17.18.-PELIGRO ECONÓMICO DEL NACIONALISMO AGRAVIADO – Martin Wolf

Los ganadores de la globalización prestaron poca atención a los perdedores.

La humanidad es tribal. Somos animales sociales y culturales. La cultura nos permite cooperar no solo en grupos familiares, sino en comunidades imaginadas. De todas estas comunidades, nada es más cercano a la familia que la ‘nación’, una palabra que significa ascendencia compartida.

La capacidad de crear comunidades imaginadas es la fuerza de la humanidad y se cuenta entre sus mayores debilidades. La comunidad imaginada define lo que las personas comparten. Pero lo que las une, las separa de otros individuos. Hoy en día, como en el pasado, los líderes fomentan el nacionalismo agraviado para justificar el despotismo e incluso la guerra. 


Durante gran parte de la historia humana, la guerra se consideró la relación natural entre las sociedades. La victoria acarreaba saqueo, poder y prestigio, al menos para las élites. La movilización de recursos para la guerra representaba un papel central de los Estados. Justificar tal movilización era un papel central de la cultura.

Existe otra manera de lograr prosperidad: el comercio. El equilibrio entre el comercio y el saqueo es complejo. Ambos requieren sólidas instituciones apoyadas por culturas eficaces. Pero la guerra requiere ejércitos, respaldados por lealtad, mientras que el comercio requiere seguridad, respaldada por justicia.

Quizás la mayor contribución de la economía es la idea de que las sociedades se beneficiarán más de tratar de comerciar entre sí que de intentar conquistarse las unas a las otras. Por otra parte, mientras más ricos sean sus socios, mayores serán las oportunidades para un comercio mutuamente enriquecedor. Por lo tanto, la relación sabia entre Estados es de cooperación, no de guerra, y de comercio, no de aislamiento.

LEALTAD TRIBAL

Esta brillante idea da la casualidad que es correcta. Pero también es contraintuitiva, e incluso inquietante. Significa que se pudiera ganar más de los extranjeros que de los conciudadanos. Esta idea corroe el sentimiento de pertenencia a la tribu imaginada. Para muchos, esta erosión de la lealtad tribal es amenazante. Y se torna más amenazante si se permite a los extranjeros inmigrar libremente. ¿Quién, pregunta la gente, son estos desconocidos que residen en nuestra casa y comparten sus beneficios? La idea de que la mejor forma de que las sociedades se relacionen entre sí es a través del comercio mutuamente enriquecedor es la filosofía que valida el Foro Económico Mundial, el cual está celebrando su reunión anual en Davos esta semana. La filosofía destaca el comercio sobre el conflicto y lo que los seres humanos tienen en común sobre lo que los divide.

Es un buen credo. Sin embargo, Theresa May, la conservadora primera ministra del Reino Unido, condena a sus creyentes como ‘ciudadanos del mundo’ que no son ciudadanos de ninguna parte.

El resentimiento que ella evoca está, hasta cierto punto, justificado. Aquellos a quienes les había ido bien – debido a la globalización y a la transición poscomunista – prestaron demasiada poca atención a quienes no les había ido bien. Ellos supusieron que una marea creciente levantaría a todas las embarcaciones. Ellos prosperaron enormemente, a menudo con poca justificación aparente.

CRISIS FINANCIERA

Ellos crearon una crisis financiera que devastó su reputación de probidad y de competencia, con terribles resultados políticos. Ellos supusieron que los lazos de pertenencia que significaban tan poco para sí mismos significaban poco para los que quedaban atrás.

No es sorprendente que quienes encuentran el mundo transformado por el cambio social y económico sucumban ante el nacionalismo agraviado y el proteccionismo.

Sin embargo, la política del resentimiento nacionalista no es sólo un surgimiento desde abajo. Es una táctica de quienes buscan el poder. Los detalles de las historias que estos líderes cuentan varían, pero la esencia es siempre la misma. Ellos diferencian a las personas ‘reales’ que los apoyan de los “enemigos del pueblo”. Para ellos, la vida es guerra. En una guerra, pueden justificar cualquier cosa.

Su historia justifica convertir la democracia liberal en una dictadura plebiscitaria. En un brillante ensayo, el analista polaco Slawomir Sierakowski explica cómo funciona esto en su país.

El aspirante a déspota tacha de caos a la libertad personal; de ilegítimas a las instituciones restrictivas; de corruptas a las fuentes de información independientes; de engañosos a los extranjeros; y de amenazantes a los inmigrantes.

PARANOIA

La cultivación de la paranoia justifica cada paso. El aspirante a déspota necesita enemigos, los cuales siempre son fáciles de encontrar. Mientras tanto, los aspirantes a déspotas subrayan que la mayoría está de su parte (aunque no lo esté).

El asalto a la noción de unas confiables fuentes de información independientes representa un elemento central en la política de un déspota plebiscitario, como es el caso de Recep Tayyip Erdogan de Turquía o de Vladimir Putin de Rusia. ¿Cómo definen tales regímenes la verdad? La verdad es lo que ellos dicen que es. Así es que el poder determina la verdad.

Ésta es una característica de todas las dictaduras, especialmente las comunistas, como nos dijo George Orwell. Es también lo que el presidente electo de EE. UU. Donald Trump cree: la verdad es lo que él considera conveniente hoy.

EE. UU. es el ejemplo más importante. ¿Hasta qué punto en el camino hacia el despotismo plebiscitario llevaría Trump a su país? El consenso es “no muy lejos”, dada la fortaleza de sus instituciones. Sin embargo, las instituciones son tan fuertes como las personas que las dirigen. Cuando Augusto se convirtió en emperador, las instituciones de la república romana sobrevivieron.

¿Defenderá el Poder Judicial estadounidense la libertad de expresión? ¿Defenderán los legisladores el derecho al voto? ¿O intimidará exitosamente el presidente a aquellos con quienes no está de acuerdo? ¿Y qué pudiera suceder si ocurriera un ataque terrorista?
Sierakowski señala que el líder polaco Jaroslaw Kaczynski ha acogido el estado benefactor. Trump también ganó entre la base republicana al enfatizar su apoyo a los programas de los que dependen los estadounidenses comunes y corrientes. Pero los líderes republicanos desean reducirlos significativamente. Su éxito pudiera depender de si se apega a sus promesas o a su partido.

Yuval Harari, el pensador israelí, recientemente ha argumentado que: “A pesar de la desilusión con la democracia liberal y con el libre mercado, nadie ha formulado una visión alternativa que goce de ningún tipo de atractivo global”. Esto es cierto, pero irrelevante. El nacionalismo autoritario potencialmente cuenta con tal atractivo. Se ha trasladado al núcleo del sistema mundial. Eso lo cambia todo.

*Martin Wolf Columnista del Financial Times. http://www.portafolio.co/opinion/otros-columnistas-1/peligro-economico-del-nacionalismo-agraviado-502888

17.18.-¿SOBORNÓ CHINA A DONALD TRUMP? – Paul Krugman

El partido Republicano hará cualquier cosa, incluso traicionar a la nación, con tal de obtener ventaja

Oficinas de ZTE en Shanghái. JOHANNES EISELE AFP

Ha traicionado el presidente de Estados Unidos la seguridad de la nación a cambio de

una mordida del Gobierno chino? No digan que es una insinuación ridícula: dado todo lo que sabemos de Donald Trump, está dentro de los límites de lo posible, e incluso de lo verosímil.

Tampoco digan que no hay pruebas: no hablamos de un proceso judicial, en el que a los acusados se les supone inocentes mientras no se demuestre su culpabilidad. En lo que al comportamiento de las máximas autoridades se refiere, el criterio es prácticamente el contrario: se supone que deben evitar situaciones en las que haya el más mínimo indicio de que sus actos pudieran estar motivados por el lucro personal.

18 may 2018 .- Y no digan que, de una manera u otra, da igual porque los republicanos que controlan el Congreso no van a hacer nada al respecto. Esa es en sí una parte fundamental de la historia: un partido político al completo —un partido que históricamente se ha envuelto en la bandera y ha cuestionado el patriotismo de sus rivales— se ha vuelto totalmente complaciente ante la eventualidad de corrupción vulgar, incluso si esta implica pagos de potencias extranjeras hostiles.

La historia hasta ahora: en los últimos años, ZTE, una empresa electrónica china que, entre otras cosas, fabricas teléfonos inteligentes baratos, ha tenido una y otra vez problemas con el Gobierno de Estados Unidos. Muchos de sus productos contienen tecnología estadounidense, tecnología que, por ley, no debe exportarse a países embargados, como Corea del Norte e Irán. Pero ZTE eludía la prohibición.

Inicialmente se multó a la empresa con 1.200 millones de dólares. Más tarde, cuando quedó claro que esta había recompensado a los ejecutivos implicados, en lugar de sancionarlos, el Departamento de Comercio prohibió a las empresas tecnológicas estadounidenses vender componentes a ZTE durante siete años.

Y hace dos semanas, el Pentágono prohibió las ventas de teléfonos ZTE en las bases militares, a raíz de las advertencias de los organismos de inteligencia de que el Gobierno chino podría estar empleando los productos de la empresa para actividades de espionaje. Todo lo cual hace de hecho muy extraño que, de repente, Trump declare que está colaborando con el presidente chino Xi para ayudar a salvar ZTE —“Demasiados empleos perdidos en China”— y que iba a ordenar al Departamento de Comercio que lo solucionase.

Es posible que Trump solo estuviese intentando ofrecer una rama de olivo en medio de lo que parece una posible guerra comercial. ¿Pero por qué escogió un ejemplo tan flagrante de comportamiento indebido por parte de China? Esa fue la razón por la cual muchas miradas se centraron en Indonesia, donde una empresa estatal china acababa de anunciar una importante inversión en un proyecto en el que la Organización Trump tiene una participación sustancial.

Esa inversión, por cierto, forma parte del Proyecto Cinturón y Ruta de la Seda, una iniciativa de infraestructuras multinacional que China está utilizando para reforzar su peso económico —y su influencia geopolítica— en toda Eurasia. Mientras tanto, ¿qué ha sido del plan de infraestructuras de Trump?

Volviendo a ZTE: ¿ha habido un quid pro quo? Puede que nunca lo sepamos. Pero esta no era la primera vez que el Gobierno de Trump hacía una peculiar jugada en política exterior que parece asociada con los intereses empresariales de la familia Trump. El año pasado, el Gobierno respaldó extrañamente el bloqueo saudí a Qatar, un país de Oriente Próximo que casualmente alberga una importante base militar estadounidense. ¿Por qué? Bien, la medida se tomó poco después de que los cataríes se negasen a invertir 500 millones de dólares en 666 Fifth Avenue, un inmueble lleno de problemas propiedad de la familia de Jared Kushner, el yerno del presidente.

Y ahora parece que, después de todo, Qatar podría estar a punto de alcanzar un acuerdo respecto a 666 Fifth Avenue. Me pregunto por qué.

Alejémonos de los detalles y contemplemos el panorama general. Los altos cargos del Gobierno tienen poder para compensar o sancionar tanto a empresas como a otros Gobiernos, de modo que la influencia indebida es siempre un problema, aunque adopte la forma de aportaciones a campañas electorales o compensaciones económicas indirectas a través de la puerta giratoria.

Pero el problema se vuelve muchísimo peor si las partes interesadas pueden limitarse a canalizar dinero a esos altos cargos a través de sus posesiones empresariales. Y Trump y su familia, al no haberse deshecho de sus intereses empresariales internacionales, básicamente han colgado un cartel declarándose abiertos a las mordidas (y estableciendo los parámetros para el resto de la Administración). Y el problema de la influencia indebida es especialmente grave cuando se trata de Gobiernos extranjeros autoritarios. Las democracias tienen normas éticas propias: Justin Trudeau se vería en grandes apuros si a Canadá la pillasen metiendo dinero en la Organización Trump. A las empresas se las puede avergonzar o demandar. Pero si Xi Jinping o Vladimir Putin sobornan a políticos estadounidenses, ¿quién los va a parar?

La primera respuesta se supone que sería la supervisión del Congreso, que antes significaba algo. Si hubiera habido el más mínimo tufo de mordidas extranjeras a, pongamos por caso, Gerald Ford o Jimmy Carter, los dos partidos habrían exigido una investigación, y probablemente se les habría sometido a una moción de censura.

Pero los republicanos de hoy han dejado claro que no van a exigirle a Trump ninguna responsabilidad, ni siquiera aunque raye en la traición.

Todo lo cual quiere decir que la corrupción de Trump no es más que un síntoma de un problema mayor: un Partido Republicano que hará cualquier cosa, incluso traicionar a la nación, con tal de obtener ventaja.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018 Traducción de News Clip https://elpais.com/autor/paul_krugman/ahttps://elpais.com/autor/paul_krugman/a 

16.18.-QUE COMAN FILETES MARCA TRUMP – Paul Krugman

Retirar las ayudas a la compra de alimentos perjudicará, una vez más, a los votantes del presidente

Donald Trump (en el centro), en una reunión del Consejo de Ministros. SAUL LOEB GETTY

En general, a Donald Trump le interesan muy poco los detalles de la política. Por ejemplo, es evidente desde hace tiempo que nunca se ha molestado en entender para qué servía realmente su única victoria legislativa importante, la rebaja fiscal de 2017. De modo similar, está bastante claro que no tenía ni idea de qué había en realidad en el acuerdo con Irán que acaba de revocar. En ambos casos, ha sido más una cuestión de ego que de fondo: anotarse una “victoria” y deshacer lo logrado por su predecesor.

11 may 2018.- Pero hay algunas cuestiones políticas que sí le importan de verdad. A decir de todos, siente verdadera aversión por la idea de que la gente reciba “asistencia social”, refiriéndose con esto a cualquier programa público que ayude a personas con rentas bajas, y quiere eliminar esos programas siempre que sea posible.

Se dice que hace poco amenazó con vetar la futura ley agraria a no ser que imponga duros requisitos laborales a los perceptores del Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria (SNAP por sus siglas en inglés), conocido en general como los cupones para alimentos.

Permítanme ser directo: hay algo esencialmente obsceno en este espectáculo. Tenemos a un hombre que heredó una gran riqueza y que luego desarrolló una trayectoria empresarial principalmente a base de engañar a gente crédula, ya fuesen ingenuos que invertían en sus negocios y cargaban con el muerto cuando esos negocios quebraban, o estudiantes que perdían tiempo y dinero en títulos inútiles emitidos por la Universidad Trump. Así y todo, está decidido a quitarles la comida de la boca a personas verdaderamente desesperadas, porque está seguro de que, de una manera u otra, se están librando de algo, de que lo tienen demasiado fácil.

Pero por mezquinos que sean los motivos de Trump, este es un gran problema desde el otro lado. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) calcula que los nuevos requisitos laborales y otras restricciones propuestas por los republicanos de la Cámara de Representantes acabarían negando o reduciendo la ayuda nutricional a cerca de dos millones de personas, la mayoría familias con niños.

¿Por qué querría alguien hacer eso? El problema está en que no es solo Trump: el odio de los conservadores a los cupones para alimentos está muy extendido. ¿A qué se debe?

El lado más respetable, supuestamente intelectual, de la opinión conservadora plantea que los cupones para alimentos reducen los incentivos, al hacerles la vida demasiado cómoda a los pobres. Como explicaba Paul Ryan, el SNAP y otros programas crean una “hamaca” que “mece a personas físicamente aptas y las lleva a una vida de dependencia y complacencia”.

Pero este es un problema que existe solo en la imaginación de la derecha. Es muy difícil encontrar perceptores físicamente aptos de SNAP que debieran estar trabajando y no lo hacen; la gran mayoría de los beneficiarios del programa tienen trabajo —aunque en empleos inestables que pagan poco— o son niños, ancianos, discapacitados o cuidadores esenciales de familiares.

Ah, y hay pruebas sólidas de que los niños de familias con pocos ingresos que reciben cupones para alimentos se convierten en adultos más productivos y sanos, lo que significa que el programa es, de hecho, bueno para el crecimiento económico a largo plazo.

¿Se trata de dinero? La aprobación de la rebaja de impuestos de 2017, que destrozará el presupuesto, demostró de una vez por todas, a cualquiera que lo dudase, que a los republicanos les dan igual los déficits.

Pero incluso aunque les importasen, la CBO calcula que los recortes propuestos para los cupones de alimentos ahorrarían menos del 1%, sí, el 1%, de los ingresos perdidos debido a esa rebaja de impuestos. De hecho, en la próxima década todo el programa SNAP, que ayuda a 40 millones de estadounidenses, solo costará aproximadamente un tercio de lo que costará la rebaja de impuestos. No, no es una cuestión de dinero.

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¿Y el racismo? Históricamente, los ataques a los cupones de alimentos han comportado un elemento racial apenas oculto: por ejemplo, cuando Ronald Reagan imaginó a un “fornido joven negro” usando los cupones de alimentos para comprar chuletones. Y sospecho que el propio Trump todavía piensa que los cupones de alimentos son un programa para negros urbanos.

Pero si bien muchos negros urbanos reciben cupones para alimentos, también los reciben muchos blancos de las zonas rurales. A escala nacional, hay muchos más blancos que negros recibiendo cupones, y la participación en el SNAP es más elevada en los condados rurales que en los urbanos. Los cupones para alimentos son especialmente importantes en regiones deprimidas como los Apalaches, que han perdido empleos en el carbón y en otros sectores tradicionales.

Y sí, esto significa que algunas de las mayores víctimas de la obsesión de Trump con recortar la “asistencia social” serán los mismos que lo elevaron al cargo.

Piensen en el condado de Owsley, Kentucky, en el epicentro de la crisis regional de los Apalaches. Más de la mitad de la población del condado recibe cupones para alimentos; el 84% de los electores votaron a Trump en 2016. ¿Sabían qué votaban?

Al final, no creo que haya ninguna justificación política para el ataque a los cupones de alimentos. No se trata de incentivos, ni de dinero. Y hasta la animosidad racial que tradicionalmente se oculta tras los ataques a los programas sociales en Estados Unidos ha retrocedido parcialmente a un segundo plano.

No, esto es crueldad mezquina convertida en principio de gobierno. Se trata de gente privilegiada que mira a otros menos afortunados y no piensa “yo podría estar ahí, si no fuese por la gracia de Dios”; simplemente ven a un montón de perdedores. No quieren ayudar a los menos afortunados; de hecho, les indigna la idea misma de que la ayuda pública haga un poco menos desgraciados a esos perdedores.

Y esta es la gente que en estos momentos gobierna Estados Unidos.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2018. Traducción de News Clips. https://elpais.com/economia/2018/05/11/actualidad/1526050047_858173.html

 

16.18.-COMO UN “PERÍODO DE ANTES DE LA CRISIS” EN LA CITY FINANIERA EN LONDRES –  Eric Albert* 

Con tres décadas de experiencia en el mercado de divisas, Simon Derrick ha experimentado muchas crisis financieras y bastantes momentos de euforia. Para este banquero británico del banco estadounidense BNY Mellon, sin duda, estamos pasando por la segunda fase. “Hay una atmósfera extraña que me recuerda a 1999 o 2007.

El optimismo que reina en los mercados es realmente preocupante. En resumen, estamos en un período “antes de crisis”. Quien se define a sí mismo como “eternamente pesimista” concentra sus ansiedades en el mercado de bonos. Desde finales de 1980, el mundo occidental ha entrado en un período de declive estructural en las tasas de interés: alrededor del 10% hace tres décadas, 5% en la década de 2000 y casi el 0% desde la crisis financiera 2008.

Sin embargo, han pasado casi dos años desde que este movimiento se invirtió. El primer banco central en liderar el cargo es la Reserva Federal de los Estados Unidos. Al aumentar su tasa clave, ha logrado elevar las tasas de los Estados Unidos a diez años. A fines de abril, pasaron la marca del 3%, causando una emoción digna de los picos más altos. En Europa y el Reino Unido, no estamos allí (0,8% en Francia), pero la tendencia al alza es la misma. Disparo de advertencia En sí mismo, es una buena señal.

El crecimiento occidental es sólido y las tasas de interés finalmente se normalizan después de años excepcionales. Esto recompensa a los ahorradores, que se beneficiarán de mejores rendimientos. El problema es que cambia el equilibrio de los mercados financieros.

En particular, los mercados de acciones repentinamente parecen estar sobrevalorados en gran medida. Una justificación los mantuvo en este nivel: como los rendimientos de los bonos eran muy bajos, los inversores prefirieron ir a los mercados de acciones, que pagaban más. “Pero hoy en día, estas valoraciones ya no se pueden justificar”, dice Simon Derrick. La severa corrección de las bolsas de valores en enero y febrero sirvió como una advertencia.

Pero eso debería continuar. Como siempre, es imposible predecir con precisión la fecha de la caída. Agosto y septiembre, dos meses 14 may 2018 Como un “período anterior a la crisis” en el City en el Reino Unido, el Banco de Inglaterra un AUMENTO dE lA TASA que se prepara para los próximos meses, a menudo asociados con las caídas puestos violentas? A menos que un evento externo (una guerra en el Medio Oriente?) no sea el elemento disparador?

Por ahora, está claro que la calma prevalece. Cuando Argentina elevó su tasa de interés al 40% a principios de mayo, el caso permaneció localizado y nadie habló de la crisis del país emergente. Del mismo modo, escuchamos pocas advertencias sobre las tasas de los bonos en Italia, que es cercana al 2%. “Su diferencia con las tasas alemanas (que están en 0.5%) aún está en su nivel más alto desde 2009”, dice Simon Derrick.Dificultades para anticipar según él, la relajación de los mercados proviene en gran medida de un factor humano muy simple.

“Todos aquellos que están a cargo del riesgo en los mercados y que tienen menos de 40 años solo han vivido con una política monetaria laxa. Nunca han sabido nada más y están luchando por anticipar un cambio real de la era. Sin embargo, todo indica que el aumento de la tasa continuará. La muy importante reducción de impuestos decidida por Donald Trump ampliará el déficit de los Estados Unidos, lo que obligará a emitir más letras del Tesoro.

El lado de compra, China está sentado en una enorme reserva de monedas (unos 3.000 billón de dólares) y anunció que no la aumentaría. Por lo tanto, será menos codiciosa en los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Más ofertas, menos demanda: para atraer inversores, las tasas tendrán que aumentar. En el mediano plazo, 4% es bastante posible.

En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra prepara una subida de tipos en los próximos meses, y en la zona euro, Mario Draghi, gobernador del Banco Central Europeo, está tratando de forma gradual para poner fin a su política de flexibilización cuantitativa. Económicamente, esta estandarización es saludable. Pero para los mercados, esto requerirá un ajuste, que aún no ha tenido lugar.

* Eric Albert corresponsal de Le Monde en Londres.

http://www.lemonde.fr/idees/article/2018/05/14/comme-une-periode-d-avant-crise-a-la-city_5298711_3232.htm

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