancias, frenando así el uso de paraísos fiscales por parte de las corporaciones. Pero eso solo se aplica a los ‘márgenes’ de ganancias superiores al 10% y con trucos contables se puede evitar romper este umbral. Y de todos modos, solo se reasignará el 20% de cualquier margen superior al 10%.

Además, parece que «ventas» se definirá como el lugar donde se exportan y no donde se consumen, lo que afectará a los países más pobres y, de hecho, aumentará las ganancias de las naciones del G7. Irónicamente, un impuesto mínimo del 15% significa que Biden no procederá a aumentar los impuestos corporativos en los EEUU, como prometió de entrada.

Como parte del acuerdo, se eliminarán los impuestos a los servicios digitales introducidos por varios países del G7 para gravar a la mega empresa de tecnología. TaxWatch, un grupo de expertos, ha calculado que las empresas de Big Tech pagarán menos impuestos en el Reino Unido con el acuerdo del G7 que lo que pagan actualmente con el impuesto a los servicios digitales británico. Teniendo en cuenta los ingresos de 2019, Amazon, eBay, Facebook y Google pagarían 232,5 millones de libras menos en impuestos con los acuerdos del G7. TaxWatch calculó que la recaudación de impuestos a Google se reduciría de £ 219 millones al año a £ 60 millones con el acuerdo del G7. Los impuestos a Facebook bajarían de 49 millones a 27,7 millones de libras esterlinas y los impuestos a eBay bajarían de 15,7 millones a 3,8 millones de libras esterlinas. TaxWatch añade que eBay podría incluso quedar fuera del umbral del acuerdo del G7, que está diseñado para afectar alrededor de 100 de las compañías globales más grandes. En cuanto a Amazon, actualmente paga £ 50 millones en impuestos directos de venta del Reino Unido. Todavía no está claro cómo le afectará el acuerdo del G7, porque sus márgenes de beneficio están por debajo del 10 por ciento. TaxWatch estima que Amazon Web Services, su servicio de nube, pagaría £ 10,1 millones con las propuestas del G7.

Además, hay que tener en cuenta las exenciones fiscales, que pueden reducir sustancialmente las recaudaciones fiscales de los gobiernos. Reino Unido quiere una exención para los servicios financieros. Y París, Berlín, Copenhague y Luxemburgo tratan de persuadir a la Comisión europea para que apoye la exención para sus bancos.

Este acuerdo servirá de poco para reducir la desigualdad y establecer la equidad. El siguiente cuadro del FMI agrupa a 196 países con el mismo tipo de sistema fiscal sobre la renta de las empresas (CIT) (hay varios) si se utiliza un tipo impositivo mínimo (TM). Muestra que, incluso si en los años ochenta se hubiera reducido algún nivel internacional mínimo, los niveles impositivos seguirían estando muy por debajo de los niveles de los ochenta, mínimos o no.

Lo que se necesita no son impuestos corporativos más altos, sino la propiedad social, el control de las multinacionales y el cierre de las operaciones de los paraísos fiscales. Por supuesto, no hay un acuerdo del G7 al respecto.

La recuperación económica puede estar en marcha ahora que las empresas reabren, se impulsa el gasto fiscal y la generosidad monetaria de los bancos centrales continúa, pero esto en realidad solo está creando lo que algunos han llamado una ‘economía de la fiebre del azúcar’.

E incluso con estos criterios, los países emergentes y en desarrollo están quedándose muy atrás. La flexibilización cuantitativa ha supuesto una media del 15% del PIB en los países de ingresos altos frente al 3% en los países emergentes y en desarrollo. El apoyo fiscal fue de media el 17% en los países de ingresos altos frente al 5% en los países emergentes y en desarrollo.

Además, la mitad de todos los países de bajos ingresos están endeudados. Y el nivel récord de deuda en todo el mundo, particularmente entre los países emergentes y en desarrollo, es una amenaza para la estabilidad económica, ya que el sistema financiero mundial es ahora vulnerable a un aumento repentino de las tasas de interés.  Pero el G7 no hará nada sobre la cancelación de la deuda.

El riesgo de una inflación significativa de los precios al consumidor está aumentando a medida que se acumulan los cuellos de botella en las cadenas de suministro mundiales. La tasa de inflación de los precios al consumidor en EEUU saltó al 5% en mayo, la tasa más alta desde agosto de 2008 debido al aumento de los precios de las materias primas, las limitaciones de la oferta y los salarios más altos. El índice subyacente subió un 3,8% en mayo, el mayor aumento desde junio de 1992.

Podría haber una inflación más fuerte durante los próximos seis a 12 meses, especialmente en los precios de importación y, si las cadenas de suministro internacionales se debilitan, podríamos ver un aumento de los precios durante un período de tiempo. La inflación a fines de la década de 1980 fue inmensa. En la mayoría de los países avanzados, estaba en el rango de porcentaje de dos dígitos. En las últimas dos décadas, la inflación en estos países ha sido, en términos generales, alrededor del 2%. Pero podríamos ver una tasa de inflación para los próximos 12 meses entre el 3-4%, hasta que la producción pueda hacer frente al aumento de la demanda.

De hecho, es probable que después del auge inicial de la expansión económica cuando acabe la pandemia de COVID este año y el próximo, la economía mundial, liderada por las naciones del G7, vuelva al ritmo lento de crecimiento económico experimentado antes de la pandemia. Eso significará que la mayoría de las principales economías no volverán ni siquiera a la trayectoria anterior de débil crecimiento del PIB real (la línea azul en el gráfico a continuación).

La economía global ya crecía muy débilmente en 2019. Eso se debe a que el capitalismo crece de manera sostenible y fuerte solo si aumenta la rentabilidad. Sin embargo, la rentabilidad media ya era muy baja antes de la pandemia y, en algunos países, estaba en su nivel más bajo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

La rentabilidad solo se reactivaría si se eliminaran algunas capas podridas de capital, lo que se llama la «destrucción creativa» de los débiles para ayudar a los fuertes. En cambio, hasta ahora, el dinero barato y el apoyo fiscal han mantenido con vida a los ‘muertos vivientes’, las llamadas empresas zombis, que obtienen pocas ganancias y solo pueden cubrir sus deudas. En las economías avanzadas, alrededor del 15-20 por ciento de las empresas se encuentran en esta situación. Estas empresas mantienen baja la productividad general, lo que impide que las partes más eficientes de la economía se expandan y crezcan.

¿Y si quebraran? Estos zombis son «una bomba de tiempo» cuyos efectos explosivos se sentirán si los gobiernos y los bancos centrales retiran las medidas que han ayudado a mantenerlos con vida durante la pandemia.

Además de restaurar la rentabilidad y la inversión a largo plazo, el otro desafío al que se enfrentan los líderes del G7 es el calentamiento global y el cambio climático. Según un informe reciente de la ONU, se está haciendo y financiando demasiado poco para salvar al planeta. De los $ 14,6 billones que las 50 economías más grandes del mundo anunciaron en gasto fiscal a raíz del COVID-19, solo $ 368 mil millones (el 2,5%) se destinaron a ‘iniciativas ecológicas’. Eso debe al menos triplicarse en términos reales para 2030 y multiplicarse por cuatro para 2050 si el mundo quiere alcanzar sus objetivos en relación con el cambio climático, la biodiversidad y la degradación de suelos. Esta aceleración equivaldría a una inversión total acumulada de hasta 8,1 billones millones de dólares y una tasa de inversión anual futura de 536 mil millones. La ONU espera que la inversión privada se intensifique. ¡Soñar no cuesta! Hasta ahora, de los $ 133 mil millones invertidos anualmente en ‘soluciones basadas en la naturaleza’ contra el calentamiento global, los fondos públicos representan el 86 por ciento y las inversiones privadas el 14 por ciento.

Hay pocas posibilidades de que las naciones del G7 aporten algo más. Y el G7 no tiene la intención de reducir los subsidios a las industrias de combustibles fósiles, y mucho menos convertirlos en propiedad pública para planificar la eliminación gradual de estas empresas emisoras de carbono. En cambio, las compañías petroleras privadas, fuertemente subsidiadas, disfrutan de las ganancias de la extracción de petróleo, mientras que el resto de nosotros pagamos dichos beneficios via impuestos, abusos de derechos humanos y un clima inhabitable.

Por supuesto, la propiedad pública por sí sola no garantiza que podamos reemplazar completamente el petróleo y el gas con energía renovable a tiempo para evitar los peores impactos de la crisis climática. Después de todo, las tres cuartas partes de las reservas de petróleo del mundo ya son propiedad de los estados en lugar de empresas privadas. Pero si empresas como Shell o ExxonMobil fueran nacionalizadas con el mandato de reducir sus activos, sería un comienzo.

En cambio, el G7, como bloque imperialista del mundo, está mucho más interesado en encontrar formas de aislar a China y Rusia para mantener su hegemonía. El problema para el G7 es que, mientras que en la década de 1970 las naciones del G7 representaban alrededor del 80% del PIB mundial, ahora se ha reducido a alrededor del 40%.

https://www.sinpermiso.info/textos/el-bloque-imperialista-se-reune-en-cornualles 

  • 20.21.-Cómo la ‘destrucción creativa’ impulsa la innovación y la prosperidad MARTIN WOLF
  • La crisis de productividad MICHAEL ROBERTS
  • La desigualdad tiene bloqueado al país – AURELIO SUAREZ

La organización actual, gradualmente más inequitativa y antidemocrática, ha montado bloqueos de décadas que no se franquearán sin cambiar su raíz.

Ranking de movilidad social de 82 países – Foto

Colombia es de los países más desiguales en la distribución del ingreso. En el periodo 2012-2019, el Banco Mundial lo ubica entre los cinco más inicuos cuando evalúa de cero a uno por el coeficiente de Gini. Mientras más cerca de uno, mayor inequidad.

5 jun 2021.- El país marcó en ese periodo desde 0,517 en 2012 hasta 0,499 en 2017, para subir a 0,513 en 2019. Vergonzoso que en el escalafón del Índice de Desarrollo Humano ocupe el puesto 83 entre 189 naciones, pero, al ajustarse por desigualdad, caiga al 95 (PNUD, 2019).

La iniquidad en el ingreso no es la única; se pueden contar muchas más. En la renta; en el patrimonio y la riqueza entre personas naturales, entre las empresas; en género; en educación; en seguridad social, tanto en la salud como en el sistema pensional; en el empleo; en la distribución de la tierra rural; en la propiedad urbana; en la inversión bursátil y el sistema bancario, en los que cuatro grupos controlan el 80 por ciento de los activos. En suma, un país muy antidemocrático.

Abundan los datos contundentes que permiten ratificar esa condición ilegítima. Es el tercero peor en repartición de renta en Latinoamérica después de Brasil y Guatemala (Cepal, 2017); el 1 por ciento más rico concentra el 40,6 por ciento del total de la riqueza (Londoño), y de cada 100 pesos de ingreso, al 50 por ciento de la población –los más pobres– solo le llegan 17, mientras que al 10 por ciento más rico le tocan 40 (Suárez).PUBLICIDAD

Tampoco está exenta de desequilibrios la estructura empresarial. De 1.380.000 firmas estudiadas, las primeras 3.600 acaparan 40 de cada 100 pesos de las utilidades totales, y algo similar o peor ocurre con la propiedad de los activos para la mayoría de los sectores (Acopi. Bogotá, 2018).

A estos cuadros se suman similares en distintas áreas de la vida social. Según el PNUD, Colombia ocupa el puesto 101 en desigualdad de género, por debajo de Cuba, Brasil, El Salvador o México, y se expresa con énfasis en el empleo. En la pandemia, en el trimestre junio-agosto de 2020, la desocupación en las mujeres llegó a una de cada cuatro. Sin embargo, entre las jóvenes subió a más de una por cada tres, y la brecha salarial con los hombres es del 13 por ciento menos (Dane, 2019).

En el empleo también se manifiesta el desbalance. La mitad de los ocupados está en la informalidad y el 88 por ciento con remuneración laboral gana menos de dos salarios mínimos (Dane, 2020). La educación no está exenta de las execrables exclusiones: de 100 niños y niñas que entran a primaria, 44 aprueban el grado once, pero solo 21 logran entrar a la universidad y apenas diez terminan la educación superior, lo que reproduce sin solución las diferencias por generaciones (Acrees).

Lo de la seguridad social es aberrante. Pese a leyes y sentencias, los planes de beneficio en salud siguen discriminando a los afiliados de los distintos regímenes, y el acceso real, la atención y el servicio dependen del bolsillo. En el sistema pensional apenas tiene mesada una de cada cuatro personas en edad de jubilarse. De lo más perverso es la distribución de la tierra. Aunque las pequeñas propiedades son 1,7 millones, apenas ocupan el 2 por ciento del área rural. En contraste, las que tienen más de 1.000 hectáreas engloban tres de cada cuatro de las hectáreas totales (Dane-CNA). Peor, imposible.

Distintos autores explican las causas de tan bárbaras expresiones de discriminación. Thomas Piketty, en El capital en el siglo XXI, asevera que el “análisis erudito jamás pondrá fin a los violentos conflictos políticos suscitados por la desigualdad”. Joseph Stiglitz, en el Capitalismo progresista, dice: “La desigualdad económica se traduce inevitablemente en poder político y quienes lo ejercen lo utilizan en beneficio propio”. Angus Deaton, en El Gran Escape, afirma que quienes logran escabullirse hacia el bienestar “pueden bloquear los túneles detrás de ellos” y Ha Joon Chang, de Cambridge, indica: “El fracaso de construir una economía más igualitaria e innovadora es lo que está en el corazón de las protestas latinoamericanas” (BBC).

El que los más pobres requieran 600 años para obtener con sus exiguas entradas un patrimonio igual al del 1 por ciento más rico (Espitia) o que deban pasar 11 generaciones, 330 calendarios, para salir de la penuria (Ocde) permite concluir que Colombia, fuera de ser de las naciones más desiguales, es, de facto, la tierra de absurdas desigualdades. La organización actual, gradualmente más inequitativa y antidemocrática, ha montado bloqueos de décadas que no se franquearán sin cambiar su raíz: “La globalización y la liberación de los mercados causaron un deterioro en la distribución que no se contrarrestó con el estado de bienestar de transferencias” (Sarmiento, 2020).

https://www.semana.com/opinion/articulo/la-desigualdad-tiene-bloqueado-al-pais/202100/

20.21.-Cómo la ‘destrucción creativa’ impulsa la innovación y la prosperidad MARTIN WOLF

Martin Wolf sobre la defensa del capitalismo de Philippe Aghion y colaboradores y la necesidad de regulación y una red de seguridad social

Miles de bicicletas «compartidas» densamente aparcadas y desaparecidas en la ciudad de Zhengzhou. En términos de ‘destrucción creativa’, China se clasifica como una economía de ‘recuperación’ en contraste con la economía de ‘frontera’ de los EE. UU. © Zuma Press / Eyevine 

Alguien nacido en 1600 encontraría el mundo de 1800 bastante familiar. Pero alguien nacido en 1800 encontraría el mundo de hoy más allá de la comprensión. ¿Qué explica esta transformación? La respuesta es: capitalismo de mercado.

11 jun 2021.- ¿Por qué el capitalismo de mercado ha demostrado ser tan dinámico? La respuesta es que contiene un poderoso motor de cambio. Eso no es solo libertad económica, aunque esto importa. Tampoco es ciencia y tecnología, aunque eso también importa. Es lo que el gran economista austríaco Joseph Schumpeter llamó «destrucción creativa».

Philippe Aghion, profesor del Collège de France y de la London School of Economics, ha llevado una carrera distinguida al llevar el modelo de Schumpeter al riguroso mundo teórico y empírico de la economía moderna. En este importante libro, escrito con dos colaboradores, Céline Antonin y Simon Bunel, lleva su trabajo al público más amplio.

El resultado, El poder de la destrucción creativa, es lúcido, empíricamente fundamentado, amplio y bien argumentado. También es bastante seco. Pero ofrece una maravillosa visión general del terreno. Como explican los autores, el modelo de crecimiento a través de la destrucción creativa tiene tres elementos.

En primer lugar, “la innovación y la difusión del conocimiento están en el centro del proceso de crecimiento”. El crecimiento es acumulativo, porque los innovadores de hoy están sobre los hombros de todos los científicos y tecnólogos que los precedieron.

En segundo lugar, los innovadores están motivados por la posibilidad de un monopolio lucrativo. Esas rentas deben protegerse mediante derechos de propiedad, incluidos los derechos sobre la propiedad intelectual.

Finalmente, la innovación amenaza a los incumbentes, que lucharán por reprimirla. Así, “Por un lado, las rentas son necesarias para premiar la innovación; por otro lado, los innovadores de ayer no deben utilizar sus rentas para impedir nuevas innovaciones”. Nuevamente, al evaluar el debate de hoy sobre por qué el crecimiento ha sido persistentemente decepcionante, los autores argumentan que una política de competencia que proteja a los participantes contra los operadores tradicionales es esencial.

Las nuevas empresas crean nuevos puestos de trabajo. Luego, muchas de estas empresas y empleos desaparecen. Pero cuanto más intenso es este proceso darwiniano, más rápido crece la economía.

El libro informa sobre una gran cantidad de investigaciones empíricas, la mayoría recientes, que muestran cómo funciona la destrucción creativa en la práctica. Muestra, por ejemplo, que las nuevas empresas crean una gran proporción de nuevos puestos de trabajo. Luego, muchas de estas empresas y empleos desaparecen. Pero cuanto más intenso es este proceso darwiniano, más rápido crece la economía.

Los autores también señalan la distinción entre economías de «puesta al día», como China, y economías de frontera, como Estados Unidos. En el primero, el crecimiento se trata más de invertir en formas existentes de hacer las cosas. Pero las economías de frontera solo pueden crecer innovando. Si a los operadores tradicionales se les permite bloquear a los competidores, una economía de frontera está destinada a estancarse.

Sobre la conocida trampa de los “ingresos medios”, el libro sostiene que el fracaso clave de estos países es crear las instituciones que promueven la innovación de frontera. También sostiene que en las circunstancias actuales, en las que los servicios sofisticados pueden ser tecnológicamente dinámicos y comercializados internacionalmente, podría ser posible desarrollarse sin industrializarse, como lo ha estado haciendo la India.

La innovación también depende de la trayectoria: los titulares se basan en lo que saben, mientras que los recién llegados están dispuestos a empezar de nuevo. Si los gobiernos quieren garantizar una innovación rápida en nuevas direcciones, deben motivar a nuevos actores que no estén atrapados por los éxitos del pasado.

Por eso, la aparición de nuevos sectores industriales casi siempre significa la aparición de nuevas empresas. Por eso, una condición necesaria para la destrucción creativa es un sistema financiero capaz y dispuesto a invertir en nuevas empresas. El libro explica cómo EE. UU. Se beneficia de una industria de capital de riesgo capacitada, que sabe cómo nutrir las empresas nacientes, y de una gran base de inversores institucionales, que apoyarán a estas empresas a medida que crecen.

Los autores también argumentan que el impacto de la destrucción creativa es complejo. La competencia adicional estimula la innovación y la productividad en las empresas fronterizas, pero acaba con las más débiles. Las nuevas fortunas tienden a incrementar los ingresos más altos, empeorando ese aspecto de la desigualdad. Pero, señalan, esto es mucho mejor que la mayor desigualdad creada por el cabildeo dirigido a frustrar a los competidores.

Sobre los grandes desafíos ambientales de nuestro tiempo, los autores insisten en que el “decrecimiento” (una causa popular en la actualidad) es práctica y políticamente impracticable. Solo podemos innovar para salir de nuestros dilemas. Pero el tipo correcto de innovación no sucederá sin la orientación de los incentivos, la regulación, el gasto público y la presión de la sociedad civil.

De los grandes desafíos ambientales de nuestra era, los autores insisten en que el «decrecimiento» es inviable. Solo podemos innovar para salir de nuestros dilemas

La globalización es otro tema controvertido. El libro concluye que la protección no es la respuesta correcta a una mayor competencia de las importaciones. La mejor respuesta es apoyar la innovación y así promover negocios nuevos y dinámicos sobre los más antiguos y no competitivos. Sin embargo, la aceptabilidad política de esto depende de la existencia de una red de seguridad que no esté vinculada a trabajos específicos.

En términos más generales, no existe un compromiso entre la destrucción creativa y la seguridad básica para la población. Por el contrario, la gente estará más dispuesta a aceptar lo primero, si disfruta de lo segundo. El modelo danés de «flexiguridad» es, sugieren, el mejor enfoque.

Fundamentalmente, el éxito de la destrucción creativa depende de la existencia de un estado eficaz, no corrupto, gobernado por la ley y que promueva la competencia. Esto solo es posible en una democracia constitucional, con una sociedad civil activa, instituciones independientes y medios de comunicación libres.

Un Estado así juega un papel central como estabilizador macroeconómico, subsidiario de la ciencia básica, promotor de la investigación y el desarrollo aplicados, inversor en nuevas tecnologías de riesgo, financiador de la educación y el seguro social, y promotor de la libre competencia.

Este es, en resumen, un análisis sutil de lo que ha hecho del capitalismo un sistema económico incomparablemente exitoso, pero también disruptivo. El éxito del sistema depende de lograr un equilibrio no solo entre la economía competitiva y la estabilidad social, sino también entre dejar que el capitalismo se desgarre y protegerlo de los capitalistas depredadores.

El propio Schumpeter temía que el capitalismo pereciera. Hasta ahora, parece haberse equivocado. Otra posibilidad es que la democracia muera, ya que la plutocracia se alía con la demagogia. De cualquier manera, las civilizaciones de las democracias contemporáneas de altos ingresos perecerían. Al promover una mejor comprensión, este libro podría, con sabiduría y suerte, ayudarnos a evitar ese destino.

https://www.ft.com/content/3a0aa7cb-d10e-4352-b845-a50df70272b8

20.21.-La crisis de productividad MICHAEL ROBERTS

La misión histórica del modo de producción capitalista ha sido desarrollar las «fuerzas productivas» (es decir, la tecnología y el trabajo necesarios para aumentar la producción de bienes y servicios que la sociedad humana necesita o desea). De hecho, la principal afirmación de los partidarios del capitalismo es que es el mejor (incluso el único) sistema de organización social capaz de desarrollar conocimiento científico, tecnología y «capital» humano, a través del «mercado».

El desarrollo de las fuerzas productivas en la historia de la humanidad se mide mejor por el nivel y el ritmo de cambio en la productividad del trabajo. Y no hay duda, como Marx y Engels argumentaron por primera vez en el Manifiesto Comunista, que el capitalismo ha sido el sistema que ha tenido más éxito hasta ahora en aumentar la productividad del trabajo para producir más bienes y servicios para la humanidad (ver mi reciente artículo). En el siguiente gráfico, podemos ver el aumento acelerado de la productividad del trabajo desde el siglo XIX.

El aumento de la productividad bajo el capitalismo en Inglaterra 

Pero Marx también argumentó que la contradicción subyacente al modo de producción capitalista es entre beneficio y productividad. El aumento de la productividad del trabajo debería conducir a un mejor nivel de vida de la humanidad, incluida la reducción de horas, semanas y años de trabajo para producir bienes y servicios para todos. Pero bajo el capitalismo, incluso con el aumento de la productividad del trabajo, la pobreza mundial persiste, las desigualdades de ingresos y riqueza están aumentando y la mayor parte de la humanidad no se ha liberado del trabajo diario.

En 1930, John Maynard Keynes era un defensor respetado de los beneficios del capitalismo. Argumentó que si la economía capitalista se ‘administraba’ bien (por hombres sabios como él), entonces el capitalismo podría eventualmente ofrecer, a través de la ciencia y la tecnología, un mundo de ocio para la mayoría y el fin del trabajo.   Esto es lo que dijo a una audiencia de sus estudiantes de la Universidad de Cambridge en una conferencia en las profundidades de la Gran Depresión de la década de 1930. Dijo: sí, las cosas pintan mal para el capitalismo ahora en esta depresión, pero no se dejen seducir por el socialismo o el comunismo (como muchos estudiantes de entonces), porque en época de sus nietos, gracias a la tecnología y el consecuente aumento de la productividad del trabajo, todo el mundo trabajará 15 horas a la semana y el problema económico no será el trabajo, sino el ocio. (“Las posibilidades económicas de nuestros nietos”, en sus Ensayos de persuasión)

Keynes concluye: “Llego a la conclusión de que, suponiendo que no haya guerras importantes ni un aumento importante de la población, el ‘problema económico’ puede resolverse, o al menos tener una solución a la vista, dentro de cien años. Esto significa que el problema económico no es, si miramos hacia el futuro, el problema permanente de la raza humana”.  Solo con esta cita, es posible percibir el fracaso del pronóstico de Keynes: ¿sin guerras? (hablando apenas diez años antes de la Segunda Guerra Mundial). Y nunca se refiere al mundo colonial en su pronóstico, solo a las economías capitalistas avanzadas; ni a las desigualdades de ingresos y riqueza que se han disparado desde los años treinta. Y a medida que nos acercamos a los 100 años de referencia para Keynes, hay pocas señales de que el «problema económico» se haya resuelto.

Keynes continúa: “por primera vez desde su creación, el hombre se enfrentará a su problema real y permanente: cómo usar su libertad de preocupaciones económicas apremiantes, cómo ocupar su ocio, qué la ciencia y el interés compuesto (MR¡!) le habrán conseguido, para vivir sabia, bien y agradablemente «. Keynes predijo la superabundancia y una jornada de tres horas: el sueño socialista, pero bajo el capitalismo. Bueno, la semana laboral promedio en los EEUU en 1930, si se tenía un trabajo, era de aproximadamente 50 horas. Todavía está por encima de las 40 horas (incluidas las horas extraordinarias) en un empleo permanente a tiempo completo. De hecho, en 1980, el promedio de horas trabajadas en un año era de alrededor de 1.800 en las economías avanzadas. Actualmente, todavía son alrededor de 1.800 horas, así que nuevamente, no ha habido cambios.

Pero aún más desastroso para la misión apologética del capitalismo y los pronósticos de Keynes es que en los últimos 50 años, desde aproximadamente la década de 1970 hasta ahora, el crecimiento de la productividad del trabajo se ha desacelerado en todas las principales economías capitalistas. El capitalismo no está a la altura de su único motivo de fama: expandir las fuerzas productivas. En cambio, muestra serios signos de agotamiento. De hecho, a medida que aumenta la desigualdad, disminuye el crecimiento de la productividad.

El crecimiento económico depende de dos factores: 1) el tamaño de la fuerza de trabajo empleada y 2) la productividad de esa fuerza de trabajo.  En cuanto al primer factor, las economías capitalistas avanzadas se están quedando sin fuerza de trabajo humana adicional. Pero concentrémonos en el segundo factor en este artículo: la productividad del trabajo. El crecimiento de la productividad del trabajo a nivel mundial se ha ralentizado en los últimos 50 años y parece que seguirá haciéndolo.

Para las once principales economías (esto excluye a China), el crecimiento de la productividad ha caído a una tasa tendencial anual de solo 0,7%.

¿Por qué está cayendo el crecimiento de la productividad en las principales economías? El ‘rompecabezas de la productividad’ (como les gusta a los economistas convencionales llamarlo) se ha debatido desde hace algún tiempo. La explicación keynesiana del ‘tirón de la demanda’ argumenta que el capitalismo se encuentra en un estancamiento secular debido a la falta de demanda efectiva necesaria para alentar a los capitalistas a invertir en tecnología que mejore la productividad. Luego está el argumento por el lado de la oferta de otros economistas de que no hay suficientes tecnologías efectivas para mejorar la productividad en las que invertir de todos modos: los días de la computadora, el Internet, etc., casi se han terminado y no hay nada nuevo que tenga el mismo impacto.

Obsérvese las tasas de crecimiento medio de la productividad del trabajo en las economías capitalistas más importantes desde la década de 1890. Téngase en cuenta que en todos los casos, la tasa de crecimiento entre 1890-1910 fue mayor que la de 2006-18. En términos generales, el crecimiento de la productividad de trabajo alcanzó su punto máximo en la década de 1950 y retrocedió en las décadas siguientes para alcanzar los mínimos que vemos en los últimos 20 años. La llamada Edad de Oro de los años 50-60 marcó el pico del desarrollo de las «fuerzas productivas» bajo el capital global. Desde entonces, ha ido cuesta abajo a un ritmo acelerado. El crecimiento medio anual de la productividad en Francia se ha reducido en un 87% desde la década de 1960; en Alemania lo mismo; en Japón ha bajado un 90%; el Reino Unido bajó un 80% y solo EEUU está un poco mejor, solo ha caído un 60%.

Hay tres factores detrás del crecimiento de la productividad : la cantidad de mano de obra empleada; el monto invertido en maquinaria y tecnología; y el factor X de la calidad y habilidad innovadora de la mano de obra. La contabilidad del crecimiento convencional llama a este último factor, la productividad total de los factores (PTF), medida como la contribución ‘no contabilizada’ al crecimiento de la productividad después del capital invertido y la mano de obra empleada. Este último factor está en declive secular.

Corresponde a esta desaceleración de la productividad laboral la caída secular de la inversión en activos fijos en relación al PIB en las economías avanzadas en los últimos 50 años, es decir, a partir de la década de 1970.

La inversión en relación al PIB ha disminuido en todas las principales economías desde 2007 (con excepción de China). En 1980, tanto las economías capitalistas avanzadas como las capitalistas «emergentes» (sin China) tenían tasas de inversión de alrededor del 25% del PIB. Ahora la tasa promedia es alrededor del 22%, una disminución de más del 10%. La tasa cayó por debajo del 20% para las economías avanzadas durante la Gran Recesión.

La desaceleración del crecimiento, tanto de la inversión como de la productividad comenzó en la década de 1970. Y esto no es casualidad. La desaceleración secular del crecimiento de la productividad está claramente vinculada a la desaceleración secular de una mayor inversión en activos productivos que crean valor. Hay nueva evidencia para demostrar esto.  En un estudio exhaustivo, cuatro economistas de la corriente principal han descompuesto los componentes causales de la caída en el crecimiento de la productividad.

En el caso de EEUU, encuentran que, de una desaceleración total de 1.6% pts en el crecimiento de la productividad promedio anual desde la década de 1970, 70 pb, o alrededor del 45%, se debió a una desaceleración de la inversión, ya fuese causada por crisis recurrentes o por factores estructurales. Otros 20 pb, del 13%, se debieron a una ‘mala medición’ ( este es un argumento reciente que intenta defender que no ha habido una caída en el crecimiento de la productividad ). Otro 17% se debió al aumento de ‘intangibles’ (inversión en ‘plusvalía’) que no muestra un incremento en los activos fijos ( esto plantea la pregunta de si tanto los ‘intangibles’ como la ‘plusvalía’ ‘realmente crean valor). Aproximadamente el 9% se debe a la disminución del crecimiento del comercio mundial desde principios de la década de 2000; y finalmente cerca del 25% se debe a la inversión de los capitalistas en sectores improductivos, como la propiedad y las finanzas. Los cuatro economistas resumen sus conclusiones: “Comparando el período posterior a 2005 con la década anterior para cinco economías avanzadas, buscamos explicar una desaceleración de 0.8 a 1.8pp. La mayor parte se debe a las contribuciones más bajas de la PTF y caida del capital, mientras que la manufactura representa la mayor parte sectorial de la desaceleración».

En otras palabras, si excluimos los ‘intangibles’, la mala medición y la inversión improductiva, la causa del menor crecimiento de la productividad es un menor crecimiento de la inversión en activos productivos. El documento también señala que no ha habido una reducción en la investigación y el desarrollo científicos, al contrario. Pero los capitalistas no están aplicando los nuevos avances técnicos mediante la inversión. Ahora, tal vez, el auge de los robots y la inteligencia artificial dará un impulso a la productividad en las principales economías en el mundo post-COVID. Pero no cuenten con ello. Como dijo el gran teórico de la productividad de la década de 1980, Robert Solow, en una famosa broma, «se puede ver la era de las computadoras en todas partes menos en las estadísticas de productividad» (Solow 1987).

Si la inversión es clave para el crecimiento de la productividad, la siguiente pregunta es inevitable: ¿por qué la inversión comenzó a disminuir a partir de la década de 1970? ¿Es realmente debido a una ‘falta de demanda efectiva’ o a una falta de tecnologías generadoras de productividad, como ha argumentado la teoría económica convencional? Lo más probable es que tenga razón la explicación marxista. Desde la década de 1960, las empresas de las principales economías han experimentado una caída secular en la rentabilidad del capital y, por lo tanto, encuentran cada vez menos rentable invertir mucho en nuevas tecnologías para reemplazar la mano de obra.

Y cuando se comparan los cambios en la productividad del trabajo y la rentabilidad del capital en Estados Unidos, se percibe una correlación cercana.

Fuente: Penn World Tables 10.0 (serie IRR), producción de TED Conference Board por serie de empleados

También encuentro una correlación positiva de 0,74 entre los cambios en la inversión y la productividad del trabajo en los EEUU de 1968 a 2014 (según Extended Penn World Tables ). Y la correlación entre los cambios en la tasa de ganancia y la inversión también es muy positiva, 0,47, mientras que la correlación entre los cambios en la rentabilidad y la productividad del trabajo es incluso mayor: 0,67.

Y como también concluye el nuevo estudio desde la teoría económica convencional, hay otro factor clave que ha llevado a una disminución en la inversión en trabajo productivo: el giro de los capitalistas a la especulación en ‘capital ficticio’, con la expectativa de que las ganancias en la compra y venta de acciones y bonos ofrecerán mejores rendimientos que la inversión en tecnología para fabricar bienes o prestar servicios. A medida que la rentabilidad de la inversión productiva cayó, la inversión en activos financieros se volvió cada vez más atractiva y, por lo tanto, se produjo una caída en lo que el nuevo estudio llama la «eficiencia asignada» de la inversión. Esto se ha acelerado durante la crisis del COVID.

Existe una contradicción básica en la producción capitalista. La producción tiene fines de lucro, no satisfacer una necesidad social. Y una mayor inversión en tecnología que reemplace la mano de obra creadora de valor conduce a una tendencia a la caída de la rentabilidad. Y la rentabilidad decreciente de la acumulación de capital eventualmente entra en conflicto con el desarrollo de las fuerzas productivas. La disminución a largo plazo de la rentabilidad del capital a nivel mundial ha reducido el crecimiento de la inversión productiva y, por lo tanto, el crecimiento de la productividad del trabajo El capitalismo encuentra cada vez más difícil expandir las «fuerzas productivas». Está fallando en su «misión histórica», ​​en la que Keynes confiaba tanto hace 90 años.

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  • 21.19.-China: ¿crisis demográfica? MICHAEL ROBERTS
  • Hacia un nuevo paradigma EDUARDO SARMIENTO
  • ¡EL TIEMPO APREMIA! –AMYLKAR COSTA
LOS ESQUIVOS Y TARDÍOS APOYOS

El Presidente Iván Duque y su Ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla abrigaron hasta último momento la esperanza de pasar por el Congreso en volandas la reforma tributaria más ambiciosa de la que se tenga memoria en muchisimos años. Y no era para menos, pues contaba con unas mayorías parlamentarias que, a poco andar, se le fueron escurriendo como el agua entre los dedos. Contaba además con el apoyo de reputados centros de pernsamiento, tales como ANIF y Fedesarrollo, que planteó ir más allá, abarcando “cambios estructurales en materia social, laboral y pensional”.

30 jun 2021.- Por su parte la Decana de Economía de la Universidad de los Andes e integrante de la Comisión consultiva para la Regla fiscal Marcela Eslava, sostuvo que “es virtuoso de la propuesta que hay un incremento del recaudo, lo que quiere decir que los colombianos vamos a pagar más impuestos porque estamos en este momento como país gastando más de lo que puede y eso robustece la progresividad del sistema fiscal como un todo. Estaremos mejor con esta reforma aprobada que sin ella”. Nos quedamos sin saber cómo “un incremento del recaudo” per se “robustece la progresividad del sistema fiscal como un todo” y cómo fue que nadie le entendió que hoy estaríamos “mejor con esta reforma aprobada que sin ella”.

Cabe advertir que cuando se afirma por parte de ella que “estamos en este momento como país gastando más” se alude tácitamente al gasto social, pero se elude hablar del gasto fiscal que se deriva de la proliferación de gabelas impositivas injustificadas que se niegan a desmontar, las cuales erosionan la base gravable. La verdad monda y lironda es que de los 5.3 puntos porcentuales del PIB que ganó el déficit fiacal en 2020, al pasar de 2.5% en 2019 al 7.8% en 2020, sólo 1.7 puntos porcentuales son atribuibles a los gastos asociados con las medidas tomadas por el Gobierno para paliar el impacto de la pandemia.

Pero, lo más insólito es el tardío y tozudo pronunciamiento de un connotado “grupo de ciudadanos con trayectoria profesional en los sectores público, privado y académico”, en el que priman los economistas ortodoxos, a través de un comunicado post morten en el cual le dan un inesperado e inane espaldarazo a la reforma de marras. Y la razón esgrimida por ellos para apoyar tan abominable como abominado esperpento es que “no es posible estar de acuerdo, al mismo tiempo, con el ingreso mínimo garantizado y los demás gastos sociales que se necesitan y oponerse a una reforma tributaria de la magnitud y alcance como la que propone el gobierno. Si no hay reforma, no va a ser posible obtener siquiera el ingreso solidario y tampoco habrá plata para financiar otros programas sociales”.

Lo hemos dicho y lo repetimos, no cabe duda sobre la necesidad de extender y tornar permanente, como lo ha propuesto el Gobierno, el “ingreso mínimo garantizado”, que va en la dirección correcta de una renta básica para los más vulnerables que hemos venido planteando, así como “los demás gastos sociales”, máxime después del exacerbamiento de las lacras sociales del desempleo, la informalidad, la pobreza y la desigualdad, principales secuelas de la pandemia.

SEGUNDO TIEMPO

Pero, al contrario de lo que pretendía la fallida reforma, ahora el nuevo Ministro de Hacienda José Manuel Restrepo, en este segundo tiempo, admite que hay un consenso según el cual “cualquier decisión que se tome, no puede tocar a la población vulnerable ni a la clase media…hay que buscar ese mecanismo de solidaridad de que los que más tengan contribuyan con los que menos tienen”. Definitivamente, este “grupo de ciudadanos” resultó ser más papista que el Papa.

No se puede desestimar el riesgo de la pérdida de la calificación inversionista de la deuda soberana a consecuencia del desbarajuste fiscal, por cuanto ello conllevaría una dificultad mayor para el acceso al crédito en momentos en que más se requiere y el encarecimiento de la abultada deuda pública que ya representa el 65% del PIB. Pero, tampoco se puede sobreestimar, pues, como lo afirma Juan Pablo Espinosa, Director de investigaciones económicas del Grupo Bancolombia, “evitar una rebaja en la calificación no debería ser un propósito, sino más bien una restricción con la que las autoridades actúen en estos momentos”. Es decir, el llamado es a la prudencia y no al pánico frente a dicho fantasma.
Coincido con Cecilia López en que si bien el déficit fiscal es motivo de mucha preocupación, “el principal problema de la economía colombiana hoy no es el déficit fiscal sino el desempleo y la pobreza” sobre todo de los jóvenes, con una tasa impresionante del 23.5%. Amén de que de los 10.9 millones de jóvenes, el 33%, es decir, más de 3 millones de ellos ni estudian ni trabajan, pertenecen a la ignominiosa franja de los NINI. Se pregunta ella y con razón “a qué hora perdimos el foco”.

EXASPERANTE ESPERA

A todas esas, cabe preguntarse qué espera el Gobierno Nacional para presentarle al Congreso de la República y al país su proyecto de reforma 2.0, después que el Ministro Restrepo le anunció al país que “hay unos puntos de consenso. Uno es el tema de gasto social enfocado en los más vulnerables y la necesidad de una ley que apoye ese gasto y que encuentre fuentes de financiación que garantice la estabilidad fiscal” . El Ministro Restrepo ha acotado el alcance del mismo, según él “la reforma debe aspirar a recoger anualmente un punto porcentual del PIB para fortalecer el saneamiento fiscal y medio punto porcentual para financiar la puesta en marcha de los programas sociales, que son los más apremiantes”. En plata blanca está hablando de “una reforma de unos $14 billones”, la mitad de lo que pretendía recaudar Carrasquilla, “pero esto tiene que estar acompañado de austeridad, control del gasto público y esfuerzos de lucha contra la evasión fiscal”.
Así las cosas, sigo sin entender el desdén con que el Gobierno ha recibido la oferta de la ANDI, respaldada por el Comité intergremial, por una parte y de FENALCO – ACOPI por la otra, consistentes en aplazar en el primer caso y renunciar en el segundo a varios de los beneficios tributarios que recibieron en la reforma tributaria anterior, la del 2019. Sumadas sus propuestas, de aogerla el Gobierno y para luego es tarde, le significarían un mayor recaudo de $13.4 billones, casi a lo que aspira el Ministro Restrepo. El mensaje al Presidente Duque y al Ministro Restrepo por parte del Presidente de la ANDI no ha podido ser más contundente: “en la reforma no toquen a nadie más, cóbrennos a nosotros”. El Gobierno no puede seguir deshojando margaritas, cójales la flota a los empresarios y con ello se tendría una victoria temprana en beneficio del país.

El Congreso de la República tiene el tiempo justo para tramitar y aprobar esta reforma, que no ampliaría ni la base del impuesto de renta a las personas naturales ni la del IVA y sería una contribución a la distensión tan necesaria en estos momentos en los que la movilización y la protesta en el país está en su segundo pico, después de las de noviembre pasado. Bien dijo el Sacerdote jesuita, profesor de filosofía de la Universidad Javeriana Vicente Durán Casas, que “si buscamos puntos en común, empezaremos a entendernos” y a superar nuestros desencuentros.

http://amylkaracosta.net/prueba1/index.php?option=com_content&view=article&id=640:el-tiempo-apremia-2&catid=95:opinion&Itemid=673

21.19.-China: ¿crisis demográfica? MICHAEL ROBERTS

Recientemente se ha hablado mucho de la desaceleración del crecimiento demográfico en China. La población de China creció a su ritmo más lento en décadas en los diez años anteriores a 2020, según los datos del último censo, que también demuestran que los nacimientos disminuyeron drásticamente el año pasado.

30 may 2021.- El censo nacional decenal, que se finalizó en diciembre, mostra que la población china aumentó hasta los 1.410 millones en 2020 en comparación con los 1.400 millones del año anterior. La población creció solo un 5,4%, desde los 1.340 millones de 2010, la tasa de aumento más baja entre dos censos desde que la República Popular de China comenzó a recopilar datos en 1953. Los mayores de 65 años representan ahora el 13,5% de la población, en comparación con el 8,9% en 2010, cuando se llevó a cabo el último censo.

Esto ha llevado a muchos estudiosos de China y economistas occidentales a argumentar que la fenomenal tasa de crecimiento de China, que ha sacado a más de 850 millones de chinos de la pobreza (definida oficialmente) se ha agotado. El argumento es que los niveles de vida han aumentado para el chino medio porque China desplazó su enorme fuerza laboral del campo a las fábricas en las ciudades para producir bienes para la exportación a precios bajos. Ahora, con una población que envejece y una población en edad laboral que disminuye, la economía de China se debilitará. Dada la caída de la población activa, junto con la intensificación de la campaña de Estados Unidos y sus aliados occidentales para aislar económica y técnicamente a China, la historia del crecimiento de China ha terminado.

¿Pero es cierto? El crecimiento del PIB real depende de dos factores: más empleo y más productividad por trabajador. Si se confirma que la fuerza de trabajo en China no aumentará, sino que incluso disminuirá en las próximas décadas, eso significa que el crecimiento económico dependerá del aumento de la tasa de crecimiento de la productividad.

En una nota anterior, he argumentado en contra de los escépticos que consideran que China no puede alcanzar tasas de crecimiento anuales de, digamos, 5-6%  durante el resto de esta década, lo que equivaldría a más del doble de las tasas pronosticadas para las principales economías capitalistas (la Oficina de Presupuestos del Congreso de los EEUU pronostica un crecimiento anual de solo el 1.8% anual para EEUU).

Para empezar, si bien la tasa de crecimiento de la productividad del trabajo de China ha disminuido en la última década, todavía estaba en un promedio de más del 6% anual antes de que golpeara la pandemia. Hay que compararla con solo el 0,9% anual de las economías capitalistas avanzadas. Incluso si se aceptan las revisiones realizadas por The Conference Board al récord de productividad de China (que yo no acepto: ver la publicación citada antes), China aún logró un crecimiento de productividad de más del 4% anual en la última década, unas cuatro veces más rápido que el de las economías capitalistas avanzadas.

Por lo tanto, incluso si la fuerza de trabajo no crece en esta década (o incluso declina, digamos, un 0.5% anual), el crecimiento del PIB real en China seguirá siendo de un mínimo de 3.5% anual, y es mucho más probable que sea un 5 -6% anual, cerca de la previsión del gobierno chino en su último plan quinquenal.

Ah, contra argumentan, China no puede mantener las tasas de crecimiento de la productividad anteriores porque su economía está muy desequilibrada, según los ‘expertos’ sinólogos occidentales. ¿Cúal es ese desequilibrio? Hasta ahora China ha crecido rápidamente en parte debido a su oferta de fuerza de trabajo (que ya no aumenta) y en parte debido a la inversión masiva, liderada por el sector estatal, en industria, infraestructura y tecnología.

Pero la expansión continua de la inversión solo puede lograrse mediante inyecciones de crédito y aumento de la deuda. Y eso sienta las bases para un crecimiento deficiente de la productividad o una crisis de deuda, o ambos, en la próxima década. La respuesta, según estos expertos, es que China debería reducir su índice de inversión (que ha tenido éxito a la hora de relanzar la economía) y pasar a aumentar el consumo y expandir las industrias de servicios.

Podría preguntarse, ¿qué éxito han tenido las economías capitalistas cuando sus ratios de inversión han caído y el consumo ha dominado? Ninguno. Así que todo esto huele a la cruda visión keynesiana de que es el consumo lo que impulsa la inversión y el crecimiento, no al revés. Y detrás de esto también está el objetivo ideológico de reducir el dominio del sector estatal en China e impulsar un sector de servicios dominado por empresas capitalistas (incluidas las extranjeras), particularmente en la banca y las finanzas.

He presentado los argumentos en contra de este modelo de consumo en una nota anterior sobre China, por lo que no los repetiré aquí. Baste decir que no se sostiene. De hecho, como ha dicho Arthur Kroeber, jefe de investigación de Gavekal Dragonomics : “¿Se está desacelerando China? En una palabra, no. La economía de China está en buena forma y lsus autoridades están aprovechando esta fortaleza para abordar problemas estructurales como el apalancamiento financiero, la regulación de Internet y su deseo de hacer de la tecnología el principal impulsor de la inversión».  Kroeber se hace eco de mi opinión de que:“Sobre una base promedio de dos años, China está creciendo alrededor del 5 por ciento, mientras que Estados Unidos está muy por debajo del 1 por ciento. Para fines de 2021, EEUU debería recuperar su tendencia prepandémica de crecimiento anual del 2.5 por ciento. Durante los próximos años, China probablemente seguirá creciendo a casi el doble de la tasa de Estados Unidos».

Por lo tanto, no hay ninguna razón para que China abandone su modelo de crecimiento basado en la inversión estatal en tecnología para compensar la disminución de su fuerza de trabajo.

Esta ha sido la razón de su alto crecimiento de productividad en comparación con Occidente en las últimas décadas y seguirá siéndolo, mientras el gobierno no ceda a los cantos de sirena de los expertos occidentales. Esos cantos de sirena ya han llevado a una mayor apertura del sector financiero a las empresas extranjeras y a una mayor dependencia de los flujos de capital de cartera (es decir, la inversión financiera) en lugar de la inversión productiva. Desde 2017, los inversores extranjeros han triplicado sus tenencias de bonos chinos y ahora poseen alrededor del 3,5 por ciento del mercado. Las entradas de capital han sido comparables. Eso aumenta el riesgo de una crisis financiera y perjudica el crecimiento de la productividad de China.

El paso a la inversión en tecnología en lugar de la industria pesada y la infraestructura es clave para la tasa de crecimiento sostenible de China y para reducir el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, de las que China es el líder mundial.

Según un informe reciente de Goldman Sachs, la economía digital de China ya es grande, representa casi el 40% del PIB y está creciendo rápidamente, contribuyendo con más del 60% del crecimiento del PIB en los últimos años. “Y hay un amplio margen para que China digitalice aún más sus sectores tradicionales”.  La participación de tecnologías digitales (TD) en el PIB de China aumentó del 2,1% en el primer trimestre de 2011 al 3,8% en el primer trimestre de 2021. Aunque China todavía está por detrás de EEUU, Europa, Japón y Corea del Sur en su participación de las TD en el PIB, la brecha se ha ido reduciendo con el tiempo. No es de extrañar que Estados Unidos y otras potencias capitalistas estén intensificando sus esfuerzos para contener la expansión tecnológica de China.

https://www.sinpermiso.info/textos/china-crisis-demografica

21.19.-Hacia un nuevo paradigma EDUARDO SARMIENTO

En las teorías económicas provenientes de las escuelas dominantes de libre mercado se proclama durante un siglo que el crecimiento y la distribución del ingreso son separables. En términos más concretos, el ahorro y el salario son independientes. No es cierto. La información comparada e histórica de Colombia muestra que la relación entre las dos variables depende de las características y organizaciones institucionales de los países. En las economías donde el ahorro y el salario evolucionan en la misma dirección la producción y el empleo crecen por encima de la tendencia histórica, al tiempo que las diferencias de ingresos disminuyen.

5 jun 2021.- El Gobierno está montado en la teoría económica neoclásica de mercado que proclama el crecimiento y la distribución son separables y son inducidas por el equilibrio y el mercado. Ya está visto que este modelo llevó a un déficit fiscal de 9% del PIB y un deterioro de la distribución del ingreso que precipitó la protesta social. La solución no es reprimir a los manifestantes, sino cambiar el modelo que causa el daño.

En condiciones de libre mercado, como se observa en Colombia y Chile, el crecimiento y la distribución del ingreso están en abierto conflicto. Lo que se hace en un frente se compensa en el otro. El ahorro y el salario evolucionan en dirección opuesta.

La presión del mercado, los organismos internacionales y las firmas calificadoras de riesgo es que el país salga de la crisis actual con el modelo imperante de crecimiento inequitativo. Las fórmulas fiscales en el fondo son procedimientos para aumentar los recaudos tributarios a cambio de reducir el salario. Mientras que los impuestos indirectos y al ingreso a las personas naturales recaen en los grupos medios, en el caso de las personas jurídicas se trasladan al trabajo mediante menores salarios y empleo.

La verdadera causa de la crisis es el modelo económico fundamentado en equilibrio y libre mercado que ha sido controvertido por los hechos. Y lo más grave, da lugar a un conflicto entre el crecimiento y la equidad que precipita la protesta social.

La solución no puede ser otra que el cambio de modelo mediante reformas estructurales que eleven el ahorro y sostengan el salario por encima de la productividad del trabajo. No es algo que se pueda hacer con medidas coyunturales y reformas tributarias que se trasladan a los más débiles en las economías guiadas por el fundamentalismo de mercado. Es necesario acudir a las reformas estructurales, que hemos sugerido desde el comienzo de la pandemia, como la composición comercial y sectorial, la concepción monetaria, las transferencias de las rentas públicas y la política laboral de salarios y empleo.

La más urgente es el cambio de orientación de la concepción monetaria que ha mantenido la oferta global por debajo de la demanda y de la oferta de empleo por debajo de la demanda. No se trata de imprimir billetes para aumentar el gasto público de consumo. Se trata de una gran operación monetaria para superar el conflicto entre el crecimiento y la equidad que ha sido negado por las teorías económicas dominantes de mercado, para lo cual se dispone de amplias facultades en la Constitución Nacional. La tarea se puede adelantar con un programa monetario que aumente la base monetaria en 6% del PIB en el presente año y en el siguiente. El ahorro aumentaría y el salario se colocaría por encima de la productividad.

En este contexto, es factible avanzar en un acuerdo nacional para mejorar rápidamente la distribución del ingreso dentro de un marco de crecimiento por encima de la tendencia histórica. Más aun, los acuerdos se podrían concertar dentro de metas numéricas, como sería reducir el coeficiente de Gini en siete puntos porcentuales en los próximos 5 años.

https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/eduardo-sarmiento/hacia-un-nuevo-paradigma/

21.18.-Reformas estructurales EDUARDO SARMIENTO

Colombia y Chile se montaron sobre la teoría neoclásica de la separación del crecimiento y la distribución del ingreso, que constituye la típica premisa falsa que conduce a grandes errores. Ni más ni menos, la distribución del ingreso se considera independiente de la organización económica y, en particular, del crecimiento económico.

30 may 2021.- A la luz del modelo descrito, Chile y Colombia siguieron un modelo en el cual la organización económica la propicia el mercado y la distribución del ingreso la consolida el Gobierno por medio de la política social de transferencias. Se esperaba que el mercado guiado por los estímulos de ganancia alcance la máxima eficiencia y producción y no afecte la distribución del ingreso. Asimismo, se creía que las políticas sociales mejoran la distribución del ingreso y no afectan la producción y el empleo. En este contexto, se predecía que las economías mixtas de libre mercado y empresa y la política social autónoma alcanzan la máxima eficiencia con mejoría en la distribución del ingreso.

El resultado es controvertido por la evidencia empírica del último siglo basada en la información histórica y comparada de los países. Los dos principales objetivos económicos, el crecimiento y la distribución del ingreso, no solo no son separables, sino que están en abierto conflicto. Lo que se gana en un frente, se pierde en el otro. Así, el ahorro, que es el principal determinante del crecimiento del producto nacional y el empleo, está en abierto conflicto con el salario, que es el principal determinante de la distribución del ingreso.

La situación más ilustrativa es la de Chile. El país ha operado dentro de un consenso en el cual los gobiernos de distinta orientación política se comprometen en la continuidad del modelo del Consenso de Washington de libre mercado, que surgió durante la administración Pinochet y se extendió a América Latina, y en particular a Colombia. La distribución del ingreso queda por cuenta de las políticas sociales relegadas a segundo plano. Lo que se gana en equidad con la política social, se pierde con el libre mercado. Se configura el clásico modelo de crecimiento inequitativo. Los avances en crecimiento y modernidad superan los de la equidad.

En Colombia la reforma tributaria presentada por Carrasquilla no evita el cuantioso déficit fiscal que torna inviable la economía. Por lo demás, agrava el desbalance macroeconómico que mantiene el salario por debajo de la productividad y precipita la protesta social.

Como van las cosas, el desempeño de las economías dentro de la globalización inspirada en el modelo de equilibrio de mercado se proyectó como el de mayor eficiencia y equidad. Está visto que en los países de menor desarrollo no constituye el mejor camino para alcanzar altas tasas de crecimiento, y menos, para construir sociedades equitativas. Los países están abocados a bajas tasas de ahorro y descenso del salario real. El modelo económico guiado por el mercado y por las políticas sociales aisladas terminó en crecimientos del producto por debajo de la tendencia histórica y deterioro de la distribución del ingreso.

El libre mercado no está en capacidad de contrarrestar la organización macroeconómica que propicia el ahorro, el crecimiento y el empleo a cambio de la reducción del salario y el deterioro de la distribución del ingreso. La economía evoluciona con una ampliación de las desigualdades que precipita la protesta social. El impase no se puede superar con medidas coyunturales convencionales. La solución es un cambio de modelo que aumente la tasa de ahorro y sostenga el salario por encima de la productividad mediante reformas estructurales al sector externo, la concepción monetaria, las transferencias de las rentas públicas y la política laboral.

https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/reformas-estructurales-2/

 

  • 21.17.-Un llamado a las armas para cambiar el capitalismo – JOSEPH STIGLITZ
  • Algunas notas sobre la situación de la economía mundial – MICHAEL ROBERTS

Notas utilizadas para una entrevista que me hizo el periodista suizo Thomas Schneider en alemán a principios de mayo.

¿Fiebre del azúcar o recuperación económica?

15 may 2021.- El FMI prevé una fuerte recuperación económica. El supuesto es que el virus puede controlarse hasta el punto que ya no sea necesarios los confinamientos y el distanciamiento social. Esto se debe principalmente a las campañas de vacunación.

Parece que se produce un repunte de la economía, al menos en los países del G7, este año es probable que la mayoría de las principales economías, al menos en los países avanzados, alcancen (más o menos) el nivel del PIB real de fines de 2019 a fines de este año. Se pronostica que Europa se quedará un poco atrás, mientras que EEUU crece con más fuerza. Sin embargo, la situación en el llamado Sur Global, o ‘economías emergentes’, es diferente. India y otros países se encuentran en una situación terrible.

Estados Unidos, junto con China, es uno de los países que parece recuperarse más rápidamente. Eso se debe en parte a los grandes paquetes fiscales de la administración Biden, que han reducido las pérdidas de ingresos y proporcionado dinero a las empresas. Sin embargo, la gran pregunta es hasta qué punto será eficaz y sostenible esta política económica.

Si el FMI cree que tendremos un fuerte crecimiento, se debe principalmente a la apertura de las economías. Si una parte sustancial de una economía se ha cerrado y ahora puede reabrirse, obviamente habrá un fuerte repunte. Pero este ritmo no será sostenible. Es realmente como un subidón de azúcar y, como es conocido, una vez que se consume el azúcar, te sientes un poco somnoliento y deprimido.

La administración Biden ha presentado un enorme programa de infraestructura para su debate y aprobación en el Congreso de los Estados Unidos para impulsar la economía y crear empleos. Dos billones de dólares puede parecer mucho dinero a primera vista, pero si lo repartes entre cinco y diez años, el estímulo equivale a solo medio punto por ciento de la producción económica anual de EEUU.

Por lo tanto, el paquete de Biden dará un impulso inicial a la economía estadounidense, pero no es suficiente para impulsar el crecimiento a largo plazo. Se reanudará la baja tasa de crecimiento prepandémica; y como consecuencia, la inversión que impulse la productividad será débil, los salarios no crecerán mucho y los trabajos seguirán siendo precarios para una gran parte de los asalariados.

Las cicatrices

La crisis por la pandemia ha durado más de dos años en los que ha habido enormes pérdidas de producción, recursos, ingresos y puestos de trabajo, muchos de los cuales se han ido para siempre. A nivel mundial, la recesión ha arrojado a unos 150 millones de personas más a la pobreza más abyecta, cuando estaban experimentando alguna mejora. Estos dos años han sido un enorme desastre. La pérdida de estos dos años nunca se recuperará. Es como un abismo, que se baja por un lado y se sube por el otro, pero el abismo queda.

Rentabilidad y crecimiento

La economía global ya estaba creciendo muy débilmente en 2019, lo que probablemente vuelva a ser el caso después de la rápida recuperación en 2021. Eso se debe a que el capitalismo crece de manera sostenible y fuerte solo si aumenta la rentabilidad. Sin embargo, la rentabilidad media ya era muy baja antes de la pandemia y, en algunos países, estaba en el nivel más bajo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Las inversiones que se están realizando ahora para impulsar el empleo y los ingresos no restablecerán esa rentabilidad. La rentabilidad mejorará en comparación con su punto más bajo de la pandemia, pero no superará las tasas de años anteriores. Eso significa que la inversión y el crecimiento no mejorarán a largo plazo. En el capitalismo, la rentabilidad determina el desarrollo económico. Las inversiones deben amortizarse en consecuencia. Si tuviéramos una economía diferente, no tendríamos que preocuparnos por eso.

Por el momento, el sector capitalista invierte alrededor del 15 por ciento del PIB productivamente, es decir, no en propiedad inmobiliaria (4-5%) y especulación financiera. Por el contrario, la inversión pública es baja: contribuye solo el 3 por ciento del PIB al año a la inversión productiva, y los paquetes de Biden aumentarán eso en solo un 0,5 por ciento, como se indicó anteriormente.

Esto no será significativo para el desarrollo económico a largo plazo. De hecho, incluso la Oficina de Presupuesto del Congreso de EEUU espera un crecimiento promedio del PIB real a largo plazo de solo 1.8 por ciento anual en los EEUU durante el resto de esta década, según sus pronósticos de crecimiento de productividad y empleo. Esa tasa es incluso más baja que en la última década.

Empresas zombis y deuda

La rentabilidad solo aumentaría si se eliminasen algunas capas podridas de capital. Existen, por ejemplo, las llamadas empresas zombis, que obtienen pocos beneficios y solo pueden cubrir sus deudas. En las economías avanzadas, ahora estamos hablando de entre el 15 y el 20 por ciento de las empresas que están en esta situación. Estas empresas mantienen baja la productividad general, lo que impide que las partes más eficientes de la economía se expandan y crezcan.

Las empresas zombis se reflejan en el enorme aumento de la deuda, especialmente de la deuda empresarial privada, a nivel mundial. Los niveles de deuda son los más altos desde la Segunda Guerra Mundial en la mayoría de las economías desarrolladas. Las tasas de interés se encuentran en mínimos históricos, pero la enorme masa de deuda sigue afectando la capacidad de las empresas para invertir de manera productiva.

La inmensa deuda también roe la rentabilidad. Cuando la rentabilidad cae en el sector productivo, el capital huye hacia la especulación financiera para obtener más ganancias. ¡En la recesión del COVID, a los superricos les ha ido muy bien!

Cuando hay una crisis financiera, hay impagos y devaluaciones, pero no hay recesión económica si el sector productivo está sano. Pero la crisis financiera puede desencadenar una crisis de producción si se combina con una baja rentabilidad en el sector productivo, como vimos en 2008.

Destrucción creativa

La carga de la deuda y la baja rentabilidad se pueden superar mediante la llamada «destrucción creativa», como la llamó el economista austriaco Joseph Schumpeter. Ésta es también la perspectiva de la crítica económica marxista, que Schumpeter había leído con mucha atención. Mediante la devaluación (amortización) del capital y, en particular, a través de la liquidación de las empresas endeudadas ineficientes, se puede elevar la rentabilidad. Pero eso significa una gran devaluación, a fin de crear las condiciones para un nuevo repunte.

Hasta ahora, no ha habido mucha destrucción de capital porque es una perspectiva espantosa para los gobiernos y los que deciden; por el contrario, ha habido pocas quiebras de empresas débiles. Los gobiernos temen las consecuencias políticas y, por lo tanto, se ven obligados a continuar el gran exceso de crédito / dinero para mantener a las empresas en funcionamiento incluso si el crecimiento de su productividad y rentabilidad se ralentiza.

Inflación

Muchas personas han sufrido graves dificultades durante la crisis pandémica, pero otras también han ahorrado dinero que ahora podrían gastar a medida que se abran las economías. Esto conducirá a un fuerte aumento de la demanda de todo tipo de bienes y servicios. Probablemente, la oferta no podrá mantenerse al día. Por lo tanto, podría haber una inflación más fuerte durante los próximos seis a 12 meses, especialmente en los precios de los productos de importación, ya que las cadenas de suministro internacionales aún están debilitadas. Por lo tanto, podríamos ver un aumento de los precios durante un período de tiempo.

La inflación a fines de la década de 1980 fue inmensa. En la mayoría de los países avanzados, estaba en porcentajes de dos dígitos. En las últimas dos décadas, la inflación en estos países ha sido, en términos generales, alrededor del 2%. Pero quizás veamos inflación durante los próximos 12 meses hasta que la producción pueda ponerse al día y satisfacer el aumento de la demanda.

IPC de EE. UU. Inflación interanual%

Se ha demostrado que la teoría monetarista de que un aumento de la oferta monetaria debe provocar inflación es errónea. Los bancos centrales han gastado grandes cantidades de dinero y han apoyado a bancos y empresas sin que suban los precios. Si bien la masa de dinero ha aumentado, su velocidad orbital ha disminuido. Estaba acumulada en los bancos, que no lo prestaron a las empresas. Las grandes empresas a menudo no necesitaban el dinero, las más pequeñas eran prudentes a la hora de pedir prestado incluso a tipos de interés bajos. Por lo tanto, los bancos invirtieron el dinero en especulación financiera. También se produjo una subida sin precedentes del precio de los activos financieros. Pero ¿continuará?

La respuesta es compleja, pero hay dos factores que son determinantes. Por un lado, cuánto valor hay en las economías, cuánto fluye a los capitalistas como ganancia y cuánto a los trabajadores en concepto de salario. El desarrollo de estas variables determina la demanda. Los capitalistas impulsan la demanda de bienes de capital, los asalariados de bienes de consumo. Por lo tanto, el nivel de salarios y ganancias es fundamental, pero la oferta de dinero también juega un papel importante, porque está destinado a compensar las ganancias débiles y, por lo tanto, a estimular la demanda.

En la teoría marxista, hay un fuerte argumento a favor de una disminución a largo plazo de la inflación. El aumento de la productividad significa que se invierte menos en fuerza de trabajo y más en medios de producción, lo que también conduce a una composición orgánica creciente del capital. Como resultado, ambas fuentes de demanda se ven socavadas: el crecimiento de los salarios y de las ganancias (nuevo valor) se ralentiza. Por lo tanto, el capitalismo tiene una tendencia a la desinflación cuando no actúan contramedidas. Los bancos centrales han estado tratando de revertir la tendencia a la desinflación con inyecciones de dinero durante unos 30 años, pero con poco éxito.

La noción keynesiana de que los salarios más altos impulsan la inflación no está respaldada por la evidencia. Marx mantuvo una discusión con Thomas Weston, un socialista y sindicalista de la escuela ricardiana. Weston mantenía que la lucha por salarios más altos también debe conducir a precios más altos. Marx respondió que no tenía por qué ser así, ya que los salarios más altos probablemente serían a expensas de las ganancias. La inflación solo se produce cuando los salarios y las ganancias aumentan al mismo tiempo y aumenta la demanda posteriormente, mientras la inversión permanece relativamente baja debido a la baja rentabilidad. Depende de la combinación de estos factores.

Los “años dorados” y el neoliberalismo

Los años dorados del capitalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial fueron una excepción, al menos para las economías avanzadas: casi pleno empleo, aumento del nivel de vida, altas ganancias en las economías avanzadas y expansión del comercio. Si se analiza la historia del capitalismo, no se encuentran muchos períodos similares. El más cercano es probablemente la «Belle Epoque» de la década de 1890 a 1910. La gran pregunta es: ¿por qué no duraron estas fases de prosperidad?

Ni los economistas “ortodoxos” ni la mayoría de las teorías de izquierda tienen una respuesta a esta pregunta. Estas últimas creen que la fase posterior a la Segunda Guerra Mundial terminó porque se abandonaron las políticas keynesianas, porque los gobiernos dejaron de gastar suficiente dinero y dejaron de administrar la economía. La siguiente pregunta es: ¿por qué se abandonaron? La respuesta se encuentra en el propio desarrollo económico, la rentabilidad decreciente de los grandes capitales. Ello condujo a una disminución de la inversión, a la que la macrogestión keynesiana no encontró respuesta. Así, las grandes capitales presionaron a los gobiernos para que tomaran un camino neoliberal.

La ley del valor y la ganancia.

El argumento central de la crítica marxista se basa en la ley del valor. A grandes rasgos, esto significa que las empresas solo invierten si pueden obtener beneficios. El beneficio es el motor de sus decisiones y no las necesidades de la gente. Estas solo se consideran importantes en la medida que los productos puedan comprarse. Sin embargo, las ganancias provienen de la explotación de la mano de obra en el proceso de producción. El trabajo produce bienes y servicios que se pueden vender pero en constante competencia con otros capitalistas. Esto significa que las empresas buscan constantemente mejores métodos de explotación, nuevas tecnologías y nuevos métodos.

Para los economistas convencionales, las ganancias simplemente no importan. Pero incluso entre los keynesianos de izquierda, las ganancias apenas aparecen. Para ellos se trata de «demanda», de «especulación» o de «financiarización». Todas estas cosas juegan un papel importante, pero la ganancia es la categoría clave para comprender el proceso capitalista de producción y acumulación. Y es importante en relación con las inversiones de una empresa: la tasa de ganancia es la clave para comprender hasta qué punto es sana una economía. Y la rentabilidad ha tendido a caer durante los últimos 50 años, no de forma lineal, sino en un movimiento ondulatorio.

Las elevadas ganancias de empresas tecnológicas como Amazon, Apple o Alphabet esconden el problema de la rentabilidad en toda la economía capitalista. Hay muchas empresas zombis no rentables y, para la mayoría, las tasas de beneficio han caído. Necesitamos ver cómo ha afectado esto a la inversión. Este es el aspecto central que la crítica económica marxista puede aportar al debate sobre la economía mundial.

La evidencia empírica apoya la ley de Marx de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Existen factores que contrarrestan esta ley, pero la ley es el factor dominante. Hasta donde podemos confiar en los datos, estos sugieren que existe una tendencia a largo plazo hacia la caída de las tasas de ganancia en las principales economías. Cada ocho o diez años, el capitalismo entra en crisis. Debemos seguir aprendiendo por qué ocurren estas crisis y cuáles son las consecuencias políticas.

https://www.sinpermiso.info/textos/algunas-notas-sobre-la-situacion-de-la-economia-mundial

21.17.-Un llamado a las armas para cambiar el capitalismo – JOSEPH STIGLITZ

En Mission Economy: A Moonshot Guide to Changing Capitalism, Mariana Mazzucato captura el zeitgeist pospandémico: se espera que la ciencia haya conquistado COVID-19, y el gobierno tuvo un papel central en la victoria, a partir de inversiones en ciencia básica que permitieron la rápida caracterización genómica de SARS-CoV-2 y el desarrollo de vacunas COVID-19, para contribuir al financiamiento de la producción masiva y el despliegue de las vacunas.

15 mayo 2021.- Ahora, muchos países están en el proceso de comenzar a planificar la recuperación de una pandemia. En los EE. UU., Por ejemplo, la administración del presidente Joe Biden tiene como objetivo corregir los enormes y prolongados déficits en infraestructura, reducir la pobreza infantil en un 50% estimado y avanzar agresivamente con la transición verde.e

Mazzucato, una pensadora progresista y líderesa, aplaude que el gobierno adopte un papel más activo para que pueda abordar desafíos clave como el cambio climático y las pandemias. En Mission Economy, ella argumenta que el éxito del gobierno y el progreso social en general, requiere un compromiso tan fuerte que es como un tiro a la luna, o muchos disparos a la luna. Y el principal de los disparos a la luna es cambiar el capitalismo mismo.

El término moonshot evoca una ambición que alguna vez fue extravagante: llevar a alguien a la luna. Sin embargo, en un tiempo notablemente corto después de asumir ese compromiso, Estados Unidos hizo precisamente eso. Mazzucato ve las misiones Apolo a fines de la década de 1960 no solo como una metáfora que nos insta a aumentar nuestras ambiciones, sino también como una guía de cómo nosotros, como sociedad, podríamos lograr los otros disparos a la luna que necesitamos aquí en la Tierra. Como en su anterior libro, merecidamente influyente, The Entrepreneurial State: Debunking Public vs Private Sector Myths, Mazzucato sostiene que el gobierno tiene un papel mucho más importante que desempeñar que simplemente ajustar la economía aquí y allá, prevenir abusos del poder monopolístico, regular las finanzas o reducir la contaminación. El estado tiene un papel crucial en la promoción de la innovación; de hecho, atribuye una gran parte de las innovaciones clave al gobierno. Uno solo necesita pensar en el papel que jugó el gobierno en el desarrollo de Internet y en la financiación de gran parte de la medicina moderna para apreciar lo que ha hecho.

En Mission Economy, Mazzucato nos recuerda el papel continuo del gobierno en la innovación, citando, por ejemplo, su inversión en Tesla, que se ha convertido en una de las compañías automotrices más valiosas del mundo. Esto también es cierto en otras partes del mundo. Mazzucato cita el papel del gobierno de Corea del Sur en el desarrollo de tecnología de alta definición y el papel del gobierno del Reino Unido en la posición de ese país en la industria aeroespacial.

Esta visión del papel positivo del gobierno para resolver los desafíos globales, incluso dentro de nuestra sociedad capitalista, es parte de una larga tradición, especialmente en la economía del desarrollo. Desde los primeros trabajos de Alice Amsden sobre Corea del Sur y Robert Wade sobre Taiwán, hasta el estudio del Banco Mundial sobre el Milagro de Asia Oriental, los académicos han centrado su atención en el papel central del gobierno en el desarrollo: el estado desarrollista. De manera similar, académicos como Richard Nelson, Christopher Freeman y Bengt-Åke Lundvall, en su discusión sobre los sistemas nacionales de innovación, han enfatizado el papel clave del gobierno.

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Dada su creencia en el papel crucial del estado en el impulso de la ciencia y la innovación, es comprensible que Mazzucato desacredite gran parte de la economía dominante, que da primacía a los mercados y mantiene el papel del gobierno al mínimo. Dicha economía dominante adopta la opinión de que el gobierno no debería elegir ganadores. Ese enfoque ignora el papel de liderazgo del gobierno para ayudar a dar forma al propósito público, e incluso sus contribuciones fundamentales en apoyo del desarrollo y la ciencia y la creación de una sociedad inclusiva.

Por supuesto, los críticos del gobierno señalan los casos en los que el gobierno ha respaldado a los perdedores. Pero estos críticos, como es lógico, ignoran los numerosos fracasos del sector privado. De hecho, en el sector privado tales fallas se elogian como evidencia de la asunción de riesgos: no se arriesga, no se gana nada.

Pero exactamente el mismo argumento se aplica al sector público: si no hubiera fallas, implicaría que el gobierno no estaba asumiendo suficientes riesgos. Lo que importa es el rendimiento promedio, y en investigación y desarrollo (I + D), algunos grandes éxitos como el desarrollo de Internet y el descubrimiento del ADN pueden compensar muchos fracasos. El rendimiento medio de la I + D del gobierno es de hecho mucho más alto que el rendimiento de las inversiones privadas.

Como señala Mazzucato, El gobierno a menudo (como en el caso de Tesla) no ha sido inteligente al asegurarse de que se apropia para sí mismo y para el público de todas las ventajas, pero eso es un asunto muy diferente de elegir a los ganadores. En un pasaje particularmente inspirador del libro, escribe:

“¿Qué pasa si el gobierno, en lugar de ser visto como engorroso mientras el sector privado asume los riesgos, soporta el mayor nivel de incertidumbre y reforma su organización interna para asumir tales riesgos? Imagínese la transformación: de una administración burocrática de arriba hacia abajo a un estimulador orientado a objetivos de nuevas ideas desde cero. Imagine un gobierno transformado en todos los ámbitos, desde cómo opera la contratación, cómo se otorgan las subvenciones para investigación, hasta cómo se estructuran los préstamos públicos y se entienden los costos y el presupuesto, todo para cumplir con el propósito público.

 Si pudiéramos pensar y actuar de esta manera, podríamos realizar una nueva visión para las ciudades sostenibles o inspirar la inversión empresarial en la infraestructura social y las innovaciones de atención médica necesarias para una nueva comprensión del bienestar.

Habiendo estado en el gobierno y asesorado a los gobiernos, esta es una visión que he visto antes. El desafío es lograrlo. Solo quererlo o desearlo, o articularlo claramente, no es suficiente. Hay fuerzas políticas y económicas en juego y, sin abordarlas, será difícil hacer realidad esta visión. Por ejemplo, podría haber sido útil si Mazzucato hubiera explicado con más detalle por qué necesitamos al gobierno en el ámbito de la innovación.

 Producir conocimiento es muy diferente de producir acero: hay importantes beneficios para la sociedad que se derivan de la investigación y la innovación que no son apropiados por los investigadores y quienes los financian. En consecuencia, como demostró el gran economista Kenneth Arrow hace casi 60 años, los mercados no son eficientes ni en la producción ni en el uso del conocimiento.

Sin embargo, en una economía compleja del siglo XXI, el gobierno no puede hacer todo. Mazzucato reconoce esto y analiza, por ejemplo, las alianzas entre los sectores público y privado. Pero es esencial saber por qué y cuándo no podemos confiar en los mercados si queremos poner a los mercados y al gobierno en sus lugares adecuados y, para mí, Mazzucato no está lo suficientemente atento al cuerpo de investigación económica dedicado a estas cuestiones. Tampoco parece darse cuenta de lo difícil que es hacer que las asociaciones público-privadas funcionen de manera eficaz: con demasiada frecuencia, involucran al sector privado que se lleva las ganancias y al sector público las pérdidas.

Como ella misma observa en el libro, el gobierno de los EE. UU. Asumió las pérdidas en su inversión en Solyndra, pero no obtuvo la ventaja de Tesla. Diseñar buenos contratos en presencia de profundas incertidumbres es bastante difícil; pero la batalla entre los sectores público y corporativo, con una legión de abogados corporativos altamente pagados que intentan burlar a los abogados gubernamentales mal pagados y con poco personal, es injusta.

Sería bueno que los negocios se dedicaran a fines públicos, pero esa no es la naturaleza del capitalismo. Es más fácil reformar su retórica que su práctica. Por supuesto, hoy proclaman su buena ciudadanía, y cuando no cuesta demasiado, incluso pueden portarse bien. Es más fácil reformar su retórica que su práctica. Por supuesto, hoy proclaman su buena ciudadanía, y cuando no cuesta demasiado, incluso pueden portarse bien. Es más fácil reformar su retórica que su práctica. Por supuesto, hoy proclaman su buena ciudadanía, y cuando no cuesta demasiado, incluso pueden portarse bien.

Mazzucato pasa por alto en gran medida las difíciles decisiones que la sociedad necesariamente tiene que afrontar. Se supone que la economía es la ciencia de la escasez. En ocasiones, desconcertantemente, no parece reconocer que los recursos son limitados y que tenemos que tomar estas decisiones difíciles. Es cierto que, con demasiada frecuencia, durante los últimos 40 años, durante la era del neoliberalismo, la economía se ha dirigido de manera que los escasos recursos, sobre todo la mano de obra, están lejos de estar plenamente empleados. Incluso el capital a menudo parece haber sido subutilizado, con Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal, hablando en 2005 sobre un exceso de ahorro.

Pero esa era puede estar llegando a su fin, al menos en Estados Unidos. Eso ha quedado claro por el gasto masivo del país en respuesta a COVID-19, alrededor del 25% del producto interno bruto, que se seguirá, si la política funciona, con billones de dólares más para infraestructura, creando una economía verde, I + D y abordando pobreza.

Es probable que los mercados laborales se endurezcan y que las tasas de interés suban. Incluso si a largo plazo este gasto se destina a inversiones productivas (que eventualmente aumentará la oferta), los recursos ahora son limitados. ¿Deberíamos gastar más de nuestros limitados recursos en devolver a la gente a la luna (como se está preparando ahora para hacer Estados Unidos) o deberíamos tratar de eliminar la pobreza infantil? ¿Debemos asegurarnos de que todos nuestros ciudadanos tengan una nutrición adecuada y acceso a la atención médica?

Como una sociedad, tenemos que equilibrar el consumo actual con el consumo futuro: cuánto invertir; y tenemos que equilibrar lo que se hace en los distintos sectores de la economía. Cualquiera que sea esa decisión, el sector público tendrá recursos limitados. No puede hacer todo. Tendrá que tomar decisiones, algunas de ellas desagradables. Nos guste o no, una vez que consigamos el uso completo de los recursos, un dólar gastado ahora en llevar a otra persona a la luna es un dólar que no se gasta en estas necesidades vitales.

Mazzucato critica el debate hace unos 60 años cuando algunos argumentaron que los recursos gastados en enviar a un hombre a la luna podrían haberse gastado mejor de otras formas, incluida la lucha contra la pobreza. Parece como si ella creyera que si solo hubiéramos tenido la voluntad, podríamos haber tenido éxito en ambos disparos a la luna. De hecho, logramos poner un hombre en la luna; la pobreza, sin embargo, todavía nos acompaña. Se puede debatir si gastar más dinero o tener un programa mejor administrado en la línea del tiro a la luna habría terminado con la pobreza. Creo que más dinero, incluso con un programa imperfecto, habría marcado la diferencia. Puede que esté entre los que tienen la visión estrecha que critica Mazzucato. Cuando estuve en la administración Clinton, no estaba convencido de que el programa espacial fuera el mejor uso de nuestros escasos dólares.

Economía de la misiónse trata, sobre todo, de elevar las aspiraciones públicas. 40 años de denigrar el papel del gobierno en los EE. UU. Y Europa no solo ha socavado la capacidad del gobierno, sino que también han socavado lo que esperamos del gobierno y la sociedad. Nosotros, como sociedad, lo haremos mejor si nos fijamos metas más altas. Mazzucato inspira optimismo sobre la capacidad de priorizar el propósito público en las economías nacionales y globales. Pero no es suficiente. Una cosa, y una gran cosa, es resolver problemas técnicos complicados, como cómo llevar a un hombre a la luna. Otra muy distinta es resolver problemas sociales y políticos complejos, especialmente en una sociedad en la que no hay acuerdo sobre cómo funcionan la sociedad y la economía ni qué es lo que hace que una sociedad sea buena. Mazzucato, por supuesto, lo reconoce. Hace 44 años, Richard Nelson, en su libro La Luna y el Gueto, hizo precisamente esta pregunta: ¿por qué es posible llevar a un hombre a la luna y no resolver los duros problemas sociales que enfrenta nuestra sociedad? Pero los impedimentos son tan grandes hoy como entonces.

Tome lo que debería ser una obviedad: cómo garantizar que todos en el mundo tengan un acceso equitativo a las vacunas COVID-19. Los países de ingresos bajos y medianos (PIBM) se enfrentan a una escasez masiva. La Cámara de Comercio Internacional proyectó pérdidas de 9,2 billones de dólares estadounidenses, hasta la mitad sufragadas por las naciones ricas, si los países de ingresos bajos y medianos no tienen acceso a las vacunas. A principios de abril de 2021, más de 38 millones de dosis se habían destinado a más de 100 economías. Esto puede parecer mucho hasta que uno ve que los EE. UU. Administran entre 2 y 3 millones de dosis diarias. Y existe el riesgo de variantes del SARS-CoV-2, algunas de las cuales son más virulentas y han creado cierta incertidumbre sobre la eficacia de las vacunas COVID-19 contra ellas. A nivel mundial, hay escasez de vacunas COVID-19 y la mayoría de las dosis de vacunas van a los países ricos. Claramente, Debería ser posible incrementar la producción, pero una de las principales barreras son los derechos de propiedad intelectual. Si la Organización Mundial del Comercio (OMC) renunciara a estos derechos, podría marcar una enorme diferencia. Sin embargo, algunos países de altos ingresos resistieron durante mucho tiempo las iniciativas de la OMC apoyadas por más de 100 países para renunciar a los derechos de propiedad intelectual. Se necesitó una campaña global verdaderamente concertada para lograr que las negociaciones significativas sobre la exención siquiera comenzaran. El hecho de que la administración del presidente Biden ahora respalde el inicio de las discusiones sobre una exención temporal sugiere que puede haber una victoria en este «tiro a la luna». Pero el libro de jugadas es muy diferente del logro anterior en el viaje a la luna, y no estamos seguros de que tengamos éxito. Si la Organización Mundial del Comercio (OMC) renunciara a estos derechos, podría marcar una enorme diferencia. Sin embargo, algunos países de altos ingresos resistieron durante mucho tiempo las iniciativas de la OMC apoyadas por más de 100 países para renunciar a los derechos de propiedad intelectual. Se necesitó una campaña global verdaderamente concertada para lograr que las negociaciones significativas sobre la exención siquiera comenzaran. El hecho de que la administración del presidente Biden ahora respalde el inicio de las discusiones sobre una exención temporal sugiere que puede haber una victoria en este «tiro a la luna». Pero el libro de jugadas es muy diferente del logro anterior en el viaje a la luna, y no estamos seguros de que tengamos éxito. Si la Organización Mundial del Comercio (OMC) renunciara a estos derechos, podría marcar una enorme diferencia. Sin embargo, algunos países de altos ingresos resistieron durante mucho tiempo las iniciativas de la OMC apoyadas por más de 100 países para renunciar a los derechos de propiedad intelectual. Se necesitó una campaña global verdaderamente concertada para lograr que las negociaciones significativas sobre la exención siquiera comenzaran. El hecho de que la administración del presidente Biden ahora respalde el inicio de las discusiones sobre una exención temporal sugiere que puede haber una victoria en este «tiro a la luna». Pero el libro de jugadas es muy diferente del logro anterior en el viaje a la luna, y no estamos seguros de que tengamos éxito. Se necesitó una campaña global verdaderamente concertada para lograr que las negociaciones significativas sobre la exención siquiera comenzaran. El hecho de que la administración del presidente Biden ahora respalde el inicio de las discusiones sobre una exención temporal sugiere que puede haber una victoria en este «tiro a la luna». Pero el libro de jugadas es muy diferente del logro anterior en el viaje a la luna, y no estamos seguros de que tengamos éxito. Se necesitó una campaña global verdaderamente concertada para lograr que las negociaciones significativas sobre la exención siquiera comenzaran. El hecho de que la administración del presidente Biden ahora respalde el inicio de las discusiones sobre una exención temporal sugiere que puede haber una victoria en este «tiro a la luna». Pero el libro de jugadas es muy diferente del logro anterior en el viaje a la luna, y no estamos seguros de que tengamos éxito.

El hecho de que las corporaciones miopes centradas en el resultado final estén dispuestas a sacrificar tantas vidas para aumentar las ganancias muestra que hay mucho por hacer para crear un capitalismo con rostro humano. El hecho de que sea tan difícil avanzar rápidamente en lo que debería ser un problema relativamente sencillo subraya que cambiar el capitalismo es mucho más difícil que poner a alguien en la luna. Cambiar el capitalismo, como tantos otros disparos a la luna a los que nuestra sociedad debería apuntar, requiere más que meras aspiraciones. Sabemos que las corporaciones deberían pensar a más largo plazo, deberían centrarse en algo más que las ganancias a corto plazo, y deberían hacer un mejor trabajo en la gestión del riesgo. Pero cambiar su comportamiento implica más que decirles lo que deben hacer.

Lo que el mundo necesita es una agenda pragmática sobre cómo lograr estos cambios, incluidas las leyes que gobiernan la economía y un reequilibrio de los roles que desempeñan el mercado, el estado y las demás instituciones sociales; y una estrategia política para hacerlo realidad. Una condición necesaria será un cambio en la política porque no podremos emprender los múltiples disparos a la luna que necesitamos sin ingresos públicos para prepararnos para la próxima pandemia, abordar el cambio climático y eliminar la pobreza infantil. Para obtener esos ingresos, necesitaremos aumentar los impuestos sobre las corporaciones y las personas de ingresos altos, en la línea de las propuestas recientes de Biden. Pero con la gran influencia del dinero en la política, eso va a ser difícil. Por eso, en Estados Unidos, el derecho al voto y la influencia de los ricos han pasado a ocupar un lugar central. La gente de la derecha política, que tiene una visión de una sociedad marcadamente diferente a la de Mazzucato, está haciendo lo que puede para suprimir el derecho al voto y fortalecer la influencia del dinero. En la izquierda política, los progresistas ven esto como un momento crucial en el que la política podría cambiar y, de ahí, podría seguir mucho más, incluido el sistema económico. Un nuevo sistema económico no sería el capitalismo al que nos hemos acostumbrado, con bancos involucrados en préstamos abusivos, compañías farmacéuticas en busca de ganancias, compañías de alimentos y bebidas promoviendo productos que pueden conducir a la diabetes infantil y compañías de carbón y petróleo que destruyen el medio ambiente. . Implicaría un conjunto más amplio de arreglos institucionales, con cooperativas y organizaciones sin fines de lucro trabajando junto con empresas privadas de todos los tamaños y gobiernos en todos los niveles. Que tienen una visión de una sociedad marcadamente diferente a la de Mazzucato, están haciendo lo que pueden para suprimir el derecho al voto y fortalecer la influencia del dinero. En la izquierda política, los progresistas ven esto como un momento crucial en el que la política podría cambiar y, de ahí, podría seguir mucho más, incluido el sistema económico. Un nuevo sistema económico no sería el capitalismo al que nos hemos acostumbrado, con bancos involucrados en préstamos abusivos, compañías farmacéuticas en busca de ganancias, compañías de alimentos y bebidas promoviendo productos que pueden conducir a la diabetes infantil y compañías de carbón y petróleo que destruyen el medio ambiente. . Implicaría un conjunto más amplio de arreglos institucionales, con cooperativas y organizaciones sin fines de lucro trabajando junto con empresas privadas de todos los tamaños y gobiernos en todos los niveles. Que tienen una visión de una sociedad marcadamente diferente a la de Mazzucato, están haciendo lo que pueden para suprimir el derecho al voto y fortalecer la influencia del dinero. En la izquierda política, los progresistas ven esto como un momento crucial en el que la política podría cambiar y, de ahí, podría seguir mucho más, incluido el sistema económico. Un nuevo sistema económico no sería el capitalismo al que nos hemos acostumbrado, con bancos involucrados en préstamos abusivos, compañías farmacéuticas en busca de ganancias, compañías de alimentos y bebidas promoviendo productos que pueden conducir a la diabetes infantil y compañías de carbón y petróleo que destruyen el medio ambiente. . Implicaría un conjunto más amplio de arreglos institucionales, con cooperativas y organizaciones sin fines de lucro trabajando junto con empresas privadas de todos los tamaños y gobiernos en todos los niveles.

Este cambio en nuestra sociedad es un salto a la luna, uno que requerirá la participación de toda nuestra sociedad. Veo la Economía de la Misión como parte de ese proceso, un despertar de las posibilidades de lo que podría ser, incluidos los roles que podrían desempeñar un estado envalentonado y un mercado reformado. Menos una guía para cambiar el capitalismo y más un llamado a las armas. Llega en el momento adecuado.

https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)01004-7/fulltext?rss=yes

21.16.-La desigualdad de riqueza – MICHAEL ROBERTS

Ya he escrito antes sobre el hecho de que, tanto en las economías avanzadas como en las llamadas «economías emergentes», la riqueza se distribuye de forma significativamente más desigual que la renta. Además, según el pro-capitalista Foro Económico Mundial: «Este problema ha mejorado poco en los últimos años, con un aumento de la desigualdad de la riqueza en 49 economías».

8 may 2021.- El índice habitual que se utiliza para medir la desigualdad en una economía es el índice de Gini. Un coeficiente de Gini de cero expresa igualdad perfecta, donde todos los valores son iguales (por ejemplo, donde todos tienen los mismos ingresos). Un coeficiente de Gini de uno (o 100%) expresa la desigualdad máxima entre valores (por ejemplo, para un gran número de personas donde solo una persona tiene todos los ingresos o todo el consumo y todos los demás no tienen ninguno, el coeficiente de Gini será casi uno).

Para los EEUU, el índice Gini actual para la renta es 37,8 (bastante alto para los niveles internacionales), ¡pero el índice Gini para la distribución de la riqueza es 85,9! Tomemos la Escandinavia supuestamente igualitaria. El índice Gini de ingresos en Noruega es de solo 24,9, ¡pero el Gini de riqueza es 80,5! Es la misma historia en los otros países nórdicos. Los países nórdicos pueden tener una desigualdad de ingresos inferior a la media mundial, pero una desigualdad de riqueza superior a la media.

Otra forma de medir la desigualdad es considerar la proporción de riqueza o ingresos que tiene el 10% superior o el 1% superior, etc. Y podemos dividir la riqueza personal en dos categorías principales: riqueza inmobiliaria y riqueza financiera. Una gran parte de la población tiene riqueza inmobiliaria, aunque está distribuida de manera muy desigual. Pero la riqueza financiera (acciones y participaciones, bonos, fondos de pensiones, efectivo, etc.) está concentrada en un pequeño número de personas y, por lo tanto, se distribuye de manera aún más desigual. La última cifra de desigualdad de riqueza financiera de EEUU es realmente asombrosa. El 1% más rico de los hogares estadounidenses ahora posee el 53% de todas las acciones y fondos mutuos en poder de los hogares estadounidenses. ¡El 10% más rico posee el 87%! La mitad de los hogares estadounidenses tienen poco o ningún activo financiero; de hecho, están endeudados. Y esa desigualdad ha ido en aumento en los últimos 30 años.

Y como dice el FEM, después del enorme aumento de los precios de la propiedad y los activos financieros en los últimos 20 años, impulsado por el crédito barato y la reducción de impuestos, esta concentración de riqueza personal ha aumentado drásticamente, algo que Thomas Piketty en su libro, Capital en el siglo XXI, destacó hace varios años.

Los últimos datos de Italia, una de las principales economías del G7, confirman esta mayor desigualdad de riqueza. En un nuevo estudio de los registros del impuesto a la herencia italiano, los investigadores encontraron que la participación en la riqueza del 1% superior (medio millón de personas) aumentó del 16% en 1995 al 22% en 2016, y la participación se acumuló en el 0,01% superior (los 5.000 adultos más ricos) y casi se triplicó del 1,8% al 5%. En contraste, el 50% más pobre vio una caída del 80% en su riqueza neta promedio durante el mismo período. Los datos también revelan el creciente papel de la herencia y las donaciones en vida como parte del ingreso nacional, así como su creciente concentración en la cima. La enorme riqueza de unas pocas personas es cada vez mayor porque puede pasarse a parientes con poca o ninguna tributación.

Pero la concentración de la riqueza personal en las economías capitalistas avanzadas no es nada comparable con lo que está sucediendo en las naciones más pobres del mundo. Un nuevo estudio comparó la desigualdad de riqueza en Sudáfrica con «economías emergentes» similares, y también históricamente desde el fin del apartheid. Las desigualdades extremas de riqueza en Sudáfrica han empeorado, no mejorado, desde el fin del régimen del apartheid. Hoy en día, el 10% superior posee aproximadamente el 85% de la riqueza total y el 0,1% superior posee cerca de un tercio. Sudáfrica sigue teniendo el dudoso honor de tener la peor desigualdad de riqueza entre las principales economías del mundo. La participación del 1% superior de Sudáfrica ha fluctuado entre el 50% y el 55% desde 1993, mientras que se ha mantenido por debajo del 45% en Rusia y los EEUU y por debajo del 30% en China, Francia y el Reino Unido.

Proporción de riqueza del 1% superior

Pero como he argumentado antes, la concentración de la riqueza real es de propiedad de capital productivo, de medios de producción y de finanzas. Es el gran capital (finanzas y negocios) el que controla las decisiones de inversión, creación de empleo y financieras del mundo.  Un núcleo dominante de 147 empresas, mediante participaciones entrelazadas entre si controlan en conjunto el 40% de la riqueza en la red global según el Instituto de Tecnología de Suiza. Un total de 737 empresas controlan el 80% de todo.

Esta es la desigualdad que importa para el funcionamiento del capitalismo: el poder concentrado del capital. Y porque la desigualdad de la riqueza surge de la concentración de los medios de producción y las finanzas en manos de unos pocos; y debido a que esa estructura de propiedad permanece intacta, cualquier aumento de impuestos sobre la riqueza se quedará corta a la hora de cambiar irreversiblemente la distribución de la riqueza y las rentas en las sociedades modernas.

https://www.sinpermiso.info/textos/la-desigualdad-de-riqueza

  • 21.15.-De Europa a India: una pandemia, dos modelos – ALAIN FRACHON
  • La acción debe reemplazar la charla sobre el cambio climático – MARTIN WOLF
  • Los principios del poskeynesianismo – MICHAEL ROBERTS

Como la economía marxista o convencional, la economía keynesiana tiene varias corrientes. Hay una economía keynesiana vista dentro de los parámetros de la economía de equilibrio general, donde los cambios en los ingresos y gastos, el consumo y la inversión, las tasas de interés y el empleo tenderán a un equilibrio entre el empleo y la inflación, siempre que no existan ‘shocks’ exógenos que afecten a la economía de mercado.   Si los salarios y las tasas de interés caen lo suficiente, se logrará el pleno empleo y el crecimiento de la inversión.

30 abr 2021.- Esto es lo que Joan Robinson, una seguidora de Keynes, llamó «keynesianismo bastardo». Una corriente que elimina todas las características radicales de la economía keynesiana, que, para Robinson, políticamente una cuasi maoísta, partía de que no podía lograrse automáticamente el pleno empleo en las economías de «mercado» modernas. Es más probable que haya un equilibrio de subempleo; y que esto se debe a la incertidumbre sobre el futuro de los capitalistas a la hora de tomar decisiones de inversión y a la irracionalidad de los «agentes» económicos como los consumidores y los capitalistas.

Esta visión radical de la economía keynesiana ha llegado a denominarse poskeynesianismo (PK), y los principales proponentes fueron contemporáneos de Keynes como Robinson y Michal Kalecki, el marxista-keynesiano ; y más tarde Hyman Minsky, el socialista-keynesiano. Ahora hay toda una escuela de economía poskeynesiana , con revistas, conferencias y think-tanks.

La economía PK domina e influye en las opiniones y políticas de la izquierda en los movimientos laboristas de las principales economías (Corbynomics, Sanders, etc.). Es el ala radical de la teoría económica keynesiana en general, que a su vez ha dominado el movimiento obrero desde Keynes (excepto en períodos posteriores a la década de 1980, cuando las teorías neoliberales del «mercado libre» de la corriente ortodoxa influyeron en los líderes sindicales durante algunas décadas).

En mi blog he gastado mucha tinta explicando en que se diferencia la economía marxista de la economía keynesiana en todos sus aspectos.  Para mí, un enfoque marxista de la teoría y la política explica mejor la naturaleza del capitalismo y cuáles son las políticas correctas que debe adoptar el movimiento obrero en su lucha contra el capital y por una sociedad mejor para todos. De hecho, creo que la economía keynesiana es un obstáculo para lograrlo, principalmente porque su análisis del capitalismo es incorrecto. Además, su conclusión política es que el capitalismo puede reformarse o gestionarse de manera que funcione para todos con unos pocos ajustes políticos inteligentes.

La teoría PK, porque parece mucho más radical (en el sentido de que considera que el capitalismo no puede ser gestionado fácilmente para beneficio de todos) y porque muchos de sus exponentes se consideran socialistas (incluso marxistas), es aún más engañosa ya que se basa en una visión radical del keynesianismo y, sin embargo, Keynes no era tan radical como los seguidores del PK creen que era.

Permítanme, una vez más, examinar las ideas básicas de la economía poskeynesiana.

Para ello, me basaré en un artículo reciente titulado “La visión poskeynesiana del mundo en cinco principios”, basado en una charla que dio un tal ‘Alex’ al Instituto Berggruen en zoom.

Alex primero nos habla de la creciente popularidad del «poskeynesianismo» después de la crisis financiera mundial y la crisis del COVID. Alex reconoce que se ha vuelto popular porque «a los mercados financieros les encanta, porque explica bien cómo funciona la economía, lo cual es útil si tu salario depende de comprender como funciona la economía».

No estoy seguro de que sea una buena razón el que a los analistas financieros aparentemente «les encante» para estar de acuerdo con el PK. Pero Alex continúa explicando que el PK “proporciona una buena heurística causal para comprender el impacto de los flujos financieros en la producción y en la economía en general. También aconseja realismo a la hora del impacto de las políticas públicas en los resultados económicos. La deuda pública y la deuda privada son diferentes, la oferta monetaria no causa inflación, la deuda privada finalmente tiene que saldarse y tendrá un impacto real si no se hace».

Entonces, según Alex, el PK explica mejor cómo funciona la economía moderna y por qué la deuda (particularmente la deuda privada) es importante. Una rama del PK, la Teoría monetaria moderna (TMM), nos ha iluminado recientemente sobre el funcionamiento del dinero en el capitalismo, reconoce Alex, y como dice, “la TMM surgió originalmente de la agenda de investigación poskeynesiana, y gran parte de su modelo económico subyacente es aún muy poskeynesiano en su estructura «.  Por tanto, mi crítica de la TMM también se aplica al PK.

Alex hace después una declaración interesante.  “En una economía capitalista, la producción se realiza con fines de lucro y no de uso. Como tal, el valor generalmente se mide utilizando la convención social de la contabilidad. La producción ocurre anticipándose a los flujos de dinero, al igual que la inversión y el consumo. Desde este punto de vista, las cosas valen su valor contable, más o menos, y los actores económicos actúan sobre la base de estos valores contables. Lo que piensan los poskeynesianos es que esto representa un buen punto de partida para la teorización económica, para utilizar las cantidades que utilizan los propios actores”.

¿Qué significa esto? Alex parece adoptar el punto básico de la ley del valor de Marx: a saber, que la producción capitalista tiene como finalidad el lucro, no el uso social. Y deberíamos medir el valor en términos monetarios como lo hacen los capitalistas. Esto suena prometedor. Pero luego Alex pasa directamente a hablar de flujos de dinero e inversión y consumo. No se menciona más el papel del beneficio, después de habernos dicho que la producción capitalista tiene como finalidad el beneficio, no la inversión o el consumo. En mi opinión, esto es típico de los seguidores del PK. Muy rápidamente prescinden del lucro en sus explicaciones teóricas, como veremos más adelante.

Habiendo prescindido del papel de los beneficios, Alex nos dice que, en cambio, deberíamos considerar las economías modernas desde una “visión de la economía en su conjunto basada en el balance. Los actores individuales tienen activos y pasivos, ingresos y gastos. El activo de alguien es la responsabilidad de otro y viceversa. Todo está interrelacionado mediante el uso de estas convenciones».

Así pasamos del motor subyacente de las economías capitalistas: el beneficio y lo que está sucediendo con las ganancias y la rentabilidad a “estudiar el flujo de pagos y la acumulación de activos, no la asignación de recursos escasos para sus fines más eficientes. Uno de los principales beneficios que tiene este enfoque es que descarta algunos resultados imposibles: no todos pueden tener un superávit comercial, si hay un déficit comercial, el sector privado o el sector público tienen que tener un déficit para financiarlo».

Así que reducimos rápidamente a macroidentidades al analizar las economías, es decir, ingresos = gastos; déficit y superávit de los sectores público y privado; balances comerciales, etc. Pero nada sobre el beneficio o el origen del beneficio.

«Nuestro siguiente principio es que todo es expectativa«. Alex nos dice que un principio clave del PK es analizar las «expectativas». “Las expectativas informan las acciones y estas acciones, a su vez, crean realidad. Quizás el modelo más simple del ciclo causal keynesiano es decir que la demanda esperada impulsa la inversión, la inversión impulsa el empleo, el empleo impulsa los salarios, los salarios impulsan el consumo, el consumo impulsa la demanda y la demanda valida la inversión. La demanda esperada impulsa la inversión, porque las empresas solo invierten en capacidad adicional o en contratar más trabajadores cuando piensan que más personas querrán comprar su producto en el futuro que en el momento presente. Si esperaran la misma demanda, o menos, no habría necesidad de invertir en absoluto. Podrían seguir utilizando el mismo equipamiento».

Así que aquí está. La inversión bajo el capitalismo no está impulsada por el beneficio o la rentabilidad, después de todo, sino por las «expectativas», y ni siquiera por el beneficio futuro, sino por la «demanda esperada». Esto impulsa la inversión que, a su vez, genera empleo y salarios.

Pero, ¿es esta la secuencia causal en la producción y acumulación capitalistas? En muchas publicaciones anteriores, he destacado la macro ecuación clave en las identidades poskeynesianas.  Aquí está de nuevo.

Renta Nacional = Gasto Nacional

Renta Nacional = Beneficios + Salarios

Gasto Nacional = Inversión + Consumo.

Entonces, ganancias + salarios = inversión + consumo

Si asumimos que los trabajadores gastan todo su salario en consumo y los capitalistas invierten todas sus ganancias, obtenemos:

Beneficios = Inversión

Según la teoría PK, es la inversión la que genera las ganancias, no al revés. Y la ‘demanda esperada’ impulsa la inversión (dice Alex) y la inversión impulsa los salarios y las ganancias.

O como Michel Kalecki, cuya ecuación es esta , dijo: “los trabajadores gastan (Consumo) lo que obtienen (Salarios); y los capitalistas obtienen (Beneficios) que gastan (Inversión)”.

En mi opinión, esta es una visión manifiestamente errónea sobre la economía capitalista. En lugar de que la inversión impulse las ganancias como se indicó anteriormente, la realidad es que las ganancias impulsan la inversión. Por lo tanto, la inversión capitalista no es el resultado del nivel de ‘demanda esperada’, o de una visión psicológica completamente subjetiva de los inversores que tienen lo que Keynes llamó ‘espíritus animales’, sino el resultado de una medida objetiva de la rentabilidad previa (y probable) de la inversión. Pero al igual que con Keynes, PK no quiere poner las ganancias por delante, sino reducirlas a una consecuencia de la inversión (o, en realidad, ocultarlas del análisis por completo). Para más información, lea el excelente capítulo 3 de José Tapia en World in Crisis.

Alex se refiere al trabajo de Hyman Minsky, un teórico PK que se basó en gran medida en las «expectativas» para explicar las decisiones de inversión. «Hyman Minsky habla de esto extensamente: si cree que el precio de un activo se disparará, comience a comprarlo para obtener ganancias. Incluso puede pedir dinero prestado y usar ese dinero para comprar más. A medida que aumenta el precio, también aumenta la cantidad contra la que puede pedir prestado, y el precio comienza a volar. Todo el episodio de Gamestop del mes pasado fue una versión de esto que utilizó opciones de compra en lugar de préstamos de margen, pero el principio es similar. El problema surge para Minsky cuando se cortan los préstamos: no hay nada que sustente los precios y todo se derrumba. A veces, la operación de expectativas extremas puede crear locura en los mercados financieros que puede tener consecuencias nefastas para la economía en general».

Entonces, según Alex (y Minsky), las «expectativas extremas» crean una «locura en los mercados financieros » que hace que toda la economía se derrumbe como en el colapso financiero global de 2008. Pero, ¿por qué todo se derrumba después de haber ido tan bien, gracias a las ‘expectativas extremas’? Pero esta es una respuesta que solo plantea la pregunta de por qué las expectativas son buenas en un momento y luego ‘extremas’ en otro. ¿Qué las hace extremas?

Sin duda, los minkistas citarán la famosa frase de Minsky de que «la estabilidad genera inestabilidad». Pero de nuevo, esta es solo una frase inteligente para cubrir el hecho de que la teoría PK no tiene una teoría de las crisis financieras, excepto que ocurren cuando las cosas se ponen “extremas”.

En mi opinión, la teoría económica marxista tiene una respuesta. Se basa en una visión objetiva de las leyes de movimiento bajo el capitalismo, en concreto los cambios en la rentabilidad del capital productivo (generador de valor). Si la rentabilidad es baja en los sectores productivos, los capitalistas intentan contrarrestar esto de varias formas, una de las cuales es invertir en lo que Marx llamó capital ficticio. Pero las ganancias financieras aún dependen de la rentabilidad de los sectores productivos y si la rentabilidad cae hasta el punto que cae la masa de ganancias o el nuevo valor (salarios y ganancias), se produce una crisis en el sector productivo que se extiende al sector financiero.   Yo y otros académicos marxistas hemos proporcionado mucha evidencia empírica para explicar las recesiones y, en particular, el colapso financiero mundial y la consiguiente Gran Recesión, no como un «momento Minsky» en el que la estabilidad financiera se convierte repentinamente en inestabilidad, sino como un «momento Marx»; cuando los beneficios caen hasta el punto que el valor de los medios de producción y el trabajo deben devaluarse, incluidos los activos ficticios.

De hecho,  como ha demostrado G Carchedi  (ver gráfico a continuación), cuando  tanto los beneficios financieros como los beneficios del sector productivo comienzan a caer, se produce una recesión económica. Esa es la evidencia de las recesiones de la posguerra en Estados Unidos.  Pero una crisis financiera por sí sola (medida por la caída de los beneficios financieros) no conduce a una recesión si los beneficios del sector productivo siguen aumentando. Ver Carchedi, páginas 59-62 Capítulo 2 de World in Crisis.

No obstante, Alex continúa defendiendo la opinión PK de que “la demanda crea oferta, impulsando la inversión. Entonces, la inversión crea tanto los ahorros como el capital social, mientras que el capital social, a su vez, crea recursos». Nuevamente, no hay explicación de por qué la demanda se desacelera o cae, lo que lleva a un colapso de la inversión.  “El consumo, no el ahorro, impulsa la inversión y ayuda a la sociedad a prepararse para el futuro”, dice Alex. Pero la evidencia empírica es todo lo contrario. En casi todas las recesiones en los EEUU desde 1945, ha sido la inversión la que se ha hundido antes, mientras que el consumo apenas ha disminuido. Y, de manera decisiva, sus ganancias han llevado a la inversión a recesiones y a salir de ellas, no al revés.

Alex cita: “Keynes cita, como es muy conocido, la “Fábula de las abejas” en la Teoría general. Resumiendo rápidamente, la fábula cuenta la historia de una comunidad que proscribe el lujo y es mucho más pobre cuando todos los que solían trabajar en la producción de lujo se quedan sin trabajo«. Este es el argumento absurdo ofrecidos por Keynes y antes de él, a principios del siglo XIX por el párroco reaccionaria Thomas Malthus, de que sin gente rica que gaste, habría una ‘falta de demanda’ y las economías entraría en depresión. Estas son palabras tranquilizadoras para los oídos de los multimillonarios que poseen los FAANG (además de ser empíricamente incorrectas, ya que muchos estudios muestran que los ricos tienden a ahorrar más que los pobres, como lo han hecho durante la crisis del COVID).

Según Alex, lo equivocado de las teorías alternativas de las crisis es que asumen que la inversión debe provenir del ahorro, por lo que el consumo debe reducirse para permitir la inversión. “En la versión ricardiana, que todavía hoy utilizan los marxistas y austriacos, el principal fondo de inversión es el ahorro. El supuesto es que la economía tiene una capacidad máxima de ahorro y que se ahorra todo lo que no se consume en un período determinado. Para invertir, el ahorro debe ser lo primero, por lo que ipso facto debe reducirse el consumo para aumentar la inversión”.

Alex cree que Keynes destrozó este punto de vista con su idea de la paradoja del ahorro. “Si todos intentan aumentar su tasa de ahorro, eso significa que están reduciendo su tasa de consumo. Si su tasa de consumo disminuye, los ingresos de las personas que venden cosas para consumir disminuyen. El problema es que la producción total está determinada por el consumo y la inversión. Si la inversión se mantiene constante y el consumo cae, la producción total cae. La tasa de ahorro aumenta, pero solo porque ahora todos están ahorrando la misma cantidad en dólares con un ingreso más bajo en dólares».

Como dice Alex, el PK de Kalecki “analiza la misma idea desde el lado de la empresa, en lugar del lado del hogar. Si los empleadores minimizan los costos minimizando los salarios en su conjunto, terminan canibalizando la base de consumo de la economía en su conjunto, lo que afecta a las ganancias. Si va por el otro lado y se deja que los salarios aumenten, la tasa de ganancia aumenta al mismo tiempo».

Aquí hay dos cosas. Puede que la escuela austriaca crea que los ahorros son necesarios para la inversión, pero no la teoría económica marxista. No son los «ahorros» lo que se requiere para la inversión, sino las ganancias o los ahorros capitalistas. No se requiere el ahorro de los hogares para iniciar el proceso de acumulación capitalista. Lo que sigue es que las ganancias conducen a la inversión que a su vez conduce al empleo, ingresos y finalmente al consumo, lo contrario de la visión PK. ¿Cuál es correcta? Ya he citado la evidencia.

De hecho, no existe tanto una “paradoja de la frugalidad” al estilo keynesiano sino una ‘paradoja de la rentabilidad’, es decir, a medida que los capitalistas se esfuerzan por aumentar su rentabilidad individual a través de inversiones en medios de producción y desprenderse de mano de obra, en realidad reducen la rentabilidad global de la economía capitalista y eventualmente provocan una crisis.

El segundo punto es que la teoría de Kalecki conduce a una visión ecléctica de las crisis. A veces, están «impulsadas ​​por los salarios», es decir, los salarios y el consumo son demasiado bajos para sostener el crecimiento y, a veces, están «impulsadas ​​por las ganancias», es decir, los salarios son demasiado altos y las ganancias demasiado bajas para sostener el crecimiento. Pero tampoco se encontrarán los dos. No existe una teoría coherente de las causas de las crisis regulares y recurrentes cada 8-10 años; a veces es una cosa y a veces es otra.

Eso me lleva a las conclusiones de política económica del PK, según Alex. Alex no ve la necesidad de acabar con el sistema de mercado de producción e inversión. En cambio, la tarea del estado es regular y contrarrestar los fracasos y desigualdades de la economía capitalista. Como dice Alex, “este es un desarrollo de la posición de John Kenneth Galbraith, que el estado está destinado a ser un “poder compensatorio” de las empresas en el mercado. Si a los estados no les gusta el impacto social de la forma como los actores privados gobiernan los mercados, son más o menos capaces de intervenir y cambiar las cosas. Es imposible decir que esto no es legítimo, porque el Estado es uno de los muchos actores del mercado, pero tampoco es particularmente radical decir que es legítimo”.  Sí, desde luego no es muy radical.

Para Alex y el PK, “un mercado es solo una tecnología administrativa que brinda a los actores un lugar para coordinarse. Un precio es solo una de las muchas señales que se obtienen en un mercado que funciona bien».  ¿Qué es eso de un mercado que «funciona bien»? Difícilmente se supone que ese sea el punto de vista PK, ¿verdad? O tal vez lo sea.

Alex continúa su explicación tirando a la basura una teoría clasista del capitalismo moderno: “La idea de que existe una lógica global para todas las estructuras de gobernanza del mercado contingente a las que se llegó a través de los procesos anteriores acaba condenando a la mayoría de los análisis convencionales, pero también a la mayoría de los análisis marxistas. No existe una “lógica” unificada subyacente del capitalismo, solo una serie de estructuras de gobierno interactivas y en competencia. Ningún comportamiento individual o grupal es realmente acorde con el comportamiento estructural emergente». 

Alex quiere descartar la idea marxista de que existen estructuras sociales específicas basadas en diferentes modos de producción y clases basadas en esos modos y estructura. Para él, la economía no es economía política, sino como establecer una “tecnología administrativa” para hacer que el capitalismo funcione para todos.

Cuando llegamos al final del análisis teórico, también terminamos con la misma visión pro-capitalista que el ‘keynesianismo bastardo’ o incluso que la economía neoclásica dominante. El objetivo de la política económica PK es regular el sistema capitalista y utilizar al estado para «compensar» sus fallos con el fin de producir un «mercado que funcione mejor». Pero incluso Alex tiene que admitir al final de su explicación de los ‘principios’ del PK, que «ningún sistema regulatorio es realmente definitivo, y el capitalismo nunca se arregla realmente, el único objetivo es pasar al siguiente escenario».   En efecto.

https://www.sinpermiso.info/textos/los-principios-del-poskeynesianismo

21.15.-De Europa a India: una pandemia, dos modelos – ALAIN FRACHON

Mientras que el modelo de estado de bienestar querido por el Viejo Continente parece inspirar al presidente estadounidense Joe Biden,  Narendra Modi, el primer ministro indio, mató al modelo indio al llevarlo hacia el antiliberalismo, señala Alain Frachon, columnista de «Monde», en su columna.

El primer ministro indio, Narendra Modi, en un mitin de campaña en el estado de Bengala Occidental, en Calcuta, India, el 7 de marzo. BIKAS DAS / AP

En los días de esta interminable pandemia, la noticia llega de un lado al otro del planeta. Sacude certezas, ideas recibidas y juicios finales. De estas últimas semanas, correremos el riesgo de extraer, con cautela, dos lecciones: una estadounidense-europea, la otra sino-india. El primero bastante tranquilizador, el segundo, ominoso.

  1. El atractivo del «modelo europeo»

 6 may 2021.- Se entiende: la Unión Europea (UE) ha fallado en su operación de vacunación. Pero fuera de la UE en Europa, la exitosa campaña de vacunación de los británicos no olvida los primeros errores de Boris Johnson. Si buscamos buenos estudiantes de la lucha contra Covid-19 en el mundo democrático, tenemos que llegar lejos, en Asia, en Taiwán, en Corea del Sur, en Japón. También se entiende que la UE, en la que con demasiada frecuencia es necesario decidir por unanimidad, no está hecha para situaciones de crisis. La maquinaria de Bruselas es lenta. Veintisiete gobiernos democráticos para ponerse de acuerdo: el presidente estadounidense no tiene este problema (ver la columna de Sylvie Kauffmann en Le Monde del 29 de abril).

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Pero en términos de apoyo económico y social a la tragedia de la salud, surge una lección que debería tranquilizar a los europeos. ¿Qué celebramos en los primeros cien días de Joe Biden sino la atracción del modelo europeo? Por supuesto, Estados Unidos sabe cómo vacunar a 200 millones de personas en tres meses. Ciertamente, en la forma, el equipo de Biden mostró un conocimiento político admirable – determinación sobria, alta velocidad de ejecución – bastante raro en Europa.

Pero, básicamente, ¿qué es? La «síntesis democrática» a la Biden es un paso hacia un estado de bienestar más europeo. El presidente «aprovecha» la tragedia del Covid-19 para acercar el estado de bienestar estadounidense a la media europea: ayudas a la primera infancia y acceso a la educación superior, prestaciones por desempleo, generalización del seguro médico.

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Las comparaciones son difíciles de hacer. Con todo incluido, la lucha contra el Covid-19 y las reformas estructurales, Washington está poniendo 5.000 millones de dólares (como mínimo, más de 4.000 millones de euros) en la balanza. ¿Los 750.000 millones de euros del plan de recuperación europeo se verían grises? Esto es olvidar dos cosas. Por un lado, el maná de Bruselas se agrega al plan nacional de apoyo para cada uno de los Veintisiete; por otro lado, los importes anunciados en Estados Unidos corresponden en parte a necesidades ya cubiertas por el Estado en varios países europeos.

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En Washington, los republicanos denuncian en el plan Biden una deriva “europea” contraria al ADN económico de Estados Unidos. En París, curiosamente, hubo voces en el movimiento ecologista socialista para saludar a Joe Biden, un hombre mucho más de izquierda que Emmanuel Macron. Ambos están equivocados.

Estados Unidos, donde el crecimiento y el empleo se están disparando, todavía no son ni Suecia ni Francia, las naciones menos desiguales del mundo occidental. En estos dos países, las deducciones obligatorias se acercan al 50% de la riqueza nacional; en los Estados Unidos, esta proporción es inferior al 30%. La política fiscal de Joe Biden, dice Gérard Araud, ex embajador en Washington, está “muy por detrás de Francia en términos de progresividad fiscal y lucha contra las desigualdades”.

  1. El fin del «modelo indio»

A principios de siglo, se citó a la India como ejemplo: una democracia capaz de infundir un “puñetazo” económico sin precedentes en un país de gran pobreza endémica. Frente a una autocracia china cada vez más radical, era una perspectiva tranquilizadora. Se especuló sobre la captura del gigante chino por parte de su vecino indio. Los dos países tienen una población aproximadamente igual: alrededor de 1.400 millones de personas.

Celebraba una industria de alta tecnología exitosa, sin mencionar el poder del sector farmacéutico. Aplaudimos un dinamismo indio multifacético, una población joven, cuando la de China está envejeciendo, y el surgimiento de una vasta clase media. Todo en un contexto democrático.

El as ! Narendra Modi, que llegó al poder en 2014, mató al “modelo indio”. Fanático hindú con tropismo autocrático, lleva a la democracia india por el camino del «antiliberalismo». Sin olvidar las responsabilidades de China en la epidemia, el Primer Ministro indio pecó de “arrogancia”: orgullo, jactancia e irresponsabilidad mezclados. El ego explotado por el control de una primera ola de Covid-19, él y su partido, el BJP, una formación nacionalista hindú, levantaron todas las medidas preventivas de salud en febrero.

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¿Resultado? La segunda ola es despiadada. Destaca todas las fallas del sistema de salud pública. Señala una flagrante falta de infraestructura que subraya, en el lado negativo, toda la diferencia con una China que está sobre equipada en esta área. En un artículo confiado al Financial Times, el historiador indio Ramachandra Guha evoca «la derrota de la India» bajo el reinado de Modi: autocracia galopante e incompetencia frente al virus.

Donald Trump mimó a Narendra Modi en el escenario internacional, mientras celebraba los méritos del brasileño Jair Bolsonaro y sentía debilidad por el ruso Vladimir Putin. No es indiferente señalar que este cuarteto de nacionalistas sin duda aparecerá en la lista de los peores gestores de la crisis sanitaria.

A lo que añadiremos una nota un poco más «local»: el trono del trío Trump-Bolsonaro-Poutin en el firmamento de los ídolos políticos de Marine Le Pen. Dime a quien admiras…

Posdata. Temprano en la mañana, lea un fragmento de Cuadernos inéditos. 1987-2020, de Jacques Julliard, editado por Bouquins (1110 páginas, 32 euros), es para abastecerse de inteligencia y talento para el día.

https://www.lemonde.fr/idees/article/2021/05/06/de-l-europe-a-l-inde-une-pandemie-deux-modeles_6079275_3232.html

21.15.-La acción debe reemplazar la charla sobre el cambio climático – MARTIN WOLF

Para que la cumbre COP26 sea el momento decisivo que debe ser, hay que hacer tres cosas

© James Ferguson 

Dentro de siglos, nuestros descendientes pueden recordar esta década como aquella en la que se perdieron las posibilidades de mitigar los daños climáticos irreversibles. Como dijo el presidente estadounidense Joe Biden en la cumbre virtual de líderes sobre el clima el mes pasado, «esta es la década en la que debemos tomar decisiones que evitarán las peores consecuencias de una crisis climática».

4 may 2021.- Las emisiones globales deben reducirse ahora si queremos estar razonablemente seguros de limitar el aumento de la temperatura media de la Tierra a no más de 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales. Hemos estado hablando de hacer esto durante décadas, sin ningún resultado. Ahora debemos actuar.

La buena noticia es que la elección de Biden ha transformado las posibilidades de lograr algo real en esta década. La mala noticia es que la transformación es de cero a solo un número moderadamente positivo. Esta perspectiva sombría no es compartida universalmente: Jeffrey Sachs de la Universidad de Columbia, por ejemplo, es mucho más optimista, argumentando: “La cumbre representa un punto de inflexión. Las economías más grandes del mundo (Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, China, Japón, Corea, India, Reino Unido, Brasil) finalmente se están alineando en torno al objetivo de una descarbonización profunda, es decir, el cambio del sistema energético de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) a fuentes de carbono cero (solar, eólica, hidroeléctrica, geotérmica, biomasa y nuclear) ”.

Espero que S

achs tenga razón. Pero es vital no ser complaciente: el tiempo es limitado para que la tendencia de las emisiones se reduzca de manera decisiva, mientras que los desafíos políticos y económicos siguen siendo enormes.

Ciertamente, el reciente cambio en la posición de Estados Unidos fue una condición necesaria para la acción global. Pero está lejos de ser suficiente. Todo el mundo sabe que la política estadounidense podría volver a revertirse, porque los republicanos siguen oponiéndose ferozmente a una acción decisiva. Además,  como señalé esta semana, descarbonizar la producción en un país no es lo mismo que descarbonizar a nivel mundial, ya que las emisiones podrían simplemente trasladarse al exterior. Sobre todo, incluso Estados Unidos, aunque crucial, no es decisivo por sí solo. Si bien es el segundo mayor emisor, genera solo el 15% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono.

De hecho, en 2020, los países de ingresos altos generaron en conjunto solo el 32% de las emisiones mundiales. China sola generó el 30 por ciento y China más India el 36 por ciento. Aún más importante, en lo que el FMI llama un camino de “negocios como siempre”, China generaría el 40 por ciento del aumento de las emisiones entre 2020 y 2052, India el 15 por ciento y otros países en desarrollo (excluida Rusia) el 35 por ciento. A la larga, estos serán los países decisivos. (Ver tablas).

Si la cumbre sobre el cambio climático (COP26) en Glasgow en noviembre de 2021 va a ser el cambio decisivo que debe ser, hay que acordar tres cosas allí. Primero, los países de altos ingresos deben marcarse a sí mismos como líderes creíbles comprometiéndose con enormes reducciones en las emisiones netas de su propia producción durante la década. En segundo lugar, todas las partes deben acordar la descarbonización de todos los sistemas relevantes para 2050, con un progreso significativo para la década de 2030. Finalmente, también deben acordar un paquete de incentivos, desincentivos y asistencia internacional que harán factible el logro de estos ambiciosos objetivos.

Aún estamos muy lejos de esto. Si bien aumenta la confianza en que esto es al menos factible, a un costo manejable, el resultado dependerá de la implementación de políticas y políticas de primera clase en todo el planeta. De hecho, es una demanda heroica. Entonces, ¿cómo se puede hacer esto?

Primero, incentivos. Raghuram Rajan de la Universidad de Chicago ha propuesto lo que él llama un «incentivo global de reducción de carbono». Cada país que emite más de la media mundial de unas cinco toneladas por cabeza al año pagaría un fondo de incentivos. El pago se calcularía multiplicando el exceso per cápita por su población y el incentivo pactado. Aquellos que emitan más contribuirían y los que emiten menos recibirían. Pero todos perderían si aumentaran sus emisiones per cápita. De modo que todos se enfrentarían al mismo incentivo para reducir las emisiones.

Segundo, desincentivos. Alternativamente (o además), a los países que se comprometan a imponer un precio a las emisiones nacionales se les permitiría poner un impuesto fronterizo sobre las importaciones intensivas en emisiones de países que no lo hacen. Si esto no sucediera, su producción podría simplemente trasladarse al extranjero, con un impacto limitado en las emisiones globales. Sin duda, tal ajuste en las fronteras sería un mecanismo tosco y listo. También causaría fricciones globales. Pero el compromiso de las grandes economías de ingresos altos de introducir uno también podría conducir a un acuerdo sobre mejores políticas, incluida la fijación de precios del carbono, en todas partes.

Finalmente, asistencia. El FMI ha argumentado que China, la UE, India, Japón y EE.UU. por sí solos pueden producir la mayor parte del cambio necesario en las emisiones. Pero, a la larga, todos los países deberán hacer el cambio hacia una economía baja en carbono. Esto es particularmente cierto si se considera el papel de los sistemas naturales en esto y lo otro de la agricultura y la silvicultura. Por tanto, será fundamental desarrollar y difundir tecnologías, prácticas y políticas eficaces en todo el mundo. Esto requerirá ayuda, incluso para reducir el riesgo de la inversión necesaria en energía, transporte, construcción, agricultura y otros sistemas.

La próxima década debe marcar un comienzo. Pero este programa deberá implementarse durante décadas. Este será entonces el mayor esfuerzo de cooperación entre países, entre los sectores público y privado y entre economías enteras en la historia. Es necesario y factible, pero enormemente complejo. Sí, las cosas se ven un poco más brillantes ahora. Pero no subestimes el desafío. Muy pronto sabremos si existe alguna posibilidad plausible de que se cumpla.

Carta en respuesta a este artículo:

La COP26 ofrece la oportunidad de asegurar un acuerdo sobre la fijación de precios del carbono  /  De Edmond Alphandéry, ex ministro de Finanzas de Francia, presidente del Grupo de trabajo sobre fijación de precios del carbono en Europa, París, Francia

https://www.ft.com/content/3fa154f3-84e7-4964-9a21-d3dbd41e1470

  • 21.14.-Biden intenta depositar la economía del goteo al basurero de la historia  – LARRY ELLIOTT
  • El agotamiento del modelo económico – EDUARDO SARMIENTO

Análisis: por qué el presidente quiere construir la economía de EE. UU. Desde el medio y desde abajo, no de arriba hacia abajo

Reducir los impuestos a los ricos. Desata una ola de emprendimiento. El crecimiento se recuperará y se crearán más puestos de trabajo. Todos se benefician. Eso, en esencia, es un goteo: una teoría de la economía que Joe Biden quiere enviar al basurero de la historia.

29 abr 2021.- El presidente de los Estados Unidos era un político joven cuando la idea de que reducir los impuestos a los ricos sería bueno para los pobres se puso de moda en la década de 1970. Ahora ha utilizado su primer discurso en una sesión conjunta del Congreso para pedir al 1% más rico de EE. UU. Que pague su plan para familias estadounidenses de $ 1.8 billones (£ 1.3 billones): mayor gasto en áreas como educación, cuidado infantil e infraestructura.

Anticipándose al rechazo de los republicanos en Capitol Hill, Biden tenía un mensaje simple. Había llegado el momento, dijo, de construir el país desde el medio y de abajo hacia afuera, no de arriba hacia abajo. “El goteo nunca ha funcionado”, dijo.

La historia de la posguerra de la economía estadounidense se puede dividir en dos períodos distintos: un período desde finales de los 40 hasta mediados de los 70 cuando, como dijo el presidente John F. Kennedy, “una marea creciente levantó todos los barcos”; y el período de goteo desde entonces.

En el primero, el dividendo de una economía en crecimiento se repartió de manera uniforme entre los grupos de ingresos. Aquellos en el 10% superior de los asalariados se hicieron más ricos al mismo ritmo que los del 10% inferior de los asalariados. Desde mediados de la década de 1970, los ingresos promedio se han estancado una vez que se ha tenido en cuenta la inflación, mientras que la mayoría de las ganancias del crecimiento han ido a parar a los de arriba.

Un artículo reciente de los economistas Carter Price y Kathryn Edwards desarrolló lo que eso ha significado en realidad. Calcularon que los ingresos del 10% más pobre de los estadounidenses serían $ 2,7 billones más altos si el crecimiento de los ingresos se hubiera mantenido tan equitativo como en los años hasta 1975. En conjunto, las ganancias para quienes a menudo luchan por sobrevivir con salarios de pobreza habrían ascendido a $ 47 tn entre 1975 y 2018.

Los partidarios de la economía de goteo dicen que los bajos niveles de desempleo antes de la crisis, el récord de crecimiento de EE. UU. Más rápido que Europa y la capacidad de EE. UU. Para generar compañías gigantes que superan el mundo sugieren que reducir los impuestos a los más pudientes vale la pena.

Sin embargo, Biden y sus partidarios argumentarían que la comparación real es entre los Estados Unidos antes y después de mediados de la década de 1970. En los años 50 y 60, la economía más grande del mundo no solo era un país menos desigual, sino que también crecía más rápido. La inversión fue mayor, al igual que las tasas de crecimiento de la productividad. Esto se logró con una tasa de impuesto sobre la renta para los ricos que alcanzó un máximo del 91%, bajo un presidente republicano, Dwight Eisenhower.

Biden necesita una explicación de por qué está revirtiendo la estrategia de su predecesor, Donald Trump, al aumentar el impuesto sobre la renta federal a poco menos del 40% para los estadounidenses que ganan más de 400.000 dólares al año. Él cree que tiene uno: el final del goteo será bueno para los estadounidenses comunes y también para la economía.

https://www.theguardian.com/business/2021/apr/29/biden-trickle-down-economics-us-president

21.14.-El agotamiento del modelo económico – EDUARDO SARMIENTO

La crisis económica se origina en el modelo de libre mercado que está vigente desde 1990. En contradicción con el método científico, las soluciones se basan en las manifestaciones y no en diagnósticos. La reforma tributaria se justifica como una forma de reducir los monumentales déficits fiscales y mejorar la distribución del ingreso. Sin embargo, no se sabe porque surgieron los déficits fiscales. No es cierto que la reforma mejore el coeficiente de Gini de la distribución del ingreso.

1 may 2021.- La economía opera de tiempo atrás con un salario por debajo de la productividad, bajo ahorro y cuantioso déficit en cuenta corriente. De hecho, la distribución del ingreso se deteriora y la producción evoluciona por debajo del potencial. Al igual que en los últimos años, el país evoluciona con ascendente inequidad y deficiencia en la producción. El desajuste se vio incrementado por el coronavirus y el excesivo gasto público que redujeron el ahorro. La economía paso a operar con déficits fiscales de 8 y 9% del PIB, que corresponden a más de la mitad de la tasa de ahorro y no son sostenibles en países de ingresos medios. En este sentido, la reforma tributaria es una acción desesperada para detener los efectos de caja del descuadre macroeconómico.

De ninguna manera la reforma tributaria basada en impuestos indirectos y mayores tarifas a la renta, que reduce el salario, disminuye la participación de los ingresos del trabajo y aumenta el coeficiente de Gini, se puede presentar como una fórmula para mejorar la distribución del ingreso. Es un artificio que se advierte en las encuestas y las protestas sociales y le resta credibilidad a las instituciones.

La propuesta de bajar el salario no es nueva. Hace tres meses un grupo de 22 economistas suscribieron una carta solicitándole al Presidente reducir el salario en 20%. A los pocos días en otra carta de 52 economistas, en la cual mi nombre aparecía entre los firmantes, se advertían las graves consecuencias de reducir el salario. En su lugar, se planteaba cambiar el modelo. Pues bien, el Gobierno por la vía disimulada de los gravámenes fiscales se inclina del lado de los primeros firmantes.

La crisis se origina en el modelo económico de libre mercado. Las soluciones se basan en las manifestaciones y no en diagnósticos. La reforma tributaria se justifica como una forma de reducir los déficits fiscales y mejorar la distribución del ingreso. Sin embargo, no se sabe porque se dispararon los déficits fiscales y como su reducción contribuye a la reactivación de la economía y mejorar la distribución del ingreso.

El modelo económico propicia los déficits fiscales y pretende corregirlos con una reforma tributaria que amplía la brecha entre el salario y la productividad y es rechazada por la mayoría de la población. Lo que se requiere es un modelo que modere los déficits mediante cambios estructurales que eleven la tasa de ahorro y el salario.

El modelo económico está basado en premisas de la teoría neoclásica que son controvertidas por los hechos. Se considera que el crecimiento y la equidad son separables, cuando se encuentran en abierto conflicto. La recuperación del crecimiento se consigue a cambio de la represión salarial por debajo por debajo de la productividad. La solución, que se ha presentado en forma reiterada en esta columna, es un cambio drástico del modelo, que no se puede hacer intempestivamente. Solo es posible a la luz de un programa nacional de reformas estructurales al modelo económico que rápidamente reduzcan la pobreza y mejoren la distribución dentro del contexto de recuperación de la producción y el empleo.

https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/el-agotamiento-del-modelo-economico/

21.13.-FMI y deuda: ¿un nuevo consenso de Washington? – MICHAEL ROBERTS

Se habla mucho entre los economistas «progresistas» de que el FMI y el Banco Mundial han cambiado de página. Atrás quedaron los días del apoyo a la austeridad fiscal, cuando exigían que los gobiernos nacionales redujeran los niveles de deuda pública e insistían en la condicionalidad a los países que pedían prestados fondos del FMI-BM, de manera que sus gobiernos privatizasen sus activos estatales, desregulasen los mercados y recortaran los derechos laborales. 

16 abr 2021.- Tras la experiencia sin precedentes de la recesión pandémica del COVID, el antiguo «Consenso de Washington» ha terminado y ha sido reemplazado por un nuevo «consenso». Mientras que el «Consenso de Washington» para las políticas económicas internacionales de la década de 1990 creía que la razón del bajo crecimiento era consecuencia de los errores de los gobiernos y les aconsejó que no fueran un ‘obstáculo’ para las fuerzas del mercado, ahora los directivos del FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio piden más gasto fiscal, más fondos para préstamos y medidas para reducir la desigualdad entre naciones y dentro de estas impuestos más altos a los ricos.

‘Progresistas’ como Martin Sandu en el Financial Times están entusiasmados con este cambio de actitud y política. “En los años 90, era una perogrullada que el consenso de Washington reflejaba las prioridades alineadas de dos instituciones en Washington DC: las instituciones internacionales con sede allí y el gobierno de los Estados Unidos, que empujaba a las primeras … pero es difícil argumentar hoy que el FMI y el Banco Mundial simplemente repiten las opciones de Estados Unidos».

Y la retórica del FMI y el Banco Mundial, tal como la plantean personas como la jefa del FMI, Georgieva, ciertamente parece diferente. A lo largo de la reunión virtual de primavera del FMI-BM de la semana pasada, y en los blogs del FMI, el mensaje es que es aceptable y necesario un mayor estímulo fiscal, y que el aumento de la deuda pública es tolerable para abordar la crisis del COVID. Parece lo opuesto del mensaje de política económica del FMI-BM después de la Gran Recesión de 2008-9, cuando estas agencias internacionales exigían presupuestos equilibrados y niveles de deuda reducidos. Por ejemplo, el FMI respaldó las condiciones draconianas impuestas a Grecia durante su crisis de deuda en 2012-15 que provocaron una reducción del 40% del nivel de vida medio en el país.

Ahora la agenda política del FMI de Georgieva suena diferente. Según Global Policy Agenda“Los responsables de la formulación de políticas deben adoptar las medidas adecuadas ahora, dando a todos una oportunidad justa. Eso incluye la oportunidad justa de acceder a la vacuna, la oportunidad justa de apoyo durante la recuperación y la oportunidad justa para el futuro en términos de participación y beneficio en las inversiones públicas para acceder a las oportunidades ecológicas, digitales, de salud y educación (…) “Las fortunas económicas divergen peligrosamente. Un pequeño número de economías de mercado avanzadas y emergentes, lideradas por Estados Unidos y China, están avanzando; los países más débiles y pobres se están quedando atrás en esta recuperación a varias velocidades (…) “También enfrentamos una incertidumbre extremadamente alta, especialmente sobre el impacto de las nuevas cepas de virus y los posibles cambios en las condiciones financieras. Y existe el riesgo de que se produzcan más cicatrices económicas por la pérdida de puestos de trabajo, pérdidas de aprendizaje, quiebras, pobreza extrema y hambre».

¿Cuál es la respuesta? El FMI propone un mayor alivio de la deuda, es decir, retrasar los reembolsos de los préstamos existentes otorgados a los países pobres y reducir los costes de intereses hasta 2022. En la reunión de primavera, también se anunció que el financiamiento del FMI basado en los derechos especiales de giro (DEG) aprobados por los principales estados miembros aumentarían en DEG 500.000 millones. Así que potencia de fuego de financiación extra.

Pero, ¿ha cambiado realmente el consenso político del FMI-BM? ¿Se ha abandonado realmente el compromiso con las fuerzas del libre mercado y la estabilidad fiscal a cambio de préstamos condicionales a países desesperados? El nuevo consenso, si realmente existe, nace de la necesidad, no del cambio de ideología. Así como los gobiernos de las principales economías capitalistas se han visto obligados a dejar fluir los grifos fiscales e inyectar enormes cantidades de crédito en la economía para evitar un colapso total en la recesión del COVID, el FMI-BM ha visto la necesidad de intentar evitar una crisis desastrosa de la deuda mundial, en la medida que los gobiernos de los países pobres de todo el mundo no paguen sus deudas a los bancos y otras instituciones financieras internacionales.

He publicado varias notas sobre el inminente desastre de la deuda de los mercados emergentes y el BM-FMI lo sabe de sobra. Pero cuando profundizamos en la retórica y examinamos los términos que el FMI y el Banco Mundial todavía mantienen para los préstamos existentes y futuros, poco ha cambiado. Como comenta un reciente e incisivo informe de la Confederación Sindical Internacional“El “nuevo” FMI dice que ha cambiado y apoya una recuperación verde e inclusiva, pero sigue actuando de manera muy similar al antiguo FMI. … El fundamentalismo del mercado todavía sustenta la narrativa y las orientaciones para el crecimiento del FMI”.

Y la CSI señala que las «condicionalidades» del FMI no han conseguido ayudar a los países pobres a salir de las dificultades económicas hacia un crecimiento sostenido. Por el contrario: “Una mirada de cerca a la narrativa de crecimiento del FMI muestra que las afirmaciones sobre los beneficios de muchas de las políticas aconsejadas son exageradas, mientras que los efectos negativos están bien documentados. Los países que han ascendido con éxito en la escala de ingresos durante las últimas décadas no siguieron las prescripciones del laissez-faire del FMI. Por lo tanto, no es un historial de éxitos, sino un fundamentalismo de mercado que sustenta el asesoramiento sobre políticas del FMI».

De hecho, los préstamos de emergencia necesarios durante la recesión de COVID no han sido realmente significativos para la generosidad del FMI. “De la asistencia comprometida, la mayor parte es en forma de líneas de crédito pre-aprobadas que se ofrecen a Perú, Chile y Colombia. Hasta ahora, solo Colombia ha utilizado su línea de crédito. Los desembolsos a través de préstamos rápidos de emergencia, que comprenden el apoyo ofrecido a casi 70 países, solo ascienden a unos 30.000 millones de dólares. En combinación con los acuerdos crediticios tradicionales, el FMI desembolsó alrededor de 50.000 millones de dólares a 81 países en 2020. Los desembolsos para 2020 son solo un poco mayores que en años anteriores, cuando la asistencia del FMI se destinó a un número mucho menor de países”.

Cuando miras los informes del FMI sobre nuevos préstamos, los supuestos nuevos llamamientos de más inversión pública solo están dirigidos a países que tienen «espacio fiscal», es decir, aquellos que pueden permitirse gastar de todos modos. La CSI comenta que “en general, el FMI continúa recomendando la consolidación fiscal como un pilar de las estrategias fiscales a mediano plazo, una vez que la crisis haya terminado”.  En un estudio sobre los informes del personal técnico del FMI para 80 países, la Red Europea para la Deuda y el Desarrollo encontró que 72 países prevén recortes de su nivel de gasto por debajo de su línea de base pre-pandémica para 2021, y que los 80 países lo harían para 2023. Y estas medidas de austeridad han sido aprobadas por el personal del Fondo.

El análisis de la CSI muestra que el FMI todavía mantiene un ‘enfoque de oferta’ del crecimiento económico que “se centra en crear las condiciones ideales para atraer la inversión del sector privado. El Fondo suele afirmar que el objetivo de su asesoramiento es impulsar la «confianza» y la «competitividad», dejando el resto en manos de los mercados». Un estudio de la condicionalidad en los acuerdos crediticios del FMI entre 1985-2014 confirma este patrón y concluye que, si bien el número de condiciones en los préstamos fluctuó a lo largo del tiempo, su contenido fue consistente, en línea con los programas de ajuste estructural con reformas estructurales, incluida la desregulación del mercado laboral, además de la consolidación fiscal.

Si bien el FMI y quienes lo controlan como representantes de las economías avanzadas están permitiendo el «alivio de la deuda» y ofreciendo más fondos, no se ofrece la cancelación de las onerosas deudas ya contraídas por las economías del «sur global» sumidas en la recesión pandémica. Si hay un nuevo «consenso» sobre los préstamos internacionales y el apoyo económico de las agencias multinacionales, no deja de ser superficial. A la hora de la verdad, nada ha cambiado realmente.

https://www.sinpermiso.info/textos/fmi-y-deuda-un-nuevo-consenso

21.12.-“La cuestión ya no es planificación o libre mercado, la cuestión es planificación capitalista o planificación socialista” – ENTREVISTA A XABIER PÉREZ DAVILA (II)

¿Qué relación existe entre democracia y socialismo?

En las tres grandes tradiciones, socialdemocracia, socialismo y comunismo, hay páginas heroicas de lucha por la democracia. Las fuerzas más consecuentes en la lucha contra el franquismo fueron organizaciones marxistas, fundamentalmente el Partido Comunista, la izquierda comunista, la Unión do Pobo Galego y partidos homólogos en las otras naciones. Pero, en nuestra historia hay hechos terribles que debemos reconocer.

1 abr 2021.- Si queremos tener credibilidad, nuestro compromiso con la democracia tiene que ser no instrumental, tiene que ser de principios. De la misma manera que no puede haber igualdad con dependencia económica, tampoco vale la pena luchar por ninguna sociedad que no ponga en el centro de su organización el respeto por la dignidad del ser humano y no hay dignidad sin libertad de expresión, sin libertad de organización política y no hay dignidad sin plena vigencia de las garantías jurídicas. Esa concepción de la democracia tiene algunos puntos en común con la democracia que hoy tenemos, pero va más allá, pues persigue ensanchar las libertades de que ya disponemos, y ampliarlas con nuevas libertades, fundamentalmente de tipo económico. Si hoy se organizase un referéndum sobre la creación de una Empresa Pública Galega da Enerxía, es muy probable que la población votase sí. Hace unas semanas le preguntaron al ministro Ábalos por la creación de empresas públicas energéticas y respondió con displicencia como si fuese algo inimaginable. Hay que imaginarlo y hay que construir una sociedad en la que tengamos derecho a decidirlo o si queremos una banca pública. La democracia económica o la libertad económica sería lo que el socialismo añadiría a las democracias capitalistas.

¿Qué relación existe entre la igualdad y la libertad? 

En el capitalismo muchos elementos de la vida económica y social quedan fuera de la democracia, cada vez más. Antes de la revolución neoliberal, era democrático decidir crear empresas públicas, ahora, parece que no lo fuera. En este sentido, el socialismo es una ampliación de la libertad. Y, en mi opinión, la libertad está intrínsecamente unida a la igualdad. Contra esa interpretación de que libertad e igualdad están enfrentadas, en la realidad sucede todo el contrario. ¿Qué libertad real tiene una persona sin empleo, o con un empleo precario, un empleo en la hostelería en el que debe trabajar 14 horas?, Tendría más libertad si trabajase 8 horas, o 6. Además, los ricos poseen los medios de comunicación, dirigen el debate público, y lo condicionan. En mi opinión, libertad e igualdad están íntimamente relacionadas.

Es el caso de la vivienda, un bien de primera necesidad sobre el que la constitución material está enfrentada con la constitución formal. 

Sí, la edad media de emancipación anda por encima de los 29 años. En los países nórdicos está en los 20 años[17]. Esta sociedad, al privilegiar el derecho a captar rentas a través de los activos inmobiliarios, poniéndolo por delante de las vidas de las personas jóvenes, está privándolas de libertad en un momento de sus vidas que no va a volver. Esas muchachas, esos jóvenes, serían realmente, materialmente más libres si una política de empleo, de salarios y de vivienda distinta les permitiera a los 18 años estudiar y mantenerse independientemente. Esa libertad se les está negando. Este es un ejemplo de cómo la libertad tiene un alto componente material. De la misma manera, un trabajador estadounidense que para disponer de seguro médico tiene que aceptar unas condiciones laborales con las que querría romper, porque el seguro médico está vinculado al contrato, tiene menos libertad que una trabajadora o un trabajador gallego que tiene la sanidad garantizada, porque garantizar sanidad y educación da libertad.

Hablemos de la socialización de los medios de producción. ¿Cuáles son los pasos para avanzar en esa dirección?

 

Ya existen islas de socialismo, la sanidad pública es una isla de socialismo, la educación pública es una isla de socialismo, las pensiones públicas son una isla de socialismo, porque son espacios fuera de la valorización del capital y al servicio de las vidas de los seres humanos. ¿Cómo podemos aumentar las islas de socialismo? A partir de dos núcleos, incrementando el Estado de bienestar, los servicios públicos, en detrimento de los servicios privatizados, ese sería el primer núcleo; y el segundo núcleo se constituiría mediante la socialización de sectores y empresas estratégicas. La socialización de las empresas de más de 250 trabajadores dejaría bajo control público el 15% del empleo en Galicia, el 34% en el Reino de España y el 33% en la UE-28. Acabamos de pasar una ola de frío, que fue muy intensa en Lugo y Ourense, y hay muchas personas que no pueden mantener sus casas a una temperatura adecuada. Aquí en Vigo tenemos ciclos formativos, en el Meixueiro, de eficiencia energética, y tenemos una escuela de ingeniería industrial. ¿Por qué no crear una Empresa Galega da Enerxía y poner el alumnado de esos ciclos y las ingenieras e ingenieros a trabajar en un plan para que en 10 años todas las viviendas e instalaciones en Galicia estén acondicionadas para obtener la máxima eficiencia energética? Así, tendríamos una empresa pública, nos vamos adiestrando en capacidad de gestión, enfrentamos el cambio climático y comenzamos a caminar en otra dirección. Al mismo tiempo, ¿por qué no recuperar una banca pública? ¿Por qué no introducir en serio la participación de las trabajadoras y trabajadores en la gestión de las grandes empresas? Participación que, en germen, existe en Alemania. Debemos huir de “estamos aquí y lo otro es un sueño inalcanzable”. Existen políticas para ir avanzando, para desde aquí ir creando espacios fuera del control del capital, espacios no de valorización del capital, sino espacios al servicio de las vidas de los seres humanos, para que puedan vivir una vida más feliz, y más plena.

Analizas las tesis de varios autores que defienden la democracia directa. Tú eres más o menos reticente con esta idea. Te interesa también la argumentación que desarrolla Domènech en El Eclipse de la fraternidad[18] sobre la democracia parlamentaria. ¿Cómo piensas que se pueden articular ambas dimensiones? 

Sociedades con el volumen de población y el nivel de complejidad de las nuestras veo muy difícil que se basen fundamentalmente en mecanismos de democracia directa. Es difícil que no existan instituciones de democracia representativa. Esas instituciones, tal y como están configuradas, presentan graves deficiencias. Tanto en el Parlamento gallego, como en el Parlamento español hay muy pocas personas de clase trabajadora. Hay profesores, muchos de universidad, abogados, economistas … Tanto en la sociedad gallega cómo en la española y europea existe una mayoría de trabajadoras y trabajadores, y un porcentaje muy importante que desempeñan trabajos con gran componente física[19], recoger la basura, limpiar edificios, mover enfermos, soldar, conducir camiones. Todos esos sectores sociales, en Galicia, en el Estado español, en Europa y en el Brasil, del que doy datos, están ausentes de las instituciones representativas. Y no deberían estar ausentes. Recuerdo ahora el film Pago justo que cuenta una huelga de las trabajadoras de la Ford en Inglaterra para reivindicar igualdad salarial con los hombres. Las trabajadoras negocian con una ministra del Partido Laborista que les explica que ella fue una trabajadora. Hubo una época en que los partidos socialdemócratas y comunistas servían como canales para que trabajadores de base a través de la militancia aprendiesen a expresarse con elocuencia, técnicas de organización, después fuesen concejales de un pequeño municipio y algunas acabaran siendo dirigentes. Hoy esto es inimaginable. No creo que podamos conservar las libertades democráticas sin instituciones de democracia representativa, pero habrá que buscar fórmulas para que reflejen la composición real de la sociedad, y complementarlas con instituciones de democracia directa como referéndums, la participación de trabajadoras y trabajadores en la gestión de las empresas, etc.

Argumentas a lo largo del libro que el socialismo es superior al capitalismo para enfrentar esta crisis civilizatoria. ¿Por qué? 

La crisis ecológica, y el cambio climático, es la gran cuestión que lo condiciona todo. Es el gran desafío que afrontamos como especie. Es difícil exagerar su importancia. Para decirlo de una manera provocadora, la ecología no tiene que ver con los pájaros, aunque también. La ecología tiene que ver con las bases materiales de la existencia de una sociedad humana civilizada. Eso es lo que está en peligro. Si destruimos las bases materiales de la sociedad humana civilizada, si continúa la extinción de especies, recomenzará otro proceso evolutivo. Lo que estamos socavando son las bases de una sociedad humana vivible.

¿Por qué sería superior el socialismo? Porque uno de los elementos esenciales del modo de producción capitalista es la necesidad de ampliar constantemente el proceso productivo, y esto implica la creación de nuevas necesidades, el aumento de la producción, con el objetivo real de producir más valor, más plusvalía. Ese es el motor del capitalismo. Para conseguirlo necesita generar nuevos bienes de consumo, crear nuevas necesidades. En el libro expongo algunos ejemplos muy recientes, el café take-away, un problema del que ya se trató en el Parlamento británico porque se producen miles de millones de vasos que son de plástico y cartón muy difíciles de reciclar …

Mencionas también las cápsulas de café … 

Sí, una cápsula de café contiene aluminio, plástico … es imposible de reciclar. Para fabricar aluminio hay que consumir mucha energía. Los cruceros en barco, los viajes en avión, el transporte de contenedores, los bitcoins. Para obtenerlos es necesario resolver unos complicados problemas matemáticos a través de la llamada minería de bitcoins. Se construyen granjas de ordenadores que se dedican a resolverlos, algunas en Islandia porque como la temperatura es más baja, es más fácil evacuar el calor. La capacidad de generación de necesidades por el capitalismo es ilimitada y totalmente incompatible con la urgencia de reducir el impacto de la economía sobre el medio natural. Un socialismo basado en un gran nivel de igualdad que contrajese radicalmente la industria de la publicidad y la generación de necesidades, haría un poco menos difícil esta transición que va a ser muy difícil. Por otra parte, si tenemos que renunciar al objetivo del crecimiento indefinido del PIB, tenemos dos opciones, o establecemos un gran nivel de igualdad, o una parte de la población tendrá que renunciar a, por ejemplo, calentar sus casas. ¿Qué es preferible, un gran nivel de igualdad y que todo el mundo pueda calentar su casa o, mucha desigualdad y que algunos calienten enormes mansiones y posean aviones privados y megayates que consumen en un día de navegación lo mismo que un tractor en 900 horas?

Paul Cockshott proporciona un argumento adicional, la planificación socialista será imprescindible para la adaptación al cambio climático[20].

Y, sobre el New Green Deal, una propuesta de Bernie Sanders, ¿qué opinión te merece? 

Hay en el mundo tres grandes puntos de vista sobre esta cuestión, el negacionista, no hay cambio climático, no hay crisis ecológica. Lo dejaré de lado porque con el irracionalismo es imposible debatir. Dentro de las corrientes políticas que reconocen la crisis ecológica y el cambio climático están, el crecimiento verde, ahí estaría el New Green Deal; y los sectores que estiman que es imposible hacer compatible el objetivo del crecimiento indefinido del PIB con el control del cambio climático. Dos investigadores han publicado un estudio[21] en el que analizan la posibilidad de desvincular el crecimiento económico del aumento del consumo de materiales y de las emisiones de CO2. Concluyen que no se puede desvincular. Por lo tanto, la teoría del New Green Deal y la propuesta de crecimiento verde no serían realizables. Ahora bien, tienen una utilidad política muy importante, traen la cuestión ecológica al centro del debate y contribuyen a una toma de conciencia que es imprescindible. En noviembre se va a celebrar en Glasgow una cumbre sobre el cambio climático, son urgentes grandes movilizaciones para exigir a los máximos responsables políticos que adopten ya medidas decisivas porque el cambio climático nos está cayendo encima.

Recoges la investigación de Nancy Fraser sobre los distintos regímenes de reproducción social en el capitalismo. ¿Qué caminos elige la emancipación de la mujer en cada uno de los regímenes de reproducción social y como conectar el feminismo con la teoría de Marx sobre el capital? 

La Asociación Internacional para la Economía Feminista asocia más de 500 investigadoras de más de 60 Estados, un indicador de que la economía feminista es una disciplina plenamente madura, con una teoría compacta, explicativa. Para comprender la economía

globalmente son necesarios tres elementos, la teoría del valor-trabajo de Marx, la economía ecológica y la economía feminista. Cristina Bengoa[22] escribe que la economía tradicional, incluyendo la marxista, ignoró toda una parte esencial de la actividad económica, todo el trabajo reproductivo y de cuidados que requiere más horas de las que se necesitan para la que convencionalmente se viene reconociendo como actividad económica. Ignorarla, ¿qué significa? Descargarla sobre las mujeres. Podemos ignorarla porque las mujeres hacen la mayor parte de ese trabajo gratuitamente

El capitalismo fordista se basaba en la familia de un proveedor, el padre trabajaba en la fábrica de automóviles y la madre se encargaba de las labores domésticas. Esta división provocaba dependencia económica. En el régimen neoliberal rige el modelo de dos proveedores: 40 horas de trabajo de mercado del hombre, más horas extraordinarias del hombre, más trabajo doméstico del hombre, y lo mismo para la mujer, con la diferencia de que las mujeres dedican el doble de tiempo al trabajo doméstico, y los hombres más tiempo al trabajo de mercado. Esto lleva a lo que Nancy Fraser[23] denomina crisis del tiempo y de los cuidados, en la que viven muchas familias, una situación en la que no hay tiempo para vivir, aún menos cuando aparece la necesidad de cuidados de las personas mayores dependientes. Un esquema que recae sobre las mujeres. Esto no es inevitable, podemos aprender mucho de los países nórdicos. El camino es, primero, socializar toda aquella parte del trabajo doméstico y de cuidados que se puede socializar, debería existir un servicio público de cobertura universal de atención a las personas dependientes en sus hogares para que esas personas estuvieran donde quieren estar, en sus casas, y sólo cuando no quedase otra solución en residencias públicas. También se puede socializar la atención a los pequeños de 0-3 años con las ratios danesas de 3 pequeños por persona adulta. Debe existir un servicio de comedores escolares gratuitos y de empresa o polígono. La segunda línea de actuación pasa por las políticas para incorporar las mujeres en igualdad al trabajo retribuido, la tasa de actividad femenina aún es 10 puntos inferior a la masculina y con más trabajo temporal y a tiempo parcial. Por último, los hombres deberán participar en igualdad en el trabajo doméstico. Esto es lo que les está resultando más difícil de conseguir en los países nórdicos. Avanzan más en la incorporación de las mujeres al trabajo retribuido, en la socialización del trabajo doméstico y de cuidados, pero los hombres se resisten a implicarse en el trabajo doméstico.

Escribes que ya no es “el capital contra el trabajo” sino directamente “el capital contra la vida”. 

En Estados Unidos, las grandes tecnológicas pagan a las trabajadoras para que en su etapa de mayor capacidad productiva congelen sus óvulos y se centren en el trabajo. Si deciden tener hijos, deben hacerlo más allá de su edad natural reproductiva. Es de una brutalidad … porque una cosa es que una mujer decida libremente tener una hija a una edad avanzada, pero que sean las empresas las que las condicionen … volvemos a la cuestión de las relaciones entre libertad e igualdad. Esto es una forma de dictadura.

En el Estado español, un modelo mucho peor que el de otros países europeos genera una de las tasas de natalidad más bajas del mundo. Las mujeres cuando se les pregunta, manifiestan que, de promedio, desean tener dos hijos. Pero, la tasa real es muy poco superior a 1 hijo por mujer. La organización social impuesta por el capital les impide decidir. En Galicia aún menos, aquí se suman los problemas de envejecimiento y emigración. Por eso podemos afirmar “el capital contra la vida”. Hace 70 años no existía sanidad pública universal y muy poca educación pública y hoy las tenemos. Necesitamos pensar con los ojos de dentro de 70 años. ¿Cómo hacemos para liberar a las mujeres de la triple carga que soportan hoy? Miremos hacia los países nórdicos, no es necesario mirar hacia Marte.

Entramos en la última parte de la entrevista, horizontes del socialismo del siglo XXI. ¿Por qué escoges la metáfora de la madurez de Europa para el socialismo? 

Comparo con los países en los que se iniciaron las primeras experiencias socialistas, la Rusia de 1917 y la China de 1949. Eran sociedades muy atrasadas, con la inmensa mayoría de la población activa trabajando en una agricultura de muy baja productividad, con un nivel educativo, científico-técnico bajísimo, y con prácticamente ninguna tradición democrática. ¿Estos países qué decidieron hacer, tanto la Rusia de Stalin, como la China de Mao? Decidieron hacer una primera acumulación de capital, ese fue su objetivo, construir las infraestructuras y la capacidad científico-técnica que poseían otros países más avanzados. Esto condujo a unos modelos con los problemas que he citado. Respecto a Europa, primero, las fuerzas productivas están plenamente desarrolladas, incluyendo una fuerza productiva esencial, la alta cualificación científico-técnica de las clases trabajadoras. Segundo, el capital está altamente concentrado y los procesos productivos son altamente sociales; la producción de las vacunas para la covid-19 fue un proceso altamente socializado en todo el mundo, lo único que va a ser privado es la apropiación del valor. Por último, Europa, siglos de distintas tradiciones democráticas. Estas tres serían las condiciones ideales para pensar en Europa en un socialismo eficiente económicamente, que combata la explotación y la desigualdad, que sitúe en el centro del proyecto de la adaptación a los límites físicos del planeta, y la igualdad económica de la mujer, y no reduciendo las libertades y la democracia, sino ampliándolas.

En los capítulos XI y XII comparas las propuestas de reforma del capitalismo de Piketty, Antón Costas y Oxfam, con la alternativa marxista de socialización de los medios de producción. ¿Cuál es tu conclusión? 

Antón Costas, Piketty e Intermon-Oxfam hacen propuestas que mejorarían considerablemente la distribución de la renta y los salarios. Pero, sus propuestas se quedan cortas porque si dejamos incólume el mecanismo que da poder a unas pocas personas para dominar la vida de millones, que es la propiedad privada de los medios de producción, podemos corregir algunas deficiencias, pero dejaríamos intacto el mecanismo que tiende a concentrar extraordinariamente la propiedad, la capacidad de dirección de la economía y por lo tanto a limitar la capacidad del resto de la sociedad para decidir. De acuerdo con el nivel extraordinariamente alto de desarrollo de las fuerzas productivas y del carácter extraordinariamente social de la producción, lo más adecuado sería socializar los principales medios de producción, aquellos que estamos en disposición de gestionar eficientemente.

Para finalizar, recomiéndanos una película. 

Para pasar una buena tarde «Un asunto real», un film que narra hechos históricos del siglo XVIII en Dinamarca. Hay dos escenas muy interesantes. En la primera, unos aristócratas, mientras cabalgan, ven un campesino atado y torturado. En otra escena, en Copenhague, un grupo de plebeyos pide que se instale un sistema para evacuar las aguas negras y evitar las pestes. Los aristócratas les responden que quién va a pagar todo eso, que no se puede. En el siglo XVIII parecía imposible gastar dinero en sanear las aguas residuales y dejar atrás el absolutismo. Dinamarca salió del absolutismo y hoy dispone de un Estado del bienestar. A muchas personas les puede parecer imposible superar el modo de producción capitalista y la explotación, pero quizás dentro de 100 años miren hacia nosotros y piensen, “que sociedad tan extraña, ¿por qué la soportaban?”.

Notas:

[1] Sartorius, Nicolás, Sabio, Alberto, El final de la dictadura, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 2007.

[2] El documental Vigo 1972 dirigido por Roi Cagiao narra esta huelga mítica.

[3] Mason, Paul, Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro, Editorial Paidós, Barcelona, 2016, p. 273.

[4] Moseley, Fred, The Falling Rate of Profit in the Postwar United States Economy. Citado en VVAA, Derecho a decidir. Propuestas para el socialismo del siglo XXI, p. 155.

[5] Domènech, Antoni, El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista, Ediciones Akal, Madrid, 2019, pp. 249-250.

[6] Sistema de contratación temporal del Sergas en la provincia de Pontevedra. Las trabajadoras deben estar siempre dispuestas a aceptar un contrato que puede ser por unas pocas horas. De no aceptarlo, pierden puestos en la lista.

[7] Sotelo Valencia, Adrián, O precariado. Unha nova clase social? Fundación Moncho Reboiras, Galiza, 2017.

[8] Phillips, Leigh y Rozworski, Michal, People´s Republic of Walmart. How the World´s Biggest Corporations Are Laying the Foundation of Socialism, Verso, Londres, Nueva York, 2019.

[9] Vitali, Stefania, Glattfelder, James B., Battiston, Stefano, The Network of global corporate control, 2011, y Glattfelder, Batitston, The Architecture of Power: Patterns of Disruption and Stability in the Global Ownership Network, 2019.

[10] Paul Cockshott y Alin Cottrel, Contra Hayek en Cockshott, Paul y Nieto , Maxi, Ciber-comunismo. Planificación económica, computadoras y democracia, Editorial Trotta, Madrid, 2017.

[11] Uno de los puertos de la ciudad de Vigo.

[12] C. Allen, Robert, Farm to Factory. A Reinterpretation of the Soviet Industrial Revolution, Princeton University Press, Princeton, 2003.

[13] Wen, Yun, The Huawei Model. The Rise of China´s Technology Giant, University of Illinois Press, 2020.

[14] Martínez Herrero, María José, El modelo sueco de cuidados a la infancia y sus consecuencias sobre las mujeres, Revista de Economía Crítica, n.º 8, segundo semestre 2009.

[15] https://www.nosdiario.gal/articulo/economia/amazon-conquista-do-meu-barr…

[16] Morozov, Evgeny, Capitalismo Big Tech, Enclave de Libros, Madrid, 2018.

[17] https://www.expansion.com/economia/2018/08/12/5b704b52468aeb775d8b461e.html.

[18] Domènech, Antoni, Op. Cit., pp. 354-363.

[19] Hugrée, Cédric, Penissat, Étienne e Spire, Alexis, Les Classes sociales en Europe. Tableau des nouvelles inégalités sur le vieux continent.

[20] Cockshott, Paul, A catástrofe inminente e como preparármonos, en Finanzas, terra, coidados, datos: Privados? Sociais?, Santiago de Compostela, 2019, editado pola ex-parlamentaria europea, Lidia Senra. En internet, The Impeding Catastrophe and How to Plan for it, https://www.youtube.com/watch?v=tefMFiPjPlg.

[21] Jackson Hickel & Giorgos Kallis, Is Green Growth Possible?

[22] Carrasco Bengoa, Cristina, La economía del cuidado: planteamiento actual y desafíos pendientes, Revista de Economía Crítica, n.º 11, primer semestre 2011.

[23] Fraser, Nancy, El capital y los cuidados, revista New Left Review, n.º 100, septiembre-octubre 2016.

Xabier Pérez Davila

Economista y profesor en Galicia, especializado en sistemas de protección social, pensiones, renta básica, etc.. Ha publicado A batalla polas pensións (1981-2013), Estaleiro Editora (2013), y Alén da Casta, en ediciones Laiovento (2016). 

https://www.sinpermiso.info/textos/la-cuestion-ya-no-es-planificacion-o-libre-mercado-la-cuestion-es-planificacion-capitalista-o

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