17.18.-DE ESTADO Y EMPRESAS: LO OLVIDADO EN LA PRIMERA VUELTA – Bernardo García

Ni Iván Duque, que lo sabe bien, ni Petro, que lo entiende bien, hablan del asunto. Esa es materia delicada reservada a los príncipes de la OCDE. Quienes son los que dan línea en la globalización. Quizá Vargas Lleras pueda recordar la crisis del 68, en la que Carlos Lleras renunció y al fin logró la reforma constitucional que le daba al Ejecutivo la potestad de regular el ahorro nacional. Y duró hasta que llegaron los bárbaros. Así que en la relación del Estado con las Empresas económicas reside el nudo gordiano que define si pueden  o no trabajar en consuno. Si juntos ponen la economía a caminar o si siguen separados a paso de marmota mientras los problemas van a paso de ganso.

Es claro que lo opuesto del desarrollo liderado por el Estado no es el liderado por el mercado sino por las empresas. La contra reforma neoliberal lo dejó bien claro.  Y las empresas son sus dueños y accionistas en un territorio. Razón por la cual los tratados de libre comercio van más lejos: adscriben esos territorios a las gigantes empresas internacionales, sin el estorbo de los Estados y con ciertas normas vigiladas por la Organización Mundial del Comercio OMC.

La coexistencia  “libre” de los grupos empresariales de países emergentes con sus gigantes correlatos de los países desarrollados, con felices Tratados de Libre Comercio, crea la famosa asimetría estructural. Se manifiesta de inmediato la desproporción y el bloqueo. La única forma de buscar un relativo equilibrio es mediante una sana relación de las empresas con su Estado. Éste podrá entonces jugar el papel clásico de demiurgo productor, custodio y regulador, partero promotor y administrador a medio tiempo. No es el corporativismo fascista, pero sí acuerdos transparentes en que el Estado ponga su capacidad de iniciativa y convocatoria, su envergadura administrativa al servicio de propósitos acordados en consuno. El presidente Lula, por ejemplo, creo un comité consultivo corporativo muy particular al respecto. Clave de su éxito en política económica, diferente de la monetaria del Banco Central.

La cultura anglosajona tiene una tradición de separación radical del Estado y el sector privado de la economía. Pero esa separación es bastante aparente porque viven relaciones concubinas en  voluminoso cabildeo (lobby). En la vieja tradición alemana y japonesa esa relación es más transparente e institucional sin llegar a la constitución de parlamentos corporativos de estilo fascista. En Colombia los cafeteros, los ganaderos, los agricultores, los mineros y los sindicatos obreros, entre otros, tenían una larga experiencia y un banco a bordo. Pero fueron menguados. Ahora los grandes conglomerados empresariales son los que pueden gozar de tener un banco a bordo.

Se pueden traer a cuento el Grupo Santodomingo, el Sindicato Antioqueño, el grupo Aval liderado por Luis Carlos Sarmiento, la organización Ardila Lulle, el Grupo Bolivar… Según un informe de la Supersociedades, de los 537 grupos empresariales registrados en 2011, 430 entregaban sus balances a las Supersociedades, mientras que unos 40 lo hacían a la Superfinanciera. Las sociedades subordinadas a esos grupos pasaron de 1.487 en 2010 a 1.833 en 2.011. No se puede decir que esa relación de control y vigilancia de las superintendencias sea un feliz encuentro para trabajar en consuno.

Con nuestra piadosa devoción a los grandes y fuertes, los líderes políticos se han quedado encerrados con la caja fuerte del presupuesto, cegatones de las perspectivas del país. País que se metió para mal en el mar grande de los animales grandes. En esa situación crítica y con horizontes cerrados es forzoso examinar para la 2ª vuelta el tema para volver a la carga en consuno. La gran reforma del capitalismo no sólo fue el Estado del Bienestar, sino también la licencia soberana de independencia e industrialización para los entonces países del Tercer Mundo. Falta algo que se parezca a un Plan Indicativo de Desarrollo con el IFI en punta aunque le disguste a Luis Alberto Moreno, destructor del IFI y luego presidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

Ver más adelante: “TRABAS A LA INDUSTRIALIZACIÓN DE ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL COMERICIO OMC”

16.18.-INDICADOR EXTERNO

16.18.-CRECIMIENTO ESPERADO EN COLOMBIA – Bernardo García

Todo candidato presidencial que se respete, hace crecer el PIB a un 5 o 7% anual. Con esa premisa se absorbe el desempleo, se aumenta la tributación y se desarrollan muchos programas sociales. Con esta premisa, amplia es castilla. No se hace populismo puesto que lo prometido, está financiado. Y nadie puede discutirles. Petro sentencia futuros con solvencia, a Germán Vargas no le tiemblan los labios construyendo país, Duque no es Iván el terrible sino el ensueño venidero, De la Calle compite con el viejo programa populista de las Farc y en fin, Sergio Fajardo puede hacernos soñar con un sistema educativo en tercera dimensión espacial. Todo es posible y soñar no cuesta nada.

 Pero la cuestión es la premisa. Si el futuro presidente es el que va hacer crecer el PIB, entonces hay que introducir una salvedad: “El Estado intervendrá en la economía para garantizar su crecimiento acelerado”. Intervención seria del Estado: con planeación indicativa para el sector privado. Imaginemos los  comentarios de los candidatos según su talante ideológico.

Duque replicaría: – esa proposición es incorrecta porque el Estado sólo debe intervenir cuando el mercado resulte insuficiente. Pero el mercado puede garantizar el crecimiento acelerado, luego no es necesario que intervenga el Estado.

Preguntado ¿cuál es la garantía del mercado?

– La inversión inducida por la expansión de la demanda genera una mayor producción. Y esa demanda está controlada por el Banco Central que permite una expansión adecuada del volumen de dinero sin caer en la inflación. Ese crecimiento de la demanda es la correa de trasmisión que obliga a la oferta a producir más.

– De acuerdo, le digo, pero ese es el crecimiento normal, con baja tasa de inflación y a condición de que esa mayor demanda monetizada llegue en buena proporción a los salarios que son los que más consumen. Mira que durante diez años, desde 2008, los Estados Unidos soltaron los medios de pago (dinero), con tasas de interés vecinas a cero,

y la economía apenas si se mosqueaba. El Estado tiene que intervenir invirtiendo en obras para reanimar la demanda interindustrial, que reanima la demanda efectiva con empleo y salarios. Además habría que pensar en la expansión de la demanda externa, o sea en las exportaciones que son función de la tasa cambiaria.

– Exacto, interviene Germán Vargas, hay que controlar la tasa cambiaria para que las exportaciones sean competitivas. A los argentinos les gusta el dólar barato, porque les gusta ahorrar en dólares y les gusta importar. Pero es mejor el dólar caro si de exportar se trata y de expandir la producción colombiana. La devaluación gota a gota, llamada crawling peg, la instaló mi abuelo Carlos Lleras y funcionó bien durante 30 años.

– En tono de moderador, digo yo, que esas dos intervenciones del Estado en la economía, son las que acepta el neoliberalismo, en el Consenso de Washington, y con buena suerte con los precios de los bienes exportables es posible que la economía crezca por encima de la tasa de crecimiento de la población, pero no más como lo sabemos por experiencia.

– Cómo así que con moneda sana y tasa cambiaria competitiva es suficiente para acelerar el crecimiento y ¿la educación qué?, protesta Sergio Fajardo.

– Aclaro, digo yo. Su reclamo, doctor Fajardo, es como una puñalada para los economistas cortoplacistas. Es que aún no hemos hablado de los aceleradores del crecimiento a mediano y largo plazo. Kennedy y su asistente WW Rostow decidieron meterle planes industriales a Latinoamérica para evadir las tentaciones castristas y  lograron bastante en el mediano plazo. Corea del Sur logró mucho más en el largo plazo. México y Brasil, también bastante. Siempre con la educación creciendo en paralelo.

– Pero, advierte Iván Duque, es que la planificación industrial está mandada a recoger. Todos los países del mundo están comprometidos con la Organización Mundial del Comercio OMC de no poner nuevos aranceles y sin aranceles no hay industria nueva que resista.

Petro se rebota e irrumpe: – La OMC acepta cuatro motivos para elevar los aranceles: contra el dumping, por defensa nacional, frente a nuevos productos y algo más…. si a una industria nueva no se la protege morirá aplastada por la competencia mundial. La OMC tiene que aceptar el criterio de la defensa nacional directa. No es una metáfora.

A Fajardo no le cae bien ese directo desafío y pide la palabra: – primero debemos repasar el protocolo que Colombia firmó para el ingreso a la OMC. En detalle hay que mirar cuáles son los aranceles tope a que se comprometió el país. Claro que con la asesoría de Urrutia y Hommes es posible que Gaviria no haya establecido márgenes interesantes para sectores promisorios. Hay que mirar caso por caso.

Por ahora, concluyo, no habrá planes de desarrollo sectoriales para el sector privado. Tampoco habrá libertad soberana para proteger con aranceles a la industria naciente. No obstante aún no sabemos cómo va a terminar el enfrentamiento del presidente Trump con China y en dónde va a parar la Organización Mundial del Comercio OMC. Por el momento, queda vetada la premisa de crecimiento acelerado y sus deliciosas conclusiones.

https://noticias.caracoltv.com/colombia-decide-2018/noboteelvoto-que-candidatos-estan-echando-carreta-con-sus-propuestas 

16.18.-INDICADOR EXTERNO

15.18.- IVAN DUQUE DIJO QUE NO SE NEGOCIARÁN MÁS TRATADOS DE LIBRE COMERCIO TLC, PERO SE PROTEGERÁN LOS YA FIRMADOS CON 58 PAÍSES – Bernardo García

“No se negociarán más tratados de libre comercio. Se pretenderá insertar al país en cadenas de valor”

Esa promesa electoral no pudo ofender a su preceptor Álvaro Uribe, porque además promete que se pretenderá insertar al país en las “cadenas de valor”. Debió más bien traerle a la memoria las gestas libradas con su colega político y abogado Fabio Valencia Cossio, nombrado entonces como Alto Delegado para la Competitividad Nacional. Rimbombante honor. Hace once años. Recién  firmado el primer TLC con los Estados Unidos. No hay noticia sobre los aportes de tal cargo.

Quizá trataba de remediar el problema de las inteligencias astutas, es decir rápidas y refinadas, capaces de meterse por entre una rendija, pero que no saben a dónde llegan. Y la llegada tuvo que ser sorpresiva: más de quinientas empresas. Muchas superan considerablemente por el valor de sus ventas al producto interno bruto de Colombia. Son firmas de miedo por su cobertura en el mundo, su poderío y sus acelerados ritmos de crecimiento. El presidente Uribe de entonces quizá pensaba que firmaba un documento de compra-venta con el presidente Bush. No más. Y luego le vinieron con el cuento del diamante de Michael Porter y sus cadenas de valor que eran prácticas de gestión para las empresas, no para ciudades, ni países.

Pero luego vendría la sorpresa mayor. Ese rebaño de gigantes corporaciones ya no vienen a instalar sucursales. Tampoco nos exportan desde sus casas matrices. No. Lo hacen desde Pakistán, Malasia, Vietnan y sobre todo desde China a precios fuera de competencia aún con aranceles. En ese enredo están también los Estados Unidos. Cargan cada año con una onerosa deuda comercial, provocada en gran parte por sus propias empresas radicadas en Asia.

Por el contrario, el otro candidato Germán Vargas Lleras denunció las estafas resultantes de las decisiones de la escuela de Rudolf Hommes y compañía. “Revisaremos los Tratados de Libre Comercio, sentenció en Cúcuta, donde 8 de los 14 tratados vigentes presentan un déficit comercial, según el DANE”, concluyó. Denuncia tardía la del vice-presidente, aunque más vale tarde que nunca.

  1. En cambio, por sorpresa, Humberto de la Calle dijo: “Decir que vamos a renegociar los tratados de libre comercio, sin más, puede ser riesgoso. Quiero que entre todos examinemos ventajas y desventajas de los TLC, que ya tienen mecanismos de salvaguarda y protección para los sectores que se han visto afectados”. Pareciera que los cuatro años de reclusión negociadora en la Habana, lo sustrajeran de la realidad: desindustrialización visible y documentada, balanzas comerciales negativas, racha de importaciones de alimentos que deprimen la agricultura. Algún día dijo Keynes: “vale la pena comer un poco más caro, pero con un desempleo menos peligroso”.

Sergio Fajardo y Gustavo Petro, radicales pero no locos. Ambos propusieron revisar y evaluar los tratados de Libre Comercio y entrar a renegociarlos para suprimir sus desafueros. Y eso es duro porque las locuras, cuando se permiten, difícilmente toleran reformas. Hay que acostumbrarse a denunciar tratados locos para establecer lo razonable de siempre: Tratados de comercio, con sus ampliaciones, restricciones y revisiones aceptables para las dos partes. Sobre todo si son entre estados muy, muy desiguales. Tratados sin razonables talanqueras son un despropósito. Lula se lo dijo: “presidente, acepto del tratado pero no lo celebro porque la asimetría estructural puede traernos problemas”.

Qué pasó con el diamante de Porter y las microempresas.

Veamos un ejemplo apto para la finca El Ubérrimo propiedad del expresidente. Mientras se han subastado 1.777 toneladas de leche en polvo colombiana en los últimos tres meses, las importaciones registradas tan solo en el mes de enero de 2018 superan las 7 mil toneladas de leche y derivados lácteos, procedentes de Estados Unidos (74 %) y la Unión Europea (9 %). mientras tanto, sólo Colanta tiene 12.000 toneladas atascadas en bodega que le ha traído problemas de liquidez por falta de ventas. En todas las subastas colombianas se tiene como base de negociación el precio internacional de la leche en polvo, establecido por Fonterra la compañía neozelandesa multinacional, líder mundial de productos lácteos y el mayor exportador de lácteos del mundo. Pero la inundación es incontenible.

Lo que descubrió Michael Porter en su tesis de grado, “Estrategia competitiva” (1980) es que las doscientas grandes empresas exitosas en la costa este de los Estados Unidos, eran firmas dominantes en los cinco caras del diamante: 1.- disponibilidad de infraestructura, recursos naturales y recursos humanos 2.- frente a su clientela de compradores no asociados 3.- competencia débil de otras empresas o posibilidad de eliminarla 4.- crecimiento favorable de sectores afines y auxiliares. 5.- Gobierno y dirección. Estímulos favorables del gobierno y empeño de la gerencia en investigación y desarrollo. Excelente capacidad de negociación.

Tratados de Libre Comercio de la República de Colombia con 58 países: 28 países de la Unión Europea), 3 de Norteamérica, cuatro de Centroamérica, cuatro de Mercosur, cuatro del Grupo Andino, 1 con Chile, 12 Países de Caricom, Israel y Corea del Sur. En trámite Japón, Turquía y Nueva Zelanda.

15.18.-INDICADOR EXTERNO

15.18.- RETOS DE LA IZQUIERDA COLOMBIANA – Luis Gabriel Galán

Independientemente del resultado en las elecciones presidenciales, los datos son irrefutables. El desembarco de la izquierda ya no es el de un solitario Robinson Crusoe que tiene como únicos acompañantes los restos del naufragio y al simpático Viernes.

Las elecciones parlamentarias y las encuestas lo han demostrado. Incluso, una sumatoria arbitraria de porcentajes, y no del todo precisa ni concluyente, revela una notable intención de voto. Sumar a Petro, Fajardo y De la Calle se aproximaría al 50% del censo electoral que está dispuesto a votar. Después de una prolongada guerra que sirvió de “transformismo hacia la derecha”, la izquierda colombiana empieza a tener un futuro promisorio. No obstante, los retos son numerosos.

4 mayo  2018.- El primero será ampliar la democracia urbana y rural. Un dato de sumo interés. Las elecciones del plebiscito apenas movilizaron el 35% del censo electoral. Si tomamos una muestra más pequeña, p. e. Antioquia, es evidente que la ciudad no domina significativamente las elecciones colombianas. Medellín y los municipios aledaños representaron no más del 50% de la votación total del departamento. En muchos municipios antioqueños la votación total no superó el 27% del electorado. Estas cifras son todavía muy bajas. Por contraste, en las últimas elecciones parlamentarias en Italia votó más del 70% del electorado.

La izquierda colombiana deberá incorporar la masa del censo electoral urbano y rural que perdura en el anonimato de la abstención. Ensanchar la democracia parece ser la única manera de derrotar las maquinarias personalistas de los viejos partidos, un aspecto fundamental para ganar la presidencia y tener gobernabilidad en el Congreso. No obstante, el asunto parece importar muy poco. Petro y Fajardo han sido incapaces de constituir partidos políticos o de crear instituciones políticas duraderas. Y aquí es útil comparar de nuevo con el socialismo europeo. En gran medida, la longevidad de sus partidos socialistas se debió a que ampliaron la democracia urbana e incluso rural, como en Italia, con partidos de masas que propagaron la política con la ayuda de sindicatos, cooperativas, barberos, librerías, clubes sociales y clubes deportivos.

Este no es un llamado a la politización de la sociedad. Sólo quiero mostrar que la izquierda creció en ciertos parlamentos europeos creando instituciones nuevas y viejas para rivalizar con los partidos conservadores de los aristócratas y junkers. En Europa, estos partidos lucharon contra la abstención y enseñaron a votar a millones de campesinos y obreros que no conocían el sufragio. Si la izquierda pretende crecer en el Congreso colombiano, deberá crear nuevas instituciones y atraer las existentes -ligas agrarias, sindicatos, cabildos o JAC- para movilizar los electores apáticos.

Es innegable que la izquierda se ha perfilado en estas elecciones como una amenaza a largo plazo para el statu quo y la derecha colombiana. Pero un segundo reto será superar la historia de desunión; una tradición no propiamente colombiana. Las peleas entre el Polo, Petro y los Verdes recuerdan las viejas peleas entre la izquierda europea. Allí, los anarquistas, comunistas y socialistas no vivieron en armonía, aunque trabaran ocasionales alianzas. Las consecuencias saltan a la vista. En Inglaterra, los Laboristas hicieron alianzas con los Liberales que les permitió adueñarse del parlamento y realizar reformas sociales mientras que el Partido Socialista alemán nunca tuvo una buena relación con los Comunistas y el Partido de Centro Católico y por ello nunca logró tener mayorías parlamentarias que le permitiera aprobar sus anheladas reformas sociales.

El último reto que deberán enfrentar los políticos será definir qué tipo de izquierda prevalecerá, en medio del amplio espectro político. Es claro que la facción que representa Petro infunde temor a gran parte del electorado o lo mantiene en la indiferencia más absoluta. La izquierda debe definirse en relación con sus rivales. Parte del fracaso en Rusia antes de la revolución bolchevique fue su extremo radicalismo que condujo a la extrema violencia con la que fue reprimida por parte de la aristocracia y del Zar (no olvidemos que unos anarquistas asesinaron al Zar Alejandro II). Estos actos, sumados a la torpe antipatía de Nicolás II por las reformas sociales, creó un abismo irreconciliable y sangriento.

En nuestro caso, las guerrillas giraron el país hacia la derecha. Y Petro, que surge de una de ellas, ha sumado a su fallida experiencia administrativa la torpeza de no tener una posición clara y distante del modelo venezolano. Todo esto lo envuelve en unas brumas que no disipará fácilmente en un futuro cercano.

Por otra parte, tengo mis dudas acerca de la conveniencia de una opción de izquierda que sea vista como extrema. En Italia, condujo a Mussolini; en Rusia, desencadenó una guerra civil sangrienta que implantó a Stalin; y en Alemania entronizó al nazismo. En Colombia, las guerrillas reavivaron el paramilitarismo. Ahora, en el campo electoral, Petro nos está conduciendo de nuevo a Uribe.

El lector se preguntará por qué el juego con tantos paralelos europeos. Sin duda, eran sociedades muy distintas a la nuestra. Yo mismo soy escéptico de pensar la historia como una maestra de vida o una serie de procesos repetibles en condiciones distintas. Sin embargo, es posible sacar una que otra lección del surgimiento de los partidos socialistas europeos.

David Lloyd George en plaza pública a principios del siglo XX

Todos tuvieron que enfrentarse a los conservadores. Todos tuvieron que ampliar su electorado. Todos tuvieron que resolver sus divisiones. Alemania, Rusia y el Reino Unido abrigaron distintos tipos de izquierda que se definieron con base a sus rivales y a sus estructuras sociales. Sus programas, sus instituciones y sus métodos de lucha política variaron de forma importante.

El menos celebrado, el menos admirado, el menos conocido de los socialismos, es el inglés. Los británicos triunfaron porque cumplieron con los tres retos que debe superar hoy la izquierda colombiana. Fue quizás el único socialismo en la historia que logró una transformación social pacífica en medio de un cambio extraordinario de época. Fue el único que superó el péndulo de la extrema izquierda y la extrema derecha con su moderación. Pero no por ello dejó de lograr cosas importantes. El “People’s Budget” de Lloyd George culminó décadas de reformas: impuestos a los ricos, impuestos a la tierra, una reforma electoral que derrotó las viejas maquinarias, reavivó la producción agrícola y consolidó un servicio civil profesional que erradicó en gran medida el clientelismo. ¿Alguna semejanza con las ideas de nuestros candidatos?

http://blogs.eltiempo.com/el-excursionista/2018/05/04/retos-la-izquierda-colombiana/

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*