34.18.- DEMÓCRATAS SON CREÍBLES CUANDO HABLAN DE SANIDAD – Paul Krugman

La reforma de Barack Obama ha cumplido con lo previsto pese a los intentos de Trump de matarla

El senador demócrata Joe Manchin, en una entrevista. BILL CLARK (AP)

El Obamacare ha cumplido, y los republicanos han estado todo este tiempo equivocados. La semana pasada, Ted Cruz, senador republicano por Texascuyo cargo se ve inesperadamente amenazado, advirtió de que Beto O’Rourke, su adversario demócrata, convertiría el estado en otra California, con “tofu, silicona y pelos teñidos”. ¿Realmente piensa Cruz que todas las rubias —y todos los hombres de mediana edad sin apenas canas— de Texas son naturales, y que nadie se ha hecho algún que otro retoque?

14 sep 2018.-  Por otra parte, a Joe Manchin, senador demócrata por Virginia Occidental —donde Donald Trump ganó con 40 puntos de diferencia— parece irle un poco mejor en su campaña de reelección. ¿Su arma secreta? La defensa de la Ley de Sanidad Asequible (ACA, por sus siglas en inglés), que redujo drásticamente el número de residentes no asegurados en su estado.

Estas dos campañas son un ejemplo de cómo se están desarrollando las elecciones de 2018. Por un lado, los republicanos se están basando casi por completo en la política de identidad (blanca) más que en la política. Cierto que están presentando muchos anuncios sobre inmigración, pero no sobre los efectos reales de la inmigración. Tratan más bien de una mítica oleada de delincuencia perpetrada por aterradoras personas de color oscuro.

Por el otro lado, los demócratas se basan en cuestiones políticas, sobre todo la atención sanitaria, y prometen proteger a personas con dolencias preexistentes y al mismo tiempo mantener y tal vez ampliar el Medicare [la atención sanitaria para personas discapacitadas o mayores de 65 años].

Pero los políticos hacen muchas promesas, a menudo vacías. Por ejemplo, los republicanos prometieron que la rebaja tributaria de Trump llevaría a una subida de los salarios, algo que no ha ocurrido. ¿Y son realmente creíbles los demócratas cuando hablan de la atención sanitaria?

Casi cinco años después de que entrase en vigor el Obamacare, la respuesta es un rotundo sí. No ha funcionado a la perfección, y sus éxitos no son los que sus defensores esperaban. Pero ha proporcionado un enorme avance, sobre todo en estados dirigidos por políticos que intentan hacerlo funcionar.

Vale la pena recordar lo que los republicanos dijeron que ocurriría antes de que la ACA fuese colgada en la red: que no reduciría el número de personas sin seguro, que provocaría un enorme agujero en el presupuesto, y que conduciría a una “espiral mortal” de subida de primas y descenso del número de pólizas.

Lo que ocurrió de hecho fue una drástica caída del número de personas sin seguro, en especial en aquellos estados que extendieron la sanidad para personas sin recursos (Medicaid). Los costes presupuestarios de la ampliación, así como los de subvencionar otros seguros, han sido significativos, pero los cálculos correspondientes a 2019 indican que estos costes rondarán los 115.000 millones de dólares, mucho menos que los ingresos perdidos por culpa de la rebaja fiscal de Trump.

¿Y qué hay de la espiral mortal? Las primas de los mercados sanitarios establecidos por la ACA fueron inicialmente muy inferiores a las esperadas, y después experimentaron un drástico aumento cuando los que se apuntaron a esos mercados resultaron ser menos y estar más enfermos de lo que las aseguradoras habían esperado. Pero ahora los mercados se han estabilizado, con un aumento moderado de las primas en 2019, y las aseguradoras están volviendo a ellos.

Y si bien los mercados están cubriendo a menos asegurados de lo proyectado, Medicaid está cubriendo a más de los esperados, de modo que el aumento total de la cobertura ha cumplido sorprendentemente con las previsiones. A principios de 2014, la Oficina Presupuestaria del Congreso calculaba que, con el ACA, en 2018 habría 29 millones de personas sin seguro médico en Estados Unidos. La cifra real es de… 29 millones.

Lo que resulta particularmente impresionante de la estabilización del Obamacare es que se está produciendo a pesar de los intentos desesperados de Trump y de sus aliados por sabotear el logro de su predecesor. Los republicanos han revocado la orden que supuestamente debía inducir a los ciudadanos a asegurarse cuando todavía están sanos, y el Gobierno de Trump ha hecho todo lo posible por aumentar los riesgos y asustar a las aseguradoras. Pero los demócratas construyeron tan bien su sistema que sigue en pie a pesar de todo lo que le arrojan.

Naturalmente, el Obamacare obtendría resultados aún mejores si estuviera dirigido por personas que no estuviesen intentando matarlo. Fíjense en lo que está pasando en Nueva Jersey, donde un gobernador y una legislatura demócrata han utilizado sus competencias para deshacer buena parte del sabotaje trumpista: las primas de 2019 bajarán de hecho un 9,3%, si bien subirán moderadamente en el país en su conjunto.

Y por otra parte, si los republicanos siguen dominando el Congreso en noviembre, simplemente matarán por completo el Obamacare, dejando sin seguro a millones de personas. Si tienen una afección médica previa, o un trabajo que no incluya un buen seguro, deberían tener mucho, mucho miedo.

Ahora bien, el Obamacare dista mucho de ser un sistema perfecto. Siempre ha sido una extraña avenencia que reflejaba las restricciones políticas del momento, y muchos demócratas —incluido el propio Barack Obama— ahora insinúan que debería superarse para pasar al “seguro sanitario para todos”, aunque no está claro qué significa eso exactamente.

Pero la Ley de Sanidad Asequible ha conseguido muchas cosas. Y estos logros influyen fuertemente en el actual debate político. Básicamente, los demócratas han ganado mucha credibilidad en materia de sanidad: cumplieron lo que habían prometido y han demostrado que pueden construir sistemas que funcionan.

Los republicanos, por otra parte, no solo mienten respecto a sus planes sanitarios —fingiendo, por ejemplo, proteger a personas con afecciones preexistentes cuando no lo hacen— sino que también se han equivocado completamente en todo, y no han aprendido nada de sus errores.

¿Están justificados los demócratas al presentarse como defensores de la sanidad estadounidense? Sí.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018. Traducción de News Clips. https://elpais.com/economia/2018/09/14/actualidad/1536931129_194039.html

34.18.-“NO ES POPULISMO, ES QUE LOS TRABAJADORES SE VUELVEN CONTRA LAS ÉLITES”, entrevista a NOAM CHOMSKY* por Fabrizio Rostelli

Aunque en el último año y medio, Noam Chomsky  – tras la elección de Trump – ha intensificado su calendario de actos y entrevistas, todavía encuentra tiempo para responder a algunas preguntas sobre la situación norteamericana y la deriva política en Europa, como éstas.

P.- Estamos siendo testigos de un desplazamiento progresivo de una gran parte de la clase trabajadora norteamericana y europea a la derecha política. Los medios de comunicación lo llaman “populismo”, pero no creo que sea la palabra correcta. ¿Cuál es la razón de este proceso? ¿Qué tendría que hacer la izquierda para recuperar el terreno?  

R.- Yo lo diría de manera un tanto distinta. La gente de clase trabajadora se está volviendo contra las élites y las instituciones dominantes que llevan castigándola una generación.

En los Estados Unidos, por ejemplo, los salarios reales son más reducidos hoy que cuando se instituyó la arremetida neoliberal desde finales de 70, con su intenso recrudecimiento con Reagan y Thatcher y sus previsibles efectos en el declive del funcionamiento de las instituciones formalmente democráticas.

Ha habido crecimiento económico y un aumento de la productividad, pero la riqueza generada ha acabado en muy pocos bolsillos, en su mayor parte en las instituciones financieras predadoras que resultan, en conjunto, dañinas para la economía.

En Europa viene a ser en buena medida lo mismo, en cierto sentido hasta peor, porque la toma de decisiones en asuntos fundamentales se ha desplazado a una Troika no elegida.

Los partidos de gobierno de centro-derecha/centro-izquierda (los demócratas norteamericanos, los socialdemócratas europeos) se han movido a la derecha, abandonando en gran medida los intereses de la clase trabajadora. Y eso ha conducido al enfado, la frustración, el miedo y los chivos expiatorios.

Puesto que las verdaderas causas quedan ocultas en la obscuridad, tiene que ser culpa de los indignos pobres, o de las minorías étnicas, o de los inmigrantes, o de otros sectores vulnerables. En esas circunstancias, la gente se agarra a un clavo ardiendo. En los Estados Unidos, mucha gente de clase trabajadora votó por Obama, creyendo en su mensaje de “esperanza” y “cambio”, y cuando se sintieron rápidamente desilusionados buscaron algo distinto.

Se trata de un suelo fértil para demagogos como Trump, que pretenden ser voz de los trabajadores, al tiempo que los debilita cada vez más mediante las brutales medidas antisindicales de su administración, que representa el ala más salvaje del Partido Republicano.

Nada tiene eso que ver con el “populismo”, un concepto con una historia ambivalente, y a menudo bastante respetable.

Hay reacciones constructivas, como las de las campañas de Sanders y Corbyn, objeto de agrios ataques por parte de las élites del sistema, sobre todo en el Reino Unido, donde resultan particularmente virulentas.

En el continente, el MDeE25 [Movimiento por la Democracia en Europa 2025 -DiEM25 -Democracy in Europe Movement 2025] resulta muy prometedor, pero se enfrenta a obstáculos considerables.

P.- Declaró usted recientemente que el Partido Republicano es la organización más peligrosa de la historia de la humanidad debido a su política relativa al cambio climático y las armas nucleares. ¿No cree que el Partido Demócrata ha sido la causa principal de la victoria de Trump?

R.- El abandono de la clase trabajadora por parte de los demócratas ha constituido desde luego un elemento significativo en la victoria de Trump (en el colegio electoral, con una minoría del voto popular), junto a otros factores, tales como el éxito que han tenido a la hora de impedir que la gente vote los gobiernos de estados republicanos, que ahora se recrudece con el apoyo del Tribunal Supremo más reaccionario de la historia. Pero eso no cambia el hecho, bien claro y nada ambiguo, por indescriptible que pueda resultar, de que el Partido Republicano es la organización más peligrosa de la historia humana.  .

Ni siquiera Hitler dedicó sus esfuerzos a socavar las perspectivas de la existencia humana organizada en un próximo futuro. Y con plena consciencia de lo que están haciendo.

Trump, por ejemplo, cree firmemente en el calentamiento global. No hace mucho solicitó permiso al gobierno irlandés para construir un muro que proteja su campo de golf del ascenso del nivel del mar, alegando los peligros del calentamiento global.

Tómese, si no, a Rex Tillerson, al que se considera “el adulto de la casa”, tan sensato que no duró mucho en el gabinete de ultraderecha de Trump. A finales de los años 80 se había convertido en alto ejecutivo (luego en director general) de ExxonMobil, cuando el calentamiento global se convirtió en asunto público gracias al difundido testimonio de James Hanson en 1988 sobre amenazas extremas. Tenía en su mesa de despacho informes de sus propios científicos, de hacía muchos años, avisando de los graves efectos del calentamiento global. En cuanto las amenazas llegaron a la opinión pública, la empresa comenzó a canalizar fondos hacia el negacionismo, mientras continuaba, como hasta hoy, desarrollando nuevas formas de destruir el medio ambiente.

¿Puede usted pensar en algún término que denomine ese comportamiento en cualquier idioma? Yo no. O para la incapacidad de verlo como lo que es.

P.- ¿Podría ser Bernie Sanders una alternativa real y creíble al Partido Republicano y a los candidatos demócratas?

R.- El rasgo más notable de la campaña de 2016 no fue la elección de un multimillonario, con ingentes cantidades de dinero, sobre todo en las cruciales etapas finales de la campaña, y con enorme apoyo mediático (Fox News, órgano prácticamente del ala derecha del Partido Republicano, y las tertulias de la radio, de enorme audiencia, tomadas hace ya mucho por empresas de la extrema derecha).

El rasgo más notable fue la campaña de Sanders, que rompió con más de un siglo de historia política norteamericana en la que las elecciones han sido previsibles con notable precisión, lo cual resulta cierto también en el caso del Congreso, por la sencilla variable del gasto de campaña.

Sanders era casi desconocido, fue descartado o ridiculizado por los medios, no disponía de financiación del sistema empresarial o de fortunas particulares, y hasta utilizó la palabra “socialismo”, un término que da miedo en los EE.UU., a diferencia de otras sociedades. De hecho, sus medidas políticas “socialistas” no le habrían sorprendido al presidente Eisenhower, un conservador chapado a la antigua, pero con el desplazamiento del espectro político a la derecha en los años del neoliberalismo, parecían revolucionarias, salvo para la opinión pública en general, que en buena medida apoya esa medidas políticas, como demuestran regularmente las encuestas, a menudo por un margen grande.

Podría haber conseguido perfectamente la designación como candidato demócrata, de no haber sido por las maquinaciones de los gestores del Partido de los Obama-Clinton.

Se reveló como la figura política más popular del país. Las ramificaciones de su campaña, combinadas con otras, se están convirtiendo en una fuerza significativa, pese a la hostilidad mediática y la intensa oposición de los centros de poder económico, que son habitualmente decisivos en los resultados electorales determinantes y la elaboración de medidas políticas, como ha demostrado una extensa labor de la ciencia política académica.

La verdadera pregunta es si los EE.UU pueden convertirse en una democracia que funcione, que se acerque a los conocidos lemas “de, por y para el pueblo”. Se pueden hacer las mismas preguntas en el caso de Europa.

 *Noam Chomsky Lingüista, filósofo, personalidad académica, teórico de la comunicación y activista político. Después de transformar el mundo de la lingüística con su teoría de la gramática transformacional-generativa en los años 50 y 60, siguió observando la realidad y la dinámica social con una visión revolucionaria, elaborando famosos análisis y ensayos sobre cuestiones relativas al poder, el consenso, la democracia y el lenguaje

Catedrático emérito de lingüística del Massachusettes Institute of Technology, EE UU, es uno de los activistas sociales más reconocido por su magisterio y compromiso político. Fuente: Il manifestó global, 8 de septiembre de 2018           Traducción: Lucas Antón http://www.sinpermiso.info/textos/no-es-populismo-es-que-los-trabajadores-se-vuelven-contra-las-elites-entrevista-a-noam-chomsky

3.18.-LAS POLÍTICAS DE TRUMP DESTRONARÁN EL DÓLAR – Jeffrey D. Sachs*

 Allá por 1965, Valéry Giscard d’Estaing (entonces ministro de Finanzas de Francia) calificó de “privilegio exorbitante” los beneficios que reportaba a Estados Unidos el hecho de que el dólar fuera la principal moneda de reserva del mundo. Pero esos beneficios están disminuyendo con el ascenso del euro y el yuan chino como monedas de reserva alternativas. Y, ahora, las erradas políticas de guerra comercial y sanciones a Irán del presidente estadounidense Donald Trump acelerarán el abandono del dólar.

8 sep 2018.- El dólar supera todas las otras divisas como moneda para las transacciones internacionales. Es la unidad de cuenta (o de facturación) más importante para el comercio internacional. Es el principal medio de intercambio para el pago de transacciones internacionales. Es el principal depósito de valor de los bancos centrales de todo el mundo. La Reserva Federal actúa como prestamista de última instancia del mundo, como lo hizo durante el pánico financiero de 2008, aunque debemos reconocer también que los errores de la Reserva ayudaron a provocar la crisis de 2008. Y el dólar es la principal moneda financiera, al estar denominadas en él la mayor parte de las deudas internacionales de empresas y gobiernos.

En cada una de estas áreas, el dólar abarca mucho más de lo que le correspondería según el peso de Estados Unidos en la economía mundial. En la actualidad, Estados Unidos genera cerca del 22 % de la producción mundial medida a precios de mercado, y alrededor del 15 % en términos de paridad de poder adquisitivo. Pero el dólar representa más de la mitad de la facturación, las reservas, los pagos, la liquidez y la financiación del mundo. Su principal competidor es el euro, mientras que el yuan asoma a la distancia en tercer lugar.

La función que cumple el dólar como principal moneda del mundo otorga a Estados Unidos tres importantes beneficios económicos. El primero es la capacidad de financiarse en el extranjero en dólares. Un gobierno que se endeuda en moneda extranjera puede quebrar; no es así cuando se endeuda en su propia moneda. Más en general, el papel internacional del dólar ofrece al Tesoro de Estados Unidos más liquidez y tipos de interés más bajos al momento de endeudarse.

Una segunda ventaja tiene que ver con la actividad bancaria: Estados Unidos, y más precisamente Wall Street, obtiene importantes ingresos de la venta de servicios bancarios al resto del mundo. Una tercera ventaja tiene que ver con el control regulatorio: Estados Unidos administra o coadministra directamente los principales sistemas de liquidación de pagos del mundo, lo que le da importantes herramientas para vigilar y limitar los flujos de fondos relacionados con el terrorismo, el narcotráfico, la venta ilegal de armas, la evasión fiscal y otras actividades ilícitas.

Pero estos beneficios dependen de que Estados Unidos provea al mundo servicios monetarios de alta calidad. La amplitud de uso del dólar se debe a que ha sido la moneda más conveniente, menos costosa y más segura como unidad de cuenta, medio de intercambio y depósito de valor. Pero no es insustituible. En el transcurso de los años, la función de custodia del sistema monetario internacional por Estados Unidos ha tenido serios tropiezos, y el desgobierno de Trump puede acelerar el final del predominio del dólar.

La mala administración fiscal y monetaria de Estados Unidos a fines de los sesenta llevó a la ruptura del sistema de fijación cambiaria basada en el dólar de Bretton Woods en agosto de 1971, cuando el gobierno del presidente Richard Nixon repudió unilateralmente el derecho de los bancos centrales extranjeros a cambiar sus dólares por oro. Al quiebre del sistema basado en dólares le siguió una década de alta inflación en Estados Unidos y Europa, y luego una abrupta y costosa desinflación en Estados Unidos a principios de los ochenta. La turbulencia del dólar fue uno de los principales motivos por los que Europa inició en 1993 el proceso de unificación monetaria que culminó en 1999 con la creación del euro.

Asimismo, el mal manejo estadounidense de la crisis financiera asiática en 1997 alentó a China a iniciar la internacionalización del yuan. La crisis financiera global de 2008, que comenzó en Wall Street y en poco tiempo se extendió por el mundo, a la par que se agotaba la liquidez interbancaria, fue un nuevo aliciente para el abandono del dólar y la adopción de monedas alternativas.

Ahora es casi seguro que las desacertadas guerras comerciales y sanciones de Trump refuercen la tendencia. Así como el ‘brexit’ está debilitando la City londinense, las políticas comerciales y financieras de Trump, englobadas en el eslogan ‘Estados Unidos primero’, debilitarán el papel del dólar y el de Nueva York como centro financiero global.

De las políticas económicas internacionales de Trump, las más trascendentes y erradas son la creciente guerra comercial con China y la reimposición de sanciones a Irán. La guerra comercial es un intento torpe y prácticamente incoherente del gobierno de Trump de detener el ascenso económico de China tratando de asfixiar las exportaciones del país y su acceso a tecnología occidental. Pero si bien los aranceles y las barreras comerciales no arancelarias de Estados Unidos pueden afectar el crecimiento de China en el corto plazo, no cambiarán decisivamente su trayectoria ascendente a largo plazo. Lo más probable es que refuercen la determinación de las autoridades chinas de poner fin a la continua dependencia parcial de su país respecto de las finanzas y el comercio estadounidenses y redoblar la política de fortalecimiento militar, inversión masiva en tecnologías de avanzada y creación de un sistema internacional de pagos basado en el yuan como alternativa al sistema del dólar.

El abandono de Trump del pacto nuclear de 2015 con Irán y la reimposición de sanciones a la República Islámica pueden ser factores igualmente trascendentes de debilitamiento del papel internacional del dólar. Sancionar a Irán se contradice con las políticas internacionales hacia este país. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad seguir apoyando el pacto nuclear y restaurar las relaciones económicas con Irán. Otros países, liderados por China y la UE, empezarán a buscar modos de eludir las sanciones estadounidenses, sobre todo evitando el sistema de pagos en dólares.

Por ejemplo, el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, declaró hace poco el interés de Alemania en crear un sistema europeo de pagos independiente de Estados Unidos. Según Maas, es “indispensable fortalecer la autonomía europea mediante la creación de canales de pago independientes de Estados Unidos, un Fondo Monetario Europeo y un sistema Swift independiente” (Swift es la organización que gestiona el sistema de mensajería internacional para transferencias interbancarias).

Hasta ahora, la dirigencia empresarial estadounidense ha apoyado a Trump, que les prodigó rebajas de impuestos corporativos y desregulaciones. Pese al creciente déficit fiscal, la fortaleza del dólar a corto plazo sigue firme, ya que las rebajas impositivas impulsaron el consumo estadounidense y un alza de tipos de interés que atrae capitales del exterior. Pero, en algunos años, las dispendiosas políticas fiscales de Trump y sus imprudentes políticas comerciales y de sanciones debilitarán la economía estadounidense y el papel del dólar en las finanzas mundiales. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que las empresas y los gobiernos del mundo acudan a Shanghái en vez de Wall Street para colocar bonos en yuanes?

*JEFFREY D. SACHS
Profesor de Desarrollo Sostenible, profesor de Gestión y Política Sanitaria y director del Centro de Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia. Director de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
Copyright: Project Syndicate, 2018

https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jeffrey-d-sachs/las-politicas-de-trump-destronaran-el-dolar-jeffrey-d-sachs-266004

32.18.-EMPRESAS DIGITALES A TRIBUTAR – Beethoven Herrera

Es imperativo modernizar el sistema tributario frente a las empresas deslocalizadas hacia “países paraísos fiscales” donde no existe tributación. 

La economía digital es muy rentable, pues empresas como Google Facebook, Amazon y Apple han ubicado sus sedes en países sin tributación como Irlanda, Luxemburgo, Países Bajos, Singapur, Hong Kong y Bermudas, y han declarado allí 600 mil millones de euros en un claro dumping fiscal. Por ello, el Comisario para Asuntos Económicos de la Unión Europea, Pierre Moscovici propone gravarlas con 3 por ciento aplicable a 200 empresas, lo cual generaría cinco mil millones de euros, de modo que los estados podrán gravar las ganancias generadas en su territorio, aun si estas compañías no están registradas allí. 

Según su propuesta, las empresas que cuenten con ingresos que superen el umbral de los siete millones de euros, más de 100 mil usuarios en un año fiscal, o más de 3.000 contrataciones durante el año gravable ,serán objeto de la reforma.

El ministro de Finanzas de Alemania, Olaf Scholz, ha señalado la necesidad de abordar el tema como una cuestión moral, y el ministro de Economía de España, Ramón Escolano, introdujo su propio impuesto vigente desde el 2019. Simultáneamente la Ocde está preparando una reforma que incluya a Estados Unidos, Japón y China, ante lo cual el Secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnunchin, ha dicho que “Estados Unidos se opone firmemente a cualquier país que buscara singularizar a las empresas digitales”, y agregó que “algunas de estas empresas se encuentran entre los principales generadores de empleo y crecimiento económico de los Estados Unidos”.

Empresas como Apple, Amazon, Microsoft, Google y Facebook están valoradas en la Bolsa de New York en 924, 783, 753, 739 538 billones de dólares, respectivamente, y reportaron ingresos conjuntos por 539 billones de dólares en el 2017, casi doblando el Producto Interno Bruto de Colombia (372 billones de dólares).

Apple presentó ingresos por 229 billones de dólares en el 2017, y los de Google, Alphabet y Microsoft fueron de 110, 111 y 89 billones de dólares, en su orden. Estos abrumadores beneficios hacen parte de las preocupaciones de Europa y la Ocde, y la desproporción entre el nivel de ganancias de esas empresas frente a su casi la nula tributación son las razones de la creciente popularidad de las propuestas de reformas fiscales.

Es importante señalar que con la revolución digital y la aparición de un mercado global, la tarea de los entes de vigilancia y control se hace cada vez más compleja, y debido a la velocidad en la que operan y los instrumentos tradicionales de tributación diseñados para economías nacionales han quedado obsoletos.

Es imperativo modernizar el sistema tributario frente a las empresas deslocalizadas hacia países donde no existe tributación y asegurar un recaudo suficiente que permita enfrentar la creciente desigualdad que esa misma globalización está generando.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor de las universidades Nacional y Externado
beethovenhv@yahoo.com

http://www.portafolio.co/opinion/beethoven-herrera-valencia/empresas-digitales-a-tributar-520699

32.18.-EE UU Y MÉXICO CIERRAN UN PREACUERDO COMERCIAL BILATERAL PARA REFORMAR EL TLC – Amanda Mars/Javier Lafuente

Trump anuncia el fin del tratado trilateral tras casi 25 años de vigencia y aumenta la presión sobre Canadá: o acepta lo pactado o quedará fuera del nuevo marco

Trump, este lunes con los ministros de Exteriores y Economía mexicanos, Luis Videgaray y Ildefonso Guajardo. KEVIN LAMARQUE (REUTERS) | EPV 

Estados Unidos y México han alcanzado un principio de acuerdo después de más de 13 meses de difíciles negociaciones, marcadas por las tensiones entre ambos países, para sustituir al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), un marco que también incluye a Canadá y lleva 24 años en vigor. Ahora comienzan las consersaciones con el Gobierno canadiense para su posible incorporación, complicadas por la manifiesta enemistad entre Trump y Justin Trudeau. Washington ha puesto en duda que el nuevo marco vuelva a ser cosa de tres. 

 “Nos vamos a librar de ese nombre [Nafta]”, dijo ufano Donald Trump este lunes en la Casa Blanca, “lo vamos a llamar el Acuerdo Comercial Estados Unidos-México”. A la espera de una ceremonia formal, la escenificación del pacto evidenció que el Gobierno de Peña Nieto ha vuelto a perder la batalla de la imagen con Trump. Desde el Despacho de Oval, con todas las cámaras apuntando al inquilino de la Casa Blanca, este llamó a Peña Nieto, a quien tanto en Estados Unidos como en México solo se le escuchó a través del altavoz del teléfono de Trump.

El TLC (Nafta, en sus siglas en inglés) constituye una zona libre de comercio en la que viven 450 millones de personas y que mueve más de un billón de dólares al año. Trump llegó a la Casa Blanca tachándolo de “peor acuerdo de la historia”, culpable de la pérdida fuelle fabril de Estados Unidos (por la competencia con costes más baratos), dentro de batalla generalizada contra el déficit comercial. Las negociaciones comenzaron en agosto de 2017 bajo la amenaza de ruptura y llenas de crispación por los continuos ataques del mandatario estadounidense a su vecino del sur por la inmigración.

En los últimos meses, sin embargo, la victoria electoral de Andrés Manuel López-Obrador, por quien el republicano expresa una sorprendente simpatía, ha allanado el camino al consenso, al igual que la presión de las empresas estadounidenses, muy golpeadas ya por la guerra comercial con China y preocupadas por los efectos de una ruptura del TLC. En noviembre, además, se celebran las elecciones legislativas, a las que Trump quiere llegar con una de sus promesas estelares en vías de cumplimiento.

Líneas maestras del acuerdo

La oficina de Representación Comercial estadounidense planea presentar la carta sobre el acuerdo en el Congreso antes de que finalice esta semana. Tras este trámite, deben transcurrir 90 días -según fija la ley en EE UU- para que el Gobierno pueda firmar el acuerdo y se aprueben luego en las Cámara. Para entonces, podría haberse incorporado Canadá. Las líneas maestras del se basan sobre todo en el sector de la automoción, sobre el que Washington ha logrado buena parte de lo que exigía desde el principio: que los automóviles contengan un 75% de componentes norteamericanos para que puedan considerarse producto local (ahora es del 62%) y que entre el 40% y el 45% esté hecho por trabajadores que ganen al menos 16 dólares la hora, lo que busca proteger el empleo de EE UU Y Canadá. Además, la vigencia del acuerdo será de 16 años, prorrogable a otros 16, y se revisará cada seis años para modernizarlo y resolver posibles problemas, según concretaron más tarde fuentes de la Administración estadounidense.

Trudeau tendrá dos opciones: aceptar lo pactado, con los retoques que pueda introducir, o quedarse fuera. El distanciamiento entre dos aliados históricos como EE UU y Canadá alcanzó su punto máximo el pasado junio, en la cumbre del G-7, cuando Trump llamó al primer ministro canadiense “débil” y “deshonesto”.

El presidente saliente mexicano agradeció la “voluntad política y personal” de su homólogo estadounidense; celebró el trabajo de su equipo negociador, encabezado por Robert Lightizer y el acompañamiento de la Casa Blanca, en la figura de Jared Kushner, yerno de Trump y el principal enlace de la Administración con México por su buena relación con el canciller, Luis Videgaray.

Al tiempo que asumía que las negociaciones habían sido “difíciles y arduas”, Peña Nieto insistió en la necesidad de incorporar al tratado a Canadá, con cuyo primer ministro, Justin Trudeau, había hablado momentos antes de su conversación con Trump. El presidente de Estados Unidos también hizo votos para que su vecino del norte se uniese al pacto y reformular el acuerdo original. No obstante, puso menos entusiasmo que Peña Nieto a la hora de sumar a Canadá, dando la impresión de que tampoco le importaba demasiado que se quedara fuera el tercer socio del TLC original.

De Peña Nieto a López Obrador

Un portavoz del Gobierno canadiense ha celebrado el “progreso” en la negociación entre EE UU y México como un “requisito necesario” para el acuerdo trilateral, pero ha aclarado que solo firmarán un TLC que sea “bueno para Canadá y para las clases medias”. “Nuestra rúbrica es indispensable”, ha recordado. Aunque las autoridades canadienses se han cuidado muy mucho de expresarlo en público, el descontento por haber sido apartados durante estas cinco últimas semanas de negociación -en las que las conversaciones se han convertido en un toma y daca entre Washington y la Ciudad de México- es evidente. Ahora toda la presión se traslada a Ottawa: o acepta unas reglas en cuya negociación no participó o se quedará fuera del nuevo marco comercial norteamericano.

Peña Nieto también tuvo palabras de agradecimiento, aunque sin citarlo, con el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, que nombró un equipo de asesores, liderado por Jesús Seade, para que se incorporaran a las conversaciones tras la victoria del líder de Morena el 1 de julio. De hecho, ha sido durante la transición del Gobierno de México cuando las negociaciones han cobrado una velocidad de crucero. “Estoy muy impresionado con él”, dijo Trump sobre López Obrador.

Trump no dejó pasar la oportunidad para dejar caer lo que es su principal obsesión con México, la seguridad fronteriza, y aseguró que el acuerdo comercial era un ejemplo de que ambos países pueden llegar a ententes en asuntos importantes bilaterales, como la frontera sur. Mientras, Peña Nieto, eufórico por haber llegado a un acuerdo con Trump antes de que acabe su Gobierno, instó al presidente de Estados Unidos a brindar con tequila para celebrar el pacto, lo que recibió una tibia respuesta de Trump, que no bebe: “Bien hecho, Enrique”

https://elpais.com/internacional/2018/08/27/estados_unidos/1535378674_783342.html

31.18.-LOS PELIGROS QUE CORRE LA SANIDAD EN EE UU – Paul Krugman

Los republicanos recortan impuestos y luego piden rebajas en el gasto social; una, y otra, y otra vez

Manifestación en contra de la abolición de la reforma sanitaria en EE UU. NICHOLAS KAMM GETTY IMAGES

¿Y si no hay ola azul en las elecciones parciales? Está claro que, a estas alturas, aún podría suceder: los demócratas recibirán seguramente más votos que los republicanos, pero gracias a la manipulación de circunscripciones y a la geografía de la población, el sistema electoral de Estados Unidos da un peso excesivo a los votantes rurales blancos que todavía tienen fe en el presidente Trump. ¿Y si, gracias a ese peso excesivo, la minoría se impone?

Evidentemente, una respuesta es que el coconspirador en jefe no imputado seguirá estando protegido frente a la ley. Y para aquellos a quienes les preocupa la supervivencia de la democracia estadounidense, esa es la cuestión más importante que está en juego este noviembre. Pero si el Partido Republicano se sostiene, habrá también otras consecuencias fundamentales para los estadounidenses de a pie.

Ante todo, hay muchas razones para creer que un Congreso republicano, liberado de la amenaza inmediata de las elecciones, hará lo que por los pelos no pudo hacer el año pasado: revocar la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible. Esto haría que decenas de millones de estadounidenses perdiesen su seguro sanitario, y afectaría en particular a aquellos con afecciones preexistentes. Esta es una de las razones por las que la atención sanitaria, no Trump, constituye el tema central de las campañas demócratas de este año.

Pero el ataque al colchón sanitario probablemente no se contentaría con echar atrás la ampliación de la era de Obama; programas sólidamente establecidos, especialmente la Seguridad Social y la atención sanitaria a pensionistas, el Medicare, también estarían en la tabla de cortar. ¿Quién dice eso? Los propios republicanos.

En una reciente entrevista con John Harwood, de CNBC, el representante Steve Stivers, presidente del Comité Republicano Nacional del Congreso —y, de hecho, el hombre encargado de contener la marea azul— declaraba que, teniendo en cuenta el tamaño del déficit presupuestario, la administración federal necesita ahorrar dinero mediante recortes del gasto en programas sociales. Cuando se le presionó para que indicase si eso incluía la Seguridad Social y el Medicare, admitió que sí.

Y no es el único en considerar que los grandes recortes en programas esenciales para los jubilados estadounidenses serían el siguiente paso si los republicanos ganan en noviembre. Muchas figuras importantes del partido, entre ellos el presidente saliente de la Cámara, Paul Ryan, y numerosos senadores, han dicho lo mismo. (Por otra parte, grupos afines a Ryan han estado publicando anuncios en los que atacan a los demócratas acusándoles de planear recortes en la financiación del Medicare; pero, qué se le va a hacer, la congruencia es el duende de las mentes pequeñas. Y también, por lo visto, la honradez).

Ahora bien, los republicanos que solicitan recortes en el gasto social para equilibrar el presupuesto hacen gala de una extraordinaria desfachatez, que tradicionalmente se define como aquello que uno exhibe cuando mata a sus padres y después pide clemencia por ser huérfano. Después de todo, los mismos republicanos que ahora se retuercen las manos por los déficits presupuestarios acaban de hacer que ese mismo déficit se dispare al aprobar una enorme rebaja fiscal para las multinacionales y los ricos.

Por eso podría parecer escandaloso que solo unos meses después vuelvan a presentarse como halcones del déficit y exijan recortes de gastos. Es decir, podría parecer escandaloso si no fuese porque esta es la estrategia presupuestaria de los republicanos desde hace décadas. Primero, rebaja de impuestos. Después, quejas por el déficit creado por esas rebajas y peticiones de recortes en el gasto social. Una, y otra, y otra vez.

Esta estrategia, denominada “matar de hambre a la bestia”, lleva con nosotros desde la década de 1970, cuando economistas republicanos como Alan Greenspan y Milton Friedman empezaron a declarar que la influencia de las rebajas fiscales en el agravamiento del déficit presupuestario era el objetivo, no una consecuencia indeseada. Como Greenspan declaraba abiertamente en 1978, el objetivo es controlar el gasto con rebajas tributarias que reducen los ingresos, y luego “confiar en que haya un límite político al gasto deficitario”.

Es cierto que cuando las rebajas fiscales están sobre el tapete, sus defensores tienden a negar que vayan a aumentar el déficit y afirman que proporcionarán un milagroso empuje a la economía y que la recaudación aumentará de hecho. Pero no hay ni la más mínima prueba que respalde esta afirmación, y nunca ha estado claro si alguien con verdadero poder político la ha creído jamás. En su mayor parte, es una cortina de humo para ocultar las verdaderas intenciones de los republicanos.

El enigma es por qué les sigue funcionando esta táctica de dar gato por liebre.

Hace 15 años escribí un extenso artículo titulado “El timo de la rebaja de impuestos”, en el que describía lo que incluso por entonces era ya un viejo chanchullo; describe casi al pie de la letra la estrategia republicana en 2017-2018. Pero sigo leyendo análisis de prensa que expresan sorpresa ante el hecho de que quienes clamaban contra el déficit en los años de Obama aceptasen tan alegremente con Trump una rebaja tributaria que desequilibraría el presupuesto. Por decir lo obvio: a estos hombres nunca les ha preocupado el déficit; siempre ha sido una pose.

Y la credulidad de los medios de comunicación y de los autoproclamados centristas sigue siendo una historia extraordinaria. Recuerden que Ryan, que era extremadamente ortodoxo en su determinación de rebajarles los impuestos a los ricos y al mismo tiempo mutilar salvajemente los programas para los pobres y las clases medias, hasta recibió un premio a la responsabilidad fiscal.

Lo que nos devuelve a las elecciones parciales. En ellas está en juego, sin duda, el Estado de derecho. Y también la atención sanitaria. Pero los votantes deberían ser conscientes de que la amenaza contra los programas con los que cuentan es mucho más amplia: si el Partido Republicano conserva su mayoría, la Seguridad Social y el Medicare, tal como los conocemos, correrán un gran peligro.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018.  Traducción de News Clips.

https://elpais.com/economia/2018/08/24/actualidad/1535115427_087360.html 

30.18.-USA ARRIESGA PERDER LA GUERRA COMERCIAL CON CHINA – Joseph E. Stiglitz

Lo que en un principio fue una escaramuza comercial –en la que el presidente norteamericano, Donald Trump, impuso aranceles al acero y al aluminio– parece estar transformándose aceleradamente en una guerra comercial hecha y derecha con China. Si la tregua acordada por Europa y Estados Unidos se mantiene, Estados Unidos estará peleando principalmente con China, en lugar de con el mundo (por supuesto, el conflicto comercial con Canadá y México seguirá cociéndose a fuego lento, dadas las demandas estadounidenses que ninguno de los dos países puede ni debe aceptar).

19 ago 2018.- Más allá de la afirmación verdadera, pero por ahora perogrullesca, de que todos saldrán perdiendo, ¿qué se puede decir sobre los posibles resultados de la guerra comercial de Trump? Primero, la macroeconomía siempre prevalece: si la inversión doméstica de EE. UU. sigue superando a sus ahorros, tendrá que importar capital y tener un déficit comercial enorme. Peor aún, debido a los recortes impositivos implementados a fines del año pasado, el déficit fiscal de Estados Unidos está alcanzando nuevos récords –recientemente se proyectó que superará un billón de dólares en 2020–. Esto significa que el déficit comercial casi con certeza aumentará, más allá de cuál sea el resultado de la guerra comercial. La única manera de que esto no suceda es si Trump lleva a EE. UU. a una recesión, en la que los ingresos decaigan tanto que la inversión y las importaciones se desplomen.

El “mejor” resultado del enfoque limitado de Trump sobre el déficit comercial con China sería una mejora de la balanza bilateral, acompañada de un incremento de igual cantidad en el déficit con algún otro país (o países). Estados Unidos podría vender más gas natural a China y comprar menos lavarropas; pero les venderá menos gas natural a otros países y le comprará lavarropas o cualquier otra cosa a Tailandia u otro país que haya evitado la reacción irascible de Trump. Pero como EE. UU. interfirió en el mercado, pagará más por sus importaciones y recibirá menos por sus exportaciones que si ése no hubiera sido el caso. En resumen, el mejor resultado significa que EE. UU. estará peor que hoy.

Estados Unidos tiene un problema, pero no es con China. Es en casa: Estados Unidos ha venido ahorrando demasiado poco. Trump, como tantos de sus compatriotas, es inmensamente corto de vista. Si entendiera un ápice de economía y tuviera una visión a largo plazo, habría hecho todo lo posible para aumentar el ahorro nacional. Eso habría reducido el déficit comercial multilateral.

Existen soluciones rápidas y obvias: China podría comprar más aceite norteamericano y vendérselo a otros. Esto no implicaría ni la más mínima diferencia, más allá de, quizás, un leve incremento en los costos transaccionales. Pero Trump podría bramar que logró eliminar el déficit comercial bilateral.

En verdad, reducir significativamente el déficit comercial bilateral de una manera relevante resultará difícil. En la medida que disminuya la demanda de productos chinos, el tipo de cambio del renminbi se debilitará –aun sin ninguna intervención del gobierno–. Esto compensará en parte el efecto de los aranceles estadounidenses; al mismo tiempo, aumentará la competitividad de China con otros países –y esto será así incluso si China no utiliza otros instrumentos en su haber, como controles salariales y de precios, o presiona fuertemente por aumentos de la productividad–. La balanza comercial general de China, al igual que la de Estados Unidos, está determinada por su macroeconomía.

Si China interviene más activamente y toma represalias de manera más agresiva, el cambio en la balanza comercial de EE. UU. podría inclusive ser menor. El dolor relativo que cada uno infligirá en el otro es difícil de precisar. China tiene más control de su economía y ha buscado virar hacia un modelo de crecimiento basado en la demanda doméstica más que en la inversión y las exportaciones. Estados Unidos simplemente está ayudando a China a hacer lo que ya ha intentado hacer. Por otro lado, las acciones estadounidenses se producen en un momento en el que China intenta manejar el exceso de apalancamiento y de capacidad; al menos en algunos sectores, Estados Unidos dificultará estas tareas mucho más.

Hay algo que está claro: si el objetivo de Trump es impedir que China lleve adelante su política “Hecho en China 2025” –adoptada en 2015 para impulsar su objetivo de 40 años de achicar la brecha de ingresos entre China y los países avanzados–, casi sin duda fracasará. Por el contrario, las acciones de Trump no harán más que fortalecer la decisión de los líderes chinos de impulsar la innovación y alcanzar la supremacía tecnológica, en tanto tomen conciencia de que no pueden depender de los demás y de que Estados Unidos está actuando de una manera hostil.

Si un país entra en guerra, comercial o de otro tipo, debería estar seguro de que hay buenos generales a cargo, con objetivos claramente definidos, una estrategia viable y un respaldo popular. Es aquí donde las diferencias entre China y Estados Unidos parecen tan grandes. Ningún país podría tener un equipo económico menos calificado que Trump y una mayoría de los estadounidenses no respaldan la guerra comercial.

El respaldo público se desvanecerá aún más en tanto los estadounidenses tomen conciencia de que pierden por partida doble con esta guerra: los empleos desaparecerán, no sólo por las medidas en represalia que tome China, sino también porque los aranceles estadounidenses harán subir el precio de las exportaciones de Estados Unidos y las tornarán menos competitivas; y los precios de los productos que compren aumentarán. Esto puede obligar a que caiga el tipo de cambio del dólar, haciendo subir la inflación aún más en Estados Unidos –dando lugar a una oposición aún mayor–. La Fed probablemente suba entonces las tasas de interés, lo que conducirá a una inversión y a un crecimiento más débiles, y a más desempleo.

Trump ya ha mostrado cómo responde cuando sus mentiras quedan expuestas o sus políticas fracasan: redobla la apuesta. China ha ofrecido en repetidas ocasiones maneras de salvar las apariencias para que Trump abandone el campo de batalla y declare la victoria. Pero él se niega a aceptarlas. Quizá se pueda encontrar esperanza en tres de sus otros rasgos: su foco en la apariencia sobre la sustancia, su imprevisibilidad y su amor por la política de “grandes hombres”. Tal vez en una reunión importante con el presidente Xi Jinping puede declarar que el problema está resuelto, con algunos ajustes menores en los aranceles aquí y allá, y algún gesto nuevo hacia la apertura de mercado que China ya había planeado anunciar, y todos se pueden ir a casa contentos.

En este escenario, Trump habrá “resuelto”, de manera imperfecta, un problema que él mismo creó. Pero el mundo luego de su tonta guerra comercial será diferente: más incierto, menos confiado en el régimen de derecho internacional y con fronteras más duras. Trump ha cambiado el mundo, permanentemente, para peor. Inclusive con los mejores resultados posibles, el único ganador es Trump –con su ego sobredimensionado inflado un poco más–.

* Premio Nobel de Economía 2001.

https://www.elespectador.com/opinion/estados-unidos-corre-el-riesgo-de-perder-una-guerra-comercial-con-china-columna-806880

29.18.-SALVAR LA OMC: EUROPA, CHINA Y JAPÓN – Beethoven Herrera

La UE y China celebraron su vigésima cumbre anual, y Europa firmó con Japón el más amplio acuerdo comercial de la historia. Era de esperarse para enfriar la guerra entre Estados Unidos y China, en favor de negociar una reforma de la Organización Mundial del Comercio OMC. 

Coincidiendo con la reunión entre Trump y Putin, la Unión Europea (UE) y China celebraron su vigésima cumbre anual, y Europa firmó con Japón el más amplio acuerdo comercial de la historia. Al instalar la reunión, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, declaró: “es obligación común de Europa, China, América y Rusia no empezar guerras comerciales”, y propuso “empezar juntos el proceso para una reforma de la OMC, basada en el multilateralismo y el libre comercio”.

12 ago 2018.-  Por ahora, el PIB de China en el segundo trimestre creció 6,7 por ciento, solo una décima menos que en el periodo anterior, sin reflejar aún el impacto de las medidas proteccionistas estadounidenses.

Actualmente, el intercambio comercial entre la UE y China alcanza 1.500 millones de euros diarios, y esperan firmar antes de octubre un acuerdo sobre denominaciones de origen; China se ha mostrado dispuesta a avanzar en derechos humanos, tema del que antes se negaba a hablar, y ha liberado a Liu Xia, viuda del fallecido Nobel de Paz, Liu Xiaobo.

Al reclamar el reconocimiento de las nuevas realidades geopolíticas, el primer ministro chino Li Kequiang recalcó el compromiso de “mejorar la gobernanza del sistema internacional incluyendo la OMC”, y sostuvo que “es importante que China y la UE defiendan el multilateralismo y promuevan la construcción de un mundo multipolar” (Financial Times, julio 17 del 2018).

China había rechazado alinearse con Europa en contra de los aranceles estadounidenses, pero ahora busca mostrar a Washington que se pueden obtener concesiones por la vía negociadora, y continuará su apertura a las exportaciones e inversiones europeas en agricultura, farmacéutica y automotriz. Además, del tratado de protección de inversiones que están negociando exploran un acuerdo de libre comercio.

En respuesta al alinderamiento de países en su contra, Estados Unidos denunció ante la OMC a la UE, China, México, Canadá y Turquía por la aplicación de aranceles a sus exportaciones, argumentando que las medidas adoptadas por estos países son ‘ilegales’, a diferencia de las estadounidenses, que responden a ‘intereses de seguridad nacional’.

Tusk se refirió a nuevas reglas sobre subsidios industriales y derechos de propiedad intelectual en la OMC, y China ha moderado su política ‘Hecho en China 2025’, que buscaba privilegiar la industria nacional y liberalizar servicios financieros, industrias automotriz y farmacéutica, para atraer inversores extranjeros.

China espera que la reforma de la OMC incluya el tratamiento especial que recibirán sus empresas estatales, y que hará más ágil y exigente la solución de disputas. Además, ha reclamado a Europa por no reconocerle su estatus de ‘economía de mercado’, como quedó acordado al ingresar China en la OMC.

La Unión Europea, por su parte, está considerando una legislación que removería la distinción entre ‘economía de mercado’ y ‘no economía de mercado’ en disputas antidumping.

Beethoven Herrera Valencia
Profesor de las universidades Nacional y Externado
http://www.portafolio.co/opinion/beethoven-herrera-valencia/europa-china-y-japon-a-salvar-la-omc-519993

29.18.-CHINA Y EEUU SE PREPARAN PARA ENDURECER MÁS LA GUERRA COMERCIAL, QUE CUMPLE UN MES – Ignacio Gallegos

Beijing asegura que está lista para un conflicto “prolongado”, mientras Trump considera que los aranceles “funcionan bien”.

A un mes de que se aplicara la primera ronda de aranceles cruzados, las dos mayores economías del planeta van en camino a endurecer sus ataques en la arena comercial, sin que los diálogos informales se hayan traducido aún en una negociación oficial.                                                                                           

Una editorial en el diario chino Global Times fue la más reciente señal de que el escenario podría extenderse. El texto manifestó que el país está preparado para una “guerra prolongada” y que no teme sacrificar sus intereses económicos en el corto plazo.

“Considerando las demandas irracionales de Estados Unidos, la guerra comercial es un acto que apunta a aplastar la soberanía económica de China e intentar que China sea un vasallo económico de EEUU”, señaló la editorial.

La publicación llegó después de una serie de mensajes que apuntaban a que la Casa Blanca no estaba lista para ceder. En Twitter, el presidente Donald Trump aseguró el fin de semana que “los aranceles están funcionando muy bien” y que “como mínimo, haremos pactos comerciales mucho mejores para nuestro país”.

En un acto electoral de cara a las elecciones legislativas de noviembre, tuvo palabras aún más duras: “Hemos reconstruido China y es hora de que reconstruyamos nuestro país”, sentenció.

Por su parte, el asesor de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton, acusó a Beijing de ser “el principal maleante que ha estado intentado usar el libre mercado” y dijo que Washington está dispuesto “a llegar hasta donde sea para que China cambie su comportamiento. Necesitan entender eso”.

La semana pasada, el gigante asiático había amenazado con imponer aranceles a importaciones estadounidenses por US$ 60 mil millones. A inicios de julio, Trump estableció los primeros cobros directos contra China por un total de US$ 34 mil millones, lo que fue respondido con medidas proporcionales; podría subir la cifra a US$ 50 mil millones y ya inició gestiones para aumentarla a US$ 200 mil millones. El mandatario ha asegurado que está dispuesto a aplicar los cobros e, incluso, duplicarlos para cubrir casi la totalidad de las importaciones chinas. En tanto, las amenazas de Beijing, hasta ahora, llegan a US$ 60 mil millones.

Las fichas de Beijing

A medida que la guerra comercial avanza, China ha adaptado su política económica para dar mayor prioridad al crecimiento, tras años de intentar controlar la expansión de la economía en base a la deuda.

Mientras el banco central ha implementado estímulos como reducir las exigencias de efectivo a entidades en todo el país y el gobierno ha llamado a las ciudades a retomar el gasto, el país volvió a tener una cuenta corriente equilibrada en el segundo semestre, según cifras publicadas ayer.

“Las autoridades le pondrán más atención a los cambios en la cuenta corriente a medida que se acercan a un equilibrio cercano a cero, lo que es una señal de que hay menos espacio para apreciación de la moneda”, dijo a Bloomberg el economista jefe para el país de Standard Chartered, Ding Shuang.

Desde abril, el yuan ha perdido 9% de su valor frente al dólar, un hecho que ha intensificado las acusaciones de Trump de que la segunda economía mundial manipula su moneda para favorecer la exportación. No obstante, la baja de la divisa es consistente con la actividad bursátil: el CSI 300, que agrupa a empresas chinas en las bolsas de Shangai y Shenzen, ha perdido cerca de 19% en lo que va del año y el lunes retrocedió 1,3%.

Mientras Beijing ya ha identificado un total de 6 mil productos que podría gravar, entre ellos el gas natural licuado, la soya y otros, el país aún no ha tomado medidas en industrias esenciales para EEUU, como la de aviones y algunas partes de computador, que no son producidas localmente.

Posible negociación

Las amenazas crecientes de Washington parecen dirigidas a forzar a Beijing a volver a una negociación, luego de que los diálogos se quebraran en junio. Medios estadounidenses han reportado diálogos informales entre funcionarios del Departamento del Tesoro y el equipo del viceprimer ministro Liu He, aunque hasta ayer no había señales de que ambas partes retomaran las discusiones oficiales.

La falta de diálogo preocupa a autoridades y a los mercados. El asesor de Goldman Sachs y expresidente de la Comisión Europea, José Barroso, dijo a Bloomberg TV que “el mayor riesgo que hay hoy para la economía global es el proteccionismo, no sólo por el impacto en el comercio sino también por la confianza de las empresas”.

https://www.df.cl/noticias/internacional/actualidad-internacional/china-y-eeuu-se-preparan-para-endurecer-mas-la-guerra-comercial-que/2018-08-06/184725.html

28.18.-DEJEN DE LLAMAR POPULISTA A TRUMP – Paul Krugman

Un mensaje para todos aquellos en los medios informativos que no dejan de llamar “populista” a Donald Trump: no creo que esa palabra signifique lo que ustedes creen.

Es verdad que, de vez en cuando, Trump aún se hace pasar por alguien que defiende los intereses de los trabajadores comunes y corrientes de Estados Unidos en contra de las élites. Además, supongo que se puede pensar que su acogida del nacionalismo blanco les da voz a los estadounidenses comunes y corrientes que comparten su racismo, pero que sentían que no habían podido expresar su prejuicio en público.

4 ago 2018.- Sin embargo, lleva en la presidencia un año y medio, el tiempo suficiente para ser juzgado por lo que hace, no por lo que dice, y su gobierno ha sido despiadado a la hora de oponerse a los trabajadores en casi todos los frentes. Trump es tan populista como piadoso; es decir, nada en lo absoluto.

Empecemos con la política fiscal, en la que el mayor logro legislativo de Trump es una reducción tributaria que beneficia principalmente a las corporaciones —cuyo pago de impuestos ha caído a un barranco— y no ha hecho nada por elevar los salarios. El plan fiscal hace tan poco por los estadounidenses comunes y corrientes que los republicanos han dejado de promoverlo. No obstante, el gobierno está jugando con la idea (probablemente ilegal) de utilizar una acción ejecutiva para reducir 100.000 millones de dólares adicionales en impuestos a los ricos.

También tenemos la política de salud, en la que Trump, después de haber fracasado en la derogación de Obamacare —lo cual habría sido un enorme golpe para las familias trabajadoras—, más bien ha promovido una campaña de sabotaje que es probable que haya elevado las primas casi un 20 % en comparación con lo que habrían costado si no la hubiera llevado a cabo. Y por supuesto que la carga de esas primas más altas cae de una forma más pesada sobre las familias que ganan apenas un poco más de lo necesario para ser elegibles para los subsidios: es decir, la parte alta de la clase trabajadora.

Del mismo modo, está la política laboral, en la que el gobierno de Trump se ha movido en múltiples frentes para eliminar las regulaciones que habían protegido a los trabajadores ante la explotación, las lesiones y demás.

Sin embargo, las políticas inmediatas no cuentan toda la historia. También se deben considerar los nombramientos. Cuando se trata de políticas que afectan a los trabajadores, Trump ha creado un equipo de compinches: casi todos los puestos importantes han caído en manos de un cabildero o alguien con fuertes lazos financieros con la industria. Los intereses laborales no han obtenido ninguna representación.

La nominación de Brett Kavanaugh para la Corte Suprema merece especial atención. Hay mucho que no sabemos sobre Kavanaugh, en parte porque los senadores republicanos están bloqueando las solicitudes demócratas para que haya más información. No obstante, sí sabemos que está rigurosa y extremadamente en contra de los derechos laborales: se encuentra muy hacia la derecha de lo convencional y muy hacia la derecha incluso de la mayoría de los republicanos.

El ejemplo más conocido de sus opiniones en contra de los trabajadores es su argumento de que SeaWorld no debería tener ninguna responsabilidad después de que una orca asesinó a una de sus trabajadoras, porque la víctima debió conocer los riesgos cuando aceptó el trabajo. Pero hay mucho más extremismo antitrabajador en su historial.

Si se tiene en cuenta que Kavanaugh, si se confirma, permanecerá en el cargo mucho tiempo, este extremismo basta para justificar el rechazo a su nominación, en especial si se agrega su apoyo a que el presidente detente un poder sin restricciones y lo que sea que haya en sus antecedentes que los republicanos quieren esconder.

No obstante, ¿por qué Trump, el autoproclamado defensor de los trabajadores estadounidenses, escogería a alguien así? ¿Por qué haría todo lo que está haciendo para perjudicar a la misma gente que lo llevó a la Casa Blanca?

No conozco la respuesta, pero creo que la explicación convencional —que Trump, quien es un holgazán y sumamente ignorante sobre los detalles de la política, quedó atrapado sin querer en la ortodoxia del Partido Republicano— subestima al presidente y lo hace ver mejor de lo que es.

Al ver a Trump en acción, cuesta trabajo no pensar que sabe muy bien que está infligiendo un castigo a su propia base. Sin embargo, es un hombre al que le gusta humillar a los demás, poco o mucho. Y lo que yo creo es que en realidad le da placer ver cómo sus simpatizantes lo siguen aunque los traicione.

De hecho, a veces el desprecio por su base trabajadora queda al descubierto. ¿Recuerdan “me encantan los que tienen poca educación”? ¿Recuerdan cuando se jactó de que podría dispararle a alguien en la Quinta Avenida y no perdería votantes?

En fin, sin importar sus motivaciones, cuando Trump actúa es lo opuesto a un populista. Y, no, su guerra comercial no cambia ese juicio. William McKinley, el presidente por antonomasia de la edad chapada en oro que derrotó a un rival populista, también fue un proteccionista. Además, la guerra comercial trumpiana se está llevando a cabo de una manera que produce un daño máximo a los trabajadores estadounidenses a cambio de beneficios mínimos.

Sin embargo, aunque no es populista, sí es un mentiroso patológico, el hombre más deshonesto que alguna vez haya sido presidente de Estados Unidos. Y su afirmación de que apoya a los trabajadores estadounidenses es una de sus mentiras más grandes.

Lo cual me hace regresar al uso que se da en los medios del término “populista”. Cuando describen a Trump con esa palabra, de hecho, están siendo cómplices de su mentira, en especial si lo hacen en el contexto de un supuesto periodismo objetivo.

Además, no tienen por qué hacerlo. Pueden describir lo que hace Trump sin utilizar palabras que le dan un crédito que no le corresponde. Está engañando a sus seguidores; no tienen que ayudarle en esa tarea.

2018 New York Times News Service

https://www.elespectador.com/opinion/dejen-de-llamar-populista-trump-columna-804224

27.18.-COSTOS DE TRANSACCIÓN Y ATADURAS: POR QUÉ SOY UN CRYPTO SKEPTIC – Paul Krugman

El logotipo de bitcoin en exhibición en la conferencia de tecnología de blockchain Consensus 2018 en Nueva York en mayo. CreditMike Segar / Reuters

Todavía estoy de vacaciones, haciendo senderismo y ciclismo en varias partes de Europa. Estoy al tanto de las noticias, más o menos, pero solo de vez en cuando e imprevisiblemente en un lugar y condición donde realmente puedo escribir algo y publicarlo.

Pero este es uno de esos momentos, y pensé en publicar algunos pensamientos antes de lo que haré cuando regrese. Específicamente, en un par de semanas jugaré contra Emmanuel Goldstein, el enemigo designado, en una conferencia sobre Blockchain y todo eso. Oye, si solo hablas con audiencias amigables, no te estás desafiando lo suficiente. Así que pensé que podría valer la pena explicar por qué soy un escéptico de la criptomoneda.

Se trata de dos cosas: los costos de transacción y la ausencia de anclaje.

Dejame explicar. Si nos fijamos en la amplia gama de la historia monetaria, ha habido una dirección clara de cambio en el tiempo: a saber, una de reducir las fricciones de hacer negocios y la cantidad de recursos reales necesarios para hacer frente a esas fricciones.

Primero había monedas de oro y plata, que eran pesadas, requerían mucha seguridad y consumían muchos recursos para producir.

Luego vinieron los billetes respaldados por reservas fraccionarias. Estos eran populares porque eran mucho más fáciles de manejar que las bolsas de monedas; también redujeron la necesidad de metales preciosos físicos, lo que, como dijo Adam Smith, proporcionó “una especie de camino de carros a través del aire”, liberando recursos para otros usos.

Aun así, el sistema aún requería cantidades sustanciales de dinero de productos básicos. Pero la banca central, en la que los bancos privados mantenían sus reservas como depósitos en el banco central en lugar de en oro o plata, redujo en gran medida esta necesidad, y el cambio al dinero fiduciario lo eliminó casi por completo.

 Mientras tanto, las personas gradualmente se alejaron de las transacciones en efectivo, primero hacia los pagos con cheque, luego hacia las tarjetas de crédito y débito y otros métodos digitales.

En contraste con esta historia, el entusiasmo por las criptomonedas parece muy extraño, porque va exactamente en sentido opuesto a la tendencia a largo plazo. En lugar de transacciones casi sin fricción, tenemos altos costos de hacer negocios, porque la transferencia de un Bitcoin u otra unidad de criptomonedas requiere proporcionar un historial completo de las transacciones pasadas. En lugar de dinero creado por el clic de un mouse, tenemos dinero que debe extraerse, creado a través de cálculos intensivos en recursos.

Y estos costos no son incidentales, algo que puede innovarse. Como señalan Brunnermeier y Abadi, los altos costos, que hacen que sea costoso crear un nuevo Bitcoin o transferir uno existente, son esenciales para el proyecto de crear confianza en un sistema descentralizado.

Los billetes de banco funcionaban porque la gente sabía algo sobre los bancos que los emitían, y estos bancos tenían un incentivo para preservar su reputación. Los gobiernos han abusado ocasionalmente del privilegio de crear dinero fiduciario, pero en su mayor parte los gobiernos y los bancos centrales ejercen moderación, una vez más porque les importa su reputación. Pero se supone que debes estar seguro de que un Bitcoin es real sin saber quién lo emitió, por lo que necesitas el equivalente digital de morder una moneda de oro para asegurarte de que es el verdadero negocio, y los costos de producir algo que satisfaga esa prueba tienen que ser lo suficientemente alto como para desalentar el fraude.

En otras palabras, los entusiastas de la criptomoneda están celebrando el uso de la tecnología de vanguardia para restablecer el sistema monetario hace 300 años. ¿Por qué querrías hacer eso? ¿Qué problema soluciona? Todavía tengo que ver una respuesta clara a esa pregunta.

Tenga en cuenta que el dinero convencional generalmente hace su trabajo bastante bien. Los costos de transacción son bajos. El poder adquisitivo de un dólar al año a partir de ahora es altamente predecible: órdenes de magnitud más predecibles que las de un Bitcoin. Usar una cuenta bancaria significa confiar en un banco, pero en general los bancos justifican esa confianza, mucho más que las empresas que tienen tokens de criptomonedas. Entonces, ¿por qué cambiar a una forma de dinero que funciona mucho menos bien?

De hecho, ocho años después del lanzamiento de Bitcoin, las criptomonedas han tenido muy pocas incursiones en el comercio real. Algunas firmas los aceptarán como pago, pero mi sensación es que esto se trata más de señalización: mírame, ¡soy vanguardista! – que sobre la utilidad real. Las Crypocurrencies tienen una gran valoración de mercado, pero se consideran abrumadoramente como un juego especulativo, no porque sean útiles como medios de intercambio.

¿Esto significa que la criptografía es una burbuja pura, que finalmente se desinflará a nada? Vale la pena señalar que hay otros activos tipo moneda que en realidad no se usan mucho como dinero, pero que las personas tienen de todos modos. El oro no ha sido dinero real durante mucho tiempo, Y lo mismo se puede decir, en gran medida, de efectivo. Si bien las transacciones en efectivo son comunes, representan solo una fracción pequeña y decreciente del valor de las compras. Sin embargo, las tenencias de efectivo en dólares han aumentado como una parte del PIB desde la década de 1980, un crecimiento que se explica en su totalidad por los billetes de $ 50 y $ 100:

Ahora, las notas de gran denominación no se usan regularmente para pagos, de hecho, muchas tiendas no las aceptarán. Entonces, ¿qué es todo ese efectivo? Todos conocemos la respuesta: evasión de impuestos, actividad ilícita, etc. Y gran parte de eso está fuera de los EE. UU., Con estimaciones que sugieren que los extranjeros poseen más de la mitad de la moneda de EE. UU.

Claramente, las criptomonedas están en efecto compitiendo por algunos de los mismos negocios: muy pocas personas están usando Bitcoin para pagar sus cuentas, pero algunas personas lo están usando para comprar drogas, subvertir las elecciones, etc. Y los ejemplos tanto de billetes de oro como de billetes de grandes denominaciones sugieren que este tipo de demanda podría sustentar una gran cantidad de valor de los activos. Entonces, ¿esto significa que la criptografía, incluso si no es la tecnología transformadora que sus partidarios afirman, puede no ser una burbuja?

Bueno, aquí es donde entra en juego el anclaje o, más precisamente, su ausencia de criptomonedas. En la vida normal, la gente no se preocupa de dónde viene el valor de los papeles verdes que llevan retratos de presidentes muertos: aceptamos billetes en dólares porque otras personas aceptarán billetes en dólares. Sin embargo, el valor de un dólar no proviene enteramente de las expectativas autocumplidas: en última instancia, está respaldado por el hecho de que el gobierno de EE. UU. Aceptará dólares como pago de pasivos tributarios, pasivos que puede aplicar porque es un gobierno. Si lo desea, las monedas fiduciarias tienen un valor subyacente porque los hombres armados dicen que sí. Y esto significa que su valor no es una burbuja que puede colapsar si las personas pierden la fe.

Y el valor de esos billetes de $ 100 que se encuentran en las guaridas de los señores de la droga o lo que sea, a su vez está ligado al valor de las denominaciones más pequeñas en Estados Unidos. Hasta cierto punto, el oro está en una situación similar. La mayor parte del oro se queda allí, posee valor porque la gente cree que posee valor. Pero el oro sí tiene usos en el mundo real, tanto para joyas como para cosas como llenar los dientes, que proporcionan una atadura débil pero real a la economía real.

Las criptomonedas, por el contrario, no tienen protección, no se atan a la realidad. Su valor depende por completo de las expectativas autocumplidas, lo que significa que el colapso total es una posibilidad real. Si los especuladores tuvieran un momento colectivo de duda, de repente, temiendo que los Bitcoins no valieran nada, bueno, los Bitcoins perderían su valor.

¿Eso sucederá? Creo que es más probable que no, en parte debido a la brecha entre la retórica mesiánica de la criptografía y las posibilidades reales mucho más mundanas. Es decir, podría haber un equilibrio potencial en el cual Bitcoin (aunque probablemente no otras criptomonedas) siga usándose principalmente para las transacciones del mercado negro y la evasión de impuestos, pero ese equilibrio, si existe, sería difícil de conseguir desde aquí: una vez que el sueña con un futuro bloqueado que muere, la decepción probablemente colapsará todo.

 Entonces es por eso que soy un cripto escéptico. ¿Podría estar equivocado? Por supuesto. Pero si quiere argumentar que estoy equivocado, responda la pregunta: ¿qué problema resuelve la criptomoneda? No intentes gritar a los escépticos con una mezcla de technobabble y derby libertario.

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https://www.nytimes.com/2018/07/31/opinion/transaction-costs-and-tethers-why-im-a-crypto-skeptic.html

 

26.18.-LA IDEOLOGÍA POR ENCIMA DE TODO – Paul Krugman

Las elites republicanas no quieren que los pobres reciban ninguna clase de ayuda

Protesta contra la retirada de cobertura sanitaria en Nueva York. SPENCER PLATTAFP 

Hace cuatro años, en el 50º aniversario de la guerra de Lyndon Johnson contra la pobreza, los republicanos de la Cámara de Representantes, liderados por Paul Ryan, emitieron un informe en el que declaraban que dicha guerra había sido un fracaso. La pobreza, afirmaban, no había descendido. Por consiguiente, concluían, había que recortar el gasto dedicado a los pobres.

La semana pasada, el Consejo de Asesores Económicos de Donald Trump emitía un nuevo informe sobre la pobreza y reconocía lo dicho por la mayoría de los expertos en el tema: la medición habitual de la pobreza es muy defectuosa, y una mejor medición muestra avances sustanciales. De hecho, estos asesores llegaron a afirmar que la pobreza ya no es un problema. (¿Alguna vez sale esta gente al mundo real?)

20 jul 2018.- En cualquier caso, la guerra contra la pobreza, se afirmaba en el informe, “ha terminado esencialmente y ha sido un éxito”. Y la respuesta, dice la Administración de Trump, debería ser… la de recortar el gasto dedicado a los pobres.

Es cierto que en el informe no se pide directamente que se recorten las prestaciones. En cambio, sí se pide la imposición generalizada de requisitos laborales para acceder a programas de asistencia sanitaria para pobres (Medicaid), cupones de alimentos y otros. Pero eso tendría el efecto de reducir drásticamente la cobertura de esos programas.

Esta reducción de la cobertura no se debería a que un gran número de personas se gana la vida y ha conseguido salir de la pobreza. Es más bien que a muchos estadounidenses pobres les resultaría imposible cumplir los requisitos por diversas razones —como la mala salud, la inestabilidad laboral para los trabajadores con salarios bajos, o unos trámites abrumadores para quienes menos capacitados están para afrontarlos— y perderían la ayuda a pesar de seguir siendo pobres.

De modo que, con independencia de las pruebas, los republicanos siempre llegan a la misma conclusión política. Que la guerra contra la pobreza ha sido un fracaso… dejemos de ayudar a los pobres. Que ha sido un éxito… dejemos de ayudar a los pobres. Y seamos claros: hablamos de todo un partido, no solo del Gobierno de Trump.

En concreto, a los gobernadores republicanos les apasiona recortarles las prestaciones a los ciudadanos de rentas más bajas. En Kentucky, el gobernador Matt Bevin intentó imponer unos requisitos laborales estrictos para tener derecho a la asistencia sanitaria gratuita. Cuando un tribunal sentenció que su plan infringía la ley, él se desquitó recortando abruptamente la cobertura dental y de la vista a cientos de miles de personas.

En Maine, los votantes aprobaron abrumadoramente una iniciativa para ampliar la asistencia sanitaria gratuita de acuerdo con lo establecido en la reforma sanitaria de Barack Obama. Pero el gobernador Paul LePage se ha negado a aplicar dicha ampliación —que se financiaría principalmente con fondos federales— a pesar de una orden judicial, y ha declarado que está dispuesto a ir a la cárcel antes que ver a sus votantes recibir atención sanitaria.

¿A qué se debe esta guerra republicana contra los pobres?

No es una cuestión de incentivos. La persistente afirmación derechista de que Estados Unidos está lleno de “gorrones” que viven de los programas sociales cuando deberían estar trabajando quizá sea lo que los conservadores quieren creer, pero es sencillamente falsa. En su mayoría, los adultos no discapacitados que perciben ayudas trabajan; la mayoría de los que no trabajan tienen en general buenas razones para no hacerlo, como problemas de salud o la necesidad de cuidar a miembros de su familia. El recorte de prestaciones llevaría a algunas de estas personas a trabajar por pura desesperación, aunque no a muchas y con un enorme coste para su bienestar.

Y las afirmaciones de que unos programas sociales excesivamente generosos son la causa de que disminuya la participación en la población activa pueden refutarse fácilmente analizando los datos internacionales. Los Estados del bienestar europeos —o como dicen los conservadores, sus “fracasados” Estados del bienestar— proporcionan ayudas mucho más generosas que nosotros a las familias de rentas bajas, y en consecuencia tienen mucha menos pobreza. Y sin embargo, los adultos en sus años de vida activa más productivos tienen más probabilidades que los de Estados Unidos de estar empleados.

Tampoco se trata de dinero. A escala estatal, muchos gobernadores republicanos siguen negándose a ampliar el Medicaid, a pesar de que les costaría poco y aportaría dinero a la economía de sus estados. A escala federal, harían falta recortes de prestaciones draconianos, que impondrían un sufrimiento inmenso, para ahorrar la misma cantidad de dinero que el Partido Republicano regaló tranquilamente con la rebaja de impuestos del año pasado.

¿Y la respuesta tradicional de que es una cuestión de racismo? A menudo se ha pensado que los programas sociales ayudan a “esa gente”, no a los estadounidenses blancos. Y seguramente sea en parte lo que ocurre.

Pero no puede tratarse solo de eso, ya que los republicanos están obsesionados con recortar las prestaciones sociales a los menos afortunados incluso en lugares como Maine, poblado abrumadoramente por blancos no hispanos.

¿A qué se debe entonces la guerra contra los pobres? Desde mi punto de vista, hay que distinguir entre lo que motiva a las bases republicanas y lo que motiva a los políticos conservadores. Muchos trabajadores manuales blancos piensan que los pobres son perezosos y prefieren vivir de la asistencia pública. Pero como muestra lo ocurrido en Maine, estas creencias no constituyen un elemento central en la guerra contra los pobres, que está siendo impulsada principalmente por las élites políticas.

Y lo que motiva a estas élites es la ideología. Sus identidades políticas, por no mencionar sus trayectorias profesionales, están envueltas en la noción de que un gobierno grande siempre es malo. De modo que, en parte, se oponen a los programas que ayudan a los pobres por una hostilidad general hacia los “gorrones”, pero también porque odian la idea de que el Estado ayude a cualquiera.

Y si se salen con la suya, la sociedad dejará de ayudar a decenas de millones de estadounidenses que necesitan desesperadamente esa ayuda.

https://elpais.com/economia/2018/07/20/actualidad/1532094757_319721.html

26.18.-LOS PERDEDORES DE LA GLOBALIZACIÓN – José Fernández*

Los trabajadores más castigados por los cambios económicos se han quedado huérfanos en el sistema político y los sindicatos se han debilitado. Los gobiernos no tienen incentivos para proteger a loas damnificados de la internacionalización

ENRIQUE FLORES

Cada vez son más los estudios que vinculan el desapego de una parte de la ciudadanía hacia el sistema político con las consecuencias que las transformaciones económicas recientes están teniendo en nuestras sociedades. Tanto en Estados Unidos como en Europa, las regiones cuyas estructuras productivas se han visto más afectadas por la nueva competencia internacional, son las que más han virado políticamente hacia Trump, el Brexit, o los partidos de corte nativista y proteccionista. Como trato de mostrar en mi reciente libro Antisistema: Desigualdad económica y precariado político, los individuos que se ven económicamente más vulnerables, especialmente tras la gran recesión, son más proclives a votar a partidos que cuestionan el funcionamiento del sistema político.

16 JUL 2018.- Un cierto consenso empieza a emerger entre economistas, politólogos y sociólogos: aunque los procesos de internacionalización y automatización de nuestras economías tengan consecuencias netas positivas, también generan ganadores y perdedores sistemáticos. Muchos individuos son capaces de aprovechar las oportunidades que ofrece una economía más abierta y dinámica, pero otros ven cómo estas transformaciones les condenan a perder sus empleos y a aceptar trayectorias laborales más precarias y erráticas.

Para los trabajadores menos cualificados y de menores salarios no es fácil adaptarse a los cambios que trae la nueva economía: cambiar de sector o de ocupación para convertirse en un “ganador” de la globalización o de la automatización no siempre es posible. El proceso de ajuste deja cicatrices, concentradas entre ciertos grupos sociales.

¿Por qué hoy no somos capaces de compensar a los perdedores de la globalización y la automatización? Son procesos que hacen a nuestras economías más ricas en su conjunto, por lo que podríamos en principio transferir parte de esos beneficios a los grupos que están encontrando más dificultades. Si estamos de acuerdo en que la clave para parar el descontento social y político respecto de estas transformaciones económicas es llevar a cabo políticas públicas que permitan que todos los grupos se beneficien de ella. ¿Qué nos impide hacerlo?

El que sea un problema tan extendido nos hace ser escépticos respecto a explicaciones coyunturales centradas en partidos concretos o en la tan manida falta de “voluntad política de nuestros gobernantes”. Las causas, creo, son más profundas.

Una primera explicación la proporciona el economista Dani Rodrik: a diferencia del pasado, las últimas olas globalizadoras tienen más consecuencias distributivas (generan más ganadores y perdedores netos) y generan menos beneficios agregados para todos. En estas circunstancias, cabe imaginar, compensar es más complicado: es más fácil financiar nuevos programas sociales cuando se crece al 5% anual que cuando lo hacemos al 2%.

Otra explicación es de naturaleza más política: los supuestos representantes de los “perdedores” de estas transformaciones económicas han dejado de preocuparse de ellos. El economista Thomas Piketty muestra en su último trabajo cómo los partidos que tradicionalmente representaban a los votantes de clase trabajadora en Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña (los partidos de izquierda) se han “brahmanizado”: hoy son, más que nada, los representantes de los segmentos de población con más alto nivel educativo.

Los trabajadores no cualificados, de menos recursos, los más castigados en definitiva por las últimas transformaciones económicas, se habrían quedado huérfanos en el sistema político. Una interpretación seguramente más realista diría que no es que los partidos socialdemócratas se hayan deshumanizado y hayan voluntariamente dejado a su suerte a sus votantes más vulnerables, sino más bien que para ellos hoy resulta más difícil hacer compatible la defensa de los intereses de sus votantes tradicionales con los de otros grupos, que también necesitan atraer para ser exitosos electoralmente.

Las políticas de compensación tienen que ser ambiciosas y sostenidas en el tiempo

Los perdedores económicos no se han vuelto débiles solo en las urnas. Una de las principales instituciones que tradicionalmente les garantizaban voz en el proceso de toma de decisiones, los sindicatos, también han sufrido un proceso secular de debilitamiento. La consecuencia es que nuestros sistemas políticos han facilitado que los perdedores económicos se vayan convirtiendo en una suerte de precarios políticos: ciudadanos que se perciben incapaces de incidir en el proceso de toma de decisiones democrática. La ausencia de políticas de compensación sería por tanto una consecuencia más de ello: no les protegemos frente a los cambios porque nuestros gobernantes tienen demasiados pocos incentivos para hacerlo.

Y ahora que empezamos a ver las orejas al lobo ¿cambiarán las prioridades de nuestros líderes una vez que hemos visibilizado las dramáticas consecuencias políticas que tiene la desatención sistemática de las demandas de protección? Parece existir un cierto consenso en torno a la necesidad de una globalización más inclusiva, ¿pero es esperable que lo logremos?

La toma de conciencia por parte de nuestros líderes económicos y políticos de la gravedad de este problema es una condición necesaria, pero no suficiente. En la medida que los perdedores sigan siendo electoral e institucionalmente marginales, las promesas de compensación que les hagamos desde el sistema político serán inútiles. La razón es que estas políticas, para ser efectivas, han de reunir dos condiciones: que sean ambiciosas, y que sean sostenidas en el tiempo. Para lo primero será seguramente necesario un esfuerzo fiscal importante, que no será políticamente fácil de gestionar. Para lo segundo, necesitaremos que las promesas de compensación sean creíbles, es decir, que sus beneficiarios obtengan garantías de que no podrán ser fácilmente revertidas en el futuro. Y esto solo se consigue de una forma: que los perdedores recuperen la centralidad que han perdido en el proceso político.

En última instancia, el nuevo contrato social que exige la nueva economía requerirá no solo de un nuevo reparto de los recursos económicos, sino sobre todo del poder político.

*José Fernández-Albertos es politólogo y científico titular del CSIC. Su último libro es Anti-sistema: Desigualdad económica y precariado político (La Catarata, 2018).  https://elpais.com/elpais/2018/07/12/opinion/1531419407_541039.html 

25.18.-LA DEMOCRACIA ESTADOUNIDENSE EN LA CORNISA – Joseph E. Stiglitz

MARAVILLAS DELGADO

El centro ya no puede sostenerse. Después de la elección del presidente norteamericano, Donald Trump, en noviembre de 2016, millones de norteamericanos y otros en todo el mundo encontraron consuelo en la idea de que las instituciones fuertes y la Constitución de Estados Unidos protegerían a la democracia norteamericana de sus depredaciones. Pero los hechos de los últimos días sugieren que los amortiguadores institucionales de Estados Unidos no son tan robustos como se los anuncia. Dentro del Partido Republicano, que controla las tres ramas de gobierno de Estados Unidos, el canto de sirena de la política tribal está acallando cualquier resto de fidelidad a las tradiciones constitucionales de Estados Unidos.

13 jul 2018.- El caso más claro de decadencia institucional se puede encontrar en la Corte Suprema de Estados Unidos. En el lapso de apenas unos días, la Corte ha emitido cuatro fallos divisivos que parecen haber sido diseñados para afianzar al trumpismo iliberal en los próximos años. Para peor, el miércoles, el juez Anthony M. Kennedy, el votante oscilante de larga data de la Corte, anunció su retiro, abriendo el camino para que Trump nombre a otro juez seleccionado a dedo por la Sociedad Federalista de derecha.

Los fallos de la Corte en este mandato no hicieron más que confirmar la opinión generalizada de que ya no actúa como un árbitro sabio e imparcial de las inevitables disputas que surgen en cualquier sociedad. Más bien, se ha convertido, simplemente, en otro instrumento para promover una agenda de extrema derecha, que ha sometido a Estados Unidos a un régimen de la minoría.

Recordemos que, en la elección de 2016, Trump recibió tres millones de votos menos que Hillary Clinton, y los republicanos retuvieron el Senado, aunque los candidatos republicanos recibieron menos votos en general que los candidatos demócratas. De la misma manera, en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, los republicanos ganaron una mayoría mucho mayor que su porcentaje real del voto total, debido a una manipulación partidario después del censo de 2010. En 2000, la Corte Suprema entregó la presidencia a George W. Bush que, al igual que Trump, obtuvo menos votos que su oponente. Ahora ha permitido la manipulación de los republicanos, así como la legislación republicana que ha suprimido la votación entre grupos con más probabilidades de votar por los demócratas.

De, por y para las corporaciones

La primera decisión atroz de la Corte esta semana se produjo el lunes, en el caso de Ohio contra American Express. En una decisión de 5 a 4, la Corte ratificó los contratos anticompetitivos que American Express les impone a los comerciantes que aceptan pagos con tarjetas de crédito AmEx. Como señalé en un escrito ante la Corte, los argumentos de American Express en defensa de sus prácticas anticompetitivas fueron totalmente engañosos.

La decisión, redactada por el integrante más predeciblemente de derecha de la Corte, Clarence Thomas, delató una profunda incomprensión de la economía, y reflejó una postura pro-empresarial rígidamente ideológica. En resumen, los fallos representan una victoria mayoritaria para el poder monopólico. Las grandes corporaciones que llevan a cabo prácticas anticompetitivas similares ahora podrán afianzar aún más su dominio de mercado, distorsionando la economía y aumentando los niveles de desigualdad ya claramente altos de Estados Unidos.

Igualmente perverso fue el fallo de la Corte en Janus contra Federación Estadounidense de Empleados Estatales, Condales y Municipales. En otra decisión de 5 a 4, la Corte prohibió que los contratos laborales del sector público exijan que los trabajadores del gobierno hagan aportes a los sindicatos que están negociando en su nombre. En un país que ya padece un enorme desequilibrio entre empleadores y trabajadores, la Corte ha inclinado la balanza aún más a favor de los primeros. Los trabajadores egoístas ahora podrán aprovecharse de los esfuerzos de sus colegas para negociar mejores condiciones de trabajo y un salario más alto. Y, con una cantidad suficiente de estos trabajadores, los sindicatos estarán aún más debilitados por la falta de fondos.

El objetivo de los sindicatos es tomar posturas políticas que defiendan los intereses de los trabajadores. Y para garantizar que las posturas políticas que toman reflejen las opiniones de una mayoría de los trabajadores, los sindicatos realizan elecciones democráticas. Los cinco jueces conservadores que endosaron la opinión, sin embargo, ofrecieron el penoso argumento de que obligar a los trabajadores a pagar para respaldar opiniones con las que no están de acuerdo es una violación de sus derechos de libre expresión garantizados por la Primera Enmienda.

Vale la pena recordar que en el caso Ciudadanos Unidos contra Comisión de Elecciones Federales (2010), la Corte decidió que la Primera Enmienda permite que las empresas hagan aportes ilimitados a las campañas políticas. De manera que, a los ojos de los conservadores de la Corte, las corporaciones pueden respaldar opiniones que van en contra de una mayoría de sus accionistas y trabajadores –que no tenían voz en el tema-, pero los sindicatos no pueden expresar opiniones que son resistidas inclusive por un solo pagador de aportes.

“Justicia” de guerra cultural

Los conservadores de la Corte ofrecieron otra lectura perversa de la Primera Enmienda en Instituto Nacional de Defensores de la Vida y la Familia contra Becerra. En otra decisión partidaria de 5 a 4, dictaminaron que un estado no puede obligar a un centro autorizado de salud reproductiva a informar a los pacientes sobre la disponibilidad de opciones de aborto. Según esta visión, la libertad de expresión incluye la libertad de no decir ciertas cosas, aún si uno pretende ser un proveedor legítimo de atención médica.

Según esta visión extremista, los fabricantes de cigarrillos no tienen que informar que fumar es malo para la salud, y los bancos no tienen por qué revelar el pleno alcance de sus cargos. En éstas y otras situaciones en el pasado, la Corte encontró un equilibrio entre la libre expresión y otros derechos igualmente importantes. Pero en el caso de esta semana, no hubo equilibrio de ningún tipo. La razón es simple: la Corte, como una herramienta de la derecha extremista, está fomentando una campaña republicana contra el derecho de una mujer a tomar decisiones informadas que conciernen a su propia salud.

Durante años, los republicanos a nivel estatal han implementado medidas para que a las mujeres les resulte más difícil hacerse un aborto –o inclusive informarse sobre el tema, y estas políticas han demostrado ser particularmente perjudiciales para los pobres-. Pero ahora que Kennedy se está retirando, el propio derecho al aborto, reconocido en el caso histórico de Roe contra Wade (1973), estará en el punto de mira de los conservadores. Si es revocado, los estados controlados por los republicanos en todo el país de pronto tendrán el poder de negarles a las mujeres el derecho de larga data a la privacidad y al control sobre sus cuerpos de la Decimocuarta Enmienda.

La cuarta decisión alarmante esta semana se produjo en el caso Trump contra Hawai, en el que la mayoría conservadora de la Corte defendió la orden ejecutiva de Trump de prohibir la entrada a los viajeros provenientes de una cantidad de países predominantemente musulmanes. La Corte dictaminó que Trump no abusó de su autoridad para controlar la inmigración en aras de la seguridad nacional. Sin embargo, como ha indicado el propio Trump en muchas ocasiones, proteger la seguridad nacional no era en verdad su intención cuando diseñó la prohibición. Como dejó en claro la jueza asociada Sonia Sotomayor en su virulento disenso, los propios tuits incendiarios de Trump demuestran que su verdadero objetivo era mantener a los musulmanes fuera de Estados Unidos.

Sin duda, la Corte estaba revisando la tercera revisión de la prohibición de viaje de Trump, que había sido ampliada más allá de los musulmanes para incluir prohibiciones contra los norcoreanos y los venezolanos. Pero los cambios de la administración estaban destinados, obviamente, a ocultar los verdaderos motivos de Trump. El argumento de la administración de que hace falta una prohibición porque es demasiado difícil investigar a las personas provenientes de estos dos países es risible. Los norcoreanos, en particular, han sido investigados con peine de diente fino durante décadas, dado que nunca hubo un acuerdo de paz que pusiera fin formalmente a la Guerra de Corea de 1950-1953.

Y, por supuesto, si el objetivo de Trump es proteger la seguridad nacional, uno se pregunta por qué Arabia Saudita –cuyos ciudadanos fueron responsables de los atentados del 11 de septiembre de 2001- no figura en la lista. La respuesta es obvia: Trump quiere mantener la lucrativa relación de él y su familia con las autoridades del reino.

Ahora bien, si se lleva la perspectiva de la Corte a su conclusión lógica, Trump simplemente puede defender cualquier acción intolerable que adopte con el dudoso argumento de la “seguridad nacional” –la coartada adorada por todas las dictaduras fascistas-. Los conservadores de la Corte han señalado que harán la vista gorda ante las políticas motivadas por un ánimo racial o religioso. Y, supuestamente, no tendrían problema en respaldar la guerra comercial de Trump, que también ha lanzado en nombre de la seguridad nacional.

Tiranía de la minoría

Las cuatro principales decisiones pronunciadas por la Corte Suprema en este mandato son perturbadoras, cada una a su manera. Estados Unidos ya tiene el mayor nivel de desigualdad entre los países avanzados, y la Corte ahora ha empoderado a los monopolios y a las empresas, despojando al mismo tiempo a los sindicatos del poder para alcanzar negociaciones colectivas que beneficien a la clase trabajadora y a la clase media.

Pero, más allá de esto, la manera en que la Corte llegó a estas cuatro decisiones ha lanzado una nueva guerra política. Desde la fundación de Estados Unidos, los sucesivos gobiernos se han esforzado por redactar normas que sirvan de guía para alejar a su país del extremismo. Al acatar la sabiduría de los fundadores de Estados Unidos, la mayoría de los líderes norteamericanos han entendido los riesgos que plantean los partidos gobernantes que abusan de su poder, llevando a la instauración de un conjunto de procesos e instituciones destinados a impedir los decretos mayoritarios. Por ejemplo, en el Senado de Estados Unidos, la regla de filibusterismo fija un piso de 60 votos para sancionar una legislación importante, precisamente para que el partido mayoritario no pueda pisotear a la minoría.

Pero luego los republicanos empezaron a ignorar estas normas. La Constitución de Estados Unidos exige que el Senado ofrezca “asesoramiento y consentimiento” sobre los nombramientos presidenciales, y durante mucho tiempo la norma había sido que sólo debían rechazarse los candidatos verdaderamente no calificados. Pero durante la presidencia de Barack Obama, los republicanos del Senado utilizaron el filibusterismo desenfrenadamente para bloquear a los candidatos con quienes no estaban de acuerdo en cuestiones como el aborto. En tanto las vacantes de la rama ejecutiva comenzaron a apilarse, los demócratas del Senado, que entonces eran mayoría, no tuvieron otra alternativa que poner fin a la regla de filibusterismo para las nominaciones presidenciales. Inclusive en ese momento, los peligros de esta medida eran claros. Un presidente extremista, respaldado por un Senado obediente, podía nombrar prácticamente a cualquiera para cualquier posición.

Hoy, estamos presenciando lo que sucede cuando el sistema de controles y equilibrios se rompe en pedazos. Después de recuperar el Senado en 2014, los republicanos se negaron inclusive a considerar al candidato centrista altamente calificado de Obama para la Corte Suprema, Merrick B. Garland. Y, el año pasado, después de que su obstruccionismo rindiera sus frutos con la victoria de Trump, los republicanos terminaron el filibusterismo para las nominaciones de la Corte Suprema, para confirmar al elegido de Trump, Neil M. Gorsuch, para suceder a Antonin Scalia (quien, para ese entonces, ya hacía 14 meses que había muerto). Ahora que el retiro del juez Kennedy ha abierto otra vacante en el tribunal, Trump podrá mantener la Corte llena durante por lo menos una generación. Después que eso suceda, muy probablemente nos encontremos en una situación en la que una mayoría de norteamericanos no tenga ningún tipo de confianza en la Corte –para no hablar de las otras ramas de gobierno.

La extinción de la luz

La Constitución de Estados Unidos establece que los jueces de la Corte Suprema “deben permanecer en sus Cargos mientras conserven un buen Comportamiento”, lo que implica un mandato de por vida. Pero, en 1789, la gente no vivía tanto como hoy. Y entonces, con el transcurso de los años, los republicanos han engañado al sistema nombrando jueces jóvenes, algunas veces con calificaciones dudosas, en un intento por llenar las cortes federales. El hecho de que los demócratas no hayan intentado hacer lo mismo sugiere que ellos, al menos, se toman en serio la responsabilidad de encontrar a los candidatos más calificados.

En vista de las decisiones que la Corte ha legado esta temporada, hoy resulta obvio que Estados Unidos necesita una enmienda constitucional para fijar límites para los mandatos de los jueces. No será fácil. Pero es imperativo restablecer la legitimidad de la Corte como un árbitro justo.

La única alternativa es ampliar el tamaño de la Corte, lo que no requiere una enmienda constitucional. Eso es lo que intentó hacer el ex presidente Franklin D. Roosevelt y no pudo cuando una Corte muy dividida amenazó con obstruir sus reformas al New Deal. Pero romper la “norma” de nueves jueces plantea sus propios riesgos, porque una vez que se ha traspasado ese umbral, el Partido Republicano extremista contará con una herramienta más para llenar la Corte.

Otra lección importante que debe trazarse a partir del mandato recién terminado de la Corte Suprema es que el estado de derecho, muchas veces considerado la columna vertebral de la sociedad norteamericana y su economía política, quizá no esté ni cerca de ser tan robusto como muchos imaginan. La “ley”, después de todo, puede ser usada, y de hecho así sucedió, por los poderosos para oprimir a los débiles. Y, como estamos viendo hoy, también puede ser utilizada por una minoría para ponerle el pie en la garganta a la mayoría.

Inclusive si Fox News y otras formas de propaganda de derecha persuadieran a una estrecha mayoría de norteamericanos de respaldar los argumentos ofrecidos por los conservadores de la Corte, sus decisiones recientes serían cuestionables. Y, sin embargo, todas tendrán implicancias de amplio alcance. Como observó correctamente Jedediah Purdy, profesor de leyes de la Universidad Duke, forman “parte de un arco histórico más largo: el desmantelamiento del legado legal del New Deal y la creación de la ley para una nueva Era Dorada”. En otras palabras, la Corte está cambiando constantemente la reglas del juego de maneras que alterarán la naturaleza de la sociedad norteamericana para peor.

Trump está llevando a Estados Unidos por el camino del racismo, la misoginia, el nativismo, el prejuicio y el proteccionismo, implementando a la vez políticas económicas que benefician a unos pocos a expensas de la abrumadora mayoría. Él y sus lacayos republicanos están minando el sistema de controles y equilibrios de Estados Unidos, así como sus instituciones que buscan la verdad, desde universidades e instituciones de investigación hasta los medios y las agencias de inteligencia.

Se supone que el sistema judicial ofrece un control cuando los otros no pueden hacerlo. Ahora que la Corte Suprema ha echado su suerte con Trump, la democracia estadounidense está verdaderamente en peligro.

Joseph E. Stiglitz fue el ganador del Premio Nobel en Ciencias Económicas en 2001. Su libro más reciente es Globalization and its Discontents Revisited: Anti-Globalization in the Era of Trump.

 Copyright: Project Syndicate, 2018.
www.project-syndicate.org https://elpais.com/economia/2018/07/11/actualidad/1531311929_502058.html

25.18.-PARA TRUMP, EL FRACASO ES LA ÚNICA OPCIÓN  Paul Krugman

Así pues, Donald Trump fue a la cumbre de la OTAN, insultó a nuestros aliados, y luego les planteó la absurda exigencia no solo de que aumentasen su gasto de defensa —cosa que deberían hacer— sino que lo aumentasen hasta el 4% del PIB, muy por encima del desmesurado gasto militar en su propio presupuesto. Acto seguido afirmó, falsamente, que había obtenido importantes concesiones, y declaró cortésmente que “en este momento no era necesario” plantearse abandonar la alianza.

13 jul 2018.- ¿Había algo que nuestros aliados podrían haber hecho para apaciguarlo? Sin duda, la respuesta es que no. Para Trump, el perturbar a la OTAN no parece que sea un medio para conseguir un fin; es un fin en sí mismo. ¿Les resulta familiar todo esto? Es básicamente lo mismo que la historia de la escalada de la guerra comercial. Aunque Trump despotrica de las injustas prácticas comerciales de otros países —una queja que tiene algo de validez en el caso de China, aunque prácticamente ninguna en el de Canadá o la UE— no ha hecho ninguna petición coherente. Es decir, no ha dado ninguna indicación de lo que cualquiera de los países afectados por sus aranceles podría hacer para satisfacerle, lo que no les deja más opción que la de tomar represalias.

Para el presidente de EE UU, perturbar la OTAN no es un medio para conseguir algo, es un fin en sí mismo

De modo que no actúa como alguien que amenace con una guerra comercial para lograr concesiones; actúa como alguien que solo quiere una guerra comercial. Como era de esperar, amenaza supuestamente con marcharse de la Organización Mundial del Comercio (OMC), de la misma manera que insinúa que EE UU podría abandonar la OTAN.

Es más de lo mismo. Sea cual sea la afirmación que haga Trump sobre el mal comportamiento de otros países y sea cual sea la exigencia que plantee un día concreto, las hace con una mala fe manifiesta. El señor ‘artista de los acuerdos’ no quiere ningún acuerdo. Lo único que quiere es echar abajo las cosas.

Todas las instituciones que Trump intenta destruir se crearon bajo el liderazgo estadounidense en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Fueron años de una habilidad política épica —los años del bloqueo de Berlín y del Plan Marshall— en los que EE UU demostró su verdadera grandeza. Porque después de haber ganado la guerra, optó por no comportarse como un conquistador y sentar en cambio las bases de una paz duradera. Por tanto, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio firmado en 1947 —en una época de un abrumador dominio económico estadounidense— no pretendía otorgar una posición privilegiada a los productos estadounidenses, sino crear las reglas del juego para fomentar la prosperidad en todo el mundo. Del mismo modo, la OTAN, creada en 1949 , no pretendía asegurar la hegemonía estadounidense, sino que creó un sistema de responsabilidad mutua que animaba a los aliados de EE UU, y también a los enemigos derrotados, a considerarse iguales a él a la hora de preservar la seguridad mutua.

Los inversores creen que el mandatario fanfarronea y no se lo toman en serio. Cuando lo hagan puede ser tarde

Una manera de decirlo es que EE UU intentó crear un sistema internacional que reflejase sus propios ideales, que sometiese a los países poderosos al imperio de la ley, y que, al mismo tiempo, protegiese a los países más débiles de los hostigadores. Los países pequeños pueden ganar, y ganan, casos de la OMC contra países grandes; los miembros pequeños de la OTAN reciben las mismas garantías de seguridad incondicionales que las potencias.

Y lo que Trump intenta hacer es socavar ese sistema haciendo que el hostigamiento sea grande otra vez. ¿Qué motivos le empujan a hacerlo? Parte de la respuesta es que cualquier cosa que debilite a la alianza occidental ayuda a Vladímir Putin; si Trump no es literalmente un agente ruso, desde luego se comporta como uno cada vez que tiene ocasión. Más allá de eso, es evidente que al presidente estadounidense no le gusta nada que huela a sistema de derecho aplicable a todos, los débiles y los fuertes, por igual. En EE UU, perdona a fanáticos criminales y separa a niños de sus padres. En las relaciones internacionales, alaba a los déspotas brutales y no escatima críticas a los líderes democráticos.

Por eso es lógico que odie las instituciones creadas por una generación de hombres de Estado estadounidenses infinitamente más inteligentes, que entendían que a EE UU le convenía utilizar su poder con respeto y moderación, y someterse a las normas a fin de ganarse la confianza del mundo. Puede quejarse de que otros países hacen trampas y se aprovechan de EE UU, de que imponen aranceles injustos o no pagan su parte correspondiente de los costes de defensa. Pero, como he dicho, son afirmaciones hechas con mala fe, porque son excusas, no quejas reales. No quiere arreglar estas instituciones, quiere destruirlas.

¿Habrá algo que frene los instintos destructivos de Trump? Se podría haber pensado que el Congreso establecería algunas limitaciones y que al menos quedaría algún legislador republicano responsable y patriótico. Pero no quedan. O también se podría haber pensado que las grandes empresas, que están muy involucradas, literalmente, en el orden mundial actual protestarían de manera eficaz. Hasta el momento, sin embargo, han sido totalmente inefectivas. Y aunque los rumores de una guerra comercial provoquen a veces turbulencias en el mercado bursátil, los inversores, que yo sepa, no se lo están tomando en serio: creen que Trump fanfarroneará y tuiteará durante un tiempo y que luego aceptará algunos cambios políticos superficiales y dirá que es una victoria.

Pero ese tipo de resultado benigno parece cada vez más improbable, porque Trump no aceptará un sí por respuesta. No quiere que las negociaciones de EE UU con sus aliados y sus socios comerciales lleguen a buen puerto, sino que quiere que fracasen. Y cuando todo el mundo se dé cuenta de esto, puede que el daño sea irreversible.

Paul Krugman es Nobel de Economía © The New York Times Company, 2018 Traducción de News Clips. https://elpais.com/economia/2018/07/13/actualidad/1531490639_797387.html

25.18.-La batalla de los tiempos – Salomón Kalmanovitz

En Estados Unidos el gobierno minoritario de Trump está terminando de establecer una dictadura al empacar la Corte Suprema de Justicia de magistrados de derecha. El Partido Republicano lleva varios lustros rediseñando los distritos de votación y haciendo caso omiso de las mayorías demócratas que han ganado el voto popular en las presidenciales para perderlo en el Colegio Electoral, donde predominan los estados rurales, más atrasados y reaccionarios. Igual sucede con el poder legislativo.

15 jul 2018.-  Los republicanos han jugado con la extrema derecha por muchos años hasta que los asaltó el señor Trump con sus huestes de racistas y nazis, haciéndose a la posición más poderosa del mundo que abusa de forma incompetente. Desde allí viene destruyendo las bases del orden internacional erigido al final de la Segunda Guerra Mundial que permitió un mundo próspero y en relativa paz por 70 años. Esas bases son la Comunidad Europea y su alianza militar OTAN que las defendieron del embate del socialismo real y ahora del imperialismo de Putin; en lo económico fue la Organización Mundial del Comercio que promueve el desarrollo de los países con reglas aceptadas por todos. Una característica en común de los dictadores es el irrespeto por el Estado de derecho, algo en lo que destaca Trump al debilitarlo sistemáticamente, convirtiendo la Presidencia en una filial de sus negocios.

Se está cocinando una nueva alianza de Trump, Putin y otros dictadores afines (Erdogan, Duterte, la extrema derecha inglesa, italiana, polaca y húngara) para socavar la comunidad de naciones, obstruir los flujos comerciales que han permitido el surgimiento de China, el sureste asiático, México y Canadá, de la misma Europa y amenaza incluso a las corporaciones norteamericanas que viven de la división internacional del trabajo. La nueva reacción introduce también barreras a los flujos migratorios, respondiendo a la paranoia racista, en detrimento los más oprimidos del mundo.

Es también el triunfo de la barbarie que se forja en las entrañas de la sociedad norteamericana a partir de su supuesto excepcionalismo (always great) y el resentimiento producido entre sus trabajadores por las políticas dominantes a favor de los ricos, sin reconocer a los responsables. En el trasfondo están también los cambios tecnológicos y los causados por la globalización que han empobrecido a una parte de la población, pero han enriquecido a buena parte del mundo. Recuérdese que el auge de los precios de las materias primas que ha beneficiado a la América Latina surgió del crecimiento sistemático de la China que Trump pretende abortar.

Trump fue el candidato favorecido por la Rusia de Putin y se siente más identificado con su régimen autoritario que con la Europa democrática que mantiene su Estado de bienestar. Él y los republicanos están socavando las pocas políticas sociales que subsisten en la sociedad norteamericana, como el seguro de salud y la protección de los derechos de la mujer.

Se viene desgranando la batalla de los tiempos en la que el viejo orden internacional está siendo subvertido. Va a ser remplazado por un mundo caótico en el cual primarán los intereses estrechos de cada país, listos a destrozar a dentelladas al vecino, poniendo en riesgo a los regímenes progresistas que quedan. Es el momento de los nacionalistas rabiosos que desconocen el sistema de ley internacional y se alistan para la guerra, sin nada que ganar.

https://www.elespectador.com/opinion/la-batalla-de-los-tiempos-columna-800351

24.18.-TRUMP APRETARÁ EL GATILLO EN GUERRA DE ARANCELES A LA MEDIANOCHE – Bloomberg.

El presidente Donald Trump se prepara para imponer aranceles a los productos chinos justo después de la medianoche del viernes, el primer disparo en una guerra comercial entre las dos mayores economías del mundo. 

Puerto del sur de Luisiana, Estados Unidos.

Los aranceles a US$34.000 millones en productos chinos entrarán en vigencia a las 12:01 a.m. en Washington, confirmó en un correo electrónico el representante comercial de Estados Unidos. El hito marca una nueva y perjudicial fase en un conflicto que ha sacudido a los mercados y ensombrecido las perspectivas de crecimiento global.

5 Jul 2018.- En Pekín, los legisladores se preparan para lo que podría ser una batalla de larga duración, una en la que dicen no serán los agresores. Pekín ha dicho que los aranceles de represalia sobre productos estadounidenses, que van desde la soja hasta la carne de cerdo, entrarán en vigencia inmediatamente después de que EE.UU. actúe.

Ante las amenazas de más gravámenes de represalia entre EE.UU. y China, algunos inversores temen que esta semana marque el inicio de una guerra comercial que se extienda a nivel mundial. Trump ya ha impuesto aranceles al acero, el aluminio, los paneles solares y las máquinas lavadoras importadas.

Los inminentes aranceles también han afectado a los mercados, lo que ha llevado a los funcionarios de los bancos centrales a tranquilizar a los inversores. La Unión Europea ha adoptado una postura firme de cara a la escalada, y el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, señaló que el aumento del proteccionismo afectará los flujos de comercio e incrementará los costos de importación.

A continuación, presentamos un resumen de los hechos clave sobre la posición de China en el conflicto:

¿Qué bienes se verán afectados?

El 15 de junio, Trump dijo que EE.UU. comenzará a aplicar aranceles adicionales del 25 por ciento a las importaciones chinas por valor de US$50.000 millones en respuesta a lo que afirma es un robo de propiedad intelectual estadounidense. Eso se divide en dos rondas: US$34.000 millones el viernes y US$16.000 millones posteriormente.

China ha dicho que responderá con “igual escala, igual intensidad”.

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¿Cómo se implementarán los aranceles?

Los servicios aduaneros de EE.UU. y China serán responsables de cobrar los nuevos aranceles cuando las importaciones pasen por el puerto de entrada. Cuando los productos incluidos en la lista de gravámenes adicionales son declarados en la aduana, el importador pagará los impuestos adicionales.

¿Están listos los mercados?

Las acciones chinas han sido golpeadas en las últimas semanas, ingresando a un mercado bajista, dado que las preocupaciones sobre la guerra comercial se han mezclado con la inquietud de cómo la campaña actual de control de deuda se reflejará en las perspectivas de crecimiento económico.

El jefe del partido del Banco Popular de China, Guo Shuqing, intentó calmar a los mercados, diciendo que los riesgos del mercado de bonos son controlables y que la economía es capaz de soportar los impactos de las fricciones comerciales. Los indicadores fundamentales económicos significan que una fuerte depreciación del yuan es poco probable, dijo en una entrevista con Financial News.

El presidente de la Reserva Federal de EE.UU., Jerome Powell, dijo el 20 de junio que los funcionarios están empezando a escuchar que las empresas están posponiendo la inversión y la contratación debido a la incertidumbre sobre lo que vendrá después. “Los cambios en la política comercial podrían hacer que tengamos que cuestionar las perspectivas”, dijo durante un panel en Portugal.

Las acciones de EE.UU. se han tambaleado por las fricciones comerciales, pero el índice S&P 500 se mantiene prácticamente nivelado desde el comienzo del año.

¿Cuál puede ser el impacto en el mundo real?

Los aranceles ya están teniendo un efecto. A modo de ejemplo, las empresas chinas están revendiendo soja estadounidense y se espera que las empresas chinas cancelen la mayoría de los pedidos de soja restantes que se han comprometido a comprar a EE.UU. en el año que finaliza el 31 de agosto, una vez que entren en vigencia los gravámenes adicionales.

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Algunos negocios estadounidenses se preparan para el impacto. Los fabricantes y grupos empresariales de EE.UU. han dicho que los aranceles podrían aumentar sus costos y traducirse en aumentos de precios para los consumidores.

https://www.elespectador.com/economia/trump-apretara-el-gatillo-en-guerra-de-aranceles-la-medianoche-articulo-798468

24.18.- “EN EE UU HABRÁ MÁS MEDIDAS PROTECCIONISTAS Y TENSIÓN COMERCIAL” – Alicia González

Entrevista a Michael Gapen | economista para EE UU de BarclaysEl economista asegura que la desigualdad de ingresos ha aumentado con las políticas de Trump 

Michael Gapen, economista de Barclays responsable de Estados Unidos, en Madrid.INMA FLORES

Buena parte del trabajo que Michael Gapen (Naperville, Illinois, 1969) tiene estos días consiste en tratar de explicar a sus clientes la lógica que se esconde detrás de la política y la retórica del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Y demuestra haber estudiado bien la trayectoria de Trump, sus mensajes y el razonamiento que esconden sus decisiones, aunque a lo largo de la conversación puntualiza varias veces: “No es lo que yo creo solo, es lo que él dice”. Porque hay cosas que para un economista forjado en organismos internacionales y la Reserva Federal de Estados Unidos no debe resultar nada fácil de explicar.

Trump amenaza con un arancel de hasta el 25% sobre la importación de automóviles

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Pregunta. En este momento no hay nada más sorprendente que la guerra comercial en la que se ha embarcado EE UU.

Respuesta. No para nosotros, porque forma parte del ADN de Trump desde los años ochenta. A diferencia de otros presidentes, Trump no vincula las relaciones comerciales a otras cuestiones, como la democracia o los derechos humanos, sino que los ve como una pura relación bilateral. Así que era previsible que impulsara políticas proteccionistas, aunque no necesariamente con los socios con los que ha abierto esta brecha. Pero no nos sorprendería que decidiera anunciar la retirada del acuerdo comercial con Canadá y México, aunque no digo que obligatoriamente lo haga; que abra nuevos capítulos proteccionistas con China o meter más presión sobre Europa, y Alemania en especial, con los automóviles. La conclusión sería: habrá más medidas proteccionistas y más tensión comercial.

  1. Sin embargo, los mercados no parecen pesimistas respecto a esa deriva.
  2. Cuando nos preguntan los clientes, yo les digo que lo que están subestimando es el deseo del presidente Trump de cambiar los flujos comerciales. Los mercados estaban básicamente más centrados en las políticas que favorecen el crecimiento, como la rebaja de impuestos o el aumento del gasto en los presupuestos, y poco en las políticas proteccionistas, como los nuevos aranceles o la política migratoria. Y lo cierto es que la rebaja fiscal ofrece un margen tremendo para absorber el coste de las políticas proteccionistas.
  3. ¿No cree que la economía estadounidense se vaya a ver afectada por el giro proteccionista?
  4. El comercio apenas supone un 15% del PIB, y las importaciones suponen el 6% del gasto de los consumidores. Así que es difícil que las restricciones sobre el acero y el aluminio hagan subir la inflación más de una o dos décimas, y tendría un impacto similar a la hora de restar crecimiento [2% en el primer trimestre]. De modo que, salvo que estas políticas se mantengan a lo largo de una década y cambien nuestras alianzas comerciales, no creo que tenga un gran impacto sobre la economía. Sin embargo, el mayor riesgo lo veo a través de una pérdida de la confianza empresarial y de los mercados financieros debido a la incertidumbre que estas políticas generan.
  5. ¿Obligará a la Reserva Federal a cambiar su calendario de subidas de tipos?
  6. Yo creo que la Reserva Federal va a ignorar las presiones inflacionistas derivadas de los aranceles, que es algo más temporal, y se centrará en las procedentes de la actividad. Si las políticas proteccionistas frenan la creación de empleo, la Reserva ralentizará la subida de tipos aunque esté aumentando la inflación.
  7. ¿Cree que el mercado laboral puede verse afectado por la política migratoria de esta Administración?
  8. Es verdad que en estos años la fuerza laboral ha añadido aproximadamente entre un 1% y un 1,5% al crecimiento potencial. Mientras que el crecimiento de la población apenas lo ha hecho un 0,5%, lo que supone que las políticas antimigratorias reducen notablemente el crecimiento potencial de la economía.
  9. EE UU siempre se ha caracterizado por atraer talento, ¿no cree que eso puede frenarse?
  10. De hecho, ya hay evidencias de que eso está pasando. Si miramos qué pasa con las solicitudes de extranjeros para estudiar en universidades estadounidenses, estas ya están bajando, mientras que se está observando un aumento en Canadá.
  11. ¿Se puede decir que la Gran Recesión ha quedado totalmente atrás?
  12. Desde el punto de vista financiero, totalmente. Nos hemos recuperado de las pérdidas. Pero para el hogar medio no ha sido hasta ahora, diez años después, que una mayoría de las familias sienten que su situación financiera es buena. Otra cosa es cómo se ha distribuido la recuperación, y ahí la desigualdad de ingresos ha aumentado con las políticas aplicadas por Trump.

https://elpais.com/economia/2018/07/04/actualidad/1530725474_649367.html

 

23.18.-TRUMP CONTRA LAS MOTOS – Paul Krugman

La reacción exagerada del presidente ante las acciones de Harley-Davidson muestra su debilidad

Harley-Davidson, el famoso fabricante de motos grandes, dio mucho que hablar esta semana cuando anunció que iba a trasladar parte de su producción fuera de Estados Unidos en vista de la escalada en la guerra arancelaria entre Estados Unidos y la Unión Europea. Y Donald Trump dio aún más que hablar cuando arremetió contra una empresa con la que “había sido muy bueno”, acusándola de haberse “rendido” ante Europa. Por eso ha amenazado con castigarla: “Va a tener que pagar más impuestos que nunca”.

29 jun 2018.- Ahora bien, en general (sobre todo, pero no solo, en economía) desconfío de los análisis de noticias basados en gran parte en una anécdota supuestamente reveladora (como, por ejemplo, los análisis basados en conversaciones con seguidores de Trump en cafeterías). Y lo cierto es que, aunque Harley-Davidson pueda ser en cierto modo un icono, no es un actor importante en la economía estadounidense. Al final del año pasado, su división de motocicletas contaba con unos 5.000 trabajadores; eso no es mucho en una economía en la que se contrata a aproximadamente 250.000 personas cada día de trabajo.

No obstante, creo que la historia de Harley es una de esas anécdotas que nos dicen mucho. Es uno de los primeros ejemplos de los incentivos creados por la inminente guerra comercial, que perjudicará a muchas más empresas y trabajadores estadounidenses de lo que Trump o la gente que está a su alrededor parece creer. Es una señal de las reacciones histéricas que podemos esperar del equipo de Trump a medida que empiecen a manifestarse los aspectos negativos de sus políticas, una histeria que los demás países considerarán sin duda una prueba de su debilidad intrínseca.

Y lo que los supuestos expertos de Trump tienen que decir sobre la controversia no hace más que confirmar que nadie en el Gobierno tiene ni la más remota idea de lo que está haciendo.

En lo que respecta a la guerra comercial, hasta ahora solo estamos viendo las primeras escaramuzas, que bien pueden convertirse en algo mucho más importante. No obstante, lo que ya ha ocurrido no es baladí. Estados Unidos ha impuesto significativos aranceles sobre el acero y el aluminio, lo que ha provocado que sus precios nacionales se disparen; nuestros socios comerciales, sobre todo la Unión Europea, han anunciado sus planes de responder con aranceles sobre determinados productos estadounidenses.

Y Harley es una de las empresas que ya están sintiendo la presión: está pagando más por sus materias primas, al tiempo que se enfrenta a la perspectiva de que se apliquen aranceles a las motocicletas que exporta. Dada esa presión, es perfectamente lógico que la empresa traslade parte de su producción al extranjero, a lugares en los que el acero sigue siendo barato y las ventas a Europa no sufran los aranceles.

Por tanto, la decisión de Harley es exactamente lo que esperaríamos ver a raíz de las políticas de Trump y la respuesta extranjera. Pero aunque sea lo que ustedes esperarían ver, y lo que yo esperaría ver, por lo visto no es lo que Trump esperaba ver. Su punto de vista parece ser que, como estuvo codeándose con los ejecutivos de la empresa y concedió a sus accionistas una gran rebaja fiscal, Harley le debe vasallaje personal y no debería responder a los incentivos que sus políticas han creado. Y parece que también piensa que tiene derecho a repartir castigos personales a las empresas que le contrarían. ¿El Estado de derecho? ¿Qué es eso?

Ahora bien, supongo que es posible que Trump consiga efectivamente presionar a Harley-Davidson para que dé marcha atrás en su decisión de trasladar parte de la producción fuera de EE UU. Sin embargo, por el momento, no hay indicios de ello.

Y en cualquier caso, estamos hablando de unos pocos centenares de puestos de trabajo en Estados Unidos de los aproximadamente 10 millones que actualmente dependen de las exportaciones, pero que ahora están en peligro por las políticas de Trump. Por tanto, si estamos hablando de una guerra comercial en serio, estamos hablando de pérdidas de miles de empleos como los de Harley-Davidson. Y ni siquiera Trump puede hacer mella en problemas de esa magnitud a base de tuits enfurecidos.

¿Y qué tienen que decir los economistas de Trump sobre todo esto? Una respuesta es: ¿qué economistas? Apenas queda alguno en el Gobierno. Pero por si sirve de algo, Kevin Hassett, presidente del Consejo de Asesores Económicos, no está repitiendo las tonterías de Trump, sino que está diciendo tonterías totalmente diferentes. En vez de condenar la decisión de Harley, declara que es irrelevante teniendo en cuenta la “enorme cantidad de actividad que vuelve a casa” gracias a los recortes fiscales a las empresas.

Y estaría bien si fuese cierto. Pero en realidad no estamos viendo que una gran cantidad de “actividad vuelva a casa”; estamos viendo maniobras contables que transfieren fondos propios de filiales en el extranjero a la empresa nacional, pero que en general no generan “ninguna actividad económica real”.

Por tanto, el incidente de Harley pone de manifiesto el desconocimiento generalizado que subyace tras la política económica característica de este Gobierno. Pero también pone de manifiesto algo más: la profunda debilidad en el entorno de Trump.

Piensen en ello. Imagínense que son Xi Jinping, el presidente chino, que ya ha dicho a los dirigentes de las empresas multinacionales que tiene intención de “devolver los puñetazos” frente a los aranceles de Trump. ¿Cómo se sienten viendo a Trump quejarse por la posible pérdida de unos centenares de puestos de trabajo ante las represalias europeas? El espectáculo seguramente les mueve a adoptar una línea dura: si un pinchacito tan pequeño molesta tanto a Trump, es muy probable que pierda la serenidad ante un enfrentamiento real.

Por eso la historia de Harley, aunque es cuantitativamente pequeña, nos puede decir mucho sobre lo que se avecina. Y nada de lo que nos dice es bueno.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018. Traducción de News Clips. https://elpais.com/economia/2018/06/29/actualidad/1530278970_721667.html

 

22.18.-EL REGRESO DE LA CALUMNIA DE SANGRE – Paul Krugman

El tratamiento de Trump hacia los latinoamericanos recuerda a los peores tiempos del antisemitismo

Niños en la frontera entre México y Estados Unidos. JOSÉ LUIS GONZÁLEZ REUTERS

El declive moral de Estados Unidos con Donald Trump es vertiginoso. En solo unos meses,hemos pasado de ser un país que representaba “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” a ser un país que separa a los niños de sus padres y los mete en jaulas.

22 jun 2018.-  Lo que resulta igual de sorprendente de esta decadencia hacia la barbarie es que no es una respuesta a ningún problema real. La afluencia masiva de asesinos y de violadores de la que habla Trump, la oleada de delitos cometidos por los inmigrantes en Estados Unidos (y, en su cabeza, por los refugiados en Alemania), son cosas que simplemente no están sucediendo. Son solo fantasías enfermizas utilizadas para justificar atrocidades reales. ¿Y saben a qué me recuerda esto? A la historia del antisemitismo, un relato de prejuicios alimentados por mitos y engaños que terminó en un genocidio.

Vamos a hablar primero de la inmigración estadounidense moderna y de cómo se puede comparar con esas fantasías enfermizas. Existe un debate muy técnico entre los economistas sobre si los inmigrantes con un bajo nivel educativo ejercen un efecto negativo sobre los salarios de los trabajadores nacidos en el país y con similar nivel de formación (la mayoría de los investigadores opinan que no, pero hay algunas discrepancias). Sin embargo, este debate no influye en las políticas de Trump.

Lo que reflejan más bien estas políticas es una imagen de la “carnicería estadounidense”, de grandes ciudades invadidas por inmigrantes violentos. Y esta imagen no guarda ninguna relación con la realidad. Para empezar, a pesar de un pequeño repunte desde 2014, los delitos violentos en EE UU se encuentran en unos mínimos históricos y la tasa de homicidios es la misma que a principios de la década de 1960. (Los delitos en Alemania también están en mínimos históricos, por cierto). La carnicería de Trump es un producto de su imaginación.

Si miramos el conjunto de EE UU, es verdad que existe una correlación entre los delitos violentos y el predominio de inmigrantes indocumentados: una correlación negativa. Es decir, los lugares con muchos inmigrantes, legales e indocumentados, suelen tener unos índices de criminalidad excepcionalmente bajos. El mejor ejemplo de esta historia de la carnicería inexistente es la ciudad más grande de todas, Nueva York, en la que más de un tercio de la población ha nacido en el extranjero —incluyendo aproximadamente a medio millón de inmigrantes indocumentados— y la delincuencia ha caído a niveles que no se registraban desde la década de 1950.

Y esto, en realidad, no debería resultar sorprendente porque los datos de las condenas a delincuentes muestran que es mucho menos probable que los inmigrantes, tanto legales como indocumentados, cometan delitos que los que han nacido en el país. Por tanto, el Gobierno de Trump ha aterrorizado a familias y a niños haciendo caso omiso de todas las normas de decencia humana para responder a una crisis que ni siquiera existe.

¿De dónde proceden este temor y este odio hacia los inmigrantes? En gran parte parece ser un temor hacia lo desconocido: da la sensación de que los Estados más contrarios a los inmigrantes son lugares, como Virginia Occidental, donde apenas se ven. Pero el odio virulento hacia los inmigrantes no solo existe entre los palurdos rurales. Naturalmente, el propio Trump es un neoyorquino adinerado, y una gran parte de la financiación para los grupos antiinmigrantes proviene de fundaciones controladas por multimillonarios de derechas.

¿Por qué acaban odiando a los inmigrantes personas que tienen dinero y éxito? A veces pienso en Lou Dobbs, un comentarista de televisión que me caía bien y al que conocí a principios de la década de 2000, pero que se ha convertido en un fanático anti-inmigracionista (y en confidente de Trump) y que actualmente advierte de la existencia de un complot de “los Illuminati de la calle K [donde tienen su sede la mayoría de grupos de presión de Washington]” a favor de los inmigrantes.

No sé qué mueve a estas personas, pero esta película ya la hemos visto antes, en la historia del antisemitismo. Lo que ocurre con el antisemitismo es que nunca tuvo que ver con algo que hiciesen los judíos. Siempre estuvo relacionado con mitos espeluznantes, basados a menudo en invenciones deliberadas que se difundían sistemáticamente para generar odio.

Por ejemplo, la gente repitió durante décadas la “calumnia de sangre”, la afirmación de que los judíos sacrificaban bebés cristianos como parte del ritual de la Pascua judía. Y a principios del siglo XX, se difundieron ampliamente Los protocolos de los sabios de Sión, un supuesto plan para que los judíos dominasen el mundo que probablemente fuera fraguado por la policía secreta rusa. (La historia se repite, la primera vez como una tragedia y la segunda vez como una tragedia mayor).

Este documento falso se difundió ampliamente en EE UU gracias nada menos que al mismísimo Henry Ford, un virulento antisemita que supervisó la publicación y distribución de medio millón de ejemplares de una traducción en inglés, El judío internacional. Ford se disculpó más tarde por haber publicado una falsificación, pero el daño ya estaba hecho.

Insisto, ¿por qué alguien como Ford – que no solo era rico, sino que también era uno de los hombres más admirados de su época – emprendió esta senda? No lo sé, pero es evidente que estas cosas ocurren.

En cualquier caso, lo importante es entender que las atrocidades que está cometiendo nuestro país en la frontera no son una reacción exagerada o una respuesta mal ejecutada ante algún problema real que haya que resolver. No hay ninguna crisis de inmigración y no hay ninguna crisis de delincuencia de los inmigrantes.

No, la verdadera crisis es el aumento del odio, un odio irracional que no guarda ninguna relación con nada de lo que hayan hecho las víctimas. Y cualquiera que justifique ese odio – que intente, por ejemplo, convertirlo en una historia con “dos lados” – en realidad es un defensor de los crímenes contra la humanidad.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

© The New York Times Company, 2018.

Traducción de News Clips.

https://elpais.com/economia/2018/06/22/actualidad/1529667353_901299.html

22.18.-LOS NIÑOS ENJAULADOS DE TRUMP María A. García

El gran territorio que antaño pertenecía a México, es más grande que Colombia -1´350.000 kilómetros cuadrados- y simboliza la riqueza usurpada al vecino del sur. Pero, en lugar de intentar saldar esa deuda histórica, Estados Unidos cierra los ojos frente a la tragedia humanitaria que se desarrolla en la parte sur del continente Americano y contribuye al desastre escudado en su derecho a proteger esa reciente frontera.

 

Un niño y su padre de Honduras son arrestados por la Patrulla Fronteriza de EE.UU. en la frontera con México. Foto: AFP

Un llanto sin consuelo. La voz de niños inmigrantes encerrados en jaulas, separados de sus padres, muy probablemente para siempre. Un presidente culpando al partido opositor, aunque no recae en ellos la responsabilidad. Luego, un paso atrás, la contraorden de no separar a los niños de sus padres, aunque miles ya no puedan reunirse nunca más. Todo esto ocurrió en Estados Unidos en una semana, ante la estupefacción del pueblo de ese país y de la mirada horrorizada de la comunidad internacional.

24 de junio 2018.-  El sentimiento de sorpresa, sin embargo, mesurado, pues se trata de Donald Trump. Y de Trump puede esperarse casi cualquier cosa. Estamos acostumbrados al horror de perseguir, separar y deportar a esas familias por el delito de cruzar una frontera huyendo de la muerte.

Ante la presión de los medios, la primera dama, la ausente Melania, viajó a Texas a ver a los niños con un letrero en su abrigo que decía: “A mí no me importa, ¿a ti sí?” en un acto de indolencia que intentó paliar su marido al decir que no se refería a la emergencia humanitaria en la frontera sino a las fake news. Incluso si así fuera, la señora Trump escogió la situación más inadecuada para expresar su opinión sobre las noticias de sus opositores, que ellos denominan, por default “falsas”.

Queda un largo camino en la presidencia del “polémico empresario” Trump y ronda la incertidumbre sobre qué otras medidas inhumanas se tomarán en contra de esas familias de migrantes. El desespero es tan grande que arriesgan su vida por cruzar esa frontera que separa el primer y el tercer mundo, la prosperidad y la pobreza, la vida y la muerte. Esa frontera que antaño se ubicaba mucho más arriba, antes de que Estados Unidos se apropiara de Colorado, California, Nevada, Nuevo México, Texas, Utah y Arizona.

El gran territorio que antaño pertenecía a México, es más grande que Colombia -1´350.000 kilómetros cuadrados- y simboliza la riqueza usurpada al vecino del sur. Pero, en lugar de intentar saldar esa deuda histórica, Estados Unidos cierra los ojos frente a la tragedia humanitaria que se desarrolla en la parte sur del continente Americano y contribuye al desastre escudado en su derecho a proteger esa reciente frontera.

Pero las gentes siguen cruzando, aunque sepan que no son bienvenidos. Los mueve una imagen en la mente, ese tío que vive en Los Angeles, esa amiga de su madre que trabaja en Dallas, una casa como en las películas, ayudar a la mamá o al abuelo que está enfermo. Y al mismo ritmo que cruza, la tierra del tío Sam los separa, encarcela y deporta. Estados Unidos parece desconocer que esas familias que cruzan no son criminales, son refugiados, y el trato que han recibido no dista mucho de la realidad de la que huyeron. Es triste el momento en que el país que debería proporcionar un mayor bienestar termina criminalizando y maltratando a estos miles de hombres, mujeres y niños.

Ante esta dramática situación, no parece haber indicios de un viraje en las políticas migratorias dentro del partido Republicano y se vienen más años de maltrato a los inmigrantes mexicanos, guatemaltecos, hondureños, salvadoreños sustentado en racismo y clasismo. Está claro que la incomodidad ante el inmigrante se manifiesta solo cuando se trata de extranjeros de piel oscura, que no hablan bien inglés y que carecen de documentos. No estamos frente a un fenómeno xenofóbico -odio al extranjero- sino aporofóbico -fobia a los pobres- donde los inmigrantes pobres más vulnerables (los niños) ni siquiera tienen derecho a un abogado en los cortos procesos judiciales donde se decide su destino.

Y así usando términos que denotan una supuesta fobia -y no un simple y llano racismo- pasan los días, los meses, mientras que miles de niños de brazos y pequeños que no saben hablar todavía, pasan los días y las noches separados de sus padres, traumatizados de por vida sin entender por qué esa tierra prometida convirtió su vida en un infierno. El viraje de Trump de no separarlos llega tarde y mal pues lo único que cambia es que ya no estarán separados cuando, tras las rejas, los traten como animales.

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/maria-a-garcia-de-la-torre/los-ninos-enjaulados-de-trump-235250

21.18.-LO QUE ESTÁ EN JUEGO EN LAS ELECCIONES DE EE UU – Paul Krugman

El mensaje de los republicanos al electorado con problemas crónicos de salud es muy sencillo: “Moríos”

El gobernador del Estado de Florida, Rick Scott.JOE RAEDLE AFP

Los sondeos indican que los ciudadanos consideran que la sanidad es la cuestión más importante en las elecciones de mitad de mandato. Esto plantea inmediatamente una pregunta: ¿entienden los votantes qué está en juego? Y en concreto, ¿se dan cuenta de que si los republicanos conservan el Congreso eliminarán la protección a los 52 millones de estadounidenses —más de una cuarta parte de los adultos no ancianos— con afecciones preexistentes que, antes de que se aprobase la Ley de Atención Sanitaria Asequible (conocida como Obamacare), podrían haber llevado a las aseguradoras a negarles cobertura?

De hecho, el Gobierno de Trump está intentando ya eliminar esas protecciones a través de los tribunales. Probablemente no lo conseguirá. Pero podría hacerlo, en cuyo caso se calcula que 17 millones de estadounidenses perderían su seguro médico.

16 jun 2018 .- Y aunque la demanda no prospere, el apoyo del Gobierno a una demanda judicial increíblemente endeble—tan indefendible que tres abogados de carrera del Departamento de Justicia se retiraron de la causa— es una señal clara de las prioridades conservadoras. El mensaje del Partido Republicano a los estadounidenses con problemas de salud es sencillo: “moríos”.

Por cierto, a algunos parecen sorprenderles las medidas tomadas por el Gobierno a este respecto, ya que Donald Trump ha prometido muchas veces proteger a las personas con afecciones preexistentes. Pero recuerden: la campaña contra la Ley de Atención Sanitaria Asequible se ha basado en todo momento en mentiras.

Primero, mentiras acerca de cuál era exactamente el contenido de la ley. ¿Se acuerdan de los “paneles de la muerte”?

Después, mentiras acerca de sus consecuencias. Durante un tiempo, Americans for Prosperity, el grupo financiado por los hermanos Koch, publicó anuncios que supuestamente presentaban historias reales de estadounidenses que soportaban terribles desgracias por culpa de la ley. Pero ninguna —repito, ninguna— de estas historias soportó una verificación imparcial. De modo que los anuncios pasaron a ser cada vez más vagos, y al final presentaban actores que fingían ser víctimas de la ley en lugar de víctimas reales, que al parecer eran demasiado difíciles de encontrar.

Pero la mentira más persistente de quienes se oponen a la ley —no solo Trump, sino todos ellos— es la afirmación de que quieren proteger a los estadounidenses con afecciones preexistentes. No quieren, y nunca han querido.

Es fácil ver por qué afirman lo contrario. La enorme mayoría del electorado, incluido el 59% de los republicanos, quiere mantener las normas que prohíben a las aseguradoras negar la cobertura a cualquier persona basándose en su historial médico. Por consiguiente, existe un fuerte incentivo para fingir que protegerán a personas que en el pasado han tenido problemas de salud.

Era evidente por una cuestión de pura lógica incluso antes de que los republicanos empezasen a proponer supuestos sustitutos de Obamacare. Si vas a garantizar cobertura con independencia del historial médico, tienes que inducir a contratar un seguro a personas que todavía están sanas, para que las aseguradoras tengan un fondo de riesgos manejable. Eso conlleva algún tipo de combinación de subvenciones para hacer el seguro asequible y sanciones para quien no se asegure. En otras palabras, exige un sistema muy parecido al contemplado en la Ley de Atención Sanitaria Asequible.

De modo que las exigencias de que se suprimiera la ley siempre han significado eliminar la cobertura para quienes más la necesitan, solo que los enemigos del Obamacare esperaban que la gente no se diera cuenta de ello. Y lo cierto es que, en general, se salieron con la suya hasta el año pasado, cuando tuvieron que presentar una legislación sanitaria específica.

Ahí se acabó el juego. Quedó claro de inmediato que cualquier alternativa republicana al Obamacare dejaría fuera a los estadounidenses con afecciones preexistentes. Y la reacción pública contra esa revelación es básicamente lo que hizo que fracasara el intento de revocación republicano. Pero fracasó por poco. Y si los republicanos siguen conservando el Congreso el próximo año, cualquiera con un historial de problemas médicos a quien su empresa no proporcione un seguro médico perderá la cobertura.

De hecho, podría incluso no bastar un empleo con cobertura sanitaria: si la demanda judicial respaldada por Trump prospera, las empresas podrán negarse a cubrir las afecciones preexistentes de los nuevos trabajadores.

Lo que puede parecer desconcertante de todo esto es la crueldad. Cierto, Donald Trump es obviamente un hombre que carece por completo de empatía. ¿Pero no hay otros republicanos que se sientan un poco mal respecto a la perspectiva de retirarles la atención sanitaria a millones de estadounidenses que no han hecho nada malo aparte de tener problemas médicos en el pasado?

Pues no. Piensen en Rick Scott, gobernador de Florida (y en la actualidad candidato al Senado), cuyo fiscal general se ha unido a la demanda judicial para eliminar la protección a las afecciones preexistentes. Aunque Scott se ha negado a decir si apoya o no la demanda, declaraba: “Tenemos que recompensar a la gente que se cuida”. Cierto, porque si tienes cáncer, o artritis, o esclerosis múltiple —todas ellas incluidas en las afecciones preexistentes por las que a los solicitantes se les negaba la cobertura— debe de ser culpa tuya.

Por cierto, una advertencia a los mayores que votan en Florida: quizá piensen que nada de esto les importa, porque están cubiertos por la asistencia sanitaria a los mayores de 65 años, el Medicare. Si es así, piénsenlo dos veces: si los republicanos ganan en noviembre, a continuación irán por el Medicare, para compensar el coste de su rebaja fiscal. ¿Y eso quién lo dice? Ellos mismos.

De modo que, como he dicho, los votantes deben entender qué nos jugamos en estas elecciones de mitad de mandato. Determinarán si las personas con problemas médicos reciben la atención sanitaria que necesitan.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018. https://elpais.com/economia/2018/06/15/actualidad/1529063423_839542.html

20.18.-LA TENSIÓN ENTRE EE UU Y SUS ALIADOS ESTALLA TRAS UN POLÉMICO G7 – Amanda Mars

El conflicto comercial que les enfrentaba hasta ahora sube en intensidad hasta convertirse en crisis diplomática. El conflicto comercial entre Estados Unidos y sus aliados del G7 ha escalado ya al nivel de una crisis diplomática tras una cumbre en Canadá ya de por sí muy bronca. Donald Trump se apeó del comunicado conjunto en el último momento colérico por las críticas del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, a su giro proteccionista y le tachó de “débil” y “deshonesto”. Francia y Alemania expresaron su hartazgo respecto a la política incendiaria del estadounidense.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, a la derecha, junto a Donald Trump al inicio de la cumbre del G7 en la región quebequesa de Charlevoix. CHRISTINNE MUSCHI REUTERS

La crisis comercial se suma a la ruptura unilateral del pacto nuclear de Irán por Washington y el adiós al acuerdo del clima de París. Hay que retroceder a la Guerra de Irak para hallar un distanciamiento comparable, pero entonces el conflicto se canalizó a través de un códigos políticos tradicionales, mientras que el actual inquilino de la Casa Blanca ha dilapidado toda convención: no tiene reparos en insultar al líder de un país aliado ante todos los públicos o acusar al mundo entero de robar a Estados Unidos.

10 jun 2018 .- La cita había arrancado marcada por la polémica de los nuevos aranceles al acero y al aluminio impulsados por Washington a Canadá, México y la Unión Europea, que a su vez han reaccionado con represalias. Aun así, el grupo formado por los países más industrializados (EE UU, Canadá, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Japón) hizo concesiones para lograr alumbrar un comunicado conjunto que apelaba a la rebaja de aranceles de forma genérica, pactaba reformar la Organización del Comercio y reivindicaba un libre comercio “recíproco” y “equitativo”. Tanto el primer ministro canadiense como el presidente francés, Emmanuel Macron, confirmaron que Estados Unidos estaba a bordo de ese texto.

En la rueda de prensa de clausura, Trudeau se mostró crítico con Trump. “Los canadienses somos amables y razonables, pero no nos van a avasallar”, enfatizó. Consideró “insultante” que Washington haya usado el argumento de la seguridad nacional para subir los aranceles a sus productos, teniendo en cuenta, resaltó, que soldados de ambos países “han luchado hombro con hombro en tierras lejanas en conflicto desde la Primera Guerra Mundial”.

 Miembros del G7 e invitados con ausencia del presidente de USA, Donald Trump. Su abrupto retiro del comunicado final de la cumbre dio lugar a un cruce de agrias declaraciones entre el gobierno estadounidense  y los líderes europeos y Canadá. Trump parece jugar, sin cesar, aranceles contra la infernal deuda comercial de los Estados Unidos.

Ataques a Trudeau

Trump conoció esas declaraciones a bordo del Air Force One y montó en cólera. Agarró su cuenta de Twitter y acusó a Trudeau de mentir, anunció que había pedido a sus colaboradores que no firmasen el comunicado de la cumbre y amenazó con nuevos aranceles también a los automóviles canadienses. Acto seguido, acusó al primer ministro canadiense de haberse comportado de forma “dócil” y “suave” en las reuniones mientras que en su rueda de prensa fue “muy deshonesto y débil. ¡Nuestros aranceles son una respuesta a sus tasas del 270% sobre los lácteos!”, exclamó.

El asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, añadió ayer tensión en una entrevista en CNN en la que acusó directamente a Trudeau: “Realmente, de alguna manera, nos apuñaló por la espalda. Fue una traición”.

“En cuestión de segundos, puedes destruir la confianza con 280 caracteres de Twitter”, lamentó el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas. Reconstruir la confianza, añadió, costará mucho más. Fuentes del Elíseo también expresaron su hartazgo por la dinámica que parece haberse establecido en las relaciones con Trump y recalcaron que la cooperación global “no puede depender de rabietas y de frasecitas”.

Pero hoy por hoy, todo indica que la geopolítica en la era Trump sí depende de esa rabia, de esa pulsión que los estadounidenses se acostumbraron a ver en un programa de telerrealidad. Macron, el líder europeo que más se ha afanado en normalizar el trato con el estadounidense, resumió así los nuevos tiempos: “Usted dice que al presidente Trump no le importa [es aislamiento]”, dijo a un periodista. “Quizá pero nadie es eterno”, añadió.

 “UN LUGAR EN EL INFIERNO”

El país con el que estalló la crispación fue precisamente el anfitrión de la cumbre. La Administración de Trump acusó al primer ministro de haberle engañado, aunque el Gobierno de Ottawa recalcó que Trudeau no había dicho en la rueda de prensa nada distinto de lo que le había planteado a su homólogo estadounidense en persona. “Hay un lugar reservado en el infierno para todo dirigente extranjero que se embarque en una diplomacia de mala fe contra Donald Trump y que intente apuñalarlo por la espalda cuando se retira”, advirtió Peter Navarro, asesor comercial de Trump, en la cadena Fox.

Este rifirrafe supone un torpedo en las negociaciones para reformar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) que EE UU, Canadá y México mantienen desde hace un cuarto de siglo. Trump, dentro de su giro proteccionista, lo considera injusto para EE UU y exige cambios profundos, en caso contrario, quiere romperlo. Tras casi un año de conversaciones, no ha habido pacto.

https://elpais.com/internacional/2018/06/10/estados_unidos/1528655021_569447.html

      20.18.-CÓMO PUEDE CHINA EVITAR UNA GUERRA                  COMERCIAL CON EE.UU. – Martin Wolf*                                                                

Cómo debiera responder China ante la agresiva política comercial de Donald Trump? La respuesta es: estratégicamente. Necesita manejar una oleada creciente de hostilidad por parte de EE. UU.                                                                                                                                                 De los acontecimientos ocurridos en Washington, el nombramiento de John Bolton como principal asesor del presidente estadounidense en materia de seguridad nacional tal vez sea más trascendental que el anuncio de una acción comercial conforme a la “sección 301” en contra de China.

Sin embargo, el plan de imponer aranceles del 25% a los US$60.000 millones en exportaciones chinas (aún no especificadas) a EE. UU. muestra la agresión de la agenda comercial de Trump.

Los aranceles propuestos representan tan sólo una de las numerosas acciones dirigidas a las políticas relacionadas con la tecnología de China.

Entre estas acciones se incluyen un caso contra China ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y un plan para imponer nuevas restricciones a sus inversiones en compañías de tecnología estadounidenses.

Los objetivos de estas acciones por parte de EE. UU. no están claros.

¿Se trata simplemente de detener supuestas transgresiones, como las transferencias forzadas (o el robo descarado) de propiedad intelectual? O, como lo sugiere su definición de China como “competidor estratégico”, ¿es una movida para detener por completo el progreso tecnológico de China, un objetivo que es inalcanzable y ciertamente no negociable?
Trump también enfatizó la necesidad de que China reduzca su superávit comercial bilateral en US$100.000 millones. De hecho, su retórica implica que el comercio debiera ser equilibrado con cada socio. Este objetivo no es, una vez más, ni alcanzable ni negociable.

La perspectiva optimista es que éstos son movimientos de apertura en una negociación que culminará en un acuerdo. Una perspectiva más pesimista es que se trata de una etapa en un proceso interminable de tensas negociaciones entre las dos superpotencias que se extenderá hacia el futuro lejano.

Una opinión aún más pesimista es que las discusiones comerciales se desintegrarán convirtiéndose en un ciclo de represalias, quizás como parte de hostilidades más amplias.

Lo cual resulta ser también dependiente de China. Debe reconocer el cambio en las percepciones estadounidenses, de las cuales la elección del Sr. Trump representa un síntoma. Además, en asuntos de comercio, los demócratas son mucho más proteccionistas que los republicanos.

¿CUÁLES SON LAS FUERZAS QUE IMPULSAN ESTE CAMBIO?

El ascenso de China ha hecho que EE. UU. tema perder su primacía. La autocracia comunista china está ideológicamente en desacuerdo con la democracia estadounidense. Lo que los economistas llaman “el choque de China” ha sido real e importante, aunque el comercio con China no ha sido la razón principal de los cambios adversos experimentados por los trabajadores industriales estadounidenses. EE. UU. también ha fracasado en proporcionarles la red de seguridad o el apoyo activo que necesitan los trabajadores y las comunidades afectadas.

Además, el acuerdo alcanzado cuando China se unió a la OMC en 2001 ya no es aceptable. Tal y como lo ha declarado el Sr. Trump, EE. UU. quiere una estricta “reciprocidad”. Por último, numerosos empresarios argumentan que China está “haciendo trampa” en pos de lograr sus objetivos industriales.

QUEJAS NUNCA CESARÁN

Hace aproximadamente una década, las quejas tenían que ver con los superávits por cuenta corriente de China, con la infravalorada tasa de cambio y con las enormes acumulaciones de reservas.

Todo esto actualmente se ha transformado: el superávit por cuenta corriente ha caído a sólo el 1,4% del producto interno bruto (PIB). Ahora las quejas se han desplazado hacia los desequilibrios bilaterales, hacia las transferencias forzadas de tecnología, hacia el exceso de capacidad y hacia la inversión extranjera directa por parte de China.
Este es un país exitoso, grande y diferente. Las quejas cambian, pero no el quejarse.

¿Cómo pudiera China manejar estas fricciones, exacerbadas por la personalidad de Trump, pero arraigadas en profundas ansiedades?

En primer lugar, tomando represalias con contra de medidas focalizadas, precisas y limitadas. Como todos los bravucones, Trump respeta la fuerza. De hecho, él respeta al líder chino Xi Jinping.

En segundo lugar, sosegando las quejas legítimas o aquellas cuya rectificación beneficie a China. La liberalización de la economía china redunda en el propio beneficio de China, como lo demuestran los asombrosos resultados de 40 años de “reforma y apertura”. China puede y debe acelerar su propia liberalización interna y externa.

Entre las quejas ampliamente compartidas provenientes de las empresas extranjeras se encuentra la presión excesiva para transferir conocimientos técnicos como parte de realizar actividades comerciales en China.

Tales “requisitos de desempeño” son contrarios a las normas de la OMC. China necesita actuar decisivamente con respecto a esto.

En tercer lugar, haciendo ciertas concesiones. China pudiera importar gas natural licuado de EE. UU. Esto reduciría el superávit bilateral, mientras que simplemente redistribuiría el suministro de gas a nivel mundial.

Pero hacer lo mismo con las materias primas en las que China es el mercado dominante del mundo sería mucho más problemático, ya que perjudicaría a otros proveedores. Es muy probable que Trump quiera que China discrimine contra los alimentos australianos o contra los aviones europeos. Pero seguir ese camino conduciría al final del sistema de comercio global liberal.

En cuarto lugar, multilateralizando estas discusiones. La cuestión de los excedentes en productos estándar, como el acero, no puede tratarse a un nivel puramente unilateral o bilateral. Como potencia global en ascenso, China pudiera desempeñar un papel central en la liberalización del comercio, fortaleciendo así el sistema y aumentando la participación mundial en la salud de la economía china.

Operar a ese nivel global conlleva otro potencial beneficio: para las grandes potencias es difícil negociar bilateralmente, ya que tienden a considerar las concesiones mutuas como humillantes. En el contexto global, sin embargo, una concesión puede considerarse como un beneficio para todos los países.

Por último, al operar bajo la rúbrica de la OMC, China coloca a los europeos en una posición difícil. Los europeos comparten las ansiedades de EE. UU. en cuanto a las políticas de propiedad intelectual de China, pero también creen en las reglas.
Si China tomara el camino moral y éticamente correcto, los europeos pudieran sentirse obligados a apoyarlo.

Nos encontramos en una nueva era de competencia estratégica. La pregunta es si esta situación se controlará o si conducirá a un colapso en las relaciones.

La política comercial de Trump representa una parte enormemente desestabilizadora de esta historia. China debería considerar una visión a más largo plazo de la situación, por su propio bien y por el del mundo.

*Columnista del Financial Times http://www.portafolio.co/internacional/como-china-puede-evitar-una-guerra-comercial-con-ee-uu-515707

20.18.-CORRUPCIÓN DE MEDIO PELO – Paul Krugman

Las tonterías por las que los ministros trumpistas están dispuestos a sacrificar su reputación demuestran lo malos políticos que son.

 Por supuesto que Donald Trump es corrupto. Cualquiera con sentido sabía que lo sería, aunque la escala de su lucro personal y la fuerte probabilidad de que los intereses económicos de su familia hayan distorsionado los intereses de la política exterior y de la seguridad nacional estadounidenses han asustado incluso a los cínicos. Y, naturalmente, el ejemplo dado por el estafador en jefe ha infectado todo su Gobierno.

Pero lo que realmente me asombra no es tanto el grado de corrupción entre los miembros del gobierno de Trump como su mezquindad. Y esa mezquindad dice mucho acerca del tipo de personas que gobiernan Estados Unidos.

8 jun 2018.- Los políticos corruptos solían parecerse al secretario del Interior de Warren Harding, Albert Fall, situado en el centro del escándalo Teapot Dome. Fall utilizó su cargo para conseguir sustanciosas operaciones a dos empresas petrolíferas y, a cambio, recibió más de 400.000 dólares en mordidas (muy por encima de 5 millones de dólares en precios actuales). Ese es el tipo de corrupción que uno logra entender y, en cierta manera, respetar.

Los políticos corruptos de Trump, por el contrario, se parecen a Tom Price, que consiguió perder su cargo de secretario de Salud y Servicios Humanos por pagarse demasiados vuelos en aviones privados a costa de la Hacienda pública; Ryan Zinke, que ocupa la antigua cartera de Fall, Interior, y tiene un problema similar al de Price, pero con los helicópteros y la costumbre general de utilizar fondos públicos para financiar viajes privados; Ben Carson, de Vivienda y Desarrollo Urbano, con sus muebles de comedor de 31.000 dólares; y Steve Mnuchin, secretario del Tesoro, al que le gusta viajar en reactores militares para lo que parecen a veces vacaciones privadas.

Y después está el rey de los extras: Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Medioambiental, cuya lista de pequeñas estafas incluye de todo, desde plumas personalizadas hasta decirle a un asistente que le busque un colchón usado, pasando por el intento de utilizar su cargo para conseguirle una franquicia de una conocida cadena de restaurantes especializados en bocadillos de pollo a su esposa.

Algo que me llama inmediatamente la atención de estas historias es que ninguno de estos altos cargos pasa la prueba de las nubes de caramelo, el famoso aunque controvertido experimento psicológico en el que a los niños se les dice que pueden conseguir dos nubes si logran esperar unos minutos antes de comerse la que tienen delante.

Piénsenlo: si ocupasen ustedes un alto cargo en el Gobierno y estuviesen dispuestos a hacer la voluntad de los intereses especiales —permitir que las multinacionales saquen beneficios a costa de terrenos públicos, dejar que los contaminadores envenenen el aire y el agua— dos años de conducta circunspecta le labrarían un futuro extremadamente brillante como miembro de un grupo de presión. Consideren lo débil que debe de ser el autocontrol de alguien dispuesto a poner esta enorme recompensa en juego por un colchón usado.

Pero la curva descendente de la corrupción desde el asunto Teapot Dome hasta el de los sándwiches de pollo no solo nos habla de la inmadurez de los altos cargos de Trump, sino que también nos permite ver la vacuidad de su alma.

Hace mucho tiempo Tom Wolfe escribió un memorable ensayo sobre qué mueve realmente a muchos poderosos. No es tanto el gusto por las cosas buenas; la verdad es que los aviones privados no son tan cómodos, y supongo que muchos de los que se beben botellas de vino de 400 dólares no notarían la diferencia si les sirvieran otro de 20.

Es más bien el placer de “verlos saltar”, de ver a la gente rebajarse, pasar por el aro, satisfacer los caprichos de uno. Se trata de sentirse más grande consiguiendo que los demás se comporten como si fuesen más pequeños.

¿No explica esto todo lo que hace Pruitt? Lo absurdo de sus exigencias es una característica, no un antojo: tengo mis dudas de que use su cabina telefónica insonorizada de 43.000 dólares, pero seguramente le complació ver a su personal correr para proporcionársela.

¿Por qué está el Gobierno de Trump lleno de estafadores de medio pelo? Claramente, siguen el ejemplo de su jefe, que como es bien sabido disfruta con la adulación y humillando a sus subordinados, incluidos los altos cargos. De hecho, sospecho que muchos de los miembros de su Gobierno practican lo que en una ocasión vi descrito como “hacer la bicicleta”: inclinarse ante el que tienen por encima y al mismo tiempo pisotear a los de debajo.

Y es llamativo el apoyo que ha dado Trump a altos cargos como Pruitt, descubiertos en abusos de autoridad mezquinos, a pesar de la mala prensa. Está claro que no ve nada malo en lo que hacen; es lo que él haría y, de hecho, hace.

En consecuencia, como he dicho, estamos gobernados por hombres con almas mediocres y vacías. ¿Importa eso?

En un sentido directo, la verdad es que no. Hay buenas razones para pensar que la especulación de Trump está haciendo un enorme daño, pero las pequeñas estafas de sus subordinados a las arcas públicas son triviales en comparación con las grandes cosas que están haciendo para que Estados Unidos sea un lugar peor: socavar la atención sanitaria, la protección medioambiental, la regulación financiera, y más.

Sin embargo, en un sentido más profundo, la corrupción mezquina y la política destructiva y cruel están de hecho relacionadas. No es muy probable que hombres que en gran medida ven un alto cargo como una licencia para vivir a lo grande, actuar como peces gordos y obligar a los funcionarios públicos a comportarse como criados, se preocupen demasiado por el interés público.

No necesitamos un gobierno de santos; la gente puede ser imperfecta (¿quién no lo es?) y aun así hacer el bien. Pero un gobierno compuesto casi enteramente por mala gente —que es lo que tenemos ahora— va, de hecho, a gobernar mal.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018.
Traducción de News Clips.
https://elpais.com/economia/2018/06/08/actualidad/1528453654_824703.html

19.18.-MENUDA GUERRA COMERCIAL MÁS TONTA – Paul Krugman

Trump parte de criterios erróneos para meterse en una refriega en la que tiene mucho que perder

Un operario de una acería de la empresa rusa NLMK en Portage, en el Estado de Indiana (EE UU) SCOTT OLSON AFP

Así que ha empezado la guerra comercial. Y menuda guerra comercial más estúpida.

La justificación oficial –y legal– para los aranceles al acero y el aluminio es la seguridad nacional. Salta a la vista que estamos ante una lógica fraudulenta, ya que las principales víctimas directas son países aliados y democráticos. Pero no creo que Trump y compañía tengan problema en mentir en relación con la política económica, puesto que es lo que hacen con todo. Si el resultado de sus medidas es un aumento del empleo del que Trump pueda ufanarse, pensarán que ha sido juego limpio. ¿Pero lo será?

1 jun 2018.- Vale, este es el punto en el que el hecho de estar afiliado al gremio de economistas me pone en un aprieto. La respuesta correcta a cuáles son los efectos de creación o destrucción de empleo de la política comercial —sea cual sea, e independientemente de lo bien o lo mal concebida que esté— es, lisa y llanamente, ninguno.

¿Por qué? La Reserva Federal está aumentando gradualmente los tipos de interés porque cree que se ha alcanzado más o menos el pleno empleo. Incluso si los aranceles fuesen expansionistas, eso no haría más que llevar a la Reserva a aumentar los tipos más deprisa, lo que a su vez eliminaría puestos de trabajo en otros sectores: la subida de los tipos perjudicaría a la construcción, el dólar se fortalecería y esto haría las manufacturas estadounidenses menos competitivas, etcétera. De modo que toda mi formación profesional me lleva a descartar la cuestión de los puestos de trabajo por considerarla poco realista.

Pero me parece que en este caso la macroeconomía, aunque yo creo que tiene razón, dificulta un debate útil. Queremos saber si la guerra comercial de Trump va a ser directamente expansionista o contraccionista, es decir, si, manteniendo la política monetaria constante (aunque sabemos que la política monetaria no será constante), se aumentarán o se reducirán los puestos de trabajo. Y la respuesta, casi con seguridad, es que esta guerra comercial no creará empleo, sino que lo destruirá, por dos razones.

En primer lugar, Trump está aplicando aranceles a mercancías intermedias, es decir, mercancías utilizadas como materiales para producir otras cosas, algunas de las cuales tienen a su vez que competir en los mercados mundiales. Claramente, la fabricación de coches y otros productos de consumo duraderos se encarecerá, lo que significa que venderemos menos; y cualquier aumento de empleo que se logre en los metales primarios se verá contrarrestada por la pérdida en otros sectores a lo largo de la cadena. Jugando con las cifras, parece muy probable que hasta este efecto directo sea netamente negativo para el empleo.

En segundo lugar, otros países tomarán represalias contra las exportaciones estadounidenses, lo que costará puestos de trabajos en todos los sectores, desde las motocicletas hasta las salchichas.

En algunos aspectos, esta situación me recuerda a los aranceles sobre el acero establecidos por George W. Bush, que estuvieron motivados en parte por el orgullo desmedido: Bush y su Gobierno creían que Estados Unidos era la superpotencia imbatible del mundo, lo cual era cierto desde el punto de vista militar, pero no reconocieron que no era ni mucho menos igual de dominante en la economía y el comercio, y que tenía mucho que perder en un conflicto comercial. La Unión Europea les puso rápidamente las cosas claras, y recularon.

En el caso de Trump, pienso que se trata de un delirio diferente: él imagina que porque mantenemos déficits comerciales e importamos más de otros países de lo que ellos nos compran a nosotros, tenemos poco que perder, y que el resto del mundo se someterá pronto a su voluntad. Pero se equivoca al menos por cuatro razones.

Primero, porque, aunque exportamos menos de lo que importamos, seguimos exportando mucho; una represalia comercial ojo por ojo perjudicará enormemente a los trabajadores estadounidenses (y en especial a los agricultores), bastantes de los cuales votaron a Trump y ahora se sentirán traicionados.

Segundo, el comercio moderno es complicado; no es solo que los países se vendan unos a otros mercancías elaboradas, sino que es una cuestión de complejas cadenas de valor, que la guerra comercial de Trump interrumpirá. Esto convertirá en perdedores a muchos estadounidenses, incluso aunque no estén directamente empleados en producir mercancías para la exportación.

Tercero, si la espiral aumenta, una guerra comercial hará subir los precios al consumo. En un momento en el que Trump intenta desesperadamente convencer a las familias de a pie de que han salido ganando con esta rebaja de impuestos, no haría falta mucho para que se fueran a pique las diminutas mejoras que hubieran recibido.

Por último –y me parece que esto es verdaderamente importante– estamos hablando de países reales, principalmente democracias. Los países reales hacen política real; tienen orgullo, y a sus electorados no les gusta nada Trump. Esto significa que aunque sus dirigentes pudiesen querer hacer concesiones, los votantes probablemente no se lo permitirían.

Pensemos en el caso de Canadá, un vecino pequeño, de buenos modales, que podría salir muy perjudicado de una guerra comercial con su vecino gigante. Se podría pensar que esto intimidaría mucho más a los canadienses que a la UE, que es una superpotencia económica en igual medida que nosotros. Pero aunque el Gobierno de Justin Trudeau se sintiera inclinado a ceder (hasta el momento, altos cargos como Chrystia Freeland parecen más enfadados que nunca), se enfrentaría a una fuerte reacción de los votantes canadienses contra todo aquello que pareciese una rendición ante el maligno matón de al lado.

De modo que meternos en este conflicto económico sería una verdadera idiotez. Y es probable que la situación en esta guerra comercial no evolucione necesariamente a favor de Trump.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018.
Traducción de News Clips.
https://elpais.com/economia/2018/06/01/actualidad/1527859972_319240.html

18.18.-LA ECONOMÍA NOS FALLÓ DESPUÉS DE LA CRISIS MUNDIAL – Martin Wolf*

El análisis de la teoría macroeconómica indica que existe una ignorancia sustancial de cómo funcionan estos sistemas en el mundo y los peligros de obviar sus fundamentos.

Los mercados financieros globales han presentado importantes episodios de turbulencias y volatilidad durante este año, lo que terminó con la calma que reinó el año pasado.EFE/JUSTIN LANE

La economía es, como la medicina (y, a diferencia de, digamos, la cosmología), una disciplina práctica. Su objetivo es convertir al mundo en un mejor lugar. Esto es particularmente cierto en el caso de la macroeconomía, la cual John Maynard Keynes inventó en respuesta a la Gran Depresión.

Las pruebas de esta disciplina se resumen en si sus adeptos entienden qué pudiera salir mal en la economía y cómo corregirlo. Cuando la crisis financiera de 2007 sorprendió a la profesión casi completamente, no pasó la primera de estas pruebas. Le fue mejor en la segunda. Sin embargo, necesita una reconstrucción.

23 mar 2018.-  En un blog para el Financial Times en 2009, Willem Buiter, actualmente en Citi, argumentó que: “La mayoría de las innovaciones teóricas macroeconómicas convencionales desde la década de 1970 han resultado ser, en el mejor de los casos, distracciones autorreferenciales e introspectivas”.

(Lea: Así ven los líderes económicos los riesgos del futuro inmediato)

Un análisis exhaustivo, publicado en la Oxford Review of Economic Policy, bajo el título ‘Rebuilding Macroeconomic Theory’ (Reconstruyendo la teoría macroeconómica), ha llevado a este lector a la misma conclusión. El enfoque resultó ser, de hecho, gravemente defectuoso.

Además, los economistas profesionales de primera clase difieren profundamente sobre qué hacer al respecto. Sócrates pudiera decir que la conciencia de la propia ignorancia es mucho mejor que la ilusión del conocimiento. Si es así, la macroeconomía está en buenas condiciones.

Tal y como David Vines y Samuel Wills lo han explicado en su excelente resumen, el modelo macroeconómico central descansaba sobre dos críticas suposiciones: la hipótesis de los mercados eficientes y las expectativas racionales.

Ninguna de las dos parece convincente hoy en día. Incluso la posibilidad de tener ‘expectativas racionales’ de un futuro profundamente incierto es cuestionable. Tal incertidumbre ayuda a explicar la existencia de instituciones –dinero, deuda y bancos– cuyos efectos son tan significativos y, sin embargo, fueron mayormente ignoradas en los modelos estándar. Es mejor estar aproximadamente en lo correcto que estar precisamente equivocado.

Por lo tanto, la visión de Hyman Minsky de los peligros de las tendencias especulativas en las finanzas estaba aproximadamente en lo correcto, mientras que muchos de los macroeconomistas más brillantes demostraron estar precisamente equivocados.

No es suficiente argumentar que el modelo canónico funciona durante épocas normales.
También debemos comprender los riesgos de las crisis y qué hacer al respecto. Esto se debe en parte a que las crisis son, como lo señala el ganador del Premio Nobel Joseph Stiglitz, los eventos más costosos. Una macroeconomía que no incluya la posibilidad de una crisis pasa por alto lo esencial, al igual que lo haría un medicamento que ignorara la posibilidad de los ataques cardíacos.

Además, las crisis son endógenas: es decir, provienen de la economía misma. Son el resultado de la interacción entre las tendencias hacia el optimismo excesivo y la fragilidad de cualquier sistema de intermediarios financieros altamente apalancados.
Mi colega Martin Sandbu ha señalado, en particular, la posibilidad de “equilibrios múltiples”: la idea de que las economías pudieran acabar en estados negativos que se autorrefuercen.

Esta posibilidad hace que sea vital responder enérgicamente ante las crisis. La primera respuesta de los médicos ante un ataque cardíaco no es, después de todo, decirle al paciente que se ponga a dieta. Eso sucede sólo después de que hayan lidiado con el ataque en sí.

Entonces, una importante pregunta no es sólo si sabemos cómo responder a una crisis, sino si lo hicimos. En su contribución, el ganador del premio Nobel Paul Krugman argumenta, en mi opinión de manera persuasiva, que los remedios keynesianos básicos –una fuerte respuesta fiscal y monetaria– continúan siendo correctos. También es vital la rápida revitalización del sistema bancario.

El contraste entre la recuperación más rápida de Estados Unidos y los terribles retrasos en la eurozona representa un impresionante apoyo de esta visión. Esencialmente, esta última perdió cinco años antes de que comenzara la recuperación.

Una comparación entre lo que sucedió en la década de 1930 y este período posterior a la crisis muestra que efectivamente hemos aprendido algunos conceptos importantes. En comparación con la Gran Depresión, la disminución inmediata de la producción y el aumento del desempleo fueron mucho menores. Además, los precios también han sido mucho más estables esta vez.

Estos hechos representan verdaderos éxitos. Sin embargo, después de una década, el nivel de producción por habitante, en relación con los niveles previos a la crisis, es menos impactante: A Alemania y al Reino Unido les fue aún mejor la última vez. Y, lo que es más, los países más afectados de la eurozona han sufrido significativamente, no importa cuál criterio se considere. Esta recuperación realmente no ha representado un triunfo.

Esto sugiere que reparar los daños causados por una enorme crisis después del evento es terriblemente difícil. Entonces, la necesidad obvia es hacer que las economías sean más resilientes. Incluso si no comprendemos completamente la dinámica económica, las amplias lecciones a favor de la reforma de nuestras economías parecen claras.

Las economías serían más resilientes si estuvieran menos apalancadas y, en particular, si dependieran menos de las tenencias de dinero respaldadas por activos de riesgo propiedad de los intermediarios financieros altamente apalancados conocidos como bancos.

Las soluciones obvias incluyen eliminar los incentivos al apalancamiento de nuestros sistemas tributarios; fomentar un mayor uso por parte de la economía del financiamiento de capital y de la deuda que pueda fácilmente convertirse en capital; elevar los requisitos de reservas y de capital de los bancos; y avanzar rápidamente hacia la emisión de efectivo digital del banco central.

El análisis de la teoría macroeconómica fundamental indica una ignorancia sustancial de cómo funcionan nuestras economías. Esto no es tan sorprendente. Es posible que nunca comprendamos cómo funcionan esos complejos sistemas, animados, como lo están, por deseos y malentendidos humanos.

Esto no significa que intentar mejorar la comprensión sea un ejercicio fútil. Por el contrario, es importante. Pero pudiera decirse que, en la práctica, es más vital concentrarse en otras dos tareas.

La primera es cómo hacer que el organismo económico sea más resistente a las consecuencias de las manías y de los pánicos que le puedan afectar. La segunda es cómo restaurarle la salud lo más rápidamente posible. En ambos casos, debemos reflexionar más y hacer más. Éstos son los retos prácticos que tenemos ante nosotros.

Martin Wolf, columnista del Financial Times. http://www.portafolio.co/economia/la-nos-fallo-despues-de-la-crisis-mundial-515516

18.18.-TORMENTA PARA EL TRUMP TURCO – Paul Krugman

Los apuros de Erdogan demuestran que, para los mercados, no importa quién manda hasta que importa

Un líder antisistema se hace con el poder tras unas elecciones polémicas. Su Gobierno demuestra enseguida que es extraordinariamente corrupto; pero él desbarata el sistema judicial y logra no solo suprimir las investigaciones sobre su corrupción —sus defensores lo tachan todo de “caza de brujas”— sino también consolidar su dominio y debilitar las instituciones (el “Estado profundo”) que podrían haber limitado su poder.

25 may 2018.-  ¿Hablo de Donald Trump? Podría ser. Pero la figura que tengo de hecho en mente es la de Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, cuyo éxito para salir impune a pesar de la corrupción palmaria politizando el poder judicial nos ofrece una inquietante visión previa de cómo podría Trump convertirse en el gobernante autoritario que claramente quiere ser. No es de extrañar que el presidente de EE UU, a quien básicamente le gustan los dictadores en general, haya expresado admiración por Erdogan y su régimen.

Los instintos autoritarios y el desprecio por el sistema de derecho no son lo único que Erdogan y Trump tienen en común. Ambos menosprecian también a los expertos. En concreto, los dos se han rodeado de personas que destacan por su ignorancia y sus opiniones descabelladas. Erdogan tiene asesores que creen que está sometido a un ataque psíquico; Trump tiene asesores que se insultan a gritos durante las misiones comerciales.

¿Pero tiene alguna importancia? En Estados Unidos, la Bolsa sube y la economía avanza a ritmo lento pero constante. Durante la presidencia de Erdogan el país ha experimentado una verdadera expansión económica. A los inversores y a los mercados no parece importarles la locura en la cima. Que los responsables de la política económica no sepan de qué hablan no parece tener ninguna importancia. Hasta que la tiene.

Lo cierto es que la mayor parte del tiempo la calidad del liderazgo económico importa mucho menos de lo que la mayoría —líderes económicos incluidos— cree. Una cosa son las políticas realmente destructivas, como las que están llevando a Venezuela a la cuneta. Pero las políticas corrientes y molientes como los cambios en la ley tributaria, aunque sean muy grandes y claramente irresponsables, raramente tienen repercusiones drásticas.

El año pasado, por ejemplo, Trump y sus aliados lograron que el Congreso aprobase una rebaja de impuestos de casi dos billones de dólares. Es una cantidad bastante elevada, incluso para una economía tan grande como la estadounidense. Pero aparte de provocar una insólita oleada de recompras de acciones, la rebaja de impuestos está teniendo pocas consecuencias visibles, buenas o malas. No hay señal del auge de inversiones prometido por sus defensores, pero tampoco hay indicios de que los inversores estén perdiendo la fe en la solvencia de Estados Unidos.

Básicamente, mientras la economía no se vea afectada por crisis importantes, las posturas políticas apenas tienen importancia. Si alguien analizara el crecimiento del PIB o del empleo en Estados Unidos en los últimos años y no supiera que en 2016 hubo elecciones, no tendría razones para sospechar que se hubieran producido cambios importantes.

Pero cuando las crisis graves golpean, la calidad de los líderes de repente importa muchísimo. Y eso es lo que estamos viendo ahora en Turquía.

Un aparte: si bien la calidad del liderazgo económico solo importa mucho durante las crisis, cabría esperar que los mercados pensasen por adelantado e incorporasen a los precios de los valores y los bonos el riesgo de futuras crisis mal gestionadas. Pero por alguna razón, eso casi nunca ocurre.

Lo que tenemos, en cambio, son prolongados periodos de complacencia seguidos por un pánico repentino. A quienes estudian la macroeconomía internacional les gusta citar la “ley de Dornbusch” (denominada así en honor de mi fallecido maestro Rudiger Dornbusch): “Las crisis tardan más en llegar de lo que pueda imaginarse, pero cuando llegan, se producen con más rapidez de lo que pueda imaginarse”.

Lo que ocurre en Turquía es la clásica crisis monetaria y de endeudamiento, como las que hemos visto muchas veces en Asia y Latinoamérica. Primero, un país se vuelve popular entre los inversores internacionales y acumula una deuda exterior considerable. En el caso de Turquía, las más endeudadas son principalmente las grandes empresas del país.

Entonces empieza, por la razón que sea, a perder lustre: en estos momentos, los mercados emergentes en general se ven frenados por la subida del dólar y el aumento de los tipos de interés en Estados Unidos. Y en ese momento se hace posible una crisis que se refuerza a sí misma: los factores externos causan una pérdida de confianza, lo que a su vez hace que la divisa del país caiga, pero la caída de la divisa hace que el valor interno de esas deudas extranjeras se dispare, lo cual empeora la economía y conduce a nuevas pérdidas de confianza, y así sucesivamente.

En momentos como ese, la calidad del liderazgo importa de repente muchísimo. Se necesitan responsables que sepan qué ocurre, capaces de diseñar una respuesta y con suficiente credibilidad como para que los mercados les otorguen el beneficio de la duda. Algunos mercados emergentes tienen esas cosas, y están superando bastante bien la tempestad. El régimen de Erdogan no tiene ninguna de ellas.

¿Es la tempestad en Turquía una vista previa de lo que ocurrirá con Trump? No al detalle: aunque Estados Unidos se endeuda mucho en el extranjero, lo hace en su propia moneda, lo que significa que no es vulnerable a la clásica crisis de los mercados emergentes.

Pero las cosas pueden salir mal de muchas maneras, desde crisis de política exterior —el Nobel de la Paz no parece demasiado probable en este momento, ¿verdad?— hasta guerras comerciales, y podemos decir sin temor a equivocarnos que el equipo de Trump no está preparado para ninguna de estas posibilidades. A lo mejor no tiene que afrontar ningún reto realmente grave. ¿Pero y si tuviera que hacerlo?

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018.
Traducción de News Clips. https://elpais.com/economia/2018/05/25/actualidad/1527255348_672102.html

17.18.-PELIGRO ECONÓMICO DEL NACIONALISMO AGRAVIADO – Martin Wolf

Los ganadores de la globalización prestaron poca atención a los perdedores.

La humanidad es tribal. Somos animales sociales y culturales. La cultura nos permite cooperar no solo en grupos familiares, sino en comunidades imaginadas. De todas estas comunidades, nada es más cercano a la familia que la ‘nación’, una palabra que significa ascendencia compartida.

La capacidad de crear comunidades imaginadas es la fuerza de la humanidad y se cuenta entre sus mayores debilidades. La comunidad imaginada define lo que las personas comparten. Pero lo que las une, las separa de otros individuos. Hoy en día, como en el pasado, los líderes fomentan el nacionalismo agraviado para justificar el despotismo e incluso la guerra. Durante gran parte de la historia humana, la guerra se consideró la relación natural entre las sociedades. La victoria acarreaba saqueo, poder y prestigio, al menos para las élites. La movilización de recursos para la guerra representaba un papel central de los Estados. Justificar tal movilización era un papel central de la cultura.

Existe otra manera de lograr prosperidad: el comercio. El equilibrio entre el comercio y el saqueo es complejo. Ambos requieren sólidas instituciones apoyadas por culturas eficaces. Pero la guerra requiere ejércitos, respaldados por lealtad, mientras que el comercio requiere seguridad, respaldada por justicia.

Quizás la mayor contribución de la economía es la idea de que las sociedades se beneficiarán más de tratar de comerciar entre sí que de intentar conquistarse las unas a las otras. Por otra parte, mientras más ricos sean sus socios, mayores serán las oportunidades para un comercio mutuamente enriquecedor. Por lo tanto, la relación sabia entre Estados es de cooperación, no de guerra, y de comercio, no de aislamiento.

LEALTAD TRIBAL

Esta brillante idea da la casualidad que es correcta. Pero también es contraintuitiva, e incluso inquietante. Significa que se pudiera ganar más de los extranjeros que de los conciudadanos. Esta idea corroe el sentimiento de pertenencia a la tribu imaginada. Para muchos, esta erosión de la lealtad tribal es amenazante. Y se torna más amenazante si se permite a los extranjeros inmigrar libremente. ¿Quién, pregunta la gente, son estos desconocidos que residen en nuestra casa y comparten sus beneficios? La idea de que la mejor forma de que las sociedades se relacionen entre sí es a través del comercio mutuamente enriquecedor es la filosofía que valida el Foro Económico Mundial, el cual está celebrando su reunión anual en Davos esta semana. La filosofía destaca el comercio sobre el conflicto y lo que los seres humanos tienen en común sobre lo que los divide.

Es un buen credo. Sin embargo, Theresa May, la conservadora primera ministra del Reino Unido, condena a sus creyentes como ‘ciudadanos del mundo’ que no son ciudadanos de ninguna parte.

El resentimiento que ella evoca está, hasta cierto punto, justificado. Aquellos a quienes les había ido bien – debido a la globalización y a la transición poscomunista – prestaron demasiada poca atención a quienes no les había ido bien. Ellos supusieron que una marea creciente levantaría a todas las embarcaciones. Ellos prosperaron enormemente, a menudo con poca justificación aparente.

CRISIS FINANCIERA

Ellos crearon una crisis financiera que devastó su reputación de probidad y de competencia, con terribles resultados políticos. Ellos supusieron que los lazos de pertenencia que significaban tan poco para sí mismos significaban poco para los que quedaban atrás.

No es sorprendente que quienes encuentran el mundo transformado por el cambio social y económico sucumban ante el nacionalismo agraviado y el proteccionismo.

Sin embargo, la política del resentimiento nacionalista no es sólo un surgimiento desde abajo. Es una táctica de quienes buscan el poder. Los detalles de las historias que estos líderes cuentan varían, pero la esencia es siempre la misma. Ellos diferencian a las personas ‘reales’ que los apoyan de los “enemigos del pueblo”. Para ellos, la vida es guerra. En una guerra, pueden justificar cualquier cosa.

Su historia justifica convertir la democracia liberal en una dictadura plebiscitaria. En un brillante ensayo, el analista polaco Slawomir Sierakowski explica cómo funciona esto en su país.

El aspirante a déspota tacha de caos a la libertad personal; de ilegítimas a las instituciones restrictivas; de corruptas a las fuentes de información independientes; de engañosos a los extranjeros; y de amenazantes a los inmigrantes.

PARANOIA

La cultivación de la paranoia justifica cada paso. El aspirante a déspota necesita enemigos, los cuales siempre son fáciles de encontrar. Mientras tanto, los aspirantes a déspotas subrayan que la mayoría está de su parte (aunque no lo esté).

El asalto a la noción de unas confiables fuentes de información independientes representa un elemento central en la política de un déspota plebiscitario, como es el caso de Recep Tayyip Erdogan de Turquía o de Vladimir Putin de Rusia. ¿Cómo definen tales regímenes la verdad? La verdad es lo que ellos dicen que es. Así es que el poder determina la verdad.

Ésta es una característica de todas las dictaduras, especialmente las comunistas, como nos dijo George Orwell. Es también lo que el presidente electo de EE. UU. Donald Trump cree: la verdad es lo que él considera conveniente hoy.

EE. UU. es el ejemplo más importante. ¿Hasta qué punto en el camino hacia el despotismo plebiscitario llevaría Trump a su país? El consenso es “no muy lejos”, dada la fortaleza de sus instituciones. Sin embargo, las instituciones son tan fuertes como las personas que las dirigen. Cuando Augusto se convirtió en emperador, las instituciones de la república romana sobrevivieron.

¿Defenderá el Poder Judicial estadounidense la libertad de expresión? ¿Defenderán los legisladores el derecho al voto? ¿O intimidará exitosamente el presidente a aquellos con quienes no está de acuerdo? ¿Y qué pudiera suceder si ocurriera un ataque terrorista?
Sierakowski señala que el líder polaco Jaroslaw Kaczynski ha acogido el estado benefactor. Trump también ganó entre la base republicana al enfatizar su apoyo a los programas de los que dependen los estadounidenses comunes y corrientes. Pero los líderes republicanos desean reducirlos significativamente. Su éxito pudiera depender de si se apega a sus promesas o a su partido.

Yuval Harari, el pensador israelí, recientemente ha argumentado que: “A pesar de la desilusión con la democracia liberal y con el libre mercado, nadie ha formulado una visión alternativa que goce de ningún tipo de atractivo global”. Esto es cierto, pero irrelevante. El nacionalismo autoritario potencialmente cuenta con tal atractivo. Se ha trasladado al núcleo del sistema mundial. Eso lo cambia todo.

*Martin Wolf Columnista del Financial Times. http://www.portafolio.co/opinion/otros-columnistas-1/peligro-economico-del-nacionalismo-agraviado-502888

17.18.-¿SOBORNÓ CHINA A DONALD TRUMP? – Paul Krugman

El partido Republicano hará cualquier cosa, incluso traicionar a la nación, con tal de obtener ventaja

Oficinas de ZTE en Shanghái. JOHANNES EISELE AFP

Ha traicionado el presidente de Estados Unidos la seguridad de la nación a cambio de

una mordida del Gobierno chino? No digan que es una insinuación ridícula: dado todo lo que sabemos de Donald Trump, está dentro de los límites de lo posible, e incluso de lo verosímil.

Tampoco digan que no hay pruebas: no hablamos de un proceso judicial, en el que a los acusados se les supone inocentes mientras no se demuestre su culpabilidad. En lo que al comportamiento de las máximas autoridades se refiere, el criterio es prácticamente el contrario: se supone que deben evitar situaciones en las que haya el más mínimo indicio de que sus actos pudieran estar motivados por el lucro personal.

18 may 2018 .- Y no digan que, de una manera u otra, da igual porque los republicanos que controlan el Congreso no van a hacer nada al respecto. Esa es en sí una parte fundamental de la historia: un partido político al completo —un partido que históricamente se ha envuelto en la bandera y ha cuestionado el patriotismo de sus rivales— se ha vuelto totalmente complaciente ante la eventualidad de corrupción vulgar, incluso si esta implica pagos de potencias extranjeras hostiles.

La historia hasta ahora: en los últimos años, ZTE, una empresa electrónica china que, entre otras cosas, fabricas teléfonos inteligentes baratos, ha tenido una y otra vez problemas con el Gobierno de Estados Unidos. Muchos de sus productos contienen tecnología estadounidense, tecnología que, por ley, no debe exportarse a países embargados, como Corea del Norte e Irán. Pero ZTE eludía la prohibición.

Inicialmente se multó a la empresa con 1.200 millones de dólares. Más tarde, cuando quedó claro que esta había recompensado a los ejecutivos implicados, en lugar de sancionarlos, el Departamento de Comercio prohibió a las empresas tecnológicas estadounidenses vender componentes a ZTE durante siete años.

Y hace dos semanas, el Pentágono prohibió las ventas de teléfonos ZTE en las bases militares, a raíz de las advertencias de los organismos de inteligencia de que el Gobierno chino podría estar empleando los productos de la empresa para actividades de espionaje. Todo lo cual hace de hecho muy extraño que, de repente, Trump declare que está colaborando con el presidente chino Xi para ayudar a salvar ZTE —“Demasiados empleos perdidos en China”— y que iba a ordenar al Departamento de Comercio que lo solucionase.

Es posible que Trump solo estuviese intentando ofrecer una rama de olivo en medio de lo que parece una posible guerra comercial. ¿Pero por qué escogió un ejemplo tan flagrante de comportamiento indebido por parte de China? Esa fue la razón por la cual muchas miradas se centraron en Indonesia, donde una empresa estatal china acababa de anunciar una importante inversión en un proyecto en el que la Organización Trump tiene una participación sustancial.

Esa inversión, por cierto, forma parte del Proyecto Cinturón y Ruta de la Seda, una iniciativa de infraestructuras multinacional que China está utilizando para reforzar su peso económico —y su influencia geopolítica— en toda Eurasia. Mientras tanto, ¿qué ha sido del plan de infraestructuras de Trump?

Volviendo a ZTE: ¿ha habido un quid pro quo? Puede que nunca lo sepamos. Pero esta no era la primera vez que el Gobierno de Trump hacía una peculiar jugada en política exterior que parece asociada con los intereses empresariales de la familia Trump. El año pasado, el Gobierno respaldó extrañamente el bloqueo saudí a Qatar, un país de Oriente Próximo que casualmente alberga una importante base militar estadounidense. ¿Por qué? Bien, la medida se tomó poco después de que los cataríes se negasen a invertir 500 millones de dólares en 666 Fifth Avenue, un inmueble lleno de problemas propiedad de la familia de Jared Kushner, el yerno del presidente.

Y ahora parece que, después de todo, Qatar podría estar a punto de alcanzar un acuerdo respecto a 666 Fifth Avenue. Me pregunto por qué.

Alejémonos de los detalles y contemplemos el panorama general. Los altos cargos del Gobierno tienen poder para compensar o sancionar tanto a empresas como a otros Gobiernos, de modo que la influencia indebida es siempre un problema, aunque adopte la forma de aportaciones a campañas electorales o compensaciones económicas indirectas a través de la puerta giratoria.

Pero el problema se vuelve muchísimo peor si las partes interesadas pueden limitarse a canalizar dinero a esos altos cargos a través de sus posesiones empresariales. Y Trump y su familia, al no haberse deshecho de sus intereses empresariales internacionales, básicamente han colgado un cartel declarándose abiertos a las mordidas (y estableciendo los parámetros para el resto de la Administración). Y el problema de la influencia indebida es especialmente grave cuando se trata de Gobiernos extranjeros autoritarios. Las democracias tienen normas éticas propias: Justin Trudeau se vería en grandes apuros si a Canadá la pillasen metiendo dinero en la Organización Trump. A las empresas se las puede avergonzar o demandar. Pero si Xi Jinping o Vladimir Putin sobornan a políticos estadounidenses, ¿quién los va a parar?

La primera respuesta se supone que sería la supervisión del Congreso, que antes significaba algo. Si hubiera habido el más mínimo tufo de mordidas extranjeras a, pongamos por caso, Gerald Ford o Jimmy Carter, los dos partidos habrían exigido una investigación, y probablemente se les habría sometido a una moción de censura.

Pero los republicanos de hoy han dejado claro que no van a exigirle a Trump ninguna responsabilidad, ni siquiera aunque raye en la traición.

Todo lo cual quiere decir que la corrupción de Trump no es más que un síntoma de un problema mayor: un Partido Republicano que hará cualquier cosa, incluso traicionar a la nación, con tal de obtener ventaja.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018 Traducción de News Clip https://elpais.com/autor/paul_krugman/ahttps://elpais.com/autor/paul_krugman/a 

16.18.-QUE COMAN FILETES MARCA TRUMP – Paul Krugman

Retirar las ayudas a la compra de alimentos perjudicará, una vez más, a los votantes del presidente

Donald Trump (en el centro), en una reunión del Consejo de Ministros. SAUL LOEB GETTY

En general, a Donald Trump le interesan muy poco los detalles de la política. Por ejemplo, es evidente desde hace tiempo que nunca se ha molestado en entender para qué servía realmente su única victoria legislativa importante, la rebaja fiscal de 2017. De modo similar, está bastante claro que no tenía ni idea de qué había en realidad en el acuerdo con Irán que acaba de revocar. En ambos casos, ha sido más una cuestión de ego que de fondo: anotarse una “victoria” y deshacer lo logrado por su predecesor.

11 may 2018.- Pero hay algunas cuestiones políticas que sí le importan de verdad. A decir de todos, siente verdadera aversión por la idea de que la gente reciba “asistencia social”, refiriéndose con esto a cualquier programa público que ayude a personas con rentas bajas, y quiere eliminar esos programas siempre que sea posible.

Se dice que hace poco amenazó con vetar la futura ley agraria a no ser que imponga duros requisitos laborales a los perceptores del Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria (SNAP por sus siglas en inglés), conocido en general como los cupones para alimentos.

Permítanme ser directo: hay algo esencialmente obsceno en este espectáculo. Tenemos a un hombre que heredó una gran riqueza y que luego desarrolló una trayectoria empresarial principalmente a base de engañar a gente crédula, ya fuesen ingenuos que invertían en sus negocios y cargaban con el muerto cuando esos negocios quebraban, o estudiantes que perdían tiempo y dinero en títulos inútiles emitidos por la Universidad Trump. Así y todo, está decidido a quitarles la comida de la boca a personas verdaderamente desesperadas, porque está seguro de que, de una manera u otra, se están librando de algo, de que lo tienen demasiado fácil.

Pero por mezquinos que sean los motivos de Trump, este es un gran problema desde el otro lado. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) calcula que los nuevos requisitos laborales y otras restricciones propuestas por los republicanos de la Cámara de Representantes acabarían negando o reduciendo la ayuda nutricional a cerca de dos millones de personas, la mayoría familias con niños.

¿Por qué querría alguien hacer eso? El problema está en que no es solo Trump: el odio de los conservadores a los cupones para alimentos está muy extendido. ¿A qué se debe?

El lado más respetable, supuestamente intelectual, de la opinión conservadora plantea que los cupones para alimentos reducen los incentivos, al hacerles la vida demasiado cómoda a los pobres. Como explicaba Paul Ryan, el SNAP y otros programas crean una “hamaca” que “mece a personas físicamente aptas y las lleva a una vida de dependencia y complacencia”.

Pero este es un problema que existe solo en la imaginación de la derecha. Es muy difícil encontrar perceptores físicamente aptos de SNAP que debieran estar trabajando y no lo hacen; la gran mayoría de los beneficiarios del programa tienen trabajo —aunque en empleos inestables que pagan poco— o son niños, ancianos, discapacitados o cuidadores esenciales de familiares.

Ah, y hay pruebas sólidas de que los niños de familias con pocos ingresos que reciben cupones para alimentos se convierten en adultos más productivos y sanos, lo que significa que el programa es, de hecho, bueno para el crecimiento económico a largo plazo.

¿Se trata de dinero? La aprobación de la rebaja de impuestos de 2017, que destrozará el presupuesto, demostró de una vez por todas, a cualquiera que lo dudase, que a los republicanos les dan igual los déficits.

Pero incluso aunque les importasen, la CBO calcula que los recortes propuestos para los cupones de alimentos ahorrarían menos del 1%, sí, el 1%, de los ingresos perdidos debido a esa rebaja de impuestos. De hecho, en la próxima década todo el programa SNAP, que ayuda a 40 millones de estadounidenses, solo costará aproximadamente un tercio de lo que costará la rebaja de impuestos. No, no es una cuestión de dinero.

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¿Y el racismo? Históricamente, los ataques a los cupones de alimentos han comportado un elemento racial apenas oculto: por ejemplo, cuando Ronald Reagan imaginó a un “fornido joven negro” usando los cupones de alimentos para comprar chuletones. Y sospecho que el propio Trump todavía piensa que los cupones de alimentos son un programa para negros urbanos.

Pero si bien muchos negros urbanos reciben cupones para alimentos, también los reciben muchos blancos de las zonas rurales. A escala nacional, hay muchos más blancos que negros recibiendo cupones, y la participación en el SNAP es más elevada en los condados rurales que en los urbanos. Los cupones para alimentos son especialmente importantes en regiones deprimidas como los Apalaches, que han perdido empleos en el carbón y en otros sectores tradicionales.

Y sí, esto significa que algunas de las mayores víctimas de la obsesión de Trump con recortar la “asistencia social” serán los mismos que lo elevaron al cargo.

Piensen en el condado de Owsley, Kentucky, en el epicentro de la crisis regional de los Apalaches. Más de la mitad de la población del condado recibe cupones para alimentos; el 84% de los electores votaron a Trump en 2016. ¿Sabían qué votaban?

Al final, no creo que haya ninguna justificación política para el ataque a los cupones de alimentos. No se trata de incentivos, ni de dinero. Y hasta la animosidad racial que tradicionalmente se oculta tras los ataques a los programas sociales en Estados Unidos ha retrocedido parcialmente a un segundo plano.

No, esto es crueldad mezquina convertida en principio de gobierno. Se trata de gente privilegiada que mira a otros menos afortunados y no piensa “yo podría estar ahí, si no fuese por la gracia de Dios”; simplemente ven a un montón de perdedores. No quieren ayudar a los menos afortunados; de hecho, les indigna la idea misma de que la ayuda pública haga un poco menos desgraciados a esos perdedores.

Y esta es la gente que en estos momentos gobierna Estados Unidos.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018. Traducción de News Clips. https://elpais.com/economia/2018/05/11/actualidad/1526050047_858173.html

 

16.18.-COMO UN “PERÍODO DE ANTES DE LA CRISIS” EN LA CITY FINANIERA EN LONDRES –  Eric Albert* 

Con tres décadas de experiencia en el mercado de divisas, Simon Derrick ha experimentado muchas crisis financieras y bastantes momentos de euforia. Para este banquero británico del banco estadounidense BNY Mellon, sin duda, estamos pasando por la segunda fase. “Hay una atmósfera extraña que me recuerda a 1999 o 2007.

El optimismo que reina en los mercados es realmente preocupante. En resumen, estamos en un período “antes de crisis”. Quien se define a sí mismo como “eternamente pesimista” concentra sus ansiedades en el mercado de bonos. Desde finales de 1980, el mundo occidental ha entrado en un período de declive estructural en las tasas de interés: alrededor del 10% hace tres décadas, 5% en la década de 2000 y casi el 0% desde la crisis financiera 2008.

Sin embargo, han pasado casi dos años desde que este movimiento se invirtió. El primer banco central en liderar el cargo es la Reserva Federal de los Estados Unidos. Al aumentar su tasa clave, ha logrado elevar las tasas de los Estados Unidos a diez años. A fines de abril, pasaron la marca del 3%, causando una emoción digna de los picos más altos. En Europa y el Reino Unido, no estamos allí (0,8% en Francia), pero la tendencia al alza es la misma. Disparo de advertencia En sí mismo, es una buena señal.

El crecimiento occidental es sólido y las tasas de interés finalmente se normalizan después de años excepcionales. Esto recompensa a los ahorradores, que se beneficiarán de mejores rendimientos. El problema es que cambia el equilibrio de los mercados financieros.

En particular, los mercados de acciones repentinamente parecen estar sobrevalorados en gran medida. Una justificación los mantuvo en este nivel: como los rendimientos de los bonos eran muy bajos, los inversores prefirieron ir a los mercados de acciones, que pagaban más. “Pero hoy en día, estas valoraciones ya no se pueden justificar”, dice Simon Derrick. La severa corrección de las bolsas de valores en enero y febrero sirvió como una advertencia.

Pero eso debería continuar. Como siempre, es imposible predecir con precisión la fecha de la caída. Agosto y septiembre, dos meses 14 may 2018 Como un “período anterior a la crisis” en el City en el Reino Unido, el Banco de Inglaterra un AUMENTO dE lA TASA que se prepara para los próximos meses, a menudo asociados con las caídas puestos violentas? A menos que un evento externo (una guerra en el Medio Oriente?) no sea el elemento disparador?

Por ahora, está claro que la calma prevalece. Cuando Argentina elevó su tasa de interés al 40% a principios de mayo, el caso permaneció localizado y nadie habló de la crisis del país emergente. Del mismo modo, escuchamos pocas advertencias sobre las tasas de los bonos en Italia, que es cercana al 2%. “Su diferencia con las tasas alemanas (que están en 0.5%) aún está en su nivel más alto desde 2009”, dice Simon Derrick.Dificultades para anticipar según él, la relajación de los mercados proviene en gran medida de un factor humano muy simple.

“Todos aquellos que están a cargo del riesgo en los mercados y que tienen menos de 40 años solo han vivido con una política monetaria laxa. Nunca han sabido nada más y están luchando por anticipar un cambio real de la era. Sin embargo, todo indica que el aumento de la tasa continuará. La muy importante reducción de impuestos decidida por Donald Trump ampliará el déficit de los Estados Unidos, lo que obligará a emitir más letras del Tesoro.

El lado de compra, China está sentado en una enorme reserva de monedas (unos 3.000 billón de dólares) y anunció que no la aumentaría. Por lo tanto, será menos codiciosa en los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Más ofertas, menos demanda: para atraer inversores, las tasas tendrán que aumentar. En el mediano plazo, 4% es bastante posible.

En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra prepara una subida de tipos en los próximos meses, y en la zona euro, Mario Draghi, gobernador del Banco Central Europeo, está tratando de forma gradual para poner fin a su política de flexibilización cuantitativa. Económicamente, esta estandarización es saludable. Pero para los mercados, esto requerirá un ajuste, que aún no ha tenido lugar.

* Eric Albert corresponsal de Le Monde en Londres.

http://www.lemonde.fr/idees/article/2018/05/14/comme-une-periode-d-avant-crise-a-la-city_5298711_3232.htm

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