21.18.-¿CÓMO LO HACE BIEN COSTA RICA? – Joseph E. Stiglitz

En un momento en que el autoritarismo y el protofascismo están en alza en tantas partes del mundo, es alentador ver un país cuyos ciudadanos siguen profundamente comprometidos con los principios democráticos. Un pueblo que ahora mismo está intentando redefinir su política para el siglo XXI.

Hace años que el liderazgo progresista de Costa Rica (un país con menos de cinco millones de habitantes) llama la atención en todo el mundo. En 1948, tras una corta guerra civil, el presidente José Figueres Ferrer abolió el Ejército. Desde entonces, Costa Rica se convirtió en un centro para el estudio de la resolución y la prevención de conflictos, y es sede de la Universidad para la Paz, una institución creada por Naciones Unidas. Con su rica biodiversidad, Costa Rica también hizo una demostración de liderazgo ambiental previsor, al promover la reforestación, convertir un tercio del país en reservas naturales protegidas y generar casi toda la electricidad que consume a partir de energía hídrica no contaminante.

16 jun 2018.- Los costarricenses no muestran señales de querer abandonar esta tradición progresista. En la última elección presidencial, con gran participación de votantes, Carlos Alvarado Quesada obtuvo la victoria con más del 60 % de los votos, contra un rival que con la prohibición del matrimonio homosexual hubiera revertido el antiguo compromiso del país con los derechos humanos.

Costa Rica se sumó a un pequeño grupo de países en la denominada Alianza del Bienestar, que trabaja en la implementación de ideas (planteadas por la Comisión Internacional sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social) para la creación de indicadores de bienestar mejorados. Los miembros de la Alianza, conscientes de las falencias del PIB, que la Comisión ha destacado, propugnan una política pública que impulse el bienestar de los ciudadanos en el sentido más amplio, mediante la promoción de la democracia, la sustentabilidad y el crecimiento inclusivo.

Una parte importante de esta búsqueda ha sido ampliar el campo de acción de las cooperativas y empresas sociales del país, que ya es grande, puesto que incluyen de uno u otro modo a un quinto de la población. Estas instituciones representan una alternativa viable a extremos del capitalismo que han dado lugar a prácticas éticamente reprobables, como el crédito predatorio, la manipulación de los mercados financieros, el abuso de datos personales por empresas tecnológicas, el ocultamiento de emisiones de la industria automotriz, etcétera. Las instituciones alternativas se basan en promover la confianza y la cooperación, y en la convicción de que promover el bienestar de sus miembros también aumenta la productividad.

Igual que los ciudadanos de otros pocos países, los costarricenses han demostrado que la desigualdad es una elección, y que las políticas públicas pueden garantizar más igualdad económica y de oportunidades que el mercado librado a sí mismo. Pese a las limitaciones de recursos, los costarricences pueden alardear de la calidad de sus sistemas de educación y atención de la salud, públicos y gratuitos. La expectativa de vida en Costa Rica ya supera a la de Estados Unidos, y va en aumento, mientras los estadounidenses, que eligieron no tomar las medidas necesarias para mejorar el bienestar del ciudadano de a pie, se mueren más jóvenes.

Pero a pesar de todos sus éxitos, Costa Rica enfrenta dos problemas críticos: la persistencia de un déficit fiscal estructural y la parálisis del sistema político. El aspecto económico de la solución del déficit fiscal es sencillo: o se estimula el crecimiento, o se aumentan los impuestos, o se baja el gasto. Pero el aspecto político no lo es: cualquier gobernante elegiría la solución del crecimiento, pero no hay una fórmula mágica para lograrlo, y las otras dos opciones no las quiere nadie.

En estas circunstancias, la elección de la mayoría de los gobiernos es recortar gastos; por ejemplo, en infraestructura, ya que el costo de hacerlo permanecerá oculto por décadas. Pero eso sería un error particularmente grave para Costa Rica, ya que sus infraestructuras no han acompañado el crecimiento económico, y su mejora puede ser importante para promoverlo. Es verdad que la eficiencia del Estado siempre se puede aumentar, pero tras años de retirada, poco puede esperarse de una mayor racionalización. Todo indica que la mejor salida sería aumentar los impuestos.

Para que el sistema impositivo sea compatible con una estrategia económica general que busque maximizar el bienestar de todos los ciudadanos, hay que seguir tres principios centrales: gravar lo malo (por ejemplo, la contaminación) en vez de lo bueno (por ejemplo, el trabajo); diseñar los impuestos para causar la menor distorsión posible en la economía, y que la estructura de alícuotas sea progresiva, de modo que las personas más ricas paguen una proporción mayor de sus ingresos.

Costa Rica ya es un país muy ecológico, así que un impuesto a las emisiones de dióxido de carbono no recaudará tanto como en otros lugares; pero como el país genera casi toda la electricidad a partir de fuentes limpias, la adopción del auto eléctrico puede generar más reducción de emisiones. Dicho impuesto puede ayudar a que Costa Rica se convierta en el primer país donde predominen los autos eléctricos, y acercarla así al objetivo de lograr una economía sin emisión neta de dióxido de carbono.

Puesto que el problema de la desigualdad persiste (aunque ni por asomo es tan grave como en otros lugares de América Latina), es esencial la aplicación de impuestos más progresivos y abarcadores a los ingresos, las plusvalías y las propiedades. Los ricos obtienen de las plusvalías una proporción exagerada de sus ingresos, de modo que aplicarles alícuotas inferiores a las de otras fuentes de ingreso agrava la desigualdad y provoca distorsiones. Los economistas disienten en muchos temas, pero algo en lo que coincidirán es que si se gravan los ingresos o las plusvalías derivados de la tierra en Costa Rica, la tierra no se va a ir a otra parte. Esa es una de las razones por las que el gran economista decimonónico Henry George sostuvo que los mejores impuestos son los impuestos a la tierra.

Los mayores desafíos son políticos: un sistema presidencialista como el de Costa Rica funciona bien en un contexto de bipartidismo con reglas que aseguren la representación de la minoría. Pero puede caer rápidamente en la parálisis política cuando el electorado está más fragmentado. Y en un mundo de cambio acelerado, esa parálisis puede ser costosa, al llevar, por ejemplo, a un crecimiento irresoluble del déficit y de la deuda.

Con sus apenas 38 años, Alvarado está tratando de crear un nuevo modelo presidencial para Costa Rica, sin cambiar la Constitución, mediante la designación de ministros venidos de diferentes partidos. Ojalá el espíritu colaborativo alentado por el movimiento cooperativo, tan integrado a la cultura costarricense, lo haga funcionar. De ser así, Costa Rica, pese a su reducido tamaño, será un faro de esperanza para el futuro, que muestre que es posible otro mundo, uno en el que los valores de la Ilustración (la razón, el discurso racional, la ciencia y la libertad) florezcan en beneficio de todos.

* Premio Nobel de Economía, 2001.

Project Syndicate 1995–2018.

https://www.elespectador.com/opinion/como-lo-hace-bien-costa-rica-columna-794688

 

20.18.-EL BANCO MUNDIAL REDUCE CASI A LA MITAD LA PREVISIÓN DE CRECIMIENTO PARA ARGENTINA POR EL IMPACTO DE LA CRISIS – Federico Rivas

El PIB crecerá 1,7% en 2018, producto de la depreciación del peso y la sequía en los campos más productivos

El presidente Mauricio Macri, durante una reunión con gobernadores en Casa Rosada, el 31 de mayo pasado. Natacha Pisarenko  AP

El Banco Mundial ha dado malas noticias a Argentina. La depreciación de 22% del peso frente al dólar en mayo, sumada a la peor sequía de los últimos 40 años en sus campos más productivos, supondrán un frenazo en las previsiones de crecimiento económico para 2018 y tendrá impactos negativos al menos hasta 2020.

5 jun 2018.- En el informe Perspectivas Económicas Mundiales de junio, difundido hoy; la entidad ha reducido al 1,7% la subida del PIB para este año, 1,3 puntos menos que la cifra que dio en enero. Para 2019, los resultados son casi calcados: 1,8% de crecimiento, 1,2 puntos más abajo que las estimaciones de hace sólo seis meses. Para 2020, en tanto, la perspectiva pierde 0,4 puntos. El Banco Mundial advirtió que la crisis en Buenos Aires tendrá también efectos negativos en Sudamérica. Si se deja de lado la excepcionalidad venezolana, Argentina, la segunda mayor economía después de Brasil, tendrá el registro de crecimiento más pobre de la región.

Sudamérica crecerá 1,3% en 2018 y 2,1% en 2019, según el Banco Mundial. Argentina está por encima del promedio sólo porque la cifra total carga con el lastre venezolano, que este año se derrumbará 14,3% y otros 7 puntos el próximo. La importancia para Argentina de las nuevas previsiones del Banco Mundial es que son las primeras que miden las consecuencias de la crisis de mayo. El peso se derrumbó ese mes 22% y el Banco Centraldebió subir las tasas de interés hasta el 40% para neutralizar todo lo posible una huida de los inversores hacia el dólar, que subió de 20 a 25 pesos en pocos días. En medio de la tormenta, el presidente Mauricio Macri anunció negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para un rescate financiero, el primero desde 2003. Cualquier acuerdo implicará medidas para reducir el déficit fiscal, un problema que obligó al Gobierno a endeudarse en el exterior por unos 50.000 millones de dólares entre 2016 y 2017.

El mercado argentino atraviesa ahora una cierta calma, a la espera de lo que suceda en la sede del Fondo en Washington, pero el clima es de incertidumbre. Para llevar tranquilidad a los inversores, Macri redujo de 3,2% a 2,7% la meta de déficit fiscal para este año, una decisión que supondrá un mayor ajuste y, por lo tanto, menos crecimiento. “En Argentina se espera que el crecimiento se desacelere en 2018 como consecuencia del ajuste monetario y fiscal, junto con los efectos de la sequía en el sector agrícola. Esto contrarrestará el fuerte impulso de comienzos de año”, dice el informe del Banco Mundial. La sequía fue un golpe inesperado contra el campo, principal fuente de divisas de Argentina.

Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, el mayor puerto exportador agrícola del país, la cosecha argentina de soja para este año caerá hasta los 40 millones de toneladas, desde las 46,5 millones de toneladas previstas en el inicio del año. Traducido a dinero, “el impacto de la sequía para la economía argentina asciende a 4.600 millones de dólares, o un 0,7% del PIB proyectado para el 2018″, dice el informe de la Bolsa. Para el Banco Mundial, el impacto económico será inmediato: “La sequía está interrumpiendo la producción agrícola y la reciente volatilidad del mercado puede haber inhibido la actividad en el segundo trimestre”, advierte el informe.

El Banco Mundial también tomó en cuenta la particular lucha de Argentina contra las subidas de los precios. “La inflación se desacelera en la mayoría de las economías de América Latina, con la excepción de Argentina y el caso extremo de Venezuela”, dice el texto. La inflación es la principal derrota del modelo impulsado por Macri, basado en la apertura a los mercados del mundo, al tiempo que financia un ajuste gradual de las cuentas públicas con financiamiento externo. A finales de diciembre, el ministerio de Hacienda elevó de 10 a 15% la meta inflacionaria de 2018, pero la crisis de mayo ya hizo volar por los aires esas previsiones. Argentina acumuló en los primeros cuatro meses del año 10% de inflación y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central elevó la cifra anual a 27%, porcentaje que supera incluso el 24,8% registrado en 2017.

https://elpais.com/economia/2018/06/05/actualidad/1528220829_776853.html

20.18.-CONOZCA LOS FACTORES QUE DAÑAN EL AÑO DE RECUPERACIÓN DE LATINOAMÉRICA – Bloomberg

El buen momento comenzó a desmoronarse en las últimas semanas a medida que la volatilidad se disparó en los mercados emergentes y se avecinaban crisis en tres de las economías más grandes de la región.

Sao Paulo, Brasil.Bloomberg

Se suponía que sería un buen año para América Latina.

La actividad económica estaba a punto de expandirse un 2 % en 2018, el mejor desempeño en cinco años según el Fondo Monetario Internacional. Pero la recuperación comenzó a desmoronarse en las últimas semanas a medida que la volatilidad se disparó en los mercados emergentes y se avecinaban crisis en tres de las economías más grandes de la región.

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9 jun 2018.-  La historia de recuperación de Argentina bajo el presidente Mauricio Macri frenó en seco el mes pasado, cuando la moneda se derrumbó y el país debió pedir ayuda al FMI. La perspectiva de Brasil se enturbió aún más después de que una huelga de camioneros asfixió la economía y exacerbó la incertidumbre política antes de las elecciones presidenciales de octubre.

Y una guerra comercial entre Estados Unidos y México se hizo realidad esta semana luego que ambos países se aplicaran aranceles entre sí, una medida que no es un buen augurio para el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Las elecciones presidenciales de México en julio solo se suman a la incertidumbre.

“Definitivamente ha habido una creciente decepción sobre las perspectivas de crecimiento de América Latina para 2018”, dijo Thomaz Favaro, director asociado en Brasil de la consultora Control Risks. “Se suponía que 2018 sería un resurgimiento”.

Las previsiones económicas para Brasil y Argentina fueron rebajadas abruptamente durante los últimos meses. Las de México siguen indemnes, pero los riesgos relacionados con la renegociación del TLCAN abundan, dijo la economista del Banco Mundial Dana Vorisek.

“En todos los sentidos, los riesgos a la baja en América Latina abruman cualquier riesgo alcista”, dijo, y agregó que el Banco Mundial probablemente reducirá su estimación de crecimiento del 2,4 % para Brasil este año una vez que tome en consideración el impacto de la huelga de camiones de 10 días que terminó el mes pasado.

En conjunto, Brasil, México y Argentina representan más de dos tercios de la economía de América Latina.

Pérdida de optimismo

Había motivos para el optimismo en América Latina a principios de este año. El crecimiento mundial sostenido, precios de los productos básicos en alza y bajas tasas de interés en EE.UU. sientan las bases para la recuperación de la región.

Los acontecimientos locales también ayudaban. México inicialmente obtuvo una exención de los aranceles al acero y el aluminio de Trump, y los funcionarios de comercio estadounidenses expresaron optimismo sobre la revisión del TLCAN. Brasil, que redujo las tasas a mínimos históricos, estaba encaminado a repuntar después de su histórica crisis económica que terminó el año pasado. Argentina aprobó reformas de pensiones y laborales favorables al mercado a fines del año pasado y parecía posicionada para un crecimiento sostenido y una caída de la inflación en 2018.

El desmoronamiento comenzó cuando los rendimientos de los títulos del Tesoro a 10 años de EE.UU. subieron sobre el 3 % a finales de abril, sacudiendo los activos de mercados emergentes que durante años habían atraído a los inversionistas que buscaban mayores rendimientos.

Argentina fue el primer país de la región en caer. Afectados por la turbulencia en los mercados emergentes, los inversionistas perdieron la confianza en la política monetaria del banco central después de que cambió los objetivos de inflación y redujo las tasas de interés a pesar de que no había signos de que la inflación de dos dígitos estuviera disminuyendo. El peso argentino se convirtió en la moneda de peor desempeño en los mercados emergentes este año, al caer más del 20 %.

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¿Próxima pieza de dominó?

Brasil podría ser la próxima pieza de dominó en caer después de Argentina y Turquía, escribió en Twitter Mohamed El-Erian, asesor económico principal de Allianz SE y colaborador de Bloomberg Opinion. La reciente caída del real hacia un mínimo de dos años le da a los responsables políticos poco espacio para el error, advirtió. La moneda cerró en 3,91 contra el dólar el jueves, un descenso del 15 % en lo que va del año.

Para apaciguar a los camioneros, el presidente Michel Temer se comprometió a aplicar subsidios al diésel que solo se sumarán a la ya terrible situación fiscal del país y se convertirá en otro dolor de cabeza para quien tome el timón del país el próximo año.

“Si Brasil experimenta más problemas en el mercado financiero dependerá de los acontecimientos políticos y si el nuevo gobierno es capaz y está dispuesto a lidiar con las vulnerabilidades fiscales”, dice Quinn Markwith, economista de Capital Economics.

Chile firme

Pero no todos los países latinoamericanos están sufriendo un caos político o económico. La pregunta es si los problemas que afectan a México, Brasil y Argentina se extenderán a los vecinos.

Chile sigue siendo un punto destacado en la región, con una trayectoria de crecimiento sostenido desde que el empresario multimillonario favorable al mercado Sebastián Piñera asumió la presidencia en marzo. Impulsada por un repunte en el sector minero, la economía creció en abril a su ritmo más rápido en más de cinco años. La confianza empresarial está mejorando y tanto la inflación como las tasas de interés siguen siendo bajas.

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“¿Prefiere estar en Brasil o en Chile? Eso es lo que los inversores deberían preguntarse”, dijo Win Thin, jefe de estrategia de mercados emergentes de Brown Brothers Harrimann & Co. “Sin duda hay algunos buenos lugares en América Latina, incluso cuando las tres principales economías de la región están pasando por algunos problemas en este momento”.

https://www.elespectador.com/economia/conozca-los-factores-que-danan-el-ano-de-recuperacion-de-latinoamerica-articulo-793498

19.18.-«EN VENEZUELA, TODA RACIONALIDAD PARECE HABER DESERTADO DEL SISTEMA POLÍTICO Y ECONÓMICO» – Marie de Vergès

Después de liberar a 40 prisioneros políticos el viernes (1 de junio), el presidente socialista de Venezuela, Nicolás Maduro, sacó otros 40 el sábado.

Desde otro punto de vista

En un país funcional, Nicolás Maduro no debería haber ganado las elecciones. Este no es el caso en Venezuela, donde toda racionalidad parece haber abandonado el sistema político y económico. Al final de las elecciones presidenciales del domingo 20 de mayo, este es el heredero que reclamó a Hugo Chávez de nuevo en el sillón presidencial, con el riesgo de ver al país hundirse aún más en la crisis.

Alimentos, medicamentos, agua común: a la calle le falta de todo

Algunos datos ayudan a comprender el alcance del desastre. La inflación primero: debería alcanzar, en 2018, 14 000%, con precios que se duplican casi todos los meses. En cinco años, el producto interno bruto ha disminuido en un 45%. En cuanto a la producción de petróleo, un verdadero tesoro de este país sentado en las mayores reservas de oro negro del mundo, descendió de 2,8 millones de barriles por día a 1,5 millones entre abril de 2017 y marzo de 2018. Ni la guerra ni los terremotos son culpables de la decadencia de este estado que fue, en algún momento, el más rico de América Latina.

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Para la población, el hundimiento tiene el aire de una catástrofe humanitaria. Comida, medicina, agua corriente: a la calle le falta todo. Un balance sombrío para el Sr. Maduro, el ex conductor de autobús que le gusta retratarse a sí mismo como el “protector de los pobres”. Pero, ¿a dónde fue la Revolución Bolivariana? Está tomando su curso, podría decirse, ya que Venezuela encarna excesivamente un laboratorio de economía populista llevado por su imprevisión.

Círculo vicioso

La deriva se remonta a las fuentes del chavismo. Hugo Chávez tuvo la oportunidad de ver su “reinado” (1999-2013) coincidir con un aumento asombroso en los precios del petróleo, después de dos décadas de precios bajos. Esta ganancia inesperada, el ex presidente se apresuró a gastarla. Retribuidos con subsidios, retribuciones e incrementos salariales, los venezolanos se hubieran equivocado al quejarse.

La redistribución de la riqueza es una política loable mientras el poder también se centre en prepararse para las tormentas futuras. Pero nada como esto sucedió en Caracas. Las monedas cosechadas a partir de las ventas de hidrocarburos no han impulsado las reservas de divisas ni las inversiones financiadas para el futuro. Una debacle ¬ acentuada por controles de precios y cambios, incapaces de frenar la inflación.

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Poco a poco forzado a importar de todo, el país se ha bloqueado gradualmente en un círculo vicioso de déficits crecientes, agotamiento de las reservas, etiquetas vals sin freno, la escasez … Y el corolario: una diatriba contra los especuladores autoridades y poderes oligárquicos desde el exterior, denunciado como responsable de todos los males.

Poción amarga

En 2014, el auge de los precios del petróleo terminó. Los déficits han explotado. Varias opciones dolorosas fueron presentadas a Nicolas Maduro. Entre otras, una devaluación neta del bolívar, la moneda nacional, acompañada de recortes en el gasto y una mayor carga impositiva. Pero esta amarga poción habría golpeado a los hogares más duros en la billetera. Y desmonetizó al nuevo presidente a los ojos de los votantes. En resumen, lo opuesto al vademécum de la economía populista.

La reelección del sr. maduro abre el camino para nuevas sanciones internacionales

En cambio, el gobierno mantuvo un tipo de cambio bolÍvar oficial seriamente sobrevalorado y racionó cada vez más las importaciones. Para cuadrar sus cuentas, confió en la imprenta de hacer billetes. Estos ingresos heterodoxos solo han acelerado la inflación, estrangulando aún más al sector privado y aumentando la escasez.

¿Cuán lejos puede bucear el país? De acuerdo con un sondeo de economistas Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards, publicado en 1991 (enlace a PDF en Inglés), con los principios macroeconómicos del populismo en América Latina, con tales secuencias se llega a la conclusión brutal de aplicar una severa política de estabilización por un nuevo gobierno.

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Se supone que el Sr. Maduro mantendrá el timón hasta 2025. Pero su reelección allana el camino para nuevas sanciones internacionales y hace más sensible la amenaza de un embargo petrolero que agotaría los últimos recursos. El lunes, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ya firmó un decreto que refuerza el aislamiento financiero del país. Si la destreza de Venezuela no está por terminar, el dominio de su líder es indudablemente más frágil de lo que parece.

https://www.lemonde.fr/idees/article/2018/05/23/au-venezuela-toute-rationalite-semble-avoir-deserte-le-systeme-politique-et-economique_5303140_3232

19.18.-EL FMI HA REGRESADO A LA ARGENTINA. Y, SI BIEN AGGIORNADA, LA CANCIÓN SE PARECE BASTANTE A LA DE AYER – Pablo Nemiña 

En los últimos tiempos se viene hablando de los cambios en el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuestionado en estos años desde diversas posturas ideológicas. Sin embargo, los cambios discursivos generaron transformaciones mucho más tibios en los hechos. El desembarco del Fondo en Argentina es observado en diferentes latitudes ya que los resultados de su intervención revelarán hasta qué punto la institución ya «no es la misma». Por el momento, su canción trae a la mente pasados más o menos recientes. Y su melodía sigue siendo el ajuste.

Desde su asunción a finales de 2015, el gobierno argentino avanzó en una agenda de reformas pro mercado, para lo cual reinsertó al país en los mercados internacionales de capital. La resolución del litigio con los fondos buitres merced a una generosa oferta, rehabilitó el mecanismo de colocación de bonos en el exterior, hecho que se consolidó como la principal vía para financiar los crecientes déficits fiscales y de cuenta corriente, así como la persistente fuga de capitales.

Mayo 2018.- Durante los dos primeros años, las bajas tasas de interés internacionales y la liberalización cambiaria alentaron la emisión de 88 mil millones de dólares de nueva deuda externa pública y privada (equivalentes al 13% del PBI).

Pero la combinación de una suba de la tasa de interés global, la advertencia de una saturación de deuda argentina en los inversores internacionales, el aumento de la meta de inflación estimada por el gobierno y la inminente renovación de Letras del Banco Central (Lebac) equivalentes a la mitad de las reservas en un contexto de apreciación cambiaria real, erosionó la confianza de los inversores externos sobre la capacidad del gobierno de sostener el tipo de cambio, lo cual motivó una crisis cambiaria. Para frenar la corrida, que demandó más de diez mil millones de dólares de reservas y generó una suba del 25% del tipo de cambio, el gobierno anunció apresuradamente el interés por suscribir un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por entre 20 y 30 mil millones de dólares, el primero en 18 años.

La intención inicial de suscribir una Línea de Crédito Flexible que provee alto acceso sin condicionalidades a países con fundamentos macroeconómicos sólidos fue rápidamente neutralizada y, en su lugar, el organismo ofreció el clásico Stand By, que incluye metas cuantitativas fiscales, monetarias y de deuda, y condicionalidades estructurales cuyo cumplimiento se evalúa en revisiones periódicas.

Tres motivos permiten comprender el regreso a los créditos del FMI. Primero, el Fondo posee interés en prestarle a la tercera economía de la región, con el doble objetivo de apuntalar su regreso a América Latina (se trataría del primer crédito condicional del FMI a un país del Cono Sur en once años, luego del último programa con Perú en 2007), y justificar la utilidad de sus 1.35 billones de dólares disponibles entre cuotas y acuerdos de financiamiento, de los cuales sólo tiene prestados el 4,5%. Segundo, a través del «sello de aprobación» que otorgan los programas del FMI, el gobierno busca restablecer la confianza de los inversores privados a fin de frenar la corrida cambiara y así recuperar el financiamiento externo. Tercero, la percepción oficial de que el organismo ha hecho una autocrítica y sus programas no incluyen las condiciones ortodoxas y el sesgo de austeridad que los caracterizaban hace décadas.

En las líneas que siguen desarrollaré el tercer punto. ¿Estamos frente a un FMI menos ortodoxo y con mayor sensibilidad social? Si es así, ¿cuánto y dónde cambió?

Luego de la crisis financiera, el FMI incrementó sus recursos financieros, creó líneas de crédito precautorias sin o con baja condicionalidad ex post (la Línea de Crédito Flexible y la Línea Precautoria de Liquidez, respectivamente), y profundizó la reforma de su política de condicionalidad iniciada en 2002. Con el fin de reducir el estigma asociado a sus préstamos, buscó reducir la cantidad de condicionalidades incluidas en los acuerdos, flexibilizar algunos criterios formales, y concentrarlas en las áreas centrales de su incumbencia: temas fiscales, cambiarios, monetarios y financieros.

Durante los primeros años posteriores a la crisis, el FMI aprobó cuantiosos programas concentrados en la periferia de Europa y se mostró dispuesto a adaptar los acuerdos según las necesidades de cada país, aunque sin resignar el sesgo ortodoxo pro cíclico. A partir de 2011, la agenda de la consolidación fiscal de los países acreedores se contrapuso a las políticas de estímulo a la demanda que sostenían los países en desarrollo. Desde entonces, el Fondo muestra un discurso aggiornado, pero debido a la resistencia política e intelectual de los países centrales y sus funcionarios –respectivamente- a que permee los parámetros de evaluación, la orientación de sus recomendaciones evidencia más continuidades que cambios.

En los años recientes, investigadores del FMI como Jonathan Ostry pusieron en cuestión algunos mantras neoliberales al señalar que los controles de cambios son útiles para amortiguar los shocks externos, el ajuste fiscal puede profundizar la recesión, hay que promover la reducción de la desigualdad ya que limita el crecimiento, y hay que evitar el impacto social del ajuste sobre los sectores más vulnerables mediante pisos de protección social. Se trata de recomendaciones prudentes para la heterodoxia, pero transgresoras en una institución con un marcado sesgo neoclásico.

Sin embargo, esos avances discursivos generaron cambios mucho más tibios en los hechos.Los acuerdos recientes muestran que el FMI se ha vuelto más tolerante a la incorporación de controles a la cuenta de capital, pero reserva las políticas fiscales de expansión de la demanda sólo a aquellos países que poseen margen fiscal para hacerlo, que en su mayoría son los desarrollados. El anuncio del presidente argentino Mauricio Macri sobre la necesidad de acelerar el ajuste expresa una convergencia con el staff del organismo en este punto. Por otra parte, la fuerte ortodoxia del Banco Central de la República Argentina (BCRA) que desmontó los controles cambiarios impide, irónicamente, aprovechar una de las pocas ventanas heterodoxas del Fondo. Si bien se ha creado espacio para la implementación de políticas alternativas en el corto plazo, en especial en el campo fiscal y en la regulación de capitales, es difícil interpretar el giro dado hasta el momento como un quiebre en la visión económica ortodoxa tradicional del organismo.

Respecto a la cantidad de condicionalidades estructurales, si bien han disminuido con relación al pico de comienzos de los 2000, están lejos de haberse desvanecido y se mantienen en niveles semejantes al de la década de 1990, con el agravante de que se incrementaron en los últimos años. Esta preocupación es compartida por la propia Oficina de Evaluación Independiente del FMI en un informe reciente.

El creciente enfoque en la protección social también encuentra obstáculos para cimentarse, ya que su implementación suele verse afectada por las exigencias de austeridad incluidas en los mismos programas. Desde finales de la década de 1990 el Fondo promueve en los países de menor desarrollo la inclusión de medidas para reducir la pobreza, pero sólo la mitad de éstas fue cumplida debido a la falta de capacidad de los países deudores o a que están incorporadas de manera superficial en los programas. Así, muchas veces las medidas que contemplan sostener pisos de gasto social no pueden cumplirse porque se privilegia la implementación del ajuste fiscal. En el mejor de los casos, se trata de condiciones que tienen una importancia secundaria comparadas con las metas cuantitativas macroeconómicas.

Por último, en relación con las condiciones laborales como los límites a los salarios públicos o las reformas laborales y/o previsionales, si bien discursivamente tienen un lugar marginal en el discurso del FMI, en línea con el objetivo de concentrar las condiciones en las áreas de responsabilidad central, muchos programas posteriores a la crisis incluyeron límites a los salarios públicos y reformas laborales o al sistema previsional, tal como la aprobada en Argentina a finales de 2017.

http://nuso.org/articulo/el-regreso-del-fmi/

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